COMUNICAR

EN EL GRUPO

Francisco Javier VALIENTE, Salesiano.
Animador pastoral. Profesor de Comunicación. Madrid.
Revista Catequistas, No. 145, enero 2003

Las personas somos seres sociales. Nos realizamos en relación con los demás. Vivimos en sociedades complejas y, en ellas, nos organizamos en grupos diversos. Pertenecemos a múltiples grupos: familia, grupo de amigos, grupo de trabajo... Dentro de cada uno de estos grupos, influimos en los demás y somos intluenciados por ellos. Ideas, comportamientos, actitudes, valores, etc., son el resultado de esas interacciones. La comunicación es un elemento esencial para el desarrollo del grupo y para los procesos que se dan dentro de cada grupo: afectividad, aprendizaje, vida social, etc.

- Gracias a la comunicación entre los miembros del grupo, se produce un cor¡1stante intercambio de mensajes. Estos pueden ser ideas, valores, informaciones, formas de comportamiento, sentimientos, . prácticas culturales. La comunicación dentro del grupo tiene como finalidad el promover y desarrollar la comunicación interpersonal entre los diversos miembros del grupo para que se realice ese intercambio. En el caso de los grupos de catequesis, además, debe ayudar a recorrer juntos un camino de expresión y transmisión de la fe y de vivencia de la relación con Dios. La comunicación debe favorecer este diálogo entre los componentes del grupo. Cuando falla la comunicación entre los miembros del grupo, es difícil que los mensajes que se transmiten lleguen de forma adecuada.

En otras palabras

"Un nuevo sitio disponed para un amigo más; un poquitín que os estrechéis y se podrá sentar, para eso sirve la amistad, si llega la ocasipn, hablémosle con libertad y con el corazón, él con su amor nos pagará y alegrará la reunión. Que tu puerta esté abierta; no apagues,no, la luz; que el fuego esté encendido y dé calor y luz. Extiende bien tu mano al que viene hacia ti; no le niegues cariño, no le niegues calor, extiende bien tu mano y acógelo...con amor". (El Diluvio que viene)

Los detalles son importantes

- Hay elementos externos que ayudan a mejorar la comunicación. Es importante, por ejemplo, cuidar la atmósfera donde se va a realizar el encuentro del grupo. Un ambiente que debe favorecer la participación de todos. La disposición física de los participantes, la posibilidad de poder verse todos y escuchar e todos, contribuyen a crear una atmósfera adecuada. Algún cartel, algún objeto, la colocación de sillas, son elementos a tener en cuenta.

- Una técnica sencilla para fomentar el diálogo es suscitar interrogantes. Lanzar preguntas para que el grupo responda, es un estímulo a la participación. Preguntas que permitan re§puestas abiertas, que den la posibilidad de expresarse, que no se respondan con un sí o un no: ¿Qué te parece...? ¿Cómo harías tú...? ¿Por qué...?, etc.

Estar en sintonía

- Sucede cuando giramos el sintonizador del aparato de radio. Las emisoras van surgiendo pero, a veces, se captan con dificultad. Oímos ruidos de fondo: "no está bien sintonizada", decimos. Es importante que emisor y receptor estén en sintonía. Sólo así es posible escuchar con nitidez lo que emite la radio. En el grupo puede suceder algo parecido. El animador debe sintonizar con sus destinatarios para que la comunicación sea efectiva. Hay ruidos que dificultan esa comunicación: diferencia de edad, ambiente cultural y social diverso, experiencias vividas, situaciones personales...

- Muchos de estos ruidos no se pueden evitar. Pero siendo conscientes de ellos, es posible reducir su incidencia en efproceso comunicativo.

 

Atentos al feedback

- La comunicación dentro del grupo se construye, aunque parezca paradójico, escuchando. Escuchando no sólo las palabras que se dicen; también los gestos, los silencios. El lenguaje no verbal es una fuente de información necesaria para el animador del grupo. Es interesante que el catequista preste atención a los diversos mensajes que mandan los miembros del grupo. Debe estar atento a sus posturas, gestos, reacciones ante lo que se va diciendo en el grupo. Es una información útil para modificar el discurso, dar la palabra, captar cuál es la reacción de los destinatarios...

- Darse cuenta de las reacciones de los demás y leer los mensajes que envían, permite introducir cambios en lo que se está diciendo. Así es posible adecuar el mensaje a ese momento concreto y a los destinatarios que están en frente.

- El catequista puede tener la impresión de que él es el que comunica. Ciertamente la función del catequista es fundamental para la marcha del grupo: anima, coordina, propone, guía, provoca, enseña... Pero también los demás miembros comunican. Y no sólo cuando están hablando. No se trata de convertirse en un fiscal. Sino de atender a todos esos mensajes que, siempre, estamos enviando. Debe ser un diálogo, y diálogo implica un intercambio entre todos los participantes.

   NO OLVIDES

  • Dar la palabra a todos los miembros, escuchar a cada uno.

  • Estar atento a los mensajes, verbales y no verbales, que envían los miembros del grupo.

  • Los detalles son importantes: clima, disposición física, materiales.

  • Favorecer los momentos donde narrar la vida del grupo, compartir experiencias juntos.

Comunicación para construir juntos

- La comunicación no sirve sólo para transmitir información. Los miembros del grupo no sólo son receptores de los mensajes que el catequista tiene que enviar. La comunicación hay que entenderla como el proceso por el cual todos los del grupo participan en el proceso de crear algo en común. Esto es posible cuando se comparten las experiencias que cada uno ha vivido, cuando se utiliza un mismo lenguaje, símbolos, gestos, y todos entienden su significado. Todos participan de la historia y de la vida del grupo y se sienten parte efectiva en el crecimiento del grupo y de cada. uno de los componentes. Esto sólo es posible con altas dosis de participación y con amplios espacios para contar la vida.

- La comunicación en el grupo no se da sólo entre los miembros. Es preciso abrir espacios para que Dios también comunique. Él debe ser Otro participante más del grupo, que habla y al que se le escucha. Tal vez en momentos de oración, de escucha de la Palabra... En la catequesis se debe dejar oír su voz.