La imagen de Dios en el niño
(de 6 a 12 años)

 

LA FE DEL NIÑO

Me resulta difícil hablar sobre la imagen que se hace el niño de Dios, sin situarla en el contexto en que va surgiendo esa imagen y en el proceso que va siguiendo su fe a lo largo de su niñez. Inevitablemente, mezclaré todos estos conceptos a lo largo del artículo.

Partiendo de una pregunta

Llevo muchos años trabajando en la pastoral de los niños, como labor ciertamente gratificante. Pero además soy consciente , como el resto de colegas, de que, al crecer nuestros muchachos, van surgiendo y creciendo junto con ellos las dificultades y los problemas. Y todos hemos formulado respuestas más o menos acertadas a esta pregunta: ¿Por qué esa especie de derrumbe religioso en la vida de tantos adolescentes?. ¿Cuáles son las causas de eso que podríamos llamar "desplome" de su fe y 'fracaso" de nuestra pastoral en edades a veces bien tempranas?...

Para respondernos, encontramos razones de contexto sicológico y socio-culturales de tal calibre, que saltan a la vista. No va a ser mi intención detenerme mucho en un análisis profundo del contexto.... Quizás en lugar de detenernos tantas veces en esos grandes y profundos "porqués" del derrumbe religioso, deberíamos dedicar más espacio para analizar y mejorar nuestros "cómo", buscando y aplicando con imaginación creativa NUEVAS ESTRATEGIAS.

Ésta es mi pregunta: ¿Cómo evangelizamos? ¿Cómo hay que evangelizar hoy?.

Algunas reflexiones sobre el cómo

Pondré algunos ejemplos:

- Un niño de esos que padecen las cucaristías para adultos, invariablemente nos va a decir que no le gusta la misa y que se aburre "porque el cura se enrolla" y "porque es muy larga".

Si nos dirigimos a un niño que acude a una eucaristía infantil razonablemente acomodada a su capacidad y a su sicología, lo normal es que nos diga que le gusta "porque participan; porque cantan; porque oyen y aprenden cosas de Jesús; porque rezan,..." Esas son sus expresiones.

Pregunto: ¿Cómo acompañamos al niño en su proceso evolutivo?. ¿Nos tomamos en serio la fe y la edad (edades) del niño?. ¿No le agregamos al esquema adulto de golpe favoreciendo de esta manera el clima de "desplome" en su fe?.

Nuestros niños viven su fe en un entorno religioso absolutamente falto de clima comunitario-eclesial. Esta falta de clima sólo puede crear una infancia pagana. únicamente algunos de ellos poseen un referente religioso grupal en mayor o menor medida. Son aquellos que tienen la fortuna de vivir su fe en grupo familiar (los menos), y los que lo hacen en grupo colegial o parroquial. Muchos de estos niños irán perdiendo paulatinamente ese referente de fe comunitario, en la medida que van abandonando el grupo de catequesis, se van insertando en la ciudad secular y acentúan su apoyo vital en un grupo de amigos carente de connotación eclesial. Se quedan de esta manera solos ante su fe...

Vuelvo a preguntar: ¿Cuidamos suficientemente ese referente comunitario y grupal?. ¿Puede existir una auténtica pastoral sin este referente?. ¿Presuponemos un clima religioso colectivo que en realidad no existe?.

Ver el cuadro siguiente:

EDIFICIO DE LOS REFERENTES GRUPALES RELIGIOSOS
EN UN COLEGIO CATÓLICO

6 años ----------1a Comunión -----------Educación Secundaria

----Familia --------Familia ----------------------Familia

----Colegio -------Colegio ----------------------Colegio

-----------------Grupo deTiempo Libre

-----------------Grupo de Tiempo Libre---------------Amigos

Catequesis

A partir de los seis años: Normalmente la familia no es un referente de fe, en cuanto vivida en grupo. Los principales referentes serán el colegio y la catequesis. Sigue la progresión en la fe, apoyándose en esos referentes eclesiales.

A partir de la 1a. Comunión: La catequesis deja de ser referente. Permanece el colegial. Normalmente los grupos deportivos y de tiempo libre tampoco van a servir de referentes religiosos (excepto en el escultismo, etc.). Sigue progresando la vida religiosa, aunque comienza a acusar la falta de referentes eclesiales.

A partir del comienzo de la Secundaria: Se desarrolla con fuerza un referente grupal, el de los amigos, pero neutro religiosamente. El colegial, comienza a significar menor. Comienza el desplome religioso, en un enfoque de fe individualista, con poca apoyatura eclesial.

