Técnicas Catequéticas
Cómo utilizar la parábola en
catequesis
Se nos han pedido cuatro artículos sobre la utilización de los distintos géneros literarios (parábola, fábula, cuento, relato....) En la catequesis. Intentaremos que sean eminentemente prácticos, tanto más que la teoría catequética sobre estos temas es escasa. Y, además, suponemos que de menor interés para nuestros lectores.
Presentaremos, junto a nuestra manera de entender la catequesis, algunas maneras concretas de utilizar las parábolas. Unas reflejan más lo que se hace: lo mejor -)y lo único?- que se puede hacer en determinadas situaciones pastorales. Otras quieren ofrecer un proceso catequético más dinámico y sobre todo más vivencial y completo. A éstas le dedicamos mayor espacio. La apuesta de los mejores catequetas -en sintonía con las orientaciones de la jerarquía- es por la catequesis antropológica. No es ciertamente la más fácil, pero es la que ofrece mayores garantías de formar buenos cristianos en la Iglesia y buenos ciudadanos en el mundo.
1. EL GENERO PARABOLICO EN LA CATEQUESIS
Conocemos bien a Cristo, maestro del género y maestro en catequesis. Después, a lo largo de la historia, se ha intentado sacar el máximo jugo pastoral a sus parábolas. Y se han inventado o adaptado otras que pudieran ayudar a una mejor evangelización.
Durante un cierto tiempo parecieron relegadas al olvido. Ültimamente, aparecen con nuevo impulso, de la mano quizás de las corrientes orientales que conviven cada vez más con las occidentalo-cristianas. Es sin duda un dato más del pluralismo cultural que vivimos. Y es un claro exponente de la riqueza de la interculturalidad y de la posibilidad del acercamiento-hermanamiento de las distintas religiones, con lo que supone de influencia cultural y política.
El género parabólico está muy ligado a la alta sabiduría, asequible, eso sí, a los más sencillos e iletrados.
Una sabiduría capaz de transformar al hombre humanizándolo está en íntima relación con el mundo religioso. Y aparece muy a menudo como una especie de revelación paralela, cuando no como una revelación sencilla y simple bajo el ropaje del género.
La gran revelación aparece para el creyente como una inmensa parábola, similar a la del hijo pródigo, o del buen samaritano, o de la oveja perdida o tantas otras donde brilla el amor de Dios en búsqueda esperanzada y amorosa de la persona u objeto que tanto quiere y valora.
De la misma manera que las parábolas de Jesús son lugar de revelación, también lo es la realidad cultural, el acontecer de cada día -Dios habla a todos y a través de todo, también de los géneros literarios-.
El lenguaje de Dios es siempre pentecostal: habla en todas las lenguas y lenguajes, y todos las pueden entender. Y, como al resto de los mensajes, es conveniente revestirlos del ropaje propio del género y del propio de la época.
Por eso, habría que aprovechar mejor las parábolas que existen, nacidas y sancionadas por las distintas generaciones, y crear otras que retraten y revelen al hombre moderno y expresen la sabiduría -la única y gran sabiduría: la de Dios- al hombre de hoy.
2. ALGUNAS FORMAS CONCRETAS DE UTILIZAR LAS PARABOLAS.
Exponemos algunas maneras de cómo se están utilizando y, al mismo tiempo, hacemos nuestras propuestas para una mejor utilización. No todas tienen igual importancia, ni posibilidades, ni valor, ni amplitud. Que el lector discierna y elija.
1. Comentar una parábola conocida.
Algunos tratan la parábola casi como un contenido en sí misma, un mensaje claro y preciso de lo que se quiere transmitir. La parábola, en este caso, no es el soporte didáctico para tratar un tema (situarlo, ambientarlo, iniciarlo, clarificarlo, ejemplificarlo... como lo veremos en el apartado siguiente.) Sino que es el tema mismo. Se trata simplemente de leer o narrar la parábola. Se piensa que el mensaje se entiende por sí solo. Casi siempre sobran los comentarios en cuanto a la comprensión del mensaje central.
Sin embargo, rara vez se queda en la pura narración. Casi siempre se añaden comentarios y se intentan desentrañar otros temas menores recurriendo a ideas concatenadas, a situaciones parecidas o a paralelismos que sugiere.
El comentario se hace global y detalladamente, desde los valores que estimula y desde los defectos que condena. Desde la cercanía o lejanía al mensaje de Jesús. Y siempre cabría ejercitarse en convertir la parábola en parábola evangélica: Qué retoques le haría Cristo en caso de que fuera necesario. Y cómo nos la aplicamos a cada uno. O cómo nos la aplicaría Cristo en nuestro aquí y ahora. Lo nuclear para catequizar desde la parábola, con el complemento del comentario, radica en lo que ella expresa, irradia y sugiere. Aquí la parábola, más que pretexto, aparece como mensaje salvador, con el ropaje parabólico. Es como una cebolla a la que el catequista, a través de los comentarios y aplicaciones, van quitando las capas.
