¿Cómo recuperarte, María?

Por Ana Cotán,
Revista Catequética 1997/2 p. 179

A lo largo de la historia de la humanidad, Dios se ha comunicado con ella; y sigue comunicándose. En el A.T. se sirvió de grandes hombres para ello. Escoge a su pueblo, el pueblo de Israel, como a hijo suyo; habla con él para que llegue a ser el modelo para los otros pueblos. Pero Israel no quiere mantener este dialogo con Dios y lo abandona sometiéndose a otros dioses.

Sin embargo, el amor de Dios es tan grande que, a pesar de esta respuesta, se encarna él mismo, se hace uno de nosotros, habita entre nosotros para mostramos su amor.

Y desde aquí es desde donde hay que retomar a María.

María ocupa un papel destacado en la vida de Jesús y, por lo tanto, en el contexto histórico salvífico, pues Dios se hace hombre para salvamos.

Fue elegida por Dios, no porque fuera una persona destacada en poder y en dinero, sino porque tenía otras riquezas mayores: la humildad, la sencillez, la disponibilidad, la pureza.

Con su "sí" pudo hacer realidad el camino que su hijo ya había iniciado. Y es esta disposición de entrega total y. humilde la que hará que Dios mire su humildad, y por la que todas las generaciones la llamarán "bienaventurada".

Si sacamos a María del papel que ocupa en este contexto histórico salvífico, podemos confundir a nuestros catequizandos. A veces, con nuestros mejores intenciones para con María (porque la amamos), la sacamos de ese contexto histórico, el "tiempo cósmico", para reducirla, aislándola, a un tiempo exclusivamente "religioso".

No fue siempre así. Hasta la Edad Media, María ocupaba su puesto dentro de la celebración del misterio de Cristo. A partir de esa época fue cuando se cayó en una veneración mañana separada del misterio pascual, apagando y olvidando con ello los verdaderos valores por los que fue elegida. En efecto, Maria no es alguien que esté fuera del papel de Jesús, no se la puede sacar de ese contexto histórico salvífico.

Ella ocupa aquí un papel importante, pero no el más importante. Si leemos con detenimiento el Nuevo Testamento, veremos que María nunca quiere colocarse por encima de su hijo. Hace algo más difícil y más meritorio: estar siempre a su lado.

Debemos recuperar esa imagen gloriosa de Maria. Debemos recuperar la imitación de sus virtudes. También deberíamos recuperar su "sí" a la maternidad, pues hemos de lograr de verdad que Jesús viva en cada uno de nosotros, y que podamos decir la frase de Pablo: "Ya no soy yo el que vivo, sino Cristo el que vive en mí".


SUGERENCIAS PARA EL MES DE MAYO

Si queremos recuperar a María a lo largo de este mes, podríamos trabajar con los niños y niñas, o los muchachos y muchachas, esos valores: humildad, sencillez, disponibilidad y pureza.

En esta sociedad en la que nos ha tocado vivir (que no es ni mejor ni peor que otras, pero sí diferente; y una de cuyas diferencias es la falta de aprecio de los valores que apuntábamos), creemos que es el momento de darle al mes de Mayo un sentido distinto. Que la flor que ofrezcamos a María no sea la comprada en la floristería de nuestro barrio, sino una flor que nosotros vayamos elaborando durante el mes, cuyo centro sea María, y los pétalos esos valores trabajados a lo largo de estos 31 días.

1. El camino de María

El ángel dijo a María:

Alégrate, llena de gracia,
el Señor está contigo,
concebirás y tendrás un hijo
y le pondrás por nombre Jesús.

María contestó:

Aquí está la esclava del Señor,
hágase en mí según como dices.

Y desde entonces Jesús se formó en su seno.

Para tu vida:

þ ¿Cuándo escuchas a Dios?

þ ¿Qué le respondes?

Cuando, como María,
dices que sí
a lo que Dios quiere de ti,
Él nace en tu corazón

María subió a la montaña
para ayudar a Isabel.

Isabel dijo a María:
¡Bendita tú eres entre las mujeres
y bendito el fruto de tu vientre!
¡Dichosa tú que has creído!

María cantó:
Proclama mi alma la grandeza
de Dios, se alegra mi espíritu
en Dios, mi Salvador.

María se quedó con Isabel
unos tres meses,
y después volvió a su casa.

 

¿Y tú?

 

þ Cuando descubres las cosas buenas que hay en ti, ¿a quién se lo agradeces?

þ ¿Cantas alabanzas a Dios como María?

þ ¿A quién ayudas?

A la vuelta de Egipto, María se estableció con su familia en el pueblo donde ella había pasado su niñez.

En Nazaret, como las mujeres de su tiempo, hacía las labores del hogar: mantener la lámpara encendida, cuidar de Jesús y de José, hacer la limpieza, preparar la comida, lavar y coser la ropa, moler el trigo y amasar la harina para hacer el pan, acudir a la sinagoga a rezar, ir por agua...

