¿Por qué no podemos ver a Dios?

por Joaquín María García de Dios
Revista Catequética, febrero 2003

Las primeras veces que me preocupó esta pregunta era yo, muy niño, el protagonista de la misma: fue durante la preparación de mi Primera Comunión, ahí por los albores de mi infancia. La repetía y la repetía y nadie me la contestaba: ¿Por qué nunca puedo ver a Dios, aunque poder verlo es lo que más me gustaría en la vida? ¿Y por qué, hablando yo tantas veces con El, El nunca me contesta?

De mayor ya no me he vuelto a hacer esa pregunta. Pero lo que a mí, adulto, me basta para convivir creativamente con la pregunta, comprendo que puede no bastarle a un niño y que puede desconcertar a más de un catequista.

Por eso me sonó la alarma cuando esa misma pregunta me la hizo mi sobrino Daniel, cuando tenía cinco años. Me la hizo al salir de una celebración religiosa en las escaleras desgastadas del pórtico de una preciosa iglesia románica de La Coruña, la iglesia de Santiago, en la que yo habia tenido muchas de mis primeras experiencias religiosas infantiles. Lo que pasa es que Daniel, con su pregunta, me adelantaba una hipótesis de respuesta que a mi me preocupó y a su madre le sobresaltó. Al único que no le asustaba nada era al propio Daniel: "Tio Joaquín: ¿por qué, si yo estoy deseando ver a Dios nunca puedo verlo? ¿Qué tengo que hacer para verlo? ¿Es que tendré que morirme para llegar al cielo y sólo así podré verlo? A mí me encantaría ".

Con estos precedentes, cuando me encuentro con los niños y hablamos sobre Dios, cuando hago canciones para que ellos las canten, o cuando propongo modelos de oraciones para que ellos las utilicen o las rnodifiquen a su manera, en no pocas ocasiones vuelve a aparecer esa pregunta formulada de mil maneras:

En una canción:

Todos nos hablan de Ti.
Todos nos dicen que estás.
Y nosotros te buscamos.
¿Cuándo te presentarás?
Te sentimos siempre cerca
y siempre queremos verte
y te lo pedimos mucho,
¿no querrás aparecerte?

En otra canción:

Y vestido de arco Iris,
siempre sin dejarte ver,
dicen que estás con nosotros
del alba al atardecer.

En una oración y de una manera más expresiva:

Cuando veo tantas nubes
navegando por el cielo.
¡Gracias porque puedo verlas!
Pero a Ti ¿cuándo te veo?
Cuando escucho los cantares
de cucos y de jilgueros.
¡Gracias por poder escucharlos!
Pero a Ti ¿cuándo te escucho?
Cuando abrazo a las personas
que me tienden sus dos brazos.
¡Gracias por poder abrazarlas!
Pero a Ti ¿cundo te abrazo?

Tendemos a buscar una respuesta teórica a una pregunta que de teórica sólo tiene la apariencia. Si queremos contestar lo que el niño pregunta necesitamos una sensibilidad capaz de establecer una comunicación atenta y respetuosa con la experiencia que esta teniendo el niño, sea la que sea.

Muchas veces esa pregunta, más que una ausencia esta expresanao una presencia, como la del amigo invisible con el que es capaz de convivir sin verle, y que dejaria de existir si le viese.

Como los suspiros amorosos de los místicos, que expresan añoranzas sensoriales aunque están expresando una profunda unión total con el Amado.

Porgue el juego de esconderse para que le encontremos, los niños, como los místicos, son muy capaces de jugarlo con más gozo que sufrimiento, y con más experiencia de presencia que de ausencia.

¡De cuántas maneras nos habla, tentándonos para que lo oigamos!
¡De cuántas maneras nos abraza cuando nos abrazan quienes nos quieren!

El juego de la búsqueda san Juan de la Cruz lo describe así: seguirle el rastro.

Cántico espiritual:

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y ya eras ido.
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
y, yéndolos mirando,
con solo su figura
vestidos los dejó con su hermosura.

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellas,
y sólo para Ti quiero tenellos.

Existen experiencias mejor que el verle.

Glosa a lo divino:

Par todo la hermosura
nunca yo me perderé,
sino por un no sé qué
que se alconza por ventura.
Que estando la voluntad
de Divinidad tocado,
no puede quedar pagada
sino con Divinidad;
mas, por ser tal su hermosura,
que sólo se ve por fe,
gústala en un no sé qué
que se halla par ventura.

Pero a veces la añoranza se hace insoportable:

Algunas letrillas de Teresa de Jesús:

Ansiosa de verte deseo morir.
Véante mis ojos, dulce Jesús bueno,
véante mis ojos, muérame yo luego.

Convivir con la pregunta sin respuesta no es imposible ni es mejor un sucedáneo, que suena a respuesta, pero no responde. Hay preguntas que, una vez que se hacen, sólo provocan una cascada de nuevas preguntas, más concretas pero no más sencillas. Las nuevas preguntas nos seducen tanto que, haciéndonos como niños, puede que aceptemos seguir manteniendo la pregunta viva y abierta aunque nunca tengamos su respuesta.

