TODOS CELEBRAMOS
Por Jesús BURGALETA, Sacerdote
Imparte clases de liturgia en el Instituto Superior de
Pastoral de Madrid
En la Iglesia se celebra el encuentro con Dios y con los hombres tal y como se nos ha mostrado en la existencia de Jesucristo.
LA CELEBRACIÓN es la acción más importante que
todos los seres humanos, grupos y sociedad, realizan en su vida.
Todo el mundo sueña en que llegue la celebración; todos la
anuncian e invitan a los más queridos a participar en ella.
Todos se dedican a prepararla con esmero: se compran comidas y
bebidas, se alquila el lugar de la celebración, se eligen
cuidadosamente el día y la hora, se estrenan vestidos y trajes,
se adquieren regalos. La gente para poder celebrar se pone a
tono: todos van más guapos, con mejor temple, más
predispuestos; hay por dentro una ilusión, una llama que se
desea que se incendie para dar origen a un tiempo luminoso.
Os invito a que recorráis el enorme número de celebraciones que realizamos en todos los niveles de la vida.
LA VIDA DE LAS PERSONAS
Se celebra el nacimiento de un niño, su primer cumpleaños y todos los demás; se celebran la fiesta de la clase y la del colegio; celebramos las vacaciones de los fines de semana, de Navidad, se semana santa y de verano. Nos reunimos con los amigos para celebrar el santo de cada uno.
Cuando dejamos de ser niños, celebramos el primer trabajo o el final de los estudios básicos o la entrada en un período de formación o el final de la carrera. Cualquier joven con sensibilidad celebra continuamente con sus amigos y sobre todo cuando se descubre el amor -el enamoramiento es un estado de celebración permanente-. Se celebran los matrimonios, sus aniversarios y, sobre todo, las bodas de plata y, de un modo muy singular, las de oro, si se tiene la suerte de llegar a ellas.
La Iglesia es una comunidad celebrativa.
La vida de las personas está salpicada de celebraciones: se celebran los golpes de la buena suerte o los logros personales; se celebra la jubilación, la superación de la enfermedad, la solución de un conflicto, el reencuentro de una relación rota o enfriada. Se celebra la vuelta de los seres queridos que viven fuera, los ochenta o noventa años de los abuelos; muchos celebran el estreno de una vivienda, la compra de un campo o del coche, la apertura de un negocio....
LOS GRUPOS SOCIALES
Los grupos sociales también celebran. Más, hay reuniones estables de personas que no tienen más finalidad que la celebración, como son las peñas, las cofradías, los comités de fiestas.
No hay nación que no tenga su día conmemorativo; como el de la Constitución, la victoria, la conquista de la libertad, la memoria de su hijo más célebre, sea héroe o santo; no hay región que no celebre aquello que más le define o le identifica, ni pueblo que no organice sus festejos.
Las asociaciones de profesionales, los gremios, los diversos trabajos o estratos sociales tienen su día de celebración especial, como el primero de Mayo, San Juan Bosco para la formación profesional. Los periodistas, los bomberos, los pasteleros, los peluqueros.... todos tienen su día de celebración.
Las ciudades, en todos los lugares, organizan sus días de fiesta y de feria. Para muchas ciudades sus fiestas son el reclamo más grande y su mejor propaganda: Sanfermines, Fallas, Feria, Semana Santa....
Los pueblos celebran encuentros, concentraciones, romerías -a las fuentes, montañas lugares significativos, ermitas-, acampadas, peregrinaciones....
La Iglesia
- alaba a Dios por la mañana y al atardecer, por la felicidad y las desventuras;
- bendice a Dios por la cosecha, por el fruto del trabajo;
- glorifica a Dios por lo que empieza y crece, por lo que decae y finaliza.
TODAS LAS RELIGIONES CELEBRAN
Todas las religiones celebran. Se puede decir, sin exagerar, que las religiones son las promotoras del espíritu celebrativo de la humanidad; las especialistas en celebraciones. Para ello, organizan su calendario de fiestas, construyendo sus lugares estables de celebración, organizan a sus funcionarios para promover y desarrollar los acontecimientos celebrativos, ordenan sus leyendas para proclamarlas y, sobre todo, tienen bien establecidos sus rituales, que son el cauce por el que va a discurrir la celebración.
También la Iglesia, como grupo social y de fe, pone especial énfasis en celebrar.
En la Iglesia se celebra el encuentro con Dios y con los hombres tal y como se nos ha mostrado en la existencia de Jesucristo. Esto lo vivimos celebrando su nacimiento -Navidad-, su vida - a lo largo de todo el año-, su muerte y permanencia victoriosa en la vida -en Pascua-, la continua presencia de su Espíritu en el mundo -Pentecostés-. En torno a estas celebraciones se organiza el "año litúrgico", que es el camino que ofrece la Iglesia para vivir intensamente la fe.
La Iglesia, junto con Jesús, celebra también a sus miembros más insignes: a María, los apóstoles, los santos más destacados. Junto con las fiestas de la Muerte y Resurrección, los santos son, en muchas ciudades y pueblos, el motivo de las grandes celebraciones.
La comunidad cristiana ofrece, además, la oportunidad de celebrar los momentos más importantes de la vida. Junto con los padres, celebra el acontecimiento del nacimiento de un nuevo hijo; con el que se ha convertido a la fe, celebra el nacimiento a una nueva vida y la entrada en la fraternidad; con los que se quieren y se van a casar, celebra el amor y los deseos de ventura para el futuro; celebra la decisión de todos los que voluntariamente se dedican a servir a los demás dentro o fuera; no pierde la ocasión de celebrar el misterio que aparece en la enfermedad y aun en la misma muerte.
La Iglesia es una comunidad celebrativa. En ella se celebra todo: las necesidades y los anhelos -se le pide a Dios-, la preocupación por los demás -se intercede por ellos-, las alegrías -se dan gracias-, el amor -se alaba a Dios por lo maravilloso que es-.
Se puede decir sin exageración que la finalidad de la Iglesia es celebrar: alaba a Dios por la mañana y al atardecer, por la felicidad y la desventura; bendice a Dios por la cosecha, por el fruto del trabajo, por cada situación humana constructiva; glorifica a Dios por las cosas, por su uso, por los quehaceres, las ilusiones; por lo que empieza, lo que crece, lo que genera bien y, también, por lo que decae y finaliza.
CONCLUSION
No creo exagerar si escribo que "lo más importante" que hacemos en la vida es celebrar. Lo que más ilusiona a todos es celebrar. Si se pudiera, se estaría toda la vida celebrando.
"Celebrar" debe ser muy importante, pues lo más llamativo de la ciudad son los lugares de celebración; los anuncios más espectaculares son ofertas para potenciar la celebración. Los que más tienen, donde aparecen ostentando más su poder y su riqueza, es en las celebraciones, y los que tienen poco o nada aspiran a poder celebrar al menos un poco.
"Celebrar es importante, pero hay que celebrar bien. ¿Qué es celebrar? ¿Cómo se celebra bien?
De momento, podéis ir pensando qué es lo que hacéis cuando "celebráis bien". A lo largo de este curso lo vamos a reflexionar juntos, para potenciar la celebración en la Iglesia, sobre todo la celebración de los sacramentos.
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