Celebrar la Reconciliación
Revista Catequistas, No. 82
EL RETORNO DEL HIJO PRÓDIGO
Sin duda, la parábola evangélica de hijo pródigo es la expresión más bella
de lo que representa el sacramento de la penitencia en la vida cristiana: el
perdón gratuito por parte de Dios, el arrepentimiento y conversión sinceros
del pecador, la reconciliación con el padre y los hermanos. Vale la pena que la
releamos íntegramente.
Un hombre tenía dos hijos: el menor de ellos dijo a su padre: >Padre, dame la parte que me toca de la fortuna=. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidades. Fue entonces, y tanto le insistió un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces se dijo: A(Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre! Me pondré en camino adonde está mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros.@ Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello, y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: APadre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo@. Pero el padre dijo a sus criados: >Sacad en seguida el mejor traje y vestido; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete porque este hijo mío estaba muerto, y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado=. Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno e los mozos, le preguntó qué pasaba. Este le contesto: (Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado en salud@. El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: AMira en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado@. El padre le dijo: AHijo, tú deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado@.
EL SIGNO DE LA RECONCILIACION
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En esta parábola, se subraya con mucha fuerza la necesidad de celebrar una fiesta de reconciliación después de que el hijo perdido ha vuelto arrepentido y ha obtenido el perdón del padre. Y es precisamente esa necesidad de hacer una fiesta lo que parece que no entiende el hermano mayor, el que ha permanecido fiel toda la vida a los mandatos del padre.g
Sin embargo, la reconciliación no sería auténtica si no fuera acompañada por un signo exterior de tipo festivo y celebrativo. En la vida ordinaria -en la que se inspira la parábola explicada por Jesús- siempre lo hacemos así. Cuando un hijo ha desobedecido a su padre, además de pedirle perdón y de procurar en lo sucesivo agradarle en todo, tiene que darse cuenta de que su padre lo acepta otra vez por medio de un beso o un abrazo. Cuando dos amigos se han peleado y quieren reconciliarse, tienen que excusarse mutuamente y sellar su renovada amistad por medio de un apretón de manos.g
Los cristianos sabemos que, cuando pecamos, ofendemos a Dios y a los hermanos, nos separamos de la comunión con Dios y con la Iglesia. Es muy lógico y natural que, al arrepentirnos, tengamos que acusarnos de nuestra falta, pedir perdón y recibir el signo de nuestra reconciliación con Dios Padre y los hermanos. Es lo que hacemos cuando celebramos el sacramento de la penitencia, el cual es como un abrazo con el Padre, como un apretón de manos con los hermanos, como la fiesta organizada por el padre del hijo pródigo.UNA FIESTA COMUNITARIA
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Este aspecto de celebración gozosa y festiva de la reconciliación de los pecadores arrepentidos con Dios y la comunidad cristiana, era muy claro y evidente en la manera antigua de celebrar la penitencia canónica. Los penitentes, después de haber pasado un tiempo apartados de la celebración de la eucaristía, eran admitidos otra vez por el obispo a participar en la mesa común de los cristianos. Y ello daba pie a una gran fiesta de reconciliación y de acción de gracias.g
Luego, al hacerse más común la celebración privada de la penitencia, se perdió un poco de vista el que recibir el perdón de Dios y reconciliarse con El significaba también ser perdonado por los hermanos y volver a participar plenamente en la vida de la comunidad. Por ello, resulta tan conveniente organizar de vez en cuando celebraciones comunitarias de la penitencia, tal como han sido previstas por al reforma litúrgica del Concilio Vaticano II.g
Como veremos en los temas sucesivos, en estas celebraciones no se trata de que aparezca con claridad que todos los miembros de la comunidad nos sentimos y nos manifestamos pecadores, y al mismo tiempo que pedimos perdón a Dios queremos reconciliarnos con los hermanos y las hermanas. Una celebración de este tipo consiste básicamente en una proclamación de la Palabra de Dios es decir, lecturas bíblicas, canto de salmos, homilía y plegaria, la cual culmina en el rito sacramental. Este rito, según las circunstancias, puede hacerse de un modo personal con cada uno de los penitentes, o bien de un modo colectivo, impartiendo el sacerdote una absolución general a todos los presentes.Cuando el sacramento de la penitencia se celebra de este modo, se pone bien de manifiesto que Areconciliarse@ no significa sólo volver a la amistad con Dios, sino, muy principalmente, volver al Aconcilio@, es decir, incorporarse otra vez a la comunidad de los hermanos, en el marco de una fiesta de amor y de amistad.
Joan LLOPIS
PARA TRABAJAR EN GRUPO
Destacamos aquí algunas afirmaciones del artículo para la discusión en grupo. Es importante que al dialogar hagáis una referencia explícita a vuestra propia experiencia. No se trata sólo de opinar, sino de reflexionar la realidad que conoces y has vivido.
* La celebración no sería auténtica si no fuera acompañada por un signo de tipo festivo o celebrativo.
* Los cristianos sabemos que, cuando pecamos, ofendemos a Dios y a los hermanos, nos separamos de la comunión con Dios y con la Iglesia.
* Los penitentes, después de haber pasado un tiempo apartado de la celebración de la eucaristía, eran admitidos otra vez por el obispo a participar en la mesa común de los cristianos. Y ello daba pie a una gran fiesta de reconciliación y de acción de gracias.
