¿COMO SE CELEBRA? (I)
APara promover la participación activa se fomentarán las aclaraciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos, y también las acciones o gestos y posturas corporales. Guárdese, además, a su debido tiempo, el silencio sagrado@ (Constitución litúrgica, núm. 30).
* Sin duda alguna, todos estamos de acuerdo en afirmar que los gestos y los signos son componentes necesarios de todo acontecimiento celebrativo. Si hacemos memoria, durante un breve instante, de la última celebración en la que hemos participado, sea ésta religiosa o no, descubriremos la presencia de un cierto número de gestos y signos (danza o baile, palmas, gritos, silencio, serpentinas, globos, carteles, luces de colores....)
UNA PARTICIPACIÓN ACTIVA
* En toda celebración, y, en nuestro caso, la celebración litúrgica, es importante promover la participación activa de los que están presentes. Esta participación activa puede ser favorecida mediante aclamaciones, respuestas, gestos, posturas...., pero no dejan de ser medios.
Según la cita que indicábamos al comienzo de nuestra reflexión, las acciones, gestos y posturas corporales pueden ser un modo de promover la participación activa en la celebración. No ponemos en duda la necesidad primera y principal de la participación interna.
* Esta participación pide y exige, en ciertos momentos, mostrarse al exterior, manifestarse, hacerse pública; pide, en definitiva, un determinado gesto, signo o movimiento por medio del cual expresar que me encuentro celebrando, que lo que estoy haciendo me llena porque es importante para mi vida. El mismo deseo y exigencia de compartir, presente en toda celebración, pide sin más el gesto, el signo, la postura corporal, es decir, pone en juego nuestra corporalidad.
DAR VALOR AL GESTO Y AL SIMBOLO
- Nuestros gestos en la celebración deben ser sinceros; deben manifestar que lo que estamos celebrando es un encuentro de vida y no una función teatral.
- Los gestos que hagamos sean naturales, sin afectación: es el modo mejor para que llamen la atención, para que entren en diálogo con los demás participantes reunidos.
- Los signos tienen que ser significativos, es decir, que su lectura sea fácil, inmediata y cercana.
- Más que pensar en crear signos nuevos hay que comenzar por valorar los que ya poseemos, porque detrás de ellos laten un sin fin de corazones cuyo latir hacemos vivo desde nuestro mismo corazón. Nos ofrecen la posibilidad de manifestar un valor importante de la persona humana, el reconocimiento y el agradecimiento a los que nos precedieron en el signo de la fe.
- Pero también aparecen signos nuevos, propios de determinados grupos o comunidades que les particulariza y les cohesiona en la celebración, y que es importante valorar y reconocer.
Paulino Montero.
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