Por Fernando de la Puente
Revista Padres y Maestros, No. 278, septiembre 2003.

Los problemas de sociabilidad preocupan continuamente a los padres, ¿con quién sale? ¿y si no le convienen esos amigos, dónde habrá conocido al del piercing en la lengua? Papá, quiero cambiar de Colegio porque se van mis amigos, etc. Pero sobre todo preocupan los problemas relacionados con la agresividad. De esto vamos a tratar en esta charla: causas, efectos de la agresividad y posibles líneas de solución.

Tipos de agresividad hoy

A) Agresivos por obstinación.

Hay chicos y chicas que son agresivos por la obstinación propia de ciertas etapas. Ya se sabe; de 2 a 4 y de 11 a 13 años aparece el no, no y no. Es normal; pero si no actuamos con acierto, reprimiendo excesivamente o actuando con debilidad, tal obstinación puede volverse crónica, es decir, difícil. Es una necesidad evolutiva normal, pero dentro de un orden. Por lo tanto, reaccionemos con humor y comprensión (actitud interna) y firmeza serena (actitud externa), sin dejar de dar gracias a Dios porque tenemos un hijo normal.

B) Agresivos por educación blanda o irregular.

Los niños consentidos suelen volverse violentos porque siempre han tenido la sensación de que nada se les resiste. Las paredes de su vida son de goma, y se han acostumbrado a no diferir la satisfacción de una necesidad ni han tenido la experiencia de caprichos frustrados. Se llama "resiliencia", la capacidad de resistir a la adversidad. El afecto personal y el ayudar a expresar las emociones son una buena táctica para ayudar a resistir las frustraciones, pero también la estrategia del "no". Se deben dar razones del "no" con inteligencia y corrección, apelando a criterios éticos y sociales, sin ceder al chantaje afectivo. Y a sabemos que nuestras razones no les convencen, pero no nos engañemos, no les convencen por falta de madurez o porque no quieren ver.

La educación irregular también produce agresividad. El padre duro y la madre blanda y viceversa; o los dos, unas veces exigentes y armando un escándalo por cualquier cosa, y otras veces compensando afectivamente por sentirse culpables. Con lo cual los hijos chantajean a dos bandas y no acaban de aprender a diferir la satisfacción de sus necesidades.

C) Agresivos por educación represiva.

La educación injusta o represiva también produce actitudes agresivas. Es injusto no conceder las cosas razonables sistemáticamente; o llevar a rajatabla el principio de tratar a todos por igual (lo cual es injusto con el menos favorecido), o las comparaciones odiosas que siempre despiertan el odio y cargan la batería de la agresividad.

D) Agresivos por influencia de los medios.

Sabemos que los niños españoles pasan 900 horas al año en las aulas y lAOO horas ante la televisión, con miles de imágenes agresivas y escenas tensas cuya única solución es el disparo o el arma blanca. Sólo el 11 % de niños y adolescentes lee algo, el resto pasan el tiempo ante la televisión.

Todos los días aparecen en la prensa noticias preocupantes. Según un reportaje de la revista "Tiempo", una mirada o un roce en la calle es suficiente para provocar un altercado, golpear hasta la extenuación e incluso apuñalar al desconocido con quien se tropezó por casualidad. En otras ocasiones el aburrimiento es suficiente para que un grupo de jóvenes se decida a quemar coches o a romper el mobiliario urbano; se repiten escenas como la del joven a quien hundieron una navaja en el corazón en una disputa por unas monedas. O la aparición de adolescentes violentos por diversión, muy tranquilos de lunes a jueves, que se convierten en energúmeno s durante el fin de semana, no sólo por abuso de alcohol sino por un mecanismo de violencia lúdica.

Muchos niños y jóvenes, que conviven con las imágenes violentas del cine y televisión, se han insensibilizado ante el dolor ajeno. Actualmente se sitúa la edad conflictiva entre los 14 y 17 años, y se da cada vez con más frecuencia en familias de clase media. Una novedad actual es la feminización de la violencia con la aparición de niñas agresivas de 12 a 16 años.

Se trata de la cultura del "si", de una generación hedonista que rechaza todo aquello que no les produzca satisfacción de modo inmediato, sin diferir en el tiempo lo deseado al instante. Los propios padres y preferentemente las madres, son las víctimas de esa violencia. Según una encuesta del Instituto de la Mujer, un 14% de los casos de violencia contra la mujer es protagonizada por los hijos.

E) Agresivos por conflictos internos.

Hay conflictos internos más o menos normales que reflejan una agresividad evolutiva normal. A veces se expresan a través de grandes accesos de cólera, gritos y espasmos respiratorios, tartamudeos que duran días, o las clásicas manifestaciones de masturbación excesiva e hipermovilidad; pero provienen de conflictos internos normales y por tanto pasajeros.

