EL DESPERTAR DE LA FE (2)
Por Enric Carbonell. Tomado de la revista Proyecto Catequista, No. 90
1. Es una intuición global de Dios.
* El conocimiento de Dios que adquiere el niño en el despertar de su fe es también un conocimiento concreto. Es decir, no es una ensoñación o fruto de la fantasía del niño. Tampoco es el Adios@ imaginado por su mente infantil que busca una causa o razón última de todas las cosas.
* El despertar de la fe del niño es una intuición global del misterio de Dios, en virtud de la cual el niño Ase hace cargo@ de la realidad objetiva de Dios que se le hace presente, se le manifiesta y le invita a vivir en su compañía. Es una intuición global del misterio de Dios, previa y anterior a una operación refleja de su pensamiento. Del mismo modo que el niño asiente y asume intuitiva y afectivamente la presencia del amor y, a través de él, a su madre, así también el niño asiente y se adhiere a Dios a través de su presencia misteriosa y real de su amor.
* No se trata de que Dios sea la conclusión evidente del pensamiento del niño que valga la expresión, le lleva a aceptar a Dios y a creer inevitablemente en él. No. El niño, más bien, tiene la certeza irrefutable de su existencia, pero no tiene la posibilidad de expresarla verbalmente. Aunque su capacidad de expresión verbal es aún muy pobre, sin embargo es muy rica afectivamente. Su relación con Dios será una relación amorosa; en una palabra será una relación de tú a Tú, de persona a persona, de Padre a hijo.
* Cuando decimos que es un pensamiento concreto, no hemos de entenderlo al modo del conocimiento propio de un adulto. Volvamos al ejemplo anterior: el amor a su mamá no es el amor a una mamá soñada o imaginada, sino a una mamá concreta. La cnoce por su relación con ella. Conoce su rostro, su voz, su mirada, su tacto. Su conocimiento es afectivo y racional a la vez. Así es también el despertar a la fe en cuanto intuición global de Dios.
2. Necesita la luz del Espíritu Santo.
* Desde el inicio nos estamos refiriendo al despertar a la fe cristiana. Este punto de partida circunscribe nuestras reflexiones. Es decir, no hablamos del despertar religioso en sentido general para quienes están interesados en educar a sus hijos en la apertura a Dios. De eso se ocupa cualquier religión o confesión religiosa.
* Nosotros nos ocupamos especificamente del despertar de la fe cristiana. Como estamos y nos movemos en este ámbito de la fe cristiana, hemos de afirmar necesariamente e ineludiblemente que para que el despertar a la fe sea auténticamente sentido del Dios revelador es necesario un discriminante que autentifique el sentido de Dios en la dirección del Dios cristiano, es decir, del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
* Esta luz interior que hace clamar AAbba, Padre@ (Rom. 8, 15) y AJesús es Señor@ (1 Cor. 12, 3), es la luz interior del Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo quein hace conocer y asentir interiormente al niño a las realidades divinas. El papel del Espíritu Santo en el despertar religioso del niño, como en toda vida cristiana, es fundamental y determinante.
* El Espíritu Santo, maestro interior, va despertando en el niño el sentido de Dios y le va haciendo consciente de la realidad sobrenatural de la que ha sido investido por el bautismo. El niño tomará conciencia, primero afectiva, más tarde refleja, de su condición de hijo de Dios, la profundizará mediante la enseñanza de la fe, el conocimiento de la Palabra de Dios y mediante la recepción de los sacramentos.
* La apertura a las verdades de la fe conlleva abrir el conocimiento y el espíritu del niño a la triple perspectiva del pasado, del preente y del futuro. Del pasado, sobre todo los acontecimientos de la vida de Jesús, porque marcan las etapas de la venida histórica de Dios y su presencia activa en la historia de los hombres; hacia el presente, en cuanto el misterio divino continúa presente y se realiza en la Iglesia; hacia el futuro, porque esperamos ver completamente realizado lo que ahora solamente tenemos en primicia, pero no en plenitud.
4. Necesita la atmósfera familiar.
*No hay ni habrá nunca despertar a la fe, en términos generales, sin la atmósfera cristiana familiar. Ya hemos hablado extensamente de ello al referirnos a las condiciones que son necesarias para que la familia eduque el despertar religioso de su hijo.
* Si ahora volvemos sobre ello, es para dar mayor confianza a los padres, para no dejar de animarles, para hacerles ver, con mayor claridad si cabe, que educar el despertar religioso de sus hijos es lo mismo que afirmar su capacidad de conocer las realidades divinas aún a su corta edad. Lo que realmente importa en el despertar de Diios es la mirada limpia con que el niño mira a sus padres y las cosas, y descubre un más allá de ellos mismos y de las cosas. En ese sentido puede decirse que si Dios se revela en el más allá de las cosas y de los signos, el alma del niño, a la búsqueda de Dios, es capaz de atravesar los velos del signo y llegar a la realidad significada. Tal realidad significada es Dios mismo.