¿Qué madurez moral y religiosa queremos
para nuestros hijos?

Por Fernando de la Puente
Revista Padres y Maestros, No. 294, septiembre de 2005

Se encienden luces rojas

Insultos y agresiones de alumnos a profesores. Bulling entre adolescentes y suicidios inesperados. Permisividad de jóvenes respecto a las drogas, el ancho camino de la marihuana para empezar. Sexo por el sexo. Culto a la imagen. Rachas de solidaridad e insolidaridad, de integración y racismo. Una sociedad donde se respira que nadie debe privarse de nada. No se asume la responsabilidad personal: el alumno no dice "reprobé", sino "me reprobaron ". Alguien distinto de nosotros es responsable de nuestras acciones.

Entre los educadores se vuelve a recomendar una pedagogía del esfuerzo para formar personas sólidas. Niños y adolescentes padecen psicastenia, incapacidad de llevar a cabo una conducta voluntaria. Y aparecen los vendedores de ética diciendo a los profesores cómo tienen que educar o impartir temas transversales de valores.

Clarificaciones

Consciencia. Es darse cuenta de algo; soy consciente de mis limitaciones, tomo conciencia de mi dificultad para dialogar con mis hijos, soy consciente de mi personalidad...

Conciencia. Conocimiento del bien y del mal de mis actos. No es una facultad especial ni un mero sentimiento, ni un super yo, ni una voz de Dios. Es el juicio de aprobación o desaprobación, de mis actos en relación con la dignidad de la persona y con los principios del bien y del mal, que se deducen de esa misma dignidad.

Distinción entre acto, acierto y moralidad.

El acto en sí mismo: "he ido con dos amigos a un bar y hemos tomado un bocadillo". El acierto o desacierto: "he vendido el departamento y no tendría que haberlo vendido todavía". El aspecto moral: "a la salida del trabajo, discutí con fulano/a y le dije cosas que no debía; vendí el departamento a fulano/a traicionando al que lo había vendido previamente".

Sentido moral. Todos tenemos una capacidad básica de captar el bien y el mal de nuestras acciones. Pero este germen necesita desarrollo y educación, hasta lograr un olfato interior capaz de percibir lo moralmente correcto o incorrecto, teniendo en cuenta que la persona humana es lo más importante del mundo, es el fin de todo y nunca debe de ser medio para otras cosas.

Debemos educar en el aprecio profundo de la dignidad que tiene todo hombre o mujer por el hecho de ser persona. No sólo los hombres y mujeres buenos sino también los malos, incluso los criminales, que deben ser juzgados y condenados, pero por métodos humanos.

Deberíamos también captar la distinción entre acción e intención. Una acción buena y una intención buena hacen a la obra auténticamente buena, como ayudar a un necesitado para aliviar sus problemas, dar tiempo hablando con alguien para aliviar su soledad. Una acción indiferente y una intención buena también hacen buena a nuestra actividad, como salir de paseo para acompañar a un amigo.

Pero una acción buena con una intención mala hacen a nuestras obras moralmente dudosas o perversas, como hacer favores para demostrar mi categoría, ser amable con otro para hacerle caer en la cuenta de que yo no soy como él. Y naturalmente la acción y la intención mala producen claramente una obra moralmente mala, como rayarle el coche para humillarle y perjudicarle.

Ética y fe cristiana. El descubrimiento y concreción de las normas morales constituyen una tarea de la inteligencia y libertad humanas. Tanto el creyente como el no creyente deben investigar lo que es bueno para el hombre y la dignidad humana. Si hay diferencias en sus conclusiones es por errores de investigación, prejuicios, falta de información, intenciones torcidas.

La fe cristiana añade algo muy importante. Una fundamentación: la naturaleza humana es la obra creadora de Dios, Dios la respalda, lo bueno para el hombre es por tanto voluntad amorosa de Dios. Y unas motivaciones: el otro, no es sólo un mero semejante; es un hijo de Dios, es Cristo mismo ("cuando les disteis de beber, les visitasteis, les acogisteis... a mi me lo hicisteis" Mt. 25).

Evolución del sentido moral

Todo niño evoluciona desde un egocentrismo moral y afectivo total hasta la interiorización de criterios y razones morales que se fundamentan en el altruismo. En el camino de este itinerario, empieza aceptando las razones, normas y castigos de los adultos; más adelante comprende rudimentariamente las razones que les dan; después comienza la responsabilidad interiorizada a partir de los 12-13 años. No sabemos cuándo empieza la plena responsabilidad moral, por eso hay leyes que impiden ciertas condenas a menores de edad.

Existen varios criterios de moralidad desde lo más inmaduro hasta lo más responsable:

- La autoridad. Lo ha dicho papá, lo ha mandado el jefe.

- El yo ideal. Hago el bien por no defraudarrne a mi mismo; no soy de esa clase de gente; no me gustaría pensar de mí como una persona que miente.

- El conformismo social (un espíritu de cuerpo no muy elevado). No hacemos eso en nuestro club; en la pandilla actuamos así.

- El utilitarismo. Soy buena para que mamá me deje ver la televisión; ayudo hoy a mi compañero para que mañana me deje sus apuntes.

- La evitación de culpa. Si perjudico a alguien me daño a mi mismo, me perjudico a mi mismo, daño a mi mente, lo recordaré siempre.

- El compromiso social. No hago aquello que, si todos lo hicieran, sería un mal para la sociedad, para mi clase, para mi familia.