¡Cuántas veces nos sentimos tentados de considerar el trabajo, el pan, el deber, como cosas que no tienen nada que ver con Dios!

Pero no es así: si Jesús está presente en tu trabajo, tu trabajo es sagrado. Si

Dios vive en tu deber, tu deber es oración.

 

Hubo en Caná de Galilea unas bodas y estaba allí la madre de Jesús.

También Jesús y sus discípulos fueron invitados. El vino del banquete se acabó y María pidió ayuda a Jesús.

Jesús dijo a los criados:
Llenen de agua estas jarras. Las llenaron hasta arriba.

Después les dijo:
Ahora saquen y lleven al maestresala

El maestresala probó el agua convertida en vino, llamó al novio y le dijo. Todo el mundo sirve primero el vino mejor. Tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta el final

 

Tú también rezas a María, y ella pide por ti a Jesús.

¿Qué crees que le dirá?

No tiene...

No tiene...

No tiene...

HAGAN LO QUE ÉL LES DIGA

 

 

A veces nos encontramos con cosas difíciles de solucionar. ¿Cómo reaccionas?

¿A quién acudes?

¿Jesús hizo aparecer el vino sin más o pidió colaboración?

¿Qué enseñanza sacas de esto?

 

2. El camino de María

OFRECIMIENTO

María, al comienzo de este día nos dirigimos a ti, te confiamos nuestras ilusiones, te abrimos nuestro corazón. Te presentamos nuestro amor de niños, lleno de sinceridad y de alegría. Queremos que nos ayudes hoy y siempre a ser generosos y a esforzamos por aprender mucho Y así poder ayudar a los demás.

1. LA ANUNCIACIÓN

Leer: Lc 1,26-38

Pensar: ¿Cuándo tengo que decir sí a Dios?

Rezar:

Lector: María, en este día quiero decir sí a Dios.
Todos:
Cuando no nos guste hacer una tarea en casa.

Lector: María, tú eres valiente.
Todos:
Diré sí a Dios cuando tenga que ayudar a mis amigos y amigas.

Lector: María, tú eres sincera.
Todos:
Diré sí a Dios cuando diga siempre la verdad.

Lector: María, tú eres alegre.
Todos:
Diré sí a Dios cuando alegre a los demás y no les insulte.

2. LA VISITACIÓN

Leer: Lc 1,39-41

Pensar: ¿Cuándo tengo que alegrar y ayudar a los demás?

Rezar:

Lector: María, en este día, cuando un amigo o amiga esté triste.
Todos: Tendré los ojos bien abiertos para alegrar y ayudar.

Lector: Cuando alguien se pelee.
Todos: Tendré los ojos bien abiertos para alegrar y ayudar.

Lector: Cuando alguien no esté jugando.
Todos: Tendré los ojos bien abiertos para alegrar y ayudar,

Lector: Cuando alguien llore.
Todos: Tendré los ojos bien abiertos para alegrar y ayudar.

3. MARÍA REZA

Leer y rezar:

María, estando en casa de su prima Isabel, oró a Dios con palabras parecidas a éstas:

Lector: Mi alma está muy alegre con Dios, mi Salvador.
Todos:
Porque ha mirado con ojos cariñosos mi pequeñez.

Lector: Por eso me llamará dichosa toda la gente.
Todos:
El Señor es poderoso y quiere a todos los hombres y mujeres.

Lector: Pero no le gustan los que se creen los mejores y desprecian a los demás.
Todos:
A los que más quiere es a los pobres, a los humildes, a los hambrientos.

Madre, que seamos buenos hijos

 

4. MARÍA, MADRE DE JESÚS

Leer: Lc 2,1-20

Pensar: ¿Cuándo tengo que ponerme contento?

Rezar:

Lector: Porque eres la Madre de Jesús,
Todos:
Gracias, María.

Lector: Porque nos trajiste la luz del mundo.
Todos:
Gracias, María.

Lector: Porque de ti nació el Salvador.
Todos:
Gracias, María.

Lector: Porque contigo el mundo es más alegre.
Todos:
Gracias, María.

5. MARÍA, MADRE NUESTRA

Leer: Jn 19,25-27

Pensar: ¿Cuándo debo agradecer a los demás lo que hacen por mí?

Rezar:

Lector: Hoy te queremos invocar con el nombré más bonito que jamás se invento: MADRE.
Todos: Tú eres nuestra Madre del cielo que nos guardas y nos quieres como quisiste a Jesús.

Lector: Te sentimos cerca de nosotros dándonos cada día un beso de amor.
Todos Te damos las gracias y te ofrecemos nuestro cariño. Ayúdanos a vivir cada día unidos a Jesús.