Sin embargo, pueden aparecer estados duraderos de conflicto interior, con frecuentes ataques a personas y cosas, continuas peleas y trampas en juegos, desafios a iguales o a educadores. ¿Qué decir de esta agresividad? Quizá se deban a necesidades básicas no satisfechas a un nivel mínimo, como por ejemplo la necesidad de afecto, de pertenencia, de realización (ningún área de éxito personal). O bien, puede haber una educación muy represiva o con malos tratos. Pero también pueden existir causas extrañas, como en el caso de los psicópatas, un trastorno antisocial de la personalidad muy antiguo e investigado ya desde finales del siglo XIX. Son personas en las que predomina la ausencia de sentimiento de culpa, el egocentrismo profundo, la incapacidad para amar, la ausencia de remordimientos, la incapacidad de auto observación y de aprender de las propias experiencias.

Lamentablemente estas personas, según el neuropsiquiatra Antonio Cerezo Moreno, comienzan con trastornos en la conducta desde la infancia y van presentando manifestaciones diferentes según las circunstancias, como escapadas de casa, peleas, crueldad con los animales, amenazas, robos, etc. Este trastorno tiene un dificil tratamiento y un abordaje psicológico muy complicado. En algunos casos -según ciertos especialistas- el único medio para controlar a estos pacientes consiste en su internamiento en instituciones correccionales.

F) ¿Agresivos por constitución hereditaria?

No es que se nazca agresivo, sino que se puede nacer con un sistema nervioso irritable, hipersensible; y la situación de hermano, por ejemplo, le puede volver celoso y envidioso; y una educación desigual o blanda le convierte en vengativo o agresivo.

Hay niños con sensibilidad exagerada, que tienen reacciones desproporcionadas al estímulo exterior. Ante un grito o una voz fuerte palidecen. Suelen ser niños sobresaltados, coléricos, excesivamente impresionables, con frecuentes crisis de cólera, que duermen mal, etc. Probablemente se trata de trastornos orgánicos para los que no basta la terapia familiar, aunque ésta puede aliviar las tensiones y preparar la visita a un especialista.

Efectos de estas situaciones difíciles

Los problemas sociales producen o acentúan la desadaptación escolar. La desazón y frustración social impide concentrarse a muchos niños y adolescentes, y sus reacciones les acarrean problemas disciplinares, de modo que perturban la clase y los compañeros mismos terminan hartos de ellos o ellas.

También aparecen desadaptaciones familiares porque en casa hay choques, pero en el fondo sin culpabilidad, porque tanto la agresividad adquirida como los nervios adquiridos, no son culpables. Les da la sensación de perder el afecto, porque "si mis padres me están riñendo todo el día es que no me quieren mucho"; es una sospecha. Podríamos decir que el éxito escolar produce la alegría en los padres, y la alegría produce la sensación de que "me quieren más, porque yo soy un tipo bueno". En cambio el fracaso escolar o cualquier otro fracaso produce angustia en el rostro de los padres, lo que los niños interpretan como "me quieren menos, yo soy un pobre diablo, no valgo". Como vemos también entra en juego el autoconcepto.

Los problemas sociales producen también, obviamente, un fracaso social. Juanito tiene problemas con los iguales, está un poco solo, quiere amigos, pero hace y dice cosas tales que cada vez tiene menos amigos.

Una línea continua

De lo normal a lo anormal hay una línea continua y es muy dificil precisar el punto crítico. En general los criterios para determinar si una conducta es anormal suelen ser: la estabilidad y duración de un comportamiento negativo; la grave distorsión que dicho comportamiento o actitud produce sobre el ritmo y eficacia del trabajo y las relaciones sociales de la persona.

Tengamos en cuenta que hay una no-sociabilidad no peligrosa, no preocupante, propia de la agresividad normal, de la falta de paciencia, algo temperamental. Y existe una no-sociabilidad más peligrosa que puede provenir de problemas de fondo, insatisfacción de necesidades, inseguridades y complejos.

En todo caso, cuando las estrategias de la llamada "terapia familiar" no resuelven el caso, después de un determinado tiempo, hay que sospechar la existencia de conflictos internos o causas orgánicas (disfunciones endocrinas, del sistema nervioso, etc.). Y en estos casos habrá que acudir a especialistas.

Vías de solución: terapia familiar específica

Meditación antiagresiva

Es importantísimo reflexionar sobre el hijo/a dificil. Convencerse, pero de verdad, de que no es culpable, que es víctima de condicionamientos de los que no es responsable. Recordemos su vida y recojamos datos del pasado. Veamos también lo positivo que hay en ella. Esta reflexión puede proporcionamos una mayor aceptación afectiva del hijo/a dificil, una empatía global con la persona, sin la cual es imposible realizar bien ninguna otra terapia familiar.

Equilibrio entre serenidad y energía

Por una parte hay que sacar a los chicos/as dificiles del círculo de la agresividad, y para ello no conviene enfrentarse violentamente con ellos, ni entablar una guerra de voluntades entre padres e hijos, intentando aplastarles puesto que nosotros somos más fuertes, lo cual provoca una terquedad invencible. Por otra parte tampoco podemos ser débiles.