En la enseñanza pública, al faltarle antes el referente grupal colegial, la del niño se va a ir desplomando a partir de la 1a. Comunión.

Nos bastaría analizar con seriedad estos dos "cómo", para plantearnos un montón de cosas en nuestra renovación pastoral.

El primer "cómo" nos empuja a tomarnos más en serio la fe del NIÑO y sus diferentes fases evolutivas, a respetarlas, acompañarlas e insertarlas en el esquema eclesial, de tal manera que los niños sean una parte importante de la Iglesia: una parte esencial, enriquecedora y necesaria para la gran familia eclesial. El niño debe ocupar un lugar carismático propio y hasta imprescindible en ella. La niñez dejará de ser así una especie de caricatura infantil de la fe adulta. Plasmándolo en una imagen plástica: para calzar a una niña, si sólo contarnos con el enorme zapato de tacón puntiagudo que usa su madre, cometemos un gran disparate obligándole a arrastrar penosamente sus pies. Si se quiere otra caricatura, intentamos a veces colocar los pantalones del padre, recortando garras: ¿Y no es éste el método que empleamos a veces en la pastoral? Poco tardará la niña en acostumbrarse a caminar descalza o a buscar su calzado en otra parte.

El segundo "cómo", nos lleva a buscar caminos más comunitarios en la vivencia de la fe, a poner el acento particularmente en LA FAMILIA y dar más protagonismo a los padres en la educación de la fe. El futuro, o lo asentamos en la pastoral familiar o tendremos un futuro muy problemático. Nos empuja así a intentar superar nuestro esquema paternalista y reduccionista en el que los curas y los catequistas ejercen como únicos agentes de la pastoral. Intentaremos encontrar también caminos que respondan a la edad en que abandonan la catequesis, potenciaremos los grupos de tiempo libre como plataformas eclesiales, etc. Porque somos conscientes de que hay una correspondencia clara entre progreso en la fe y base comunitaria. El niño tiene que ver una comunidad. Y tiene que ocupar un lugar en ella: de relación, de comunicación y de celebración.

Por otro lado, no es un trabajo fácil el de la pastoral con la familia. Es la asignatura pendiente, que nunca logramos superar. Partimos de una familia descristianizada y con un cristianismo no eclesial, individualista y desvirtuado.

NIÑO Y FAMILIA: Dos núcleos fundamentales a revisar en nuestra pastoral.

LA IMAGEN DE DIOS EN EL NIÑO

Apoyándome en las características evolutivas que se suelen señalar como propias de cada uno de los ciclos y en los datos que me ha aportado una encuesta sencilla en los alumnos de mi centro (colegio católico), he intentado escribir en pocas líneas lo que me ha parecido más significativo:

Ciclo inicial

- El sentido trascendente de Dios, va a producirse a partir de esta edad de una manera muy lenta, rumiando en ocasiones y abstraído en el mundo de sus sueños. Le faltan al niño todavía muchas herramientas del pensamiento. Tan sólo tiene capacidad para captar la trascendencia de una forma elemental e intuitiva. Su poder intuitivo va a servirle de gran ayuda, junto a la sensibilidad y receptividad propias de su edad.

- En este ciclo la imagen que se hace el niño de Dios (así como la relación con Él o con los demás) está totalmente mediatizada por la familia.

- Aplican a Dios los rasgos parentales que experimentan en su vida: Es bueno, cariñoso y nos quiere mucho. Quiere que seamos felices: Nos ve, nos cuida y nos ayuda.

- Rasgos de creador generoso y amigable (siguen siendo rasgos parentales): Nos da muchas cosas y quiere jugar con nosotros.

- Abundan los rasgos antropomórficos sencillos e ingenuos: Es guapo... 0 Al dibujar a Dios, no distingue suficientemente a Dios de Jesús, y lo va a poner indistintamente como señor de barbas, en cruz o en el pesebre. Tendencia a enmarcarlo dentro de una cueva. En torno a Dios dibuja frecuentemente a otros seres, especialmente a los ángeles.

- La relación con Dios adquiere una resonancia afectiva. Cuando reza a Dios le gusta sentirlo cercano y relacionarse con Él a traiés de la expresión corporal y el ritmo.

Cielo medio

Es una edad objetiva. Al seguir sin poder de abstracción, va a recurrir más a la memoria, a la anécdota, a lo objetivo y a la acción. Junto a esto, lo imaginativo y fantástico, a la ocupar un gran papel.

