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Pastoral Vocacional.
Reflexión:
Pistas para la pastoral vocacional
Por Giacomo Bini, Ministro
general de la Orden de los Frailes Menores.
La Orden franciscana de los Frailes Menores se ha reunido en Asís (el pasado octubre) para reflexionar sobre las vocaciones. Su Ministro General aborda en este interesante texto, (publicado en "Vida Religiosa") diversos aspectos del tema.
1. la fe cobra mayor fuerza cuando se transmite, de la misma manera la vocación cobra mayor seguridad en la medida en que se comunica. La Pastoral Vocacional no puede consistir en una pura estrategia dirigida a asegurar la continuidad de nuestras instituciones y de nuestras obras apostólicas; tampoco ser un simple instrumento para conseguir nuevos "adeptos"; ni debe depender de una preocupación más o menos apremiante por la escasez numérica o por la supervivencia. La auténtica Pastoral Vocacional nace del gozo de sentirse "acogido, ganado y conquistado por el Señor Jesús" (cfr. Fil. 3, 8-12); y es un exigencia que deriva del encuentro personal con el Señor (cfr. Jn 1, 40.45; 4, 39; 12, 22).
"Considerad vuestra vocación" (1Cor 1, 26). Todos hemos sido llamados por el Señor: la fidelidad dinámica a esta llamada no puede quedar reducida la esfera personal, sino que debe ser también ocasión de desarrollo para otras vocaciones. El gozo profundo de quin ha encontrado el tesoro escondido (cfr. Mt 13,44), de quien se siente llamado, le lleva a compartir su alegría con el mayor número posible de personas, "a través del anuncio explícito" del Evangelio de la vocación.
"¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!", decía Pablo (1Cor 9,16). Quien ha recibido la buena nueva de la vocación no puede prescindir de comunicarla abiertamente a los demás y de invitarles explícitamente a seguir a Jesús. Me parece que es necesario pasar de una "pastoral de la espera" a una "pastoral de la propuesta"; de una "pastoral de retaguardia" a una "pastoral de vanguardia". El Señor no deja de llamar : ésta es la certeza en que se basa nuestra esperanza. Pero, al mismo tiempo, él quiere servirse de nosotros para que su llamada resuene y sea oída; esto nos impulsa a comprometernos a invitar a todos a que le sigan.
"VENID Y VERÉIS" (Jn. 1,39)
Una vocación vivida con gozo es siempre una acontecimiento, una historia fascinante de la que merece la pena hacer partícipes a otras personas. La vocación, acogida con asombro y vivida con entusiasmo, se transforma inevitablemente en una invitación: "Venid y veréis" (Jn. 1, 39). Pero no se trata, desde luego, de ofrecer sólo una informaciones y aclaraciones: de lo que se trata es de testimoniar y de poner de relieve, sobre todo, " lo estupendo que es entregarse totalmente a la causa del Evangelio", consagrar la vida entera al Señor. "Venid y veréis": ésta es la regla de oro de la Pastoral Vocacional.
"Venid y veréis": ésta es la mejor propaganda vocacional, la única que puede resultar eficiente a largo plazo y para la que no hemos de escatimar ningún esfuerzo. "¡Fíjate en mí, date cuenta de lo que pasa conmigo, mira qué realizado me siento, con qué dicha y libertad he sido agraciado!", deberíamos poder decir a los jóvenes con quienes entramos en contacto. "El ejemplo de la propia vida –dice el Concilio- constituye la mejor presentación del propio Instituto y la mejor invitación a abrazar el estado religioso". Mirando a los consagrados y su vida, los jóvenes tendrán que comprender el sentido de esa llamada que Jesús seguirá siempre haciendo resonar en medio de ellos.
TESTIMONIO Y EXPERIENCIA DE VIDA.
La experiencia demuestra que el mejor instrumento para la pastoral vocacional es el contacto directo de los jóvenes con religiosos felices con su propia vocación y con la opción tomada de hacerse Frailes Menores. El testimonio es la mediación privilegiada e insustituible de toda pastoral vocacional, puesto que pone de relieve una vida colmada de gozo en el servicio del Señor. Creo que no exagero en absoluto al afirmar que el problema de las vocaciones es frecuentemente un reflejo de lo que sucede en nuestro interior.
