¿Los hijos mienten?

Por Fernando de la Puente
Revista Padres y Maestros, No. 284, mayo de 2004


Los hijos se vuelven mentirosos y ello nos preocupa y nos hace sufrir, porque tenemos la sensación de que se nos separan o que en adelante no podemos fiamos de ellos. Este es uno de los problemas principales de la mentira y por eso hay que evitar las rupturas morales entre padres e hijos, que ésta produce.

En primer lugar, hay que tratar de entender, utilizando nuestra inteligencia emocional, cuáles son los motivos de sus mentiras. A. Berge, en uno de sus clásicos libros sobre educación, cuyas formulaciones y consejos seguimos en esta charla, dice que la mentira es un signo: el signo de que un niño no se encuentra seguro ante los mayores. Con razón o sin ella, piensa que no podemos o no queremos comprenderle. Por eso es importante restablecer continuamente la relación de confianza, de modo que ellos vuelvan una y otra vez a creer en nosotros.

Falsas mentiras

¿Qué cosas son mentira y cuáles no lo son? Mentir es afirmar algo que sabemos que es contrario a la verdad. El problema es que muchos niños no saben qué es la verdad. Hasta los 4-5 años no tienen una noción precisa de ello. Pueden decir falsedades sin tener intención de engañamos.

Lo que ven, lo que desean, lo que imaginan todo les parece igual. Es la imaginación creadora de aquella niña, citada por A. Berge, que le pidió a su papáque le llevara a ver los patos. Aquel día no había ningún pato en el estanque, y cuando su padre se sentía obligado a seguir buscando, la niña dijo: "no busques más, papá, ya veo los patos ". Y no los veía realmente, pero como hacía casi una hora que tenía la cabeza llena de patos, era como si los hubiera visto. Confundir la realidad con lo imaginado no se puede considerar mentira. Los niños pequeños, afirmando o negando una cosa, la hacen existir o la suprimen; es la así llamada afirmación o negación mágicas.

En el fondo les pasa como a nosotros. Cuando nos cuesta creer alguna cosa (la muerte imprevista de un ser muy querido) decimos "no es verdad, no puede ser"; es decir, eso es tan terrible que no puedo aceptarlo. Cuando un niño pequeño niega algo evidente significa muchas veces que desea suprimirlo, no precisamente que intenta engañamos.

En este caso la acción educativa más conveniente es no precipitarse en llamarle embustero porque no nos está mintiendo. Si dice que se subió a un elefante enorme, no sólo no trata de engañamos sino que quiere comunicamos con toda confianza sus fantasías y nos invita a vivir con él su mundo imaginario. Lo que tenemos que hacer, evitando la brusquedad, es enseñarles a distinguir poco a poco qué cosas son reales y qué cosas no. Si dice que ha visto un gato grande como un tigre es que el miedo le ha hecho aumentar su volumen, y habrá que decirle con humor que eso es una exageración, pero nunca que eso es una mentira.

Las verdaderas mentiras

A partir de los 5-6 años los niños empiezan a mentir de verdad, es decir, cuentan cosas falsas, cuando ya empiezan a distinguir lo verdadero de lo falso, lo real de lo imaginario. Por una parte, habrá que ayudarle a comprender, y esto sin esperar a que nos haya mentido mucho, lo importante que es la confianza para la amistad, y que ésta se gana con la sinceridad y con la verdad. Una educación preventiva debe hacerse antes de que haya empezado a mentir demasiado o al hilo de las primeras mentirijillas.

Otro tipo de reacciones educativas nuestras dependerá de la causa de la mentira. Por eso vamos a describir algunas causas más comunes, añadiendo a continuación las orientaciones más apropiadas.

1. Por temor al castigo

Cuando un niño estropea un vestido o rompe algo, y lo esconde, y después dice "yo no he sido ", o acusa a su hermano, está mintiendo por miedo al castigo. Le entra pánico y se defiende. Es la mentira como reacción al miedo. Si le castigamos por el hecho de haber mentido, la próxima vez mentirá un poco más para retrasar lo más posible el momento de confesar la verdad.

