BIENAVENTURADOS LOS MANSOS
(Mateo 5,7)
¡Que poco moderna parece esta bienaventuranza !

Quizás, en el tiempo de Jesús,
de plácidos pastores,
en que el mundo caminaba al ritmo de las ovejas,
la gente era mansa.

Hoy, lo que vale es la lucha,
la competencia, el poder.
El triunfador es el que impone y domina.

El cine, presenta, como hombre ideal,
al violento, al agresivo.
Los periódicos destacan con grandes titulares
los atentados de bombas,
los secuestros y los asesinatos.

Los conductores de vehículos, ante la luz roja,
están tensos, irritables,
como caballos de fina sangre
antes de iniciar la carrera.
En la calle nos cruzamos con rostros contraídos,
preocupados, presurosos.

Y tú, Señor, dices: "Bienaventurados los mansos".
Más aún, llegas a decir: "Aprendan de mi
que soy manso y humilde de corazón".

Enséñame, Señor, esa mansedumbre
que me pides.
El hombre manso es el que valora y respeta
a las personas.
El que trata de ponerse en el punto de vista del otro.
El hombre manso sabe escuchar y dialogar.
Busca no el triunfo, sino la verdad.


Colaboración de
Enrique Ladós Testa