Sociables o agresivos en casa

Por Fernando de la Puente
revista Padres y Maestros, No. 279,octubre 2003.

Se atribuye frecuentemente la agresividad de los adolescentes en la calle, en las pandillas y grupos sociales, a la influencia de las imágenes violentas con las que conviven en la sociedad actual. Pero se ha descubierto también que las relaciones de sociabilidad o agresividad se crean dentro de la familia en las interacciones de padres y hermanos. Después de analizar, en la charla anterior los tipos de agresividad y las vías de solución de la llamada terapia familiar, vamos a analizar las características, ventajas e inconvenientes de las familias grandes o pequeñas, lo cual puede tener relación con las actitudes sociables pacíficas o agresivas dentro y fuera de casa.

Cambios en la vida familiar

Unas breves observaciones, en primer lugar, sobre los cambios significativos que se están produciendo con gran rapidez en la estructura y en la vida familiar. Cambios biológicos: las familias duran más, son más longevas y menos reproductoras. En España, a principios del siglo XX la media familiar se aproximaba a cinco hijos; hacia 1970 era de tres hijos y en 1995 de 1,2 hijos.

Cambios psicológicos también evidentes: existe una mayor espontaneidad e igualdad en el trato entre padres e hijos. Se transita del usted al tú, y de la distancia al coleguismo. Se busca el acercamiento, el ser amigo del hijo, lo que desdibuja el papel de padre/madre.

Cambios sociales: pues la democracia de las relaciones humanas invade a la familia, empezando por el vocabulario; se habla en casa como se habla en la calle, en la subcultura juvenil, en los medios de comunicación.

El tamaño familiar

Se dice que un factor educativo clave, para el desarrollo de la sociabilidad es el tamaño de la familia. Entendemos por familia pequeña, aquella que consta del matrimonio o uno de los padres y uno o dos hijos. La familia grande está constituida por los padres y tres o más hijos. Muchos consideran que las familias excesivamente pequeñas o excesivamente grandes son factores de riesgo. Sin embargo, la cultura educativa de los padres es un factor tan importante que suele contrarrestar ese riesgo. Los padres que saben educar, pueden llenar las lagunas que producen el tamaño familiar. Incluso un cónyuge viudo o separado, si posee una buena cultura educadora, puede llegar a educar mejor que una pareja normal.

La familia pequeña

La familia pequeña tiene indudables ventajas. Proporciona una atención más individual izada a los hijos, los cuales tienen la sensación de que "se preocupan de mí"; y de cariño, "mis padres me quieren ". La familia pequeña puede contar con más posibilidades económicas para educar a los hijos. Ciertos gastos no se podrían realizar si hubiera cuatro hijos en lugar de uno o dos.

Sin embargo, existen también inconvenientes.
a) A veces surge una rivalidad afectiva intensa entre
los padres y el hijo/a o la pareja de hijos. Se disputan el hijo y le hacen tomar partido por uno de ellos, lo cual deteriora la autoridad moral de los padres, algo que es preciso cultivar y mantener, sobre todo cuando tengamos que enfrentamos con sus ideas o rebeldías, y nos venga muy bien decirles "confía en mí, te lo digo por tu bien ", además de darles otras razones objetivas.

b) A los padres les resulta difícil dejar que se emancipen gradualmente. No existen otros hennanos pequeños a los que recurrir cuando el mayor se hace mayor y va descolgándose.

c) Se produce una excesiva concentración de emociones. La carga afectiva se dirige solamente a uno o dos hijos, proyectan excesivas aspiraciones, presionan sobre ellos para que las realicen; y con frecuencia no desde las posibilidades reales de los hijos, sino desde sus propias aspIracIOnes.

d) Se despliega una excesiva superprotección, que genera en los niños una idea exagerada de su propia importancia, y les lleva a actuar como súper-protagonistas, con "yo-ideal" falso.

"Solo y en casa"

El síndrome "solo y en casa" aparece más particularmente en la familia pequeña. Muchos padres se preguntan cuándo pueden dejar a sus hijos solos en casa por primera vez. No hay reglas acerca de esto. Hay niños de 8 años que no les importa quedarse solos e incluso les gusta. Hay niños y niñas de 12-13 años que esto les da miedo. Es mejor ensayar gradualmente el dejarle algún tiempo a solas, teniendo en cuenta que el miedo puede dañar la autoestima.