Ponemos un ejemplo
ALa verdad andaba triste porque nadie le escuchaba. Creía que se debía a que era vieja y fea. La parábola le dijo: ASi no te escuchan, ponte estos adornos de parábola, como yo, y ya verás. Los hombres, lo irás comprobando, no quieren ver la verdad desnuda@. |
El mensaje fundamental está claro, todos lo entienden: no es fácil aceptar la verdad cruda y desnuda. Sí cuando es presentada con arte.
Los comentaros que sugiere la parábola pueden ser múltiples. Apuntamos algunos.
* La verdad, una vez es agradable y la buscamos, otros la huimos.
* Tenemos miedo a la verdad: a la propia, a la de los otros, a la verdad del evangelio....
* El fallo no está en la verdad. Está en quien la rechaza por su ropaje. Y en quien, pudiendo vestirla de forma más moderna y actual, permanece -o se empeña- en lo de siempre bajo capa de fidelidad y autenticidad.
* La Iglesia, el catequista -como la verdad en la parábola- debe revisar su lenguaje. Cristo así lo hizo: recurrió a las parábolas. Los sencillos entendían y acogían. Los sabios y líderes religiosos del pueblo no entendían o rechazaban bajo capa de fidelidad y autenticidad.
* Es que la Iglesia no sólo es garante y responsable del depósito revelado sino también de la eficacia: talento que hay que hacer rendir.
2. Inventar nuestras propias parábolas
Si se analizan detenidamente las parábolas de Jesús, se puede afirmar: ASi no supiéramos que es una parábola. Podríamos pensar que es un hecho real@. Piénsese en el hijo pródigo, la oveja perdida, el trigo y la cizaña, el buen samaritano, el tesoro escondido, la dracma perdida, el fariseo y el publicano, el sembrador....
Pues, para empezar a construir parábolas, sería bueno hacer la foto mental de un hecho portador de valores que queremos resaltar. Se redacta con perspectivas de universalidad: el niño que comía con los ojos, el gobernante corrupto, el mendigo astuto, el profesor optimista, el goloso escarmentado, el estudiante que confió en la chuleta, el comodón incomodado, el falso profeta, el idolillo roto, el esclavo del reloj, el semáforo salvavidas, el voluntario incómodo, el pobre rico....
Se puede hacer como ejercicio -de forma personal o en grupo- entre catequistas o entre catequizandos. Es otra manera de catequizar o de catequizarse.
Creando parábolas propias se palpa de manera muy concreta lo interesante que resulta acercar la parábola al mundo de hoy y sus nuevas realidades. Y lo importante que es salir del mundo de lo antiguo, de lo misterioso y exotérico -con la frecuencia también de lo rural-, que ha sido, y en el mundo de las parábolas sigue siendo, de forma casi exclusiva, la fuente de todas las inspiraciones.
)No sería grandemente positivo y enriquecedor que, sin perder esos valores y encantos, fuéramos capaces también de generar nuevas imágenes, nuevas alegorías y comparaciones? Sería una forma de encarnar la nueva cultura, de humanizar y ampliar los horizontes de la trascendencia a nuestra sociedad demasiado tecnificada y manipulada, incluso en lo que debería ser más autónomo: la intimidad, el arte, la religión, el amor. Educar en el mundo del símbolo, del arte y de la trascendencia, es una forma de precatequesis. Pero parece imprescindible encontrar los medios y recursos en nuestra propia cultura; de lo contrario se corre el peligro de considerar el mensaje religiosos como realidad desencarnada, ancestral, lugar de fantasías y misterios, de lo intemporal y socialmente ineficaz.
Entrar en un mundo de parábolas es abrir a lo universal simbólico y a lo particular concreto. Y la parábola que nosotros creamos, si sirve a la auténtica catequesis, ayuda a construir una sociedad más fraterna y comunitaria, más encarnada y más abierta a lo trascendente. Y una iglesia creadora de la nueva cultura del Reino.
3. La parábola, recurso Acomodín@.
En cualquier narración y exposición, catequética o no, el recurso a la parábola es muy corriente y de eficacia probada si se tiene en cuenta la atención que suscita, la capacidad de plasmar gráficamente ideas y situaciones, de sintetizar, de motivar, de concretar o universalizar una situación, de estimular.... Es como un reclamo, grito o cohete, o como un flash que deja una fotografía recuerdo y síntesis de lo fundamental que se ha querido transmitir.
Y según estos objetivos, la parábola se utiliza en cualquier fase (principio, medio, final....) De un proceso discursivo doctrinal: charla, conferencia, clase, exposición.
Narrar una parábola, -evangélica, actual o actualizada-, es la forma más corriente y más fácil de utilizarla. Quizás lo favorece la influencia bíblica -la manera de narrar y enseñar de judíos y orientales-, y la preocupación por lo discursivo, lo dogmático y lo moralizante propio de nuestra cultura occidental.
La parábola está al alcance de todos los educadores y catequistas -leerla, hacerla leer o contarla-. En la mente de todos -incluso de los más intelectuales- está la capacidad para amenizar un discurso, ayudar a la atención, disminuir la agresividad que encierra a veces la verdad cruda y desnuda, y descender a la realidad, inteligible e interpelante para todos, en especial para los sectores más sencillos y menos ilustrados.
