Creer a solas... no es creer
Compartir la fe en la Iglesia

Por José Miguel NÚÑEZ Sacerdote Scilesiano.
Delegado Provincia¡ de Pastoral juvenil. (Sevilla).
Revista Catequistas, No. 135, 15 de noviembre de 2001.

La Iglesia es la madre de todos los fieles. (S. Agustín)

La comunidad de los
convocados por Jesús

"Yo creo en Jesús, pero no en la lglesia". Estoy seguro de que has escuchado esta objeción en numerosas ocasiones, ¿verdad? Incluso para muchos cristianos, la afirmación del credo que hace referencia a la "Iglesia una, santa, católica y apostólica" suscita tal perplejidad que no se acaban de entender muy bien cada uno de estos predicados realmente contradictorios en su contraste con la realidad. En efecto, la fuerza de los hechos parece poner en evidencia que la "unidad" de la Iglesia es hoy un horizonte lejano, que la "santidad" aparece desdibujada en el testimonio no siempre coherente de los cristianos y que aquello de la "catolicidad" no se sabe muy bien qué quiera decir.

Iglesia católica .... ¿quién eres? ¿Qué dices ti misma? (Cardenal Suenens a los Padres de Concilio Vaticano II)

Y sin embargo, la fe no puede viviese en solitario. La experiencia cristiana, desde los orígenes, ha sido compartida por aquellos que se han encontrado con Jesús, que han descubierto la fuerza irresistible de su mirada y han decidido seguirle, con todas las consecuencias, para anunciar junto a otros la Buena Noticia de Reino. La Iglesia, comunidad de los seguidores de Jesús, nace como expresión de la fraternidad y don de¡ Espíritu derramado en Pentecostés. En el grupo de los creyentes, la fe se comparte, se celebra y se vive con todos aquellos que han sido convocados en el nombre de Jesús.

Todos los creyente vivían unidos y tenían todo común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. (Hch 2, 44-47)

Creer "con" la Iglesia

Lástima que la realidad a nuestro alrededor deje mucho que desear. Qué pena que nuestras comunidades cristianas sean, a veces, más un obstáculo que un signo creíble para la fe. Estarás de acuerdo en afirmar que en tantas ocasiones la Iglesia no logra ser significativa a causa de la vida lánguida de nuestras comunidades: celebraciones mortecinas, divisiones, poca acogida, falta de compromiso... Pero el constatar que la realidad eciesial dista mucho de ser la ideal no nos puede hacer renunciar a la convicción de que nuestra fe tiene una vivencia comunitaria que le es esencial.

Por el contrario, sabemos que la Iglesia es una realidad sostenida por hombres y, por tanto, pecadora al tiempo que santa. Lo cierto es que los cristianos no creemos en la Iglesia como meta y fin de acto de la fe sino que "creemos" en el Dios que se ha revelado en Jesucristo dentro de ella y con ella. Creemos a la Iglesia como ámbito de nuestra experiencia cristiana, comunidad de los seguidores de Jesús sostenida y alentada por la fuerza de¡ Espíritu.

Naturalmente, comprometidos con la comunidad creyente, debemos dar pasos entre todos que ayuden a la renovación y a la autenticidad de nuestra Iglesia de manera que ésta llegue a ser verdadera expresión de fraternidad y de solidaridad con los hombres y mujeres de nuestro mundo. Con el esfuerzo de todos, necesitamos dar vida a nuestras celebraciones de la fe, sentirnos más implicados en la tarea común de transformación de la realidad, dar pasos decididos en la cercanía a los más abandonados, trabajar por el bien común, hacer de nuestra comunidad un espacio para la acogida, la comunicación y la vivencia compartida de la fe.

Hoy, más que nunca, la personalízación de la fiel la vivencia comunitaria de la misma y el compromiso de los creyentes por un mundo mejor serán los signos distintivos de un nuevo estilo de Iglesia que, alejada de cualquier pretensión de dominio y de poder pueda anunciar a Cristo con audacia en la cultura plural en la que estamos insertos.

Una fe compartida

La llamada de Jesús es a compartir la vida en la comunidad. Seguimiento y comunidad son dos realidades tan unidas que, igual que se puede afirmar que no hay cristiano sin seguimiento, de igual manera se podría decir que no hay seguimiento sin Iglesia. Y es verdad. Los cristianos somos incorporados a Cristo en el bautismo y en él formamos parte de la comunidad creyente. Así, la Iglesia -misterio de comunión- es el ámbito donde la fe de cristiano crece y madura, se comparte y se compromete.

