CELEBRAR EL SACRAMENTO
DE LA RECONCILIACIÓN
Es ...
Creer que Dios me acoge, me escucha, me ilumina, me perdona, me cura, me da un corazón nuevo.
Participar de la victoria de Cristo en la cruz contra el mal y el pecado.
Ser sincero para preparar mi futuro como hijo de Dios e hijo de la Iglesia. Acepto el diálogo con el sacerdote para buscar las causas profundas de mis acciones o de mis omisiones.
Preguntarme cuál es mi responsabilidad, cuál es mi misión entre los demás, en la Iglesia y en el mundo actual.
¿Cómo?
El Espíritu Santo, el Espíritu de Amor, me conducirá en este proceso: tengo que venir sencillamente con el de- seo de encontrarme con el Padre que me espera; me marco a mí mismo con el signo de la cruz: todos mis pensamientos, sentimientos y acciones las pongo en manos de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; una oración inicial (como el "Yo confieso") me podrá ayudar.
En el sacerdote tengo que ver no sólo el instrumento del perdón de Dios sino también el signo visible de la comunidad que yo he perjudicado con mi pecado.
No se trata de hacer un examen de conciencia inquietante, sino decir sobre todo lo que nos paraliza para avanzar en el camino cristiano y nos encierra en nosotros mismos.
Puedo decir, por ejemplo, el acto de contrición que está al final de esta página o una oración de confianza para grabar en mi interior el reconocimiento de mi pecado y mi voluntad de cambiar.
Debemos acoger la absolución como el paso de Dios que perdona y toma mi "pobre historia" para hacer de ella una "historia santa".
Al terminar, deberé vivir intensamente la unión con Dios (ese es el sentido de las oraciones que el sacerdote quizá me proponga rezar) para cambiar lo que tengo que cambiar. Y daré gracias a Jesús por el perdón que me ha regalado.
Acto de contriciónPadre, he pecado contra ti y contra mis hermanos; perdóname por tu Hijo Jesucristo, que murió en la cruz por mí, y ayúdame con tu gracia a ser siempre buen cristiano.