- Altruismo. No hago lo que daña o hace suffir a otro, como pegar a mi hermanito porque le hace sufrir. Hago lo que anima, ayuda, hace crecer y dar lo mejor de sí mismo a los demás. El centro es el otro, no hay ego-centrismo sino otro-centrismo (altruismo, alter = otro en latín).

Sentido religioso

Como dice Ana García-Mina (conferencia en las 27 Jornadas Educativas de Colegios de la Compañía de Jesús, Poio 2003) la psicología de la religión es el pariente pobre de la psicología evolutiva. Hay muy poco escrito e investigado.

Profundidad y complejidad del sentimiento religioso

a) El sentimiento religioso es una dimensión profundamente humana que va desarrollándose lentamente, de forma progresiva. Se puede atascar y quedar larvado durante muchos años.

b) Tiene un carácter multidimensional. Abarca la experiencia (actitudes y sentimientos), la ideología (creencias), lo intelectual (contenidos y conocimientos), lo ritual (prácticas religiosas), lo consecuencial (el reflejo del evangelio en mis decisiones, relaciones, comportamientos) .

Lo interesante es que cada una de estas dimensiones puede tener una evolución distinta. En general, los conocimientos, creencias y ritos se desarrollan a medida que uno va teniendo más capacidad cognitiva.

La experiencia religiosa es sobre todo saber, saborear, "gustar de las cosas internamente" (Ignacio de Loyola). Posteriormente va llegando el saber acerca de Dios. Si previamente no hay una experiencia, dificilmente se crea un proceso de maduración en la fe. Lo que no se celebra, se acaba perdiendo.

En este sentido los centros educativos cristianos intentan una pastoral celebrativa alegre, que refleje la fortuna de haber hallado la fortuna de la fe. Nadie desea una experiencia religiosa de tristeza y miedo. Puede haber culpabilidad sana empapada de esperanza y paz.

Evolución del sentido religioso

La autora citada menciona dos factores importantes que inciden en esta evolución:

a) El factor ambiental: familia, escuela, grupo de iguales, sociedad.

b) Factores individuales: la propia maduración intelectual, social y afectiva.

Teniendo en cuenta ambos factores, podemos señalar el siguiente esquema evolutivo:

1. De O a 6 años. Hay un despertar religioso, una fe intuitiva y proyectiva, pues lo que el niño va conociendo de la vida lo proyecta en Dios. Por eso es importante la experiencia de ternura y amor, un elemento que dependerá de la familia y de los padres, y cuya ausencia será un vacío inicial que habrá que rellenar.

2. De 6 a 12 años. Aparece la primera síntesis de experiencia religiosa, a nivel emocional sobre todo, porque el pensamiento es bastante mágico y frágil.

3. A partir de los 13 años comienza el nacimiento de una fe más personal e interiorizada.

Creación de actitudes morales y religiosas

A lo largo de este proceso, se hace presente nuestra acción educadora. En el próximo tema desarrollaremos los criterios y pautas educativas más importantes. Adelantamos ahora el esquema clásico de toda creación de actitudes: el modelo, la palabra, la acción.

a) El modelo. Los padres y maestros son modelos de identificación, que arrastran, producen adhesión sana y libre. La coherencia de los padres y educadores es fundamental.

b) La palabra. Es el medio de explicación y motivación de los valores positivos morales y religiosos. La palabra que reciben los niños antes de sus comportamientos. O la palabra que oyen después de los hechos (véase lo dicho en las conferencias anteriores acerca de "Atreverse a motivar con la verdad").

Valoramos mucho la presencia de esta palabra alentadora y verdadera. Es frecuente desgraciadamente el silencio de los padres, por miedo o inseguridad, que se limita a amenazar sin clarificar nada ("no sabes como se ha puesto tu padre"); o son meros gritos y susurros que no terminan en nada ("ya hablaremos de esto").

Comprendemos que es dificil saber explicar por qué es bueno ser bueno en los diversos aspectos del comportamiento humano. Hay frases felices, como aquella de "en el tren de Atocha (Madrid) estábamos todos", para explicar la solidaridad ante el terrorismo. El peligro es irse por las nubes: "si no estudias nada, no serás nada el día de mañana", "si eres serio y constante en los estudios, serás capaz de cambiar la sociedad".

A veces hay que enseñar a combinar el saber y la prudencia: no puedes decir a otro sinceramente lo que piensas de él, le puede dañar. A veces el silencio es más prudente, excepto cuando te piden tu opinión sobre principios e ideas.

Clarificar la moral y el sentido de la vida, por qué vivir, para qué vivir... es algo más complicado que enseñar a elegir cosas, a ser asertivo, a saber estudiar.

Trabajo en grupos

1. Las familias pueden reflexionar acerca de estas dos cuestiones:

A) ¿ Cuáles son las preguntas que nos hacen nuestros hijos sobre temas morales y religiosos en las diversas edades?

Puede hacerse un turno de intervenciones para que cada persona formule una o dos preguntas. Se toma nota de las preguntas formuladas y se decide el orden de análisis de las mismas.

B) ¿Cómo respondemos a estas preguntas?

Tomando cada una de las preguntas de la lista, en primer lugar se pide a la persona que lo formuló, que diga de qué manera respondió y su nivel de seguridad. Los demás pueden completar o añadir otras posibilidades de respuesta. El conductor de grupo dará su opinión al final e intentará integrar las respuestas a su juicio más educativas.

2. Si hay tiempo, comentar las dificultades más importantes que se viven en la familia cuando se intenta educar moral y religiosamente a los hijos: tiempo, preparación, influencia de los medios, de los iguales, criterios o eslóganes sociales, etc.