Una historia popular
Analicemos primero esta historia muy popular…
“Una terrible inundación sorprendió al pueblo natal de Pedro, un
granjero muy religioso.
“Cuando el agua empezó a subir, Pedro se subió al techo de su casa y
empezó a rezar para que Dios le rescatara. A los pocos minutos
aparece un bote salvavidas con dos hombres que tratan de convencer a
Pedro para que se suba. Pedro les contesta, ‘no se preocupen, Dios
me va a salvar.’ Luego de insistir varias veces, los hombres se
marchan.
“A las pocas horas, con el agua ya por las rodillas, un helicóptero
llega al rescate de Pedro. Pero una vez más Pedro les contesta, ‘no
se preocupen, Dios me va a salvar.’ Y por más que los hombres del
helicóptero intentan salvar a Pedro, este se resiste. Finalmente,
los tripulantes del helicóptero desisten y se marchan a rescatar a
otra gente.
“En menos de 40 minutos Pedro se ahoga. Como Pedro es un buen
hombre, va al cielo. Cuando ve a Dios Pedro le dice, ‘Señor, tuve fe
en ti, siempre fui un hombre bueno, pero te rogué para que me
salvaras y dejaste que me ahogara, ¿por qué?’ Pero Pedro, dice Dios,
te envié un bote y un helicóptero para salvarte — pero tú los
rechazaste...”
Una de las enseñanzas que para mi encierra la historia anterior, es que todos los días estamos rodeados de oportunidades — pero simplemente las ignoramos, o ni siquiera nos damos cuenta que están ahí.
Un colega me comentó que, en su religión, una de las frases más importantes es, “Dios te da la luz, pero tú todavía tienes que encender el interruptor.” Los Cuáqueros tienen un dicho similar, “Mientras rezas, mueve tus pies.”
Estos dos dichos nos dicen claramente que, nada pasa hasta que nosotros mismos nos decidimos a ACTUAR.
Cuando nos quejamos de la falta de vocaciones, ¿nos quejamos de la falta de oportunidades? ¿Qué crees tú?
Fuente
Alejandro Pagliari