4. La parábola en la catequesis doctrinal.
La catequesis doctrinal o kerigmática cuida preferentemente el aspecto dogmático, las verdades que hay que conocer, creer, cultivar, ampliar, interiorizar -si es el caso, memorizar- en razón de la fe que hay que vivir y expresar.
El caso extremo lo creemos desviado y peligroso: es confundir en la práctica catecismo y catequesis.
Es imprescindible cultivar en la catequesis de todas las edades y grupos la dimensión doctrinal de la fe. Cristo se proclamó VERDAD y los cristianos debemos conocerla, seguirla, encarnarla y proyectarla.
También se proclamó VIDA y los cristianos debemos conocer la vida en toda su extensión: todo lo que existe es vida de Dios. Conocerla no es suficiente. Defender sólo la vida de Dios en nosotros -la vida de gracia- sin extenderla a todas las facetas de la existencia del mundo (naturaleza y sociedad) es una manera de infravalorar la vida. Vida es el espíritu de Dios, que vivifica y anima todo. Dios es el gran Aanima-dador@. Por eso, los documentos de la Iglesia y todos los catequetas y catequistas Acatequizados@ insisten en la dimensión comunitaria de la fe (la fe hecha vida y hecha vida en comunidad de iglesia, en comunidad de talla humana, donde cada uno es alguien y es hermano para los otros).
Catequizar no es dar ideas sino dar vida que lleva a la VIDA. O es dar VIDA que ilumina, explica y dinamiza la vida, toda la vida del creyente. No hay buena catequesis sin proyecto de seguir a Cristo en la vida. Con mentalidad que juzga según criterios Acristianos@; con sensibilidad que vibra ante la verdad, la belleza, el amor, la libertad, la solidaridad....y ante la injusticia, la esclavitud, dominio de unos sobre los otros....; con actitudes como las de Cristo: amor, comprensión, perdón, libertad, coherencia...
Y catequizar no es sólo saber sobre la resurrección, sino creer en ella y vivirla, expresarla en comunidad: alabanza, petición de perdón, acción de gracias, vivencia eucarística.... No hay catequesis plena si no hay celebración de la salvación de Dios en nosotros, si no celebramos lo que conocemos, lo que creemos, lo que sentimos y lo que hacemos.
La dimensión doctrinal de la catequesis está abierta a las otras dimensiones (comunitaria, testimonial y celebrativa). Es el punto de partida para llegar a las otras dimensiones. En algunas situaciones, aparece como la única posible. En otros ambientes, como la más urgente.
El buen catequista saca partido de cualquier situación. Y saca el máximo partido, tanto si parte de lo doctrinal, como de lo comunitario, como de lo testimonial y del compromiso, como de lo celebrativo, Desde cualquier dimensión intenta completar las otras.
Señalaremos algunos puntos que, a partir de la parábola AEl circo en llamas@ (inspirada en Kierkegaard, pero con algún cambio sustancial como se apreciará), trataría en una catequesis fundamentalmente doctrinal. Evidentemente consideraríamos edades, lugar, tiempo, plan de catequesis, momento del proceso.
De forma esquemática ofrecemos algunas de las ideas que nos sugiere la parábola en lo que puede considerarse una catequesis doctrinal
El payaso incomprendido Llega, por fin, el circo ambulante, que tanta vida daría a la feria. Acampa como siempre a las afueras de la aldea. Pero hete aquí, que, a poco de llegar, cuando los artistas y payasos están listos para actuar, el circo estalla en llamas. El director, con los nervios descompuestos, reúne a todos y envía al payaso a calles y plazas a buscar ayuda entre los aldeanos porque no sólo peligra el circo sino también las fincas y propiedades de la aldea. Y allá está el payaso gritando, pidiendo ayuda contra el fuego. La gente lo mira, lo admira y ríe el ingenio, la manera tan original de convocar para el circo. Cuanto más suplica, grita y llora el payaso, más ríe y aplaude la gente. Por más que dice que no representa su papel, nadie le cree. El fuego salta a los campos y a la aldea. Antes de que puedan darse cuenta y se organicen, todos sus hogares arden. Al desconcierto inicial sigue la histeria colectiva. El payaso corre veloz hacia el fuego. La gente sigue detrás. Los gritos de un niño aterrorizado en una casa envuelta en llamas atraen la atención del apayso que, sin pensarlo, se lanza, con gran riesgo de su vida, a salvarle. Otros muchos aldeanos, siguiendo su ejemplo, corren hacia otras casas vecinas donde enfermos y ancianos gritan desesperados. (Inspirado en una idea de S. Kierkegaard). |
Indicamos de forma esquemática algunas ideas que nos sugiere la parábola.
a. Todos vivimos en búsqueda constante de felicidad.
* Hay felicidad (placer) que nace y se expresa corporalmente: comer, beber, descansar, reir....
* Hay felicidad que nace y se expresa psicológicamente: cariño, valoración, arte, éxito, placer estético.
