Francisco Javier VALIENTE, Salesiano.
Animador pastoral. Profesor de Comunicación.
Revista Catequistas, No. 144, enero 2003
EL
PROCESO DE COMUNICACIÓNLa
catequesis es un acto comunicativo. Podemos esquematizar el proceso de comunicación señalando que siempre hay alguien que dice algo para otro alguien con una finalidad concreta. Hemos señalado en artículos anteriores diversos niveles de comunicación y distintas formas de comunicamos: comunicación verbal y no verbal; comunicación interpersonal o en grupo. Nos fijamos, ahora, en los que intervienen en ese proceso y en algunos elementos qwe inc::iden directamente en el proceso de comunicación, posibilitándolo o dificultándolo.Actores
del proceso comunicativo- Por un lado está el emisor, el que dice, que en nuestro caso podemos identificar con el catequista. Él tiene encomendada la tarea del anuncio del evangelio. Pero no es el único que comunica. También,.los miembros del grupo son emisores de mensajes para el propio catequista y para los demás miembros. Precisamente esta dircularidad de la comunicación caracteriza la catequesis e involucra a los participantes en una tarea que se convierte en común: narrada vida.
- En la catequesis, además, hay que dejar sitio a otro comunicador: el Espíritu. También Él habla al grupo y a cada uno. Y habrá que encontrar momentos específicos donde se le pueda escuchar con atención.
- Al mismo tiempo, es imprescindible conocer al destinatario de este mensaje, al receptor. El catequista conoce a su grupo, comparte con ellos tiempo y experiencias. En la catequesis se tiene en cuenta las características psicológicas y sociológicas de los destinatarios. También es preciso pararse a pensar cuáles son las necesidades de los receptores en relación con el mensaje que se va a transmitir. Qué les puede motivar a ser más receptivos. Los contenidos transmitidos serán, así, más significativos para ellos.
"(...), además de la proclamación que podríamos llamar colectiva del Evangelio, conserva toda su validez e importancia esa otra transmisión de persona a persona. El Señor la ha practicado frecuentemente -como lo prueban, por ejemplo, las conversaciones con Nicodemo, Zaqueo, la Samaritana, Simón el fariseo- y lo mismo han hecho los Apóstoles. En el fondo, ¿hay otra forma de comunicar el Evangelio que no sea la de transmitir a otro la propia experiencia de fe?" (Pablo VI, Evangelií Nuntiandi, 46)
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El
mensaje- Cuando comunicamos, comunicamos algo. Ese algo, el mensaje, es difícil concretarlo en el caso de la catequesis. Se transmite la fe, la buena nueva de Jesús, la experiencia de la comunidad cristiana a lo largo de la historia, la propia vivencia del seguimiento de Jesús... Palabras y expresiones hondas que conforman el mensaje. En cualquier proceso comunicativo el emisor debe conocer bien el mensaje, poseerlo, estar seguro de lo que quiere transmitir y definir claramente qué se va a transmitir en cada ocasión.
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En función del mensaje se elige el lenguaje más adecuado. Aunque
habitualmente utilizamos la palabra para codificar los mensajes a transmitir en
catequesis, existen otros códigos posibles: imágenes, símbolos, música,
expresión corporaL.. son lenguajes alternativos y, en bastantes ocasiones, el
mejor lenguaje para comunicar. Hay que atreverse a utilizar todos estos
lenguajes.
- Un lenguaje especialmente válido es el del testimonio de la propia vida. Alguien escribió que las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran.
Eliminar ruidos
- A veces sucede con la tele, o cuando escuchamos la radio. Hay ruidos que dificultan la comunicación, que entorpecen el proceso de comunicación y que hacen que no llegue bien el mensaje. También en el acto comunicativo del grupo de catequesis se producen ruidos. Algunos ruidos son fáciles de identificar: los ruidos físicos del ambiente donde se está desarrollando la catequesis (la música fuerte del grupo vecino, los juegos en el patio de los chicos de otro niveL..), sabemos que son molestos y procuramos evitarlos pues, todos tenemos experiencia, es difícil comunicar cuando estos ruidos están presentes.
- Pero existen otros ruidos que también deterioran el acto comunicativo y que, a veces, nos pasan desapercibidos. Ruido es
todo aquello que dificulta la comunicación; todo lo que hace que el mensaje no llegue bien al destinatario. Existen, también, ruidos psicológicos, es decir, las condiciones personales tanto de emisor como del receptor, que influyen en cómo se transmite y se recibe el mensaje. Los prejuicios, los estereotipos, experiencias negativas, la situación vital de cada uno... pueden convertirse en rumores que entorpecen el proceso de comunicación. Cuando evaluamos cómo va la catequesis no solemos caer en la cuenta de que estos ruidos existen.- No siempre el catequista puede controlarlos o eliminarlos, pero ser consciente de ellos ayuda a pensar estrategias para minimizar su influencia en la catequesis y reducir, así, las posibles dificultades para que el mensaje llegue de forma correcta.
NO OLVIDES - Hay diversos lenguajes; en cada ocasión es preciso encontrar el más adecuado al mensaje que se va a transmitir.
- Es preciso ser conscientes de los ruidos que puede haber en el proceso de comunicación. Así será posible eliminarlos o reducir su impacto negativo.
- No hay que perder de vista los valores, las ideas dominantes, en relación con el mensaje que existe en la sociedad donde se desarrolla la catequesis.
Comunicar en una cultura determinada
- La catequesis, como acto de comunicación, se desarrolla en un contexto, en una cultura determinada. El emisor debe conocer los valores, las actitudes, los modos de ser mayoritarios en esa cultura en relación con el mensaje a transmitir. Hay que adaptar el mensaje a los diversos contextos donde se anuncia. El catequista puede, así, adecuar mejor el contenido del mensaje y la forma de presentarlo a sus destinatarios.
Estar en onda
- Palabras, imágenes, signos, sonidos... son los elementos que utilizamos para traducir perceptiblemente la experiencia trascendente de la fe. Con estos materiales construimos los mensajes que son percibidos por los destinatarios. Para que el mensaje pueda ser entendido, emisor y receptor deben estar en la misma onda. Los catequistas son especialistas en adaptarse a los destinatarios. Ponen en juego imaginación y recursos para hacer comprensible la fe que transmiten. Siempre hay que estar en tensión para conectar la vida con el mensaje que se transmite.