En este período objetivo cuenta más la ley y el deber que el afecto. La dependencia afectiva de la familia ya no es tan fuerte. Los padres empiezan a perder el pedestal de seres superiores con poder absoluto.

- Todo esto va a influir indudablemente en una vivencia religiosa más objetiva. Por eso, cuando reza le gusta verbalizar y recitar su oración. En las celebraciones le gusta sentirse activo y participativo, cantar, etc.

- En esta etapa va a socializar más su fe como grupo y como iglesia: Acude a catequesis.

-Respecto a la imagen de Dios, me parece observar un proceso con dos fases:

1a fase:

En esta primera fase, todavía perdura la resonancia afectiva: casi la totalidad lo sigue contemplando como padre bueno y cariñoso:

Comienza a aparecer más explícitamente la palabra "Padre", con las mismas tres connotaciones efectivas de antes: Nos quiere, nos ayuda y nos da.

Se acentúa la idea de "Creador": Un creador de cosas concretas (árboles, flores, juguetes, ... ), que puede tener también rasgos de ser mágico.

Se mezcla todavía la imagen de Dios y la de Jesús: Un Jesús bueno ("salvador"), capaz de hacer cosas maravillosas ("milagros").

Siguen también algunos antropomorfismos ingenuos, con clara referencia a Jesús: Es guapo, de estatura normal, moreno, tiene barba,...

2a fase:

Fase más objetiva y cristocéntrica: Partiendo de la misma idea de los años anteriores (un Padre bueno que nos quiere, nos ayuda y nos da), no se fijan ahora tanto en el "nos da". O, si se quiere, el "nos da" adquiere un matiz cristocéntrico: Nos da la "Eucaristía" y el "perdón". Es normal, puesto que van a hacer la Primera Comunión o acaban de hacerla.

Así, se centran más en la idea de un Dios / Jesús. Si en la fase anterior les gusta de Dios que es "Creador" y "su Creación", ahora las preferencias irán más por afirmar que es el "Salvador" y que "murió por nosotros". Les atrae su estilo de vida: ayudaba a los necesitados y era capaz de hacer milagros y de resucitar.

Ciclo superior

Llamamos a esta etapa, la edad equilibrada entre el mundo interior y el exterior. Sigue la tendencia a la acción y retrocede el mundo imaginativo. Le gusta la eficacia y la regularidad. Comienzan nuevas capacidades y formas sociales: La abstracción, el grupo de amigos y la atención al otro sexo.

- Sus nuevas capacidades son causa de que adquiera una mayor cohesión y profundidad respecto a los atributos de Dios y a su trascendencia. Por la misma razón, puede hacerse una primera síntesis de su fe cristiana. Equilibrio entre el Dios creador (que vuelve a adquirir relieve), el buen Dios Padre que nos quiere, nos ayuda y nos perdona y el Dios Salvador que envió a su Hijo con misión salvífica. Su Dios no hace distinciones de razas, es especialmente bueno con los pobres, comparte, es humilde, sincero,...

- Como son concretos, prefieren los hechos y los héroes a las teorías. Momento importante en la enseñanza, en cuanto que a través de los hechos y los modelos (tanto bíblicos como sociales y eclesiales), va a interiorizarlos y se va a hacer una imagen de sí mismo, de los demás, de la Iglesia y de los demás, que va a determinar su modo de vida. Luego será más difícil romper esa primera síntesis existencial. Por eso, habrá que tener mucho cuidado en presentar de forma adecuada los relatos bíblicos y los diferentes modelos humanos y eclesiales.

- Como impulso natural, prefiere la acción caritativa a la oración. Su Dios le llama al compromiso. Pero es la edad ideal para personalizar e interiorizar a Dios y a Jesús: La relación con Dios y la oración se normalizan en su vida , aun- que no tenga un marcado carácter afectivo. Si antes no aprendieron a rezar y a ver a Dios presente en su mundo, cada vez le va a resultar más difícil. En eso pueden observarse ya diferencias notables.

A lo largo de la infancia, hay cinco atributos de Dios que son los que más les gusta y que se mantienen a lo largo de los años: Bueno/Amable (la que más mencionan) - Amor/Nos quiere - Nos ayuda/cuida - Creador/Creación - Nos perdona.