* Hay felicidad que nace y se expresa moralmente: entrega, renuncia, donación, ayuda, solidaridad, profesionalidad....
* Hay felicidad que se construye en la propia persona. Otra se construye en ambiente grupal, familiar, entorno social... Otra viene de fuera: noticias, ayudas, enfoques, gestos...
* Hay que tender a ser capaces de generar nuesta propia felicidad; a ser capaces de encontrar felicidad; a ser capaces de generar felicidad para los demás; a ser capaces de jerarquizar y dosificar la felicidad.
b. La felicidad y el mal, en íntima relación.
* La salud se valora más tras la enfermedad. Y las vacaciones son más deseadas si el curso o el trabajo han sido más duros.
* El dolor es mayor (pobreza, enfermedad....) Si se desciende de mayores cotas de felicidad. Tener que caminar descalzo, pasar una noche fría al raso, recibir un golpe....parecen más dolorosos en alguien que ha vivido en el confort que en alguien que está acostumbrado a vivir en esas situaciones. La mucha felicidad conlleva cuando desaparece -inevitable en la vida-mayor sufrimiento, por el contraste de la carencia.
* La mala dosificación de la felicidad y disfrute acarrea a veces desgracias, sufrimiento, frustración. Se entiende fácilmente con algunos ejemplos: por disfrutar excesivamente de la comida o bebida, del sexo, del orgullo, de la soledad.... se sufren distintas penas, enfermedades, frustraciones, fijaciones, dependencias......
* También el pecado, por lo general, es una fuente de placer -menos el pecado de envidia que es el pecado más inútil pues no aporta ni siquiera placer- pero, a largo plazo, puede resultar una fuente de infelicidad y preocupación (sin considerar la dimensión moral y el natural remordimiento posterior).
c. Dios Asufre@ de no vernos felices.
* Dios nos ha hecho para la felicidad. Nos ha hecho por amor. Nos trata con amor. Nos ha creado para el amor. Y pone la felicidad, la mayor felicidad, en el amor.
* El mensaje del amor como fuente de felicidad lo entiende todo el mundo sea la que sea la ideología, las creencias, edad, sexo, cultura....
* Dios distingue bien entre felicidad y placer: nos inunda de placer y de placeres pero nos conduce a la felicidad total y definitiva, que vamos haciendo ya realidad aquí en la medida en que nos amamos unos a otros, nos amamos a nosotros mismos y le amamos a El, con todo el corazón, con todas las energías y con el cuerpo.
* El arte está en amar a Dios en todo, y, en todo, amar a Dios.
* El pecado no es tanto un atentado contra El como un atentado contra nosotros mismos y contra nuestra propia felicidad.
* Si el amor no existiera en el mundo, era el infierno total y definitivo. Y si en el mundo no hubiera más que amor, viviríamos ya en el paraíso.
* La felicidad sin amor es pasajera. El amor sin felicidad no existe.
* Dios ha hecho para nosotros la felicidad plena en la otra vida, y para ésta nos ha dado el secreto de la felicidad: el amor.
* Si el secreto es infalible y objeto de experiencia universal, el no amar no aparece tanto como pecado sino como estupidez.
* Todo amor conlleva una dosis de sufrimiento y miedo: a perderlo, a no ser correspondido, a no corresponder suficientemente.
* El amor a Dios conlleva una dosis, fuerte dosis de sufrimiento: la frustración de amar sin sentirse debidamente amado; amar sin sentir que su amor nos cambia radicalmente y nos convierte al amor; amar sin sentir que nuestra gran preocupación en el mundo es llenarlo de amor. Dios se hace felicidad para nosotros y nosotros nos hacemos el Ainfierno@ de Dios.
d. Dios ha ensayado todos los lenguajes y disfraces
* Dios a lo largo de la historia de la salvación ha envuelto sus mensajes de amor en toda clase de géneros literarios, y ha elegido profetas y mensajeros de todas las edades, ideologías, credos, lugares, niveles culturales, niveles de relieve y prestigio social.
* Salió el sembrador a sembrar y la simiento cayó en todas partes. De alguna manera el mensaje de vida y salvación ha llegado a todos y de diversas formas.
* Los mensajes de Dios parecen estar muy claros, tanto los mensajes del amor que nos tiene, como del amor que debemos tenernos, como de la felicidad que es capaz de proporcionarnos, como de la felicidad que somos capaces de administrar. Y los mensajes de desgracias y sufrimientos si no caminamos por las sendas de la felicidad, están igualmente claros.
* La historia prueba que los grandes mensajes no son comprendidos por la mayoría de los hombres, o no son valorados, pues las desgracias se acumulan unas sobre otras.
* La idea que nos hacemos de Dios, el Dios que construimos, nos impide ver al verdadero Dios. Al payaso no se le hace caso por payaso, al sencillo por insignificante, al profeta por utópico, al optimista por desencarnado o inconsciente, al moderno por superficial y al veterano por anticuado.
* Estamos más hechos a los mensajes serios, expresados seriamente, que a los mensajes con humor.
