LA
EXPRESION DE LA FE
Miguel Angel Gil, Revista Catequista,
No. 93
"La
Palabra de Dios -semilla depositada en el campo de la experiencia
humana- hace madurar la fe en el corazón del catecúmeno. Esta
fe, que penetra y transforma la totalidad de la personalidad del
creyente, se expresa mediante la profesión o proclamación de la
misma, la celebración y el compromiso cristianos, que son el
corolario constante que acompaña de manera ininterrumpida todo
el proceso de catequización" (CC, 234).
De alguna manera, el grupo de catequesis, es una caja de
resonancia de la realidad del mundo y de la vida de la Iglesia.
Al grupo llega la vida concreta de cada día necesitada de
salvación; allí se recibe el anuncio de la Buena Noticia y, de
allí, se sale transformado para servir al evangelio con nuevo
ardor.
- El encuentro con Jesús sana y salva de tal manera que
uno no puede dejar de proclamar, desde ese momento, a los
cuatro vientos, lo que ha visto y oído.
- El acto catequético termina siempre en celebración
de la fe, en alabanza, gratitud y petición porque
hemos descubierto el amor de Dios presente en nuestra
vida. Termina, también, en profesión de fe y compromiso
porque el Padre nos ha asociado a la obra de su Hijo y
nos ha dado el Espíritu Santo para hacernos testigos de
su reino en el mundo.
- La respuesta de fe es expresión de la conversión
realizada en el proceso catequético. Es manifestación
del cambio producido en el corazón del catequizando por
el paso de Jesús, realidad que se hace vida en las obras
y palabras de cada día.
1. Expresamos la fe, adorando y bendiciendo a Dios.
- Una sesión de catequesis que no termine en el
reconocimiento de Dios, es exponente de una
contemplación de los misterios pobre o nula. El hombre
responde a los dones recibidos de Dios bendiciendo "a su vez a
Aquel que es fuente de toda bendición" (CEC 2626).
- La contemplación de las obras realizadas por Dios en
medio de su pueblo y en la vida de cada persona enciende
nuestro amor para reconocer "la grandeza del
Señor que nos ha hecho y la omnipotencia del Salvador
que nos libra del mal"
(CEC 2628)
- El paso del Señor por nuestra vida es siempre un momento
de gracia y un acontecimiento sorprendente pues ilumina y
transforma todo lo que toca.
- A la catequesis no vamos a aprender solamente unas
páginas del catecismo. Vamos a encontrarnos con el que
es fuente inagotable de vida. Jesús le dice a la
samaritana: "Si
conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de
beber, le pedirías tú a él y él te daría agua viva" (Jn. 4,
10). La catequesis ofrece esa agua que hace posible la
felicidad.
- No debemos, pues, tener prisa para concluir la
catequesis. Si no ha acontecido "algo" en el corazón
del catequizando, no esperemos que haya respuesta de fe.
Dios obra en primer lugar y, cada uno de nosotros, debe
responder personalmente al don recibido. Hay que
propiciar, en cada catequesis, con humildad y confianza
el paso de la "suave
brisa" de
la presencia de Dios que el profeta Elías contempló (cf
1R 19, 12).
1. Diversas formas de
realizar el acto de fe.
- Recitando el Credo Apostólico.
- Diciendo: "Gloria
al padre" (dejar
un momento de silencio y proclamar las obras referentes al Padre
estudiadas en la catequesis. Así mismo se puede decir: "Gloria al Hijo" o "Gloria al Espíritu
Santo", según el
tema tratado en la catequesis).
- profesando la parte del credo que haga referencia al tema
estudiado.
- Repitiendo alguna de las profesiones de fe que recogen los
evangelios, por ejemplo: "Señor
mío y Dios mío"
(Santo Tomás); "Tú
eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo" (San Pedro), etc.
- Cantando el Santo de la misa.
2. Expresamos la fe viviendo
en la alabanza.
- La catequesis nos lleva a cantar, no sólo a Dios por lo
que hace con nosotros, sino también por lo que El es.
Alabamos a Dios porque es nuestro Padre. Alabamos a
Jesús porque es el Hijo de Dios encarnado, vencedor del
pecado y de la muerte, por el misterio de su pascua.
Alabamos al Espíritu Santo, Señor y dador de vida que
procede del Padre y del Hijo.
- San Pablo nos da pistas de cómo podemos vivir en la
alabanza continua: "Recitad
entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados;
cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor" (Ef. 5,
19; Col. 3, 6).