Hay niños inmaduros y demasiado espontáneos que aunque nos lo pidan, no conviene dejarles solos, al menos de momento, especialmente dejarlo solo por la noche. Los padres de Juanito se van tranquilos de cena porque el chico les dice que ya es mayor y se puede quedar solo. Una hora después su madre le llama por el móvil y el niño contesta con una voz un poco temblorosa diciéndole que no tiene sueño. Estaba pegado a la televisión a todo volumen. El exceso de imaginación causa problemas (un crujido de un mueble, el ruido de tuberías, etc.). Al volver a casa encuentran al chico muy cerca de la puerta esperando la llegada de los padres. Si le hubieran encontrado jugando con sus cosas relajadamente, hubiera sido una buena señal. Otros niños son demasiado amables con sus padres y se quedan solos por facilitarles su salida, pero luego lo pasan muy mal.

El hijo único

Se trata de un caso en el que se acentúan las ventajas y los inconvenientes de la familia pequeña. ¿Es verdad que el hijo único es caprichoso e inmaduro? No siempre, pero es dificil ayudarle a madurar. Recorre más lentamente el camino de madurez que consiste en pasar del egocentrismo al altruismo, del yo a los demás, de que me hagan feliz a mí a ser gradualmente capaz de hacer feliz a otros, lo cual es un descubrimiento y una nueva felicidad (el evangelio dice "es más feliz dar que recibir"), cosa que algunos no logran entender durante toda su vida.

¿Por qué le resulta dificil recorrer ese camino? El hijo único es el hijo mayor perpetuo, una primogenitura que nadie le va a disputar. No tiene compañeros iguales en casa, ¿con quién va a compartir? Acostumbrado a recibir, siempre a recibir, ¿dónde puede aprender el ayudar a otro igual a él? Por otra parte se acentúan los peligros antes aludidos de la familia pequeña. El hijo único suele sentirse sobrevalorado, de tal manera que crea un yo imaginario, diferente del yo real, que le puede producir pequeños o graves tropiezos. Las rivalidades y celos con sus padres también son más pegajosas; se desembarazan más difícilmente de un complejo de Edipo.

Suele vivir también muy superprotegido, acostumbrado a que se anticipen a sus deseos y a sus menores apetencias, de modo que poco a poco se le van quitando las ganas de luchar por algo. "Arboles blandos ", se dice de ellos, con muy poca experiencia de lucha, de rivalidad, de renuncias, de no escuchar el "no" en su vida. Y escuchando continuamente "no corras ", "ten cuidado ", "te vas resfriar", "te vas a caer". En la calle se cayó un niño de dos años, fueron a recogerle inmediatamente, pero se oyó la voz de uno de sus padres que decía "déjele, que ya se levanta él solo "; era un niño de familia numerosa.

Como contrapartida, los hijos únicos tienen más acentuadas las ventajas de la familia pequeña. La expectativa positiva es una ventaja para el desarrollo intelectual; de hecho el 62% de los hijos únicos tiene una inteligencia superior a la media. Pero tienen un desarrollo más lento en lo afectivo y volitivo.

Compensar las deficiencias

La familia pequeña o de hijo único puede solucionar las dificultades. En primer lugar siendo conscientes de los peligros. El problema deja de serIo en gran parte cuando caemos en la cuenta de que existe. No cegarse y creer que "no, el mío no es caprichoso ".

Se pueden buscar también modos de compensación. Sustituir la función de muchos hermanos con otros niños, los amigos, los primos, los niños del veraneo y del barrio. Hay que abrir la casa y evitar el aislamiento. En los colegios, las actividades complementarias o paraescolares son una buena ocasión para hacer amistades y de entrar en relación personal. Evitemos en todo caso las falsas suplencias, es decir, el coleguismo de los padres, el hacerse como el amigo o hermano de su hijo.