Es verdad que tenemos que prestar la debida atención también a los instrumentos utilizados en nuestro trabajo con los jóvenes; es claro que tenemos que crear grupos juveniles en torno a nuestras comunidades, y para lograrlo hay que contar con medios y con capacidad suficiente; incluso tenemos que mejorar las técnicas cuanta transparencia del mensaje que seamos capaces de transmitir los que hemos sido llamados y ya hemos respondido.
A los jóvenes les resulta difícil hoy día optar por una vida religiosa franciscana que, al parecer, reviste escaso significado en esta nueva sociedad, caracterizada por tener unas estructuras anacrónicas que viene a "cortar las alas" y a ahogar las energías más generosas. Pero sigue siendo fascinante el Evangelio que se vive y la vida que se entrega con gozo por parte de no pocos Frailes y Fraternidades.
Los jóvenes nos retan a hablar de eso que "conocemos por haberlo experimentado"; no se aburrirán oyéndonos hablar de Dios si les comunicamos lo que Dios es para nosotros., cómo vivimos nuestra relación con él, cuál es nuestra experiencia. Asimismo, no se aburrirán si les hablamos de la vida religiosa y franciscana si les contamos cómo nos esforzamos en vivir los valores de esta vida por la que hemos optado. Lo que no aguantan de ninguna manera es les "soltemos de memoria nuestro rollo" como si se tratase de una obligación que nos ha caída encima y que tenemos que desempeñar. La Pastoral Vocacional tiene que partir de la experiencia: "Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado y han tocado nuestras manos.. lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos también a vosotros" (1Jn 1,1-3). El lenguaje de la animación vocacional tiene que ser un mensaje que llega al interlocutor, que le impacta, le estimula, le convence. Sólo hay una manera de conseguir esto: impactando de lleno a la persona a través de una experiencia vital que ella pueda captar como verdaderamente significativa para su propia realización y felicidad.
ATENCIÓN PASTORAL A LAS VOCACIONES, RESPONSABILIDAD DE TODOS LOS HERMANOS.
Así planteada, la atención pastoral de las vocaciones no puede ser tarea de uno solo: es deber de todos los Frailes. Todos tenemos la obligación de recordar al pueblo de Dios "la responsabilidad que le incumbe en relación con la vocación de cada hombre". A todos incumbe "la responsabilidad de suscitar y sostener nuevas vocaciones".
Y, sin embargo, son todavía muchos los Frailes que, cuando se habla de las vocaciones, piensan que se trata de un problema que atañe sólo a los "encargados". Es preciso pasar de una "mentalidad" de delegación", que restringe la responsabilidad a unos pocos, a una "mentalidad de compromiso" de todos. No es suficientes considerarnos implicados sólo con nuestro sentimiento: es necesario también "el compromiso explícito" de todos a nivel operativo. No basta con que todos estén preocupados por la escasez de vocaciones: es preciso que cada uno asuma su propia responsabilidad en la "promoción y sostenimiento" de nuevas vocaciones.
Asumir esta responsabilidad por parte de todos y de cada uno de los Frailes requiere, ante todo, un cuidado de la calidad de vida, un serio compromiso de fidelidad a nuestra identidad evangélica de Frailes Menores lo cual comporta, como bien sabemos, "llevar una vida radicalmente evangélica, en espíritu de oración y devoción y en comunión fraterna; dar testimonio de penitencia y de minoridad; llevar a todo el mundo el anuncia del Evangelio, animados del amor a todos los hombres; predicar con las obras la reconciliación, la paz y la justicia".
El compromiso por mejorar nuestra calidad de vida no puede ser sólo de cada individuo sino que ha de ser de toda la comunidad. La vocación es un don que recibimos personalmente para poder vivirlo en fraternidad y para manifestarlo como fraternidad. Cada uno de nosotros es una pieza del gran mosaico de la vida franciscana, cuya belleza y esplendor sólo aparecerá si logramos mostrarlo en su conjunto.