* Dios se encarna, se hace como uno más, y parece que pierde divinidad y poder; se hace palabra, pan, perdón, aparece en los pobres, en los sencillos y en los humildes, y, a pesar de tanto derroche de amor creativo, muchos siguen sin comprender o siguen mirando a otra parte. La desgracia y la ruina se ceban sobre cada uno y sobre el colectivo.
* Dios habla en parábolas y alegorías, se entiende pero no cambia las vidas de muchos y el fuego de la increencia e insolidaridad sigue avanzando.
* Si no entendemos a Dios, no podemos entendernos los hombres. Y si no nos entendemos los hombres, no podemos entender a Dios.
* Al no aprender por los mensajes de amor, vamos aprendiendo por las desgracias. En la inconsciencia, irreflexión, ligereza e inmediatismos, nos vamos revistiendo de orgullo, ansias de posesión, de materialismo, cobardía, violencia y desconfianza de unos hacia otros.
* Creemos en el poder, en la alegría vacía, en la autosuficiencia, en el confort y consumo egoístas, y hasta que no nos vemos con la soga al cuello -como el buen ladrón- no acudimos a nuestros mejores resortes, a la bondad que anida en lo más profundo de cada uno. Y, cuando el fuego es más destructivo, más fuerte se hace la solidaridad, hasta el heroísmo. Todos acuden a salvar los bienes de todos, los bienes de los otros.
* Dios está donde hay solidaridad, donde hay verdad, bondad y belleza.
Unas conclusiones:
1. Debemos de estar mucho más atentos a los lenguajes de Dios, que nos habla a través de todo y de todos. Dios siempre habla a cada uno, interpela, anuncia, denuncia, estimula.
2. De todos los lenguajes, el más claro es el más cercano, el del testimonio: la solidaridad positiva con los que más necesitan de nuestro lado (familia, compañeros de trabajo, de clase, parroquia, grupo, pandilla...).
3. El mal de uno está siempre influyendo en la sociedad. Descuidarlo es exponerse a que el fuego de uno solo destruya todo y a todos. La solidaridad, además de valor humano y evangélico, es inteligencia.
4. Dios está en todas partes pero, a menudo, el ruido, las risas, la superficialidad, lo que se vive a flor de piel, impide atender a los mensajes de salvación.
5. Todos podemos ser profetas y anunciar libertad, verdad, amor. Hay que creer: el hombre no es tan malo que no pueda regenerarse y hacer valer las fibras más humanas y espirituales de su personalidad. Nadie es tan perverso que no sea capaz de heroísmos. Y ninguna situación es tan negra que no pueda aportar luz.
5. La parábola en una catequesis antropológica.
La catequesis antropológica se llama así porque parte de la persona en su situación concreta. No parte de la doctrina, ni de las normas, ni de la moral. La experiencia es el punto de partida. Es la persona a quien Dios habla y salva: dogmas, Iglesia, sacramentos, normas.... están en razón de la persona, hijo de Dios en necesidad y hermano de Cristo (Dios deja todo para encontrar al hijo perdido).
Esta catequesis pretende ser copia del proceso liberador de Dios en el Antiguo Testamento: la experiencia de su pueblo va siendo iluminada por la revelación. El pueblo judío, en proceso de Acatequesis@, va viviendo e interpretando su vida e historia en clave de Dios hasta llegar a tener una manera de ver y de vivir. Así tomó conciencia de pueblo, de pueblo de Dios.
Cristo repite el proceso catequético: a los dos de Emaús les ilumina su situación de frustración en su Acamino de vuelta@ y logra que vuelvan a la comunidad con mensajes de resurrección y encuentro.
Y ése es el proceso natural por el que vamos aprendiendo. Vivimos como los que nos han precedido. Según la experiencia gratificante o no que tuvieron de las cosas, actitudes y situaciones. Y cada uno ensaya o repite lo que parece más útil, más gratificante, más coherente. Y según eso nos interesa más o menos lo nuevo que potencia lo positivo experimentado, por nosotros o por los otros, y lo nuevo que nos crea expectativas. Lo que no es así, se soporta por que viene impuesto por la vida o por los otros.
La reflexión sobre lo vivido confirma, amplía o desengaña. El estudio, la confrontación y la investigación buscan iluminar la experienia, fundamentarla, interrelacionarla o abrirla a nuevos horizontes.
La contemplación es una manera de ahondar en una experiencia, de analizarla en clave de novedad o de disfrute. En la contemplación, lo físico, lo psicológico y lo moral actúan en íntima sincronización. La contemplación en el creyente es envolvente y globalizante. Y sólo se adquiere desde la experiencia de una fe relacional y amorosa, nunca desde la idea o comulación de verdades por muy salvíficas que sean.