- Hay que iniciar a los niños en la oración de alabanza,
pues estamos muy acostumbrados a ir a la oración siempre
cargados de nuestros propios intereses y valoramos el
encuentro con Dios si no es porque necesitamos pedir algo
o agradecer algún beneficio: "La oración de
alabanza, totalmente desinteresada, se dirige a Dios;
canta para El y le da gloria no sólo por lo que ha hecho
sino porque El es"
(CEC 2649).
-
Para iniciar en la alabanza.
- - Acostumbrarme a rezar utilizando los salmos de
alabanza: (cf. Biblia de la Iniciación Cristiana, EDICE,
Madrid 1977, 264).
- - Animar a que los niños participen frecuentemente en la
Eucaristía, Sacrificio de alabanza que, la Iglesia,
tributa al padre por Jesucristo Nuestro Señor.
- - Cultivar el canto para expresar la oración de
alabanza.
- - Descubrir que estamos llamados a hacer de toda nuestra
vida una alabanza a Dios. Esto se realiza cuando
cumplimos los mandamientos del Señor, de ese modo,
profesamos la fe en la vida.
3. Expresamos la fe
ocupándonos de los demás.
- Expresamos la fe pidiendo e intercediendo por aquellos a
los que somos enviados. Los amplios horizontes que nos
abre la catequesis provocan en nosotros miedo ante el
futuro, por la dificultad que entraña la misión y la
pequeñez de nuestro propio yo.
- El encuentro con Jesús nos hace ver las cosas de otra
manera y nos lleva a realizarlas, en adelante, de otra
forma. El encuentro exige cambio en la forma de pensar y
cambio en la forma de obrar: "La comunión
con Dios y la adhesión a El llevan consigo como efecto
necesario el ejercicio de las tareas humanas" (DGPC 23)
Para llegar al compromiso
- Tomar conciencia de que, incorporados a Cristo, en su obra
redentora, trabajamos por El, con El y en El, en todo momento.
- Acostumbrarse a orar antes de emprender cualquier acción:
al comienzo del día, antes de estudiar, antes de comer, al salir
de casa, al final del día...
- Iniciarles en la importancia de la celebración para
mantener vivo el seguimiento de Jesús.
- Orar al emprender una obra apostólica, pidiendo a Dios por
la persona o realidad concreta a quien queremos servir.
- proponer compromisos concretos y sencillos, personales y
comunitarios que, con la ayuda de Dios, los niños puedan
realizar.
- Procurar que sean los mismos niños los que, entendido el
mensaje de la catequesis, propongan libremente lo que van a
realizar para seguir a Jesús.
- No podemos volver a la vida, después de realizar la
experiencia de la catequesis, sin apoyarnos en el poder
de Dios que, por su Hijo Jesucristo y con la fuerza del
Espíritu Santo, permanece en nosotros.
- Pedimos porque reconocemos nuestra pobreza y debilidad.
Nuestro pecado nos lleva a pedir perdón a Aquel que todo
lo puede sanar. Decimos: "Ten
compasión de mí que soy pecador" (Lc.
18, 13)
PARA TRABAJAR EN GRUPO
1. ¿Acostumbro
a hablar a Dios de los niños antes que hablar a los niños de
Dios? ¿Cómo?
2. ¿Considero
el compromiso en la catequesis un añadido que nada tiene que ver
con el desarrollo del tema? ¿Cómo hacer
brotar el compromiso de la experiencia vivida en la catequesis?
3. ¿Por
qué, lo estudiado en la catequesis, no repercute en la
vida de los niños? )Hacer
una lista de razones), ¿Cómo
podemos solucionarlo? (Hacer una lista de propuestas)
- La búsqueda del reino, que tenemos que acoger y en el
que tenemos que cooperar, suscita la oración del
catequista. Cuando miramos la mies abundante del trabajo
apostólico en el mundo; cuando escuchamos el envío de
Jesús: "id
al mundo entero...."
(Mt. 28, 19), comprendemos la necesidad de pedir en
todo momento.
- Nuestra mirada al mundo se detiene en hechos concretos en
los que tenemos que comprometernos y en personas
concretas que reclaman nuestro amor; todo eso nos lleva a
interceder, a pedir la ayuda de Dios para lo que tenemos
que realizar: ALa
intercesión de los cristianos no conoce fronteras: "por
todos los hombres, por todos los constituidos en
autoridad"
(1 Tm 2, 1), por los perseguidores (cf. Rm. 12, 14),
por la salvación de los que rechazan el Evangelio (cf.
Rm 10, 1) (CEC 2636)
- La mirada desinteresada al mundo, prepara bien nuestro
ánimo para entregarnos al servicio de los demás,
buscando sólo el bien del prójimo. Así nos
identificamos con la oración de Jesús que se entregó a
la muerte por amor a los pecadores. "Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc.
23, 34).
