Juego para la paz

 

1. Objetivos del juego

2. Materiales necesarios

- Tablero de juego

Bastará con una simple cartulina donde se dibuje un camino sinuoso dividido en casillas. En la salida aparecerá la CÁRCEL y en la llegada la ONU o una paloma de la paz. Se puede completar el tablero con dibujos o fotografías relacionadas con la guerra.

-Una ficha y dado por grupo.

3. Instrucciones del juego

Dependiendo del número de participantes, se formarán grupos de cinco o seis jugadores cada uno.

Ambientación

Nos encontrarnos en una región en guerra (mencionando algún conflicto que se encuentre de actualidad) como prisioneros de un grupo de guerrilleros. Debemos escapar de la celda donde nos han encerrado y llegar hasta una zona controlada por las fuerzas de la ONU. Para ello hay que actuar como un grupo unido. Cada miembro del grupo ofrece una cualidad o algo que él sepa hacer bien. Aparte de eso, se le da a cada uno un «don» que deberá usar en favor de los demás.

Por tumo, cada miembro del grupo tira un dado y la ficha de su grupo avanza conforme al número que aparezca. En la casilla donde llegue, el animador les presentará una de las situaciones y deberán explicar cómo la superarían, actuando siempre en grupo. Si la situación, a juicio del animador, se supera, se avanza dos casillas. Si, por el contrario, no se supera, se retroceden dos casillas. Después tira el dado el otro grupo. El animador puede ir facilitando pistas o sugerencias.

Cuando un grupo llegue a la meta, sus miembros se repartirán por el resto de los otros y les ayudarán a finalizar. Si el número de jugadores no es muy amplio, se realizará todo el juego con un solo grupo.

«Dones» entregados a los participantes

Situaciones con las que tropezamos

4. Observaciones para el animador

Es importante no centrarse en el aspecto competitivo del juego (menos aún en favorecer «actitudes belicosas»). No se trata de ganar, sino de conseguir que todos. los grupos lleguen. Ha de evitarse también que la «catequesis» se quede sólo en el juego; por eso es tan necesario el diálogo posterior. Por último, esta dinámica, debidamente orientada, puede servir para mostrar la realidad y algunos dinamismos (positivos y negativos) de las comunidades que forman la Iglesia (en las que cada uno aporta su carisma y su servicio para el bien común).

Colaboración de
FRANCISCO PÉREZ POLO