El secreto para solucionar la tiranía de un niño agresivo es ser sereno pero enérgico. Por un lado procurando que sufra las consecuencias de sus actos. Ejemplos cotidianos y sencillos: "si has tirado esto ahora recógelo y ponlo en su sitio"; "esta semana me has tomado el pelo, quedamos que ibas a estudiar dos horas diarias y no lo has hecho, mañana sábado recuperarás el tiempo perdido". Es el castigo "no anunciado" que se dice cuando han pasado las cosas. En cambio, son ineficaces las amenazas proféticas,

"si sigues así, el sábado no saldrás de casa". También es un desastre estar todo el día sermoneando y haciendo exclamaciones sufrientes, "¿pero cómo dejas todo eso tirado por el suelo?" (y luego la madre va y se lo recoge).

Por otro lado, hay que evitar la acritud y la amargura. Si sabemos que ese niño tiene unas causas orgánicas por las que no es culpable, entonces no le odiamos y le vemos con serenidad. Cuando el niño percibe la cara irritada y despectiva con que le miramos, no se anima demasiado a desactivar su agresividad.

Catarsis

A los agresivos hay que proporcionarles desahogos fisicos y culturales, como deporte, música, arte, aficiones personales, movimiento. Todas estas cosas son magníficas, y por eso los buenos colegios tienen un buen programa de actividades paraescolares. Descargan los nervios y la agresividad, proyectan fuera emociones ocultas, proporcionan realización y éxito, que todo niño necesita para salir adelante. Proporcionan ocasiones de nuevas relaciones sociales, con grupos de niños o adolescentes distintos, con los que puede empezar a desarrollar nuevas actitudes de pertenencia.

Vida ecológica

Los adolescentes duermen muy poco y deberían dormir hasta 9 horas diarias. En muchas casas de niños agresivos no existe higiene de horario de televisión, de sueño, de comidas, etc.

Responsabilidad y altruismo

Proporcionar a un niño agresivo ocasiones de sentirse útil a los demás, es algo muy terapéutico. El altruismo es una gran fuerza maduradora de la persona. Encargarle de cosas, confiar en él, etc. es la prueba de que creemos en él, algo esencial para una recuperación personal.

Ventajas de la terapia familiar

¿Qué se consigue con estas acciones de terapia familiar? Al irlas poniendo en práctica, vamos vislumbrando poco a poco cuáles son las necesidades concretas que están insatisfechas y posiblemente se van eliminando algunas de las causas. Es interesante para ello que no nos preguntemos "por qué" hace esto o reacciona así, sino "para qué "; es decir, qué pretende inconscientemente: ¿llamar la atención y ser protagonista?, ¿que le ayuden porque su orgullo no le permite decir "ayúdame que yo solo no puedo"?, ¿una estima social porque está solo?, ¿que le protejamos más? etc.

Por otra parte, al aplicar dichas estrategias ya le estamos ayudando a tolerar frustraciones, porque hemos empezado a controlar el exceso de televisión, o estamos poniendo en práctica una educación equilibrada, o le estamos proporcionando ayudas específicas en aquello en que fracasa, etc.

Por supuesto, hay cosas que no tienen solución porque provienen de problemas insalvables. En estos casos, o en caso de duda, no conviene engañar a los hijos sobre sus posibilidades fisicas, intelectuales, sociales, despertándole falsas esperanzas, "ya verás como dentro de poco tú dominarás las Matemáticas ", "dentro de poco tendrás muchos amigos ", etc. Es mejor ayudar a tolerar las limitaciones. La cercanía, el afecto auténtico que trasmite "te quiero por ser tú ", no por tu cualidades, es el mejor medio de ayudar a aceptarse a sí mismo sin dañar la autoestima.

Es aconsejable también, en ciertos casos, acudir al tratamiento de los propios padres, porque muchas veces están por medio problemas de pareja, de estrés, de trabajo, etc. Padres agresivos y nerviosos crían hijos nerviosos y agresivos. Hoy día, en todas partes, hay muy buenos psicoterapeutas. Todo sea por bien de los hijos.

Trabajo de grupos

NN, alumno de 1o de Bachillerato, de 16 años de edad, es el tercero de cinco hermanos. Capacidad intelectual, normal pero muy irregular en su rendimiento académico. No tiene problemas de salud. En clase manifiesta una verdadera alergia a obedecer cualquier orden o indicación. Su primera reacción es buscar algún tipo de contradicción o inconveniente, para decir que no estaba dispuesto a hacerla. Siempre con cara agresiva, sin querer entrar en razones, con una crítica constante, expresando una cierta repulsión a toda autoridad. También se erige en defensor de lo que él llamaba injusticia a los compañeros por parte de los educadores, llamando mucho la atención.

En casa están hartos de él por sus contestaciones, desobediencias y malos gestos. Su madre piensa que, por espíritu de contradicción hacia ella, se abandona mucho físicamente en su vestido e higiene personal. Su estilo de relación deja mucho que desear. Con su padre las relaciones son muy tirantes, desobedece y se enfrente con él, y abundan los castigos.

ANÁLISIs

Preguntas que podemos hacemos en este caso, sobre las que el grupo puede opinar y debatir:

POSIBLES SOLUCIONES

Revisar las soluciones de la terapia familiar que se han dado en la charla y discutir acerca de las mejores estrategias para este caso.