Si hay que castigar, no ha de ser por la mentira en sí, sino para reparar el daño hecho por su precipitación, negligencia, etc. En los ejemplos caseros, le haríamos limpiar lo ensuciado o recoger los trozos sueltos o incluso contribuir con una parte de su paga. Pero la mentira como tal no se castiga, pues se trata de una actitud o reacción que hay que educar. Lo que se castiga son los efectos o daños causados por la mentira, sobre todo a otra persona.

Por tanto, no hay que atacar la mentira de frente ni acusar de embusteros a niños y adolescentes. Si les decimos "estás mintiendo" ellos se sienten doblemente condenados por la torpeza que han cometido y por haber engañado, lo cual produce mayor ruptura afectiva entre ellos y nosotros; y desde luego, si son de carácter asertivo, dificilmente les podremos hacerles confesar.

Lo mejor es dejar que se calmen las cosas. Después, se le puede facilitar suavemente la confesión de la verdad. Si lo hace, entonces se le puede hacer reflexionar acerca de la importancia de decir la verdad, como condición de amistad y confianza, y lo que significa socialmente ser una persona que miente. Pero si sigue negando, hay que saber esperar. En otro contexto, sin relación con lo sucedido, se le pueden transmitir dichas reflexiones acerca del valor de la verdad y el peligro de la mentira.

En todo caso, cuando sepamos con cierta evidencia quién es el causante del daño, se aplican las sanciones reparadoras, pero sin retirar el cariño, que es lo que ellos más temen. Siempre podemos comunicar que ellos son buenos chicos, que estamos encantados con ellos, pero que hoy han tenido un descuido.

2. Por precaución ante los mayores

En muchas ocasiones nos parece que mienten sin motivo, pero lo hacen porque no comprenden las reacciones que tenemos los padres y educadores. Con frecuencia tienen la experiencia de que han cometido fallos que les parecían sin importancia, mientras que nosotros poníamos el grito en el cielo y nos irritábamos muchísimo con ellos. En otras ocasiones, ellos creían que habían hecho algo grave y sin embargo nosotros no le dábamos importancia. No están seguros de nuestro modo de valorar las cosas y les parece más prudente esconderlas. Los mayores y nuestra jerarquía de valores es un enigma para ellos.

Otras veces, el problema es que no comprendemos sus intenciones. Cosas que hacían con buena intención, incluso para agradamos a nosotros, las tomamos negativamente y les acusamos de inconscientes e irresponsables; como aquella niña pequeña que arrastraba el cojín de un sillón para llevárselo a su madre, para que estuviera más cómoda, pero recibe de ella un grito airado por arrastrar el cojín por el suelo.

Es bueno ir realizando una paciente enseñanza acerca del valor e importancia de las cosas, por qué el fin no justifica los medios, etc. Y desde luego intentar comprender sus intenciones y ponerse en su mentalidad, lo cual supone para nosotros un valioso ejercicio de inteligencia emocional. Para evitar la mentira es necesario enseñar a ver y enseñar a actuar.

3. Por presumir de algo

Es el típico niño o adolescente que alardea de proezas que nunca realizó e incluso fecharías que nunca se atrevió a hacer. Así presume de duro. Sabemos que las personas que se dan auto bombo suelen necesitar aprecio o padecen sentimientos de inferioridad en determinados aspectos. Cuántas veces el hijo menor, que oye contar las cosas de los mayores, sus éxitos y sus viajes, siente necesidad de inventar lo que ha visto o lo que ha hecho para que alguien les escuche o les aprecie. Son los niños que dicen "pues yo he visto uno más grande que tú... ", hablando de animales, coches, etc.

No debemos decirles que mienten, en directo, pero tampoco debemos fomentar estas jactancias. La mejor manera de hacerlo es hacerles ver que esas hazañas inventadas no nos impresionan y no les felicitamos por ellas. Por otra parte, hay que tratar de comprender el motivo, es decir, por qué se sienten inferiores o por qué necesitan presumir. También habrá que darle oportunidades de realizar algo en lo que tenga éxito o ver alguna cosa que él pueda contar, etc. para sentirse más satisfecho de sus experiencias. .