Es importante el estilo flexible en la creación de hábitos. No le hagamos un adulto precoz pretendiendo un perfeccionismo doméstico de orden y limpieza al cien por cien. Evitemos también la superprotección. Que resuelva por sí mismo las pequeñas dificultades, que se las arregle. y huyamos de la sobrevaloración, los grandes elogios por pequeños éxitos, que agigantan su yo ideal y no le dejan ver la realidad de sus limitaciones.

La familia numerosa

Ventajas

La familia con cuatro o más hijos tiene la ventaja de que el cariño está menos concentrado y los padres están menos pendientes de cada uno de ellos, lo cual favorece una psicología realista en los niños y una capacidad de afrontar la realidad.

Por otra parte, los hijos se especializan en diversos papeles. Algo así como sucede en el cuento de Blancanieves y los siete enanitos, que uno es el sabio, otro el glotón, otro el mudito... En la familia numerosa aparece el estudioso, que se aparta de los demás o se refugia en los libros; el ambicioso, que extiende su radio de acción fuera de la familia aunque pase desapercibido dentro; el irresponsable, que no se compromete y se refugia en otro hermano para no hacer frente a sus responsabilidades; el débil o enfermo ante el deber, que hace de sus dolencias una disculpa permanente; u otros papeles positivos o negativos. Si tenéis 4 ó 5 hijos o fuisteis familia numerosa, lo recordaréis. Las ventajas son claras cuando los papeles son positivos: el hermano que ayuda a otros, el ocurrente, el colaborador, el juez de paz, etc. Y las desventajas, cuando esas actitudes son negativas. En todo caso hay una gran riqueza de experiencia y aprendizaje.

En la familia numerosa los hermanos se imponen la disciplina entre ellos. Se dicen las verdades con una franqueza cruel pues se ven unos a otros como un libro abierto. Se controlan cuando alguien se escaquea (hoy te toca recoger a ti...); y los mayores, que experimentaron un mayor rigor disciplinario en su día, se encargan de controlar a los pequeños con menos tolerancia que sus padres (¿cómo consientes esto a este enano?).

En todo caso, la intensidad y variedad de experiencias es muy grande. En la familia numerosa siempre suceden cosas (qué pasa ahora... suele gritar la madre por el pasillo de la casa); los niños comparten prendas de vestir, juegos, penas y alegrías. Hay gran intimidad porque todo esto sucede durante muchos días, meses, años; y se crea una conciencia de familia, de clan, de micra-sociedad que prepara para la vida y salva de muchas cosas. La sexualidad y la educación sexual se hace más sencilla; aceptan espontáneamente las diferencias naturales de sexo y psicológicas.

Extensión de vivencias

Existe una ley de interacción familiar según la cual el número de relaciones no tiene la misma progresión que el número de personas de una familia. Cuando son tres personas A, B, C (los padres y un hijo) solamente hay tres relaciones: A-B, A-C, B-C. Pero cuando son cuatro personas A, B, C, D (los padres y dos hijos) surgen seis relaciones: A-B, A-C, A-D, B-C, B-D y C-D. y cuando hay cinco personas A, B, C, D, E (los padres y tres hijos) se producen diez relaciones: A-B, A-C, A-D, A-E, B-C, B-D, BE, C-D, C-E, E-D. Cuando desaparece una persona, por ejemplo, de cuatro se pasa a tres, las relaciones bajan de seis a tres; y si desaparece una persona en el grupo de cinco, las relaciones bajan de diez a seis. En la familia numerosa hay por tanto gran abundancia y riqueza de relaciones.

Inconvenientes

Son importantes y es necesario estar atentos a ellos. En primer lugar, el anonimato. El que no destaca en algo puede quedar en la sombra (sucede habitualmente con el hijo/a de en medio). Hay hijos anónimos y es interesante que los padres se pregunten de vez en cuando "quién es mi hijo/a anónimo" o el más anónimo de todos. Minimizamos este anonimato y no le damos excesiva importancia, pero los hijos pueden vivenciarlo como un serio abandono afectivo. Todo anonimato es caldo de cultivo de malestar personal, de envidias, búsqueda de agravios comparativos, reacciones agresivas. Cuando en la familia numerosa los padres están desbordados, se desentienden de los submundos donde ellos tienen sus vidas y rivalidades, donde crean sus tiranías y sumisiones secretas, donde aparecen personalidades dominantes y otros más débiles quedan postergados.