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA IMAGEN DE DIOS

Un respeto a Dios y un respeto al niño: No sólo poner sumo cuidado al presentar sin deformaciones el nombre de "Yahvé" , "El que es". Respetar al niño, supondrá no sólo tener en cuenta "al niño que es", sino también respetar su mundo, su cultura: no presentar un Dios que no le aliene de la cultura en la que vive sumergido, sino todo lo contrario: un "Dios encarnado en sus e es culturales".

Un Dios de rostro familiar: El niño que va gestando la imagen de Dios en su interior, lo va haciendo a través del rostro de su padre/madre. Su Dios debe llegar a ser un Dios que quiere a sus hijos como Padre/Madre ideal.

El amor incondicional de madre: amor de alegre acogida, de detalles exquisitos, de ternura, confianza y cercanía ...

El amor exigente de padre: que encierra un impulso creador y conduce a la superación personal... Ninguna de las dos facetas de nuestro Dios Padre/Madre deberían faltar en una sana pedagogía religiosa.

Ciclo inicial

En el ciclo inicial, decíamos que la imagen de Dios está teñida de rasgos parentales. Los padres, con su forma de vivir, van a ser sacramento de Dios ante sus hijos. La importancia que adquiere el referente paterno (padre / madre)para que el niño se forme una imagen de Dios adecuada, es muy grande. Un padre vengativo, violento, etc., puede incidir negativamente en la imagen religiosa de Dios.

Los padres deben rezar a Dios con sus hijos. No sólo la madre (ni los abuelos, como sucede en tantos casos). En ese contexto es donde los niños intuitivamente tienen que descubrir la dimensión comunitaria de la fe, echando las bases de un cristianismo no individualista. Las oraciones que empleen conviene que sean de contenido afiectivo, para acomodarse a los rasgos propios de la edad.

Conviene que los momentos de oración con los niños de esta edad, se viva con gozo. Que gocen hablando con Dios y acompañados de las personas queridas.

Ciclo medio

En el ciclo medio va a adquirir mayor importancia la imagen de Jesús. Los padres serán los responsables de que acuda a la catequesis, para preparar la 1a Reconciliación y Comunión. Pero delegar simplemente la responsabilidad en "otros" catequistas, serían claudicar en su misión de "primeros y principales educadores de sus hijos". Tenemos que encontrar más creativamente estrategias y modos de concienciar a los padres y trabajar conjuntamente con ellos.

Una buena catequesis familiar de cara a la 1a Comunión, incluye un cumplimiento familiar con la Iglesia los días de fiesta. Hoy por hoy, las madres tienen un cumplimiento inferior al de sus hijos y los padres todavía más bajo. Las cifras estadísticas, año tras año, dan esa constante.

Hay signos de devoción popular que pueden resultar muy positivos para ambientar y promover el sentido comunitario de la fe. No deberíamos dejar que se perdieran. La imagen religiosa entronizada o colgada presidiendo la convivencia familiar El Corazón de Jesús clavado en la puerta, el detalle religioso en la cabecera de la cama. Yjunto a esto, los momentos de oración para bendecir la mesa, iniciar un viaje, etc. Son hábitos que se adquieren estos años y que van a influir de manera determinante en la imagen que se hagan de Dios y de Jesús.

Ciclo superior

Lo mismo que afirmamos respecto a los hábitos de responsabilidad, trabajo, orden, etc., podríamos afirmar de los hábitos religiosos: Lo que no se ha adquirido hasta ahora, va a ser más difícil de adquirir en adelante. Por eso, es una edad ideal para fortalecer los hábitos religiosos propios y adecuados a su edad . (¡Ojo con vestir al niño con los calzones recortados del padre!) Y al ser también una edad muy sensible al "héroe" y a los modelos a imitar, si los que le rodean no dan ejemplo de hábitos religiosos, se va a perder una gran oportunidad. Puede ser una de las maneras de acelerar el desplome religioso.

El hecho de que sea la edad con mayores capacidades humanas y religiosas en la niñez, puede resultar para bien y para mal. Un entorno religiosamente adverso, puede provocar quizás más que en las etapas anteriores la vulgarización de la imagen de Dios y de lo religioso.

En nuestro trabajo pastoral, tendríamos que respetar y aprovechar la tendencia dominante hacia la acción, encauzándola a través de los "grupos de tiempo libre". Sería un error olvidar este medio educativo en nuestra pastoral, ya desde el ciclo medio y sobre todo en el superior. La imagen que trasmita de Dios el monitor / catequista con sus palabras encarnadas en su ejemplo, pueden ser un modelo de referencia importante res- pecto a Dios y respecto a la comunidad.

Alberto Pérez Pastor Tudela (Navarra)