Por eso éste no pretende ser un articulo pragmático que dé respuestas de inmediata aplicación, sino que, gracias a la pregunta de los niños, reflexionemos sobre nuestra relación con Dios y sus mediaciones sensoriales, mentales y oracionales. Y desde nuestras propias experiencias, logremos hablar con los niños para que, manteniendo sin respuesta la pregunta, podamos seguir teniendo una experiencia de Dios y con Dios cada vez más intensa y que, progresivamente, vaya necesitando menos la respuesta concreta a la pregunta concreta. Y no olvidemos que algunas editoriales, haciéndose eco de la prohibición de Yahvé, prohiben que en los libros se dibuje a Dios, ni sensorial ni simbólicamente. Pero no se contentan con prohibir: nos dan sus pistas de cómo quieren lograr el encuentro del niño con Dios.

Preguntas y afirmaciones que funcionan como preguntas.

¿Hernos dedicado suficiente tiernpo a considerar las llarnadas apariciones de Dios? ¿Y a las desapariciones de Dios? ¿Y a las presencias de Dios sin aparición? ¿Y a esas situaciones equívocas que aumentan nuestros interrogantes? ¿Cómo describimos y presentamos a Dios desde nuestros sentidos? ¿Y desde sus actuaciones? ¿Y desde sus sentimientos? ¿Cómo se hace o hacemos la publicidad de Dios? ¿Cómo se le propone? ¿A quiénes? ¿Para qué? En concreto ¿Cómo lo publicitamos ante los niños? ¿En qué se fundará la prohibición del propio Dios de hacer, de tener y de venerar imágenes de Dios? ¿Cuáles son los sucedáneos y sustitutivos que estamos empleando? ¿Cuántos y cuáles son o funcionan como idolos?

Tenemos que elegir lo que han dicho sobre nuestro tema: los místicos, los poetas, los teólogos, los santos, los profetas, los catequistas ... ¿A quiénes vamos a dar la preferencia? ¿Cómno entender la presencia de Dios entre los humanos? ¿Y el nornbre y la realidad de Emmanuel: "Yo estoy siempre con vosotros"?

¿Cómo se puede hablar de los sentimientos de Dios? ¿Cmo y por qué sufre y qué hacernos con su sufrimiento? ¿Cómo y por qué se alegra y qué hacemos con sus alegrias?

La Encarnación de Dios ¿Incompatible? ¿indispensable? ¿Inexplicable?

Personas que vieron a Dios. Personas que hablaron con Dios. Personas a las que Dios habló. Personas que discutieron con Dios.

La aparición de Dios en la vida de los niños: Contexto familiar. Contexto escolar. Contexto social. La revelación progresiva de Dios a los humanos y a la humanidad.

Dejar a Dios ser Dios y repercusión en que sea accesible a nuestras experiencias sensoriales. ¿Qué se entiende cuando se habla de "tener experiencia de Dios"?

La múisica como la metáfora polivalente más eficaz de la presencia del Espiritu de Dios entre nosotros.

¿Cómo contestó Jesús de Nazareth a esta pregunta?

El acceso de Dios a la humanidad se llama Jesús.
El acceso de la humanidad a Dios se llama Jesús.

El problerna de la sensorialidad y de la sensibilidad puede tener aqui una solución.

Con su presencia. Con su vida. Con su palabra. La Palabra se hizo hombre y habitó con nosotros:

Lo que existia desde el principio, lo que oimos, lo que vieron nuestros ojos, lo que contemplaron y palparon nuestras manos - hablamos de la Palabra que es la Vida, porque la Vida se manifestó, nosotros la vimos, damos testimonio y os anunciarnos la Vida eterna, que estaba de cara al Padre y se nos manifestó - eso que vimos y oimos os lo anunciamos a vosotros. Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. Ha visto a Dios.

En definitiva ¿cómo podemos´presentarles a Dios ?

Favorecer que los niños, gracias a nosotros, vayan descubriendo progresivamente a Dios, y su presencia en el contexto de sus vidas. Un Dios nunca definido, porque sería como congelarlo, dominarlo, someterlo a nuestros condicionamientos. Dios se escapa a toda posible definición humana, pero lo podemos descubrir en nuestra experiencia de ecologia más mística que reductivarnente cientifica, y en nuestra experiencia de oración, tanto personal como en el contexto familiar y de una comunidad cristiana. Un Dios nunca dibujado, porque es justa la petición de Dios de no hacerlo a nuestra imagen y semejanza. Aunque, hagamos lo que hagamos, sólo podemos partir de nosotros mismos para imaginarlo y de las palabras y de los hechos del Señor Jesús.

Un Dios siempre presente en esa interacción inacabada y emocionante de la búsqueda, el juego, el encuentro de su presencia en todas las circunstancias de la vida, en las huellas que te deja en la naturaleza, en su alimentar nuestros mejores sentimientos y en su aleteo permanente sobre las olas del mar.

Un Dios siempre vivido en la experiencia de los amigos de Jesús, en la alabanza y la gratitud de la Igiesia en sus expresiones celebrativas y festivas, en sus experiencias de oración y en sus progresivos compromisos por conseguir un mundo de hermanos y de paz.

Y un Dios muy querido y que siempre nos quiere con una gran sensibilidad y con una exquisita imaginación y eficacia.

Eso es lo que pretendimos al componer el disco "Pasito a Pasito" y todas las experiencias sugeridas en los libros de texto y en los materiales de trabajo de "Querido Dios". El encuentro "pasito a pasito', ayudándoles a tomar conciencia de que siempre tienen a Dios al alcance de sus alegrias, de sus amores, de sus juegos, de sus aprendizajes, de sus éxitos y de sus contratiempos. Pero siempre al pasito de los niños y no al pasote de los mayores.