La comunión es el auténtico eje central en el misterio de la Iglesia. Toda la vida de la Iglesia tiene como punto de mira un horizonte fundamentara la unidad de todos los creyentes con Cristo y entre sí. Los distintos ministerios y la autoridad en nombre de/ servicio, la organización y las estructuras sólo tienen sentido si son ejercidos en función de la comunión.

La fe tiene, pues, una dimensión eclesial que no podemos descuidar. Cada cristiano encuentra en la comunidad creyente un grupo de hermanos y hermanas que caminan junto a él compartiendo fatigas y esperanza, dificultades y anhelos en el esfuerzo común por ser buena noticia de parte de Dios en el barrio y en la escuela, en la oficina y en la calle, en el hospital y en el mercado. Hoy sólo se entienden los signos que son claros, ¿verdad? Pues bien, la comunidad cristiana habrá de ser más auténtica para no obstaculizar el don de Dios y que éste llegue a los hombres y mujeres de todo tiempo.

Una fe celebrada

Una fe compartida que se expresa en la celebración cristiana donde el encuentro en el nombre de Jesús se hace Palabra proclamada, mesa y comida compartidas, fraternidad y compromiso por el Reino. ¿Se puede ser cristiano y no celebrar la fe? ¿Se puede "dar el corazón" y no poner la vida en juego? ¿Se puede acaso decir "te quiero" sin besar los labios de quien se ama? La fe celebrada expresa, en signos liberadores, la presencia de¡ Resucitado en medio de la comunidad. Celebrados en la comunidad cristiana los sacramentos son auténticos signos salvíficos para la vida del creyente que expresa su fe, la comparte y la fortalece desde la vida y para la vida.

En la Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana, se expresa de forma excelente la unidad y la comunión de/ Pueblo de Dios. En el memorial de la muerte y resurrección de Jesús, pedimos cada día "que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos de/ Cuerpo y de la Sangre de Cristo'. (Plegaria Eucarística II)

Una fe testimoniada

Los antiguos Padres de la Iglesia expresaban la dinamicidad de la comunidad cristiana refiriéndose a la "fe profesada, celebrada y vivida" como tres realidades profundamente conectadas entre sí imposibles de comprender sin las referencias entre ellas: lo que se cree es celebrado y vívido; el misterio que se celebra afianza la fe y transforma la vida, el compromíso creyente encuentra su fuerza en la fe compartida y celebrada.

No cabe duda de que, hoy como ayer, nos jugamos la "credibilidad" de nuestra Iglesia en la coherencia de los creyentes y en la dinamicidad comprometida de la comunidad cristiana. A pesar de tantas "oscuridades", el testimonio de muchos hermanos nos muestra que el Evangelio continúa teniendo una enorme fuerza de arrastre y que la llama de la santidad no se ha apagado: de Charles de Foucauld a Edith Stein, de Heider Camara a madre Teresa, de M. Luther King a monseñor Romero... un puñado de hombres y mujeres, junto a tantos otros, han hecho luminoso el testimonio de nombre de Jesús en nuestro mundo y son los puntos de referencia para un compromiso con el Evangelio que nos invita a ser fuerza transformadora a nuestro alrededor.

Evangelizar es, ante todo, dar testimonio, de una manera sencilla y directa de Dios, revelao en Jesucristo mediante el Espíritu Santo. (Pablo VI).

 

PARA COMPARTIR EN GRUPO

1 Destaca las ideas que te han parecido más relevantes del texto que has reflexionado. ¿Qué te aportan a tu experiencia personal? ¿A qué te comprometen?

2 ¿Qué experiencia tienes de compartir y celebrar la fe en la comunidad cristiana? ¿Qué aspectos puedes señalar como más luminosos? ¿Has tenido también algunas dificultades?

3 ¿Cómo viven los niños y jóvenes a los que acompañamos la dimensión ectesial de su fe? ¿Qué podemos hacer para acompañarlos también en su inserción eclesial?

4 ¿Cómo ves el testimonio de los cristianos en la vida pública? ¿Qué imagen tenemos como Iglesia en nuestro mundo? ¿Cres que la Iglesia puede ser, en ocasiones, más un obstáculo que un estímulo para creer?