Traemos una nueva parábola para que sirva de referencia para la catequesis de que hablamos:
El zapping y el hijo prodigio Un día estaba reunida una familia: los padres y sus tres hijos. El padre no hacía más que zapear en la televisión, enfadado porque no encontraba nada adaptado a todos los gustos. El hijo pequeño, de ocho años, se levantó decidido y, sin permiso de nadie, apagó el televisor, se colocó delante, como saliendo de la pantalla, y comenzó haciendo gestos y carantoñas a presentar su propio e improvisado programa. Todos estaban alucinados por el ingenio y desparpajo del niño. Y fue tal la aceptación del Aprograma@, el encanto del presentador, las risas que suscitó, y tan bonito el clima creado que, unánimemente, solicitaron un Aprograma@ semanal por el estilo. (Ah!, los otros dos hermanos pidieron también una oportunidad. Pero, por aclamación, esta nueva manera de zapear la controlará el pequeño protagonista. Los padres también tendrían su oportunidad, al final, Acuando hayan aprendido@, dijo el chico con el encanto que da una cierta ironía en boca de un inocente. (A. Francia, Educar en Valores con Parábolas de Hoy. San Pablo, Madrid 1996). |
El esquema de la catequesis antropológica desde la parábola, puede ser el siguiente.
1. El animador o catequista sitúa o ayuda al grupo a situar el tema o valor que se quiere transmitir en el proyecto de pastoral. Y dentro del proyecto en la fase -y sesión- del proceso que corresponde.
2. Concreta los objetivos que se pretenden lograr en esa sesión de catequesis, grupal o masiva, en que se quiere incluir como recurso la parábola.
3. Tras la ambientación psicológica y del entorno, se reza o se canta algo que vaya con el tema o con el momento del grupo. Nunca se hace nada en el grupo para satisfacer los gustos del catequista o para desculpabilizarle.
Si el grupo, directa o indirectamente rechaza la oración o el canto, se deja -sin remordimientos- para mejor ocasión.
4. Se lee en alta voz o se da para que se lea la parábola en cuestión. Se hacen los comentarios espontáneos, por parte de todos, y se recuerda el tema central -se supone que había seleccionado la parábola en razón de este tema-. La parábola, en este caso, tiene como papel evocar o provocar la experiencia que el grupo o cada uno tiene sobre el tema o valor.
Depende de la calidad del catequista y del grupo el que se conecte más o menos profundamente con la realidad-experiencia (pasado, presente y futuro: de miedos, esperanzas, realizaciones, puntos negros, desconfianzas....). Sucede a menudo que el grupo da vueltas y más vueltas, con ideas muy originales, peregrinas y gratificantes entorno a la parábola, no en torno a la vida, que es de lo que se trata.
Se parte de las preguntas que ayuden a interiorizar la experiencia (quiénes intervienen, de qué manera, por qué razón, en qué momento, con qué consecuencias, qué otras maneras eran viables, cuáles os parecen más prácticas y eficaces, cuáles más cristianas....) Para conectar con la experiencia similar que pueda tener yo: cómo veo a Dios en mi experiencia, cómo cambia mi manera de pensar, de sentir y de ser, qué novedad y liberación aporta....).
Se analiza a partir de ahí cómo Dios está siempre en el interior de cada persona y situación. En cada situación de búsqueda y donde hay bondad, belleza, amor.... Cuanto más interiorizamos un valor, más nos acercamos a Dios, y más facilitamos el encuentro salvador. Si en la parábola aparecen rasgos que ayuden a profundizar -no a desviarse- la propia experiencia, se vuelve sobre ella. Sacarle el máximo jugo a una parábola no es manosearla hasta lo indecible, sino aprenderla (aprehenderla), utilizarla lo imprescindible para hacer imprescindible en la vida el valor o valores que trasmite.
5. Sobre el tema o valor central se dialoga, aportando datos fiables, sobre lo que se piensa, siente y vive, en nuestra sociedad y entorno sobre este tema. Es el momento de abrir los ojos a realidades más amplias. De ver las corrientes de pensamiento, los focos de nuevas creaciones y cultura, las distintas opciones, esquemas mentales y de valores. (Si la parábola da pie para esas reflexiones -confrontaciones, bien, pero este paso hay que hacerlo so pena de arriesgarse a crear creyentes que son islas, huidizos ante lo nuevo, desencarnados y desencantados).
6. Sería muy peligroso traer ante los ojos las distintas visiones, mentalidades y actitudes de la sociedad y olvidar la referencia obligada del pensar, sentir y hacer del que se dice seguidor-imitador de Cristo. Por eso, en este momento del proceso, se aportan las ideas (de la Palabra, del magisterio, de los estudiosos y expertos....) Y el vivir de los testigos -santos, profetas, mártires, cristianos sencillos de hoy....- (La parábola siempre ofrece testimonios de valores humanos y a veces también de fe. Puede ser una oportunidad para adentrarse, dialogar, comparar, estimular, concretar).
7. Si las parábolas encierran siempre una alta dosis de sabiduría, una llamada a actitudes positivas y, a menudo, una cierta fiesta o celebración -siempre dentro de un colectivo humano-, resultará muy fácil sacar conclusiones para la vida a través de: a) la síntesis doctrinal, de ideas que hay que saber, b) el compromiso de construir más consciente y consistentemente un grupo humano que camina hacia la comunidad, c) el compromiso por hacer una sociedad más justa y fraterna, y d) la celebración por lo que se ha descubierto y experimentado, y por la fe que lo ha hecho capaz.