Otro peligro es la emulación provocada. Hay una emulación sana y horizontal, la que surge entre ellos cuando admiran al hermano mayor o a otro que destaca en algún aspecto positivo. Pero si intervenimos y queremos provocar la emulación, "mira a tu hermano... aprende de... "con comparaciones odiosas lo estropeamos todo. No es fácil evitar las comparaciones odiosas, pues es un recurso fácil y por otra parte es tan maravilloso para nosotros el hijo bueno, que nos encanta ensalzarlo. En la familia numerosa se producen además fuertes celos y rivalidades, un tema importante que trataremos en otra ocasión.

\¿Por qué son tan distintos?

Una última observación sobre la familia numerosa, también aplicable a la familia pequeña. Tengo cuatro hijos y cada uno es completamente distinto, en caracteres y actitudes, aunque yo les he educado a todos por igual. ¿Por qué es así?

Es un error creer que una misma familia puede producir niños iguales por el hecho de que la familia haya permanecido la misma durante los veinte años en que se han criado esos niños.

En primer lugar, la carga genética no es exactamente igual. Hay niños con sistema nervioso irritable o tranquilo, niños con capacidades mentales y estilos de inteligencias diferentes. En segundo lugar, los niños nacen en situaciones distintas en casa: el número de hermanos que encuentran al nacer, el ambiente afectivo, la madurez de los padres, la dinámica de la pareja, la situación económica, etc. van cambiando continuamente. En tercer lugar, la situación de hermano es distinta; no es lo mismo ser hermano mayor que el pequeño o el del medio. Finalmente, el trato personal es distinto. Hay niños que nos caen mejor, otros nos irritan más, o nos recuerdan a aquel pariente que fue un desastre (eres igual que tu tío...). Es decir, reciben mensajes no verbales distintos y se les transmiten niveles de ilusión distintos.

En ese conjunto de circunstancias y matices vivenciales, diversos, tampoco logran una vivencia igual de los valores y de la fe cristiana. A veces lo vemos claro, "en este niño no ha prendido la fe, la generosidad, la cooperación; en este otro sí". Parecía que ambos tenían hábitos infantiles semejantes, pero cuando dejaron de ser dóciles adiestrados apareció lo que cada uno era.

Toda esta diversidad complica la tarea de promover una sociabilidad sana, no agresiva, asertiva. Para educar la sociabilidad no existen recetas sino la utilización hábil de nuestra inteligencia emocional para distinguir las situaciones y necesidades de cada uno de los hijos, que son diversas y están en evolución constante. Es imprescindible tener los ojos abiertos y sensibles para captar lo que sucede dentro de cada niño, que por otra parte no es ningún misterio indescifrable; y por lo tanto, la necesidad de espacios de comunicación para darles la oportunidad de expresar sus sentimientos y opiniones.

Seguiremos en la charla próxima hablando del rango y jerarquía de hermanos, elliderazgo de los hermanos mayores, los celos y la rivalidad y otros criterios educativos importantes para los padres.

Trabajo de grupos

Consideramos interesante que el grupo dialogue sobre los problemas de sociabilidad y agresividad de los hijos en casa, tanto en la familia grande como en la familia pequeña. Preguntamos:

A) ¿Cuál es mi caso? Es decir, ¿qué numero de hijos tengo? ¿cuántas personas somos en casa de manera estable?

B) ¿Qué ventajas e inconvenientes educativos estoy viendo de hecho en mis hijos dado el número de miembros de la familia? Por ejemplo si es hijo único o son dos solamente, ¿veo peligros de niños mimados o egoístas? Si son varios hermanos, ¿veo peligros de rivalidades o de que alguien pase desapercibido?

C) En general, ¿cuáles son mis preocupaciones en este tema de sociabilidad o agresividad en casa?

Metodología

1. Reflexión individual (5 minutos) y comentario informal con los que están a mi lado.

2. Diálogo grupal moderado por el Conductor (30 minutos)