CATEQUISTA:
MOVIDO POR EL ESPIRITU (I)
Comenzamos la exposición de una nueva relación del catequista: su relación con el Espíritu.
* Los catequistas tenemos la tarea de anunciar la Palabra de Dios, comunicar el mensaje de la fe recibido de la Iglesia. Pero en este trabajo de educación en la fe, nosotros no ocupamos el primer puesto. El principal agentes es el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo, Maestro Interior de la Fe.
* Los catequistas hemos de procurar volver la mirada Ahacia aquel que es el principio inspirador de toda obra catequética y de los que la realizan: El Espíritu del Padre y del Hijo, el Espíritu Santo@ (CT, 72).
En la Sagrada Escritura, el Espíritu Santo aparece siempre como el autor de toda gracia y todo don. El Espíritu Santo es quien Aunge@ a Cristo y, una vez bautizado, empieza su misión apostólica con el poder del Espíritu. El es quien le guiará y quien dará testimonio de que Cristo es el Señor.
* Los Apóstoles reciben ese mismo Espíritu y confían su predicación no a la sabiduría humana, sino al poder del Espíritu. Ese espíritu es quien les va iluminando y guiando en la verdad. El es quien va dirigiendo la obra de la evangelización.
*El cristiano ha de nacer del Espíritu. Por el Espíritu somos edificados sobre Cristo y ungidos como Pueblo Sacerdotal. El Espíritu Santo, derramado en el corazón de los fieles, escribe en nosotros su ley, produce la libertad espiritual, actúa y ora en nosotros y da testimonio de que somos hijos de Dios.
En definitiva, el Espíritu Santo es el autor de la vida cristiana, la vida nueva de los hijos de Dios. Como cristianos estamos llamados a Avivir según el Espíritu@ (Rm. 8, 9-13)
Podemos afirmar que no hay ni habrá evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo: Ael Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización; él es quien impulsa a cada uno a anunciar el Evangelio y quien en lo hondo de las conciencias hace aceptar y comprender la Palabra de salvación@ (EN, 75. El Espíritu Santo es el Amaestro interior@ de la fe.
* Los catequistas hemos de trabajar con este convencimiento a la hora de plantear nuestra tarea. La fe es un don de Dios y para ello se necesita la gracia de Dios que previene y ayuda, que abre los ojos de la mente y mueve el corazón para aceptar y creer la verdad. Y Ala catequesis, que es crecimiento en la fe y maduración de la vida cristiana hacia la plenitud, es, por consiguiente, una obra del Espíritu Santo, obra que sólo El puede suscitar y alimentar en la Iglesia@ (CT, 72).
Los catequistas, en la catequesis, somos sólo mediadores, instrumentos al servicio de esa acción del Espíritu, pues Ala Iglesia, cuando ejerce su misión catequética -como también cada cristiano que la ejerce en la iglesia y en nombre de la Iglesia- debe ser muy consciente de que actúa como instrumento vivo y dócil del Espíritu Santo. (CT, 72)
Nuestro trabajo consiste, fundamentalmente, en favorecer unas actitudes que posibiliten el encuentro y la acogida positiva a la acción del Espíritu para reavivar y desarrollar la fe, para hacerla explícita y operante en una vida coherentemente cristiana.
Acción del Espíritu Santo en la Catequesis.
* La acción del Espíritu Santo en la catequesis tiene lugar tanto en el catequista como en los catequizados.
En el Catequista.
Los catequistas, en la catequesis, somos portadores de una sabiduría que nos viene de Dios. Nosotros sabemos que estamos trabajando en estrecha colaboración con el espíritu, que nos acompaña en nuestro servicio catequístico. Los catequistas hemos de dejar actuar al Espíritu. Para ello tenemos que:
a) Escuchar al Espíritu.
* La primera tarea como catequistas es ponernos a la escucha del Espíritu, para que nos ayude a dejarnos penetrar por la Palabra que después vamos a anunciar a los demás. Es el Espíritu quien pone en nuestros labios las palabras que hemos de comunicar. Los catequistas hemos de buscar con responsabilidad esa palabra. Debemos leer, estudiar, profundizar en su mensaje; pero hemos de hacerlo sabiendo que es el Espíritu el que nos manifiesta el sentido de la Palabra Aporque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro padre el que hablará en vosotros@ (Mt. 10, 20)
La eficacia de nuestra palabra no está en nuestra competencia doctrinal o metodológica, ni siquiera en nuestra santidad de vida. La eficacia está en nuestra conversión a la Palabra y, sobre todo, en la acción interna del Espíritu. Por eso hemos de trabajar sabiendo que Alas técnicas de evangelización son buenas, pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolutamente nada sin él. Sin él, la dialéctica más convincente es impotente sobre el espíritu de los hombres. Sin él, los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas se revelan pronto desprovistas de todo valor@ (EN, 75)
Por eso hemos de prepararnos para la catequesis escuchando al Espíritu, dejándonos llenar por El, ya que Aes él quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio@ (EN, 75)
b) Orar al Espíritu
La exigencia que tenemos de hablar de Dios en la catequesis, nos plantea la necesidad de hablar antes con Dios en una intensa vida de oración.
La oración es, para nosotros, algo fundamental y hemos de recurrir a ella lo más posible. En ella encontraremos la luz y la fuerza necesaria para realizar nuestra tarea. Si somos conscientes que todas nuestras cualidades y trabajos son imprescindibles, pero insuficientes para suscitar la fe; si somos conscientes de que es el Espíritu quien da y hace crecer la fe, entonces la oración se nos plantea como un componente indispensable de nuestra acción catequística. Por tanto Ainvocar constantemente este Espíritu, estar en comunión con El, esforzarse en conocer sus auténticas inspiraciones, debe ser la actitud de la iglesia docente y de todo catequista@ (CT, 72).
* Después de una intensa preparación, hemos de ir al grupo con la conciencia de enviados y llenos de humildad, hemos de decir como Pedro Aen tu nombre echaré las redes@ (Lc. 5, 5) Por eso hemos de invocar al Espíritu para que sepamos anunciar dignamente la Palabra del Señor, para que los componentes del grupo abran su corazón a la acción del Espíritu, para que nuestro trabajo dé los frutos que el Señor espera de cada uno de ellos.
Los catequistas hemos de orar por todos los catequizandos para que acepten el don de la fe y realicen en sí mismo el plan de Dios sobre cada uno de ellos. Eso es lo que, en verdad, nos ha de preocupar. Por eso oramos como San Pablo: ACon este objeto rogamos en todo tiempo por vosotros: que nuestro Dios os haga dignos de la vocación y lleve a término, con su poder, todo vuestro deseo de hacer el bien y la actividad de la fe, para que así el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo@ (2 Tes. 1, 11-12)
Luis Otero Outes
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