8. El grupo expresa de forma lúdico-celebrativa las vivencias del propio grupo en el proceso catequético. Importa la interiorización religiosa y su expresión externa en forma de oraciones colectivas, cantos, gestos, comentarios de la Palabra y otras maneras de manifestaciones gozosas. Puede que la parábola que sirvió de soporte, pretexto o mediación, sugiera elementos o modos de celebración.
9. Todo proceso educativo debe ser evaluado. En el grupo de catequesis se han vivido, en mayor o menor medida, las cuatro dimensiones fundamentales de la catequesis: doctrinal, comunitaria, celebrativa y testimonial-transformadora. Se analiza en qué grado: causas, logros, lagunas....
Si la parábola lo permite, se aprovecha para emplearla durante la evaluación (a veces una escenificación literal o paralela -con aplicación al grupo- es como una foto o cuadro que refleja muy bien al grupo en su proceso, en sus conclusiones y en sus compromisos de transformación).
6. La parábola en un proceso flexible, dinámico y pluriactivo.
Si el catequista tiene muy claro el proceso del grupo con sus objetivos, programa de contenidos, método, temporalización etc, puede para dar más variedad, dinamismo y posibilidades de expresión mayor..... utilizar la parábola con mayor flexibilidad, dar un aire más dinámico y participativo a través de actividades didácticas, sin perder en ninguna de las dimensiones de una catequesis completa.
Ello requiere en el catequista una mayor preparación.En su ser de catequista porque no aparece como el maestro, el que sabe, el que impone, sino que es más el acompañante, el pedagogo que conoce y sigue a cada uno en particular y al grupo en su conjunto para sacar el máximo partido. Requiere mayor preparación en su saber, pues los contenidos doctrinales en este proceso metodológico deben estar muy asimilados intelectual y vitalmente, y debe saberlos colocar en el lugar preciso de la evolución del grupo. No pueden fallar. Descolocarlos es una manera de fallar.
Requiere mayor capacitación pedagógico-catequética- saber hacer-, con dinámica de grupos, recursos, prestigio moral ante los catequizandos, claro sentido de la jerarquía de valores, encarnación en el gruo y en el entorno, libertad al servicio del grupo en proceso etc.
A manera de ejemplo, proponemos una parábola y unas posibles actividades para el proceso de una sesión o varias. La parábola la hemos titulado El sauce llorón. Y nos puede servir para tratar los temas de la personalidad cristiana, de las relaciones humanas, de la interiorización, la alegría y la tristeza, la realización personal, la bondad y la belleza, la naturaleza.... Nosotros aquí lo tratamos para mejorar las relaciones interpersonales.
| Era un árbol precioso. AEl sauce alegre@: lo llamaban todos. Había elegido un sitio
fenomenal. Allí, al borde del río, lejos del polvo de
los caminos, gozaría de soledad, de paz relajante, y (de humedad! Y luego, la música cadenciosa
del agua que se deslizaba, el trino de los pájaros....
Delicioso, todo delicioso. No podía desear nada más ni nada mejor. Además, él, tan elegante, encontró un espejo fantástico. (Qué gozada: a todas horas mirándose y admirándose! Todo placer, puro placer. Nunca pasó por su mente la mínima sombra de envidai. Ni siquiera sabía de la existencia de otros árboles. Total, no necesitaba nada de nadie.... Por su mente no pasó tampoco la mínima nube de tristeza. Siempre verde y lozano. (Qué más quería ! En otoño dejaba caer las hojas para disfrutar viéndolas como barcos que surcan seguros el mar. AOjalá -pensaba- las ranas supieran aprovechar este medio de transporte que les envió gratis. Agradecido me tiene que estar el mundo@. Su felicidad era plena, su hermosura inigualable. ASuerte y astucia, se decía, haber elegido este sitio....@ Así pasó meses y años en contemplación y ensimismamiento, cada vez más inclinado hacia su espejo como en autoadoración. Un día, después de mucho tiempo, quiso probar si podía ponerse erguido otra vez y (oh desgracia!, comprobó que después de varios intentos, no lo lograba. Estuvo a punto de pedir ayuda. Su orgullo no se lo permitía. Poco a poco, comenzó a entristecerse. Su encanto parecía perdido. Ahora se daba más cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Escuchó incluso risas a lo lejos. Era otro árbol, más alto, que se reía de él por pequeño, encorvado y viejo. Se ofendió. Al principiio lloró de rabia. Luego todo quedó en una gran tristeza y en un llanto sereno. Desde entonces todos los que pasan le llaman Asauce llorón@. El quisiera no volverse a ver en el agua, pero le resulta imposible enderezarse. |
A continuación proponemos una serie de actividades para que el catequista solo, o con el grupo, elija las que más interesen en ese momento concreto del grupo y del proceso formativo. O para que las dejen aparcadas y utilicen otras que estas mismas le sugieren.
Conviene tener muy presente que las actividades son medios para lograr que los catequizandos desarrollen sus capacidades entrenándose: a asimilar contenidos doctrinales (el catequista y programas o libros de consuslta son iprescindibles), a hacer grupo humano de calidad, a sacar compromisos para transformar la vida, la Iglesia y la sociedad en clave cristiana, y a celebrar los valores descubiertos y aceptados.
Nuestra propuesta de actividades (para seleccionar si el catequista no elige otras).
1.- )Cuál es la idea central de la parábola? )Cuáles las ideas secundarias? )Qué otras ideas os suscita? )Hay alguna duda o aspecto que os gustaría profundizar o dialogar con el catequista? Comentad en el grupo.Clarificad.
2.- Señalad las causas que llevaron al árbol a convertirse en Asauce llorón@. Analizad si son muy corrientes esas causas en las personas de vuestro ambiente. Poned ejemplos.
2. )Qué valores y contravalores habéis encontrado en el texto? )Son frecuentes en vuestro entorno? )Y en vuestro grupo? Detallad.
4.- )Qué relación veis entre el sauce y las relaciones humanas? A partir del texto, decid por qué son importantes las relaciones humanas.
5. En un cartel mural, expresad las causas que favorecen las buenas relaciones y las que las entorpecen. Luego, cada uno dice en qué medida cada causa repercute en su vida.
6. Individualmente, haced un decálogo para relacionarse bien. Luego, en común, hacéis un decálogo representativo del grupo. Al final, os evaluáis cada uno (si el momento del grupo lo permite, se evalúan unos a otros).
7. Cada uno intentáis sacar todas las aplicaciones de la parábola a la propia vida. Puesta en común.
8. Permaneced diez minutos en silencio total. Luego compartir las ideas, los sentimientos vividos y las aplicaciones a la vida.
9. En una línea que refleje el camino de vuestra vida, intentad colocar los momentos, personas o situaciones en que habéis tenido relaciones más ricas y también las más frustrantes. Comentad y sacad conclusiones.
10.- Buscad citas de hechos o frases de Cristo que vayan en línea con los valores de la parábola y con las buenas relaciones.
11.- Dibujad un cuerpo humano. Colocad en el lugar que convenga el valor evangélico que ayuda a mejorar las relaciones.
12. Haced cuatro pequeños grupos (o parejas....). cada grupo comenta con ideas y ejemplos una de estas frases sobre la relación humana: una buena relación consigo mismo favorece las buenas relaciones interpersonales: una buena relación con Dios favorece las buenas relaciones; una buena relación con la naturaleza favorece las buenas relaciones interpersonales; quien se relaciona mal en ambientes normales es porque tiene problemas.
13.- Elaborad un listado de acciones concretas a vuestro alcance e indicad la manera de llevarlas a cabo.
14.- Revisad las relaciones en el grupo, en general y durante este tiempo en particular.
15.- Cantad, con expresión corporal, una canción sobre la comunicación. Comentad.
CONCLUSION
La parábola en catequesis siempre será un soporte, una mediación, nunca un fin, un entretenimiento, una clase de tratamiento de textos o literatura, de sociología o filosofía.
Puede suceder que, para dar originalidad o variedad a la catequesis, se recurra de forma no reflexionada a este recurso; se le supravalora y el grupo se queda ahí, haciendo comparaciones intrascendentes aunque ingeniosas, con alguna moralina desculpabilizadora pero ineficaz a la hora de medir la capacidad transformadora de la parábola que ha contado como un elemento, recurso tan sólo, para su objetivo de iluminar y cambiar la vida desde claves evangélicas.
La parábola por ella misma no es eficaz. El método por sí mismo, tampoco, El testimonio del catequista, tampoco, La eficacia viene de Dios que se encuentra con cada uno utilizando, nos parece, instrumentos adecuados o mediaciones, que son los enumerados y muchos más.
Lo mismo que hoy Cristo nos puede decir que pone parábolas en nuestras manos para que viendo no vean y oyendo no oigan, -siempre hay quien confunde los medios con los fines- (unos creen que la iglesia, los sacramentos, las normas, las estructuras.... son fines; otros de hecho consideran como fin a la doctrina, o al método, o el estilo...: Y alguno hasta se cree que un documento, una actividad o una manera de presentarla realiza el milagro de la catequesis: hacer seguidores de Cristo).
Pero también puede suceder que Cristo nos diga a muchos educadores: AMe fastidia vuestra fe. Tenéis tanta fe en mi acción salvadora que me lo confiáis todo a mí, Y yo he decidido dejarlo todo en vuestras manos, por eso tenéis que prepararos para hacer como si todo dependiera de vosotros. Y si creyerais esto, no confiaríais tan tontamente en mí ni tan tontamente en la técnica. Si de verdad creéis en mí, humanizad la técnica, ponedla al servicio de la persona. Si creéis en la técnica, potenciadla poniéndola a mi servicio. No olvidéis que estoy en todas las parábolas del Evangelio. Toda mi vida es una parábola, la parábola de Dios. Y toda mi vida es catequesis@.
Alfonso Francia (1)
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1) Alfonso Francia dirige la colección Educar en valores, Ed. San Pablo en la que ha publicado el libro: Educar en valores con parábolas de hoy. Y en la Ed. CCS ha publicado Educar con parábolas.