4. Por las malas influencias

Los amigos que mienten, enseñan a mentir. Hay líderes negativos en las pandillas que viven más aprisa que los demás, llevan más dinero que los otros, se burlan de la policía, presumen de cometer algunos hurtos en establecimientos de grandes superficies, etc. Es posible que vuestro hijo, que es buena persona, no se deje arrastrar por esos malos ejemplos, pero puede hacerse el duro contando travesuras que en realidad no ha cometido, como no pagar el autobús o el metro, escapar de un policía urbano, rayar un coche, etc. Son formas de disfrazarse del líder de la pandilla.

Nuestras reacciones educativas son importantes y a veces son dificiles en estas situaciones. No hay que dar importancia a sus falsas narraciones pero en algún momento hay que decirles que no todo vale y que las fechorías son fechorías. Por otra parte, hay que indagar si está adquiriendo malos hábitos o sólo se trata de contar malas historias para ver cómo reaccionamos. Se puede ir al colegio y preguntar al tutor.

Es interesante también saber desenmascarar la actuación del líder negativo. Decirles que esos no son modos de ser importante ni de influir a los demás; y que probablemente tales jefes de pandilla tienen problemas de seguridad en sí mismos o carencias afectivas que les llevan a proyectarse de esa manera. Finalmente es positivo el hacerle ver que él mismo es valioso porque tiene aspectos positivos, y que no necesita destacar por medio de malos comportamientos.

5. Por fingimiento

Muchas veces fingimos para evitar un esfuerzo. Muchos niños fingen estar agotados o enfermos para librarse de un examen o porque temen ir al colegio por alguna razón, posiblemente porque están mal vistos por los compañeros. A veces no se trata de engaños calculados sino simulaciones defensivas, medio conscientes, que ellos mismos acaban creyéndolas. Es posible que, aunque exageren sus cansancios y malestar, puedan sentir dificultades reales para un trabajo serio y constante. Recordemos las charlas anteriores de niños apáticos o vagos por dificultades endocrinas, etc.

Es peligroso interpretar los fingimientos como claramente intencionados. Como dijimos anteriormente, no se debe castigar el hecho mismo del fingimiento, pues el castigo no modifica los problemas conscientes o inconscientes que existen. Consultemos al médico por si hay alguna causa fisica de su pereza o incapacidad para concentrarse y trabajar. Tomémosle por la palabra: si estácansado para ir a clase, que se meta en la cama todo el día. La sana consecuencia de los actos es el mejor castigo. Probablemente el estar sin hacer nada, sin ver la televisión ni jugar con el ordenador, no le compensará y abandonará la comedia. En todo caso hay que estar atentos para ver si se trata de un bloqueo psicológico real, por algún motivo que no podemos explicamos. En ese caso podemos consultar a un especialista.

Consejos para evitar o prevenir las mentiras

A) Hacerles vivir en un clima de sinceridad. Si nosotros echamos mano de mentiras cada dos por tres, no damos ejemplo de veracidad. A veces le decimos "no hay que hablar de esto con papá" o con mamá; o acudimos a la mentira para evitar una respuesta molesta o embarazosa, desde el "dile que no estoy en casa" hasta otras muchas maneras de dar falsas razones de nuestras negativas a otros hermanos delante de él.

Muy importante: si no les engañamos, ellos nos creerán cuando no puedan entender nuestras razones. Muchos adolescentes comienzan a comprender verdades que no entendían de pequeños. Es mucho mejor decirles que "esto es algo personal y muy delicado que ahora no creo conveniente explicarte", en vez de acudir a falsas razones.

B) Enseñar el valor de la sinceridad. Desde pequeños conviene hablar de estas cosas, haciéndoles ver la importancia de que una persona sea coherente entre lo que dice y lo que hace, la íntima relación que hay entre verdad, lealtad, amistad, etc. Se pueden aprovechar escenas de las series de televisión que ellos ven. Es interesante que sepamos lo que se les dice en los programas de formación humana del colegio, para así rematar discretamente la jugada por nuestra parte, sin aludir al colegio. Tengamos en cuenta que los niños adquieren el sentido de la verdad poco a poco, paso a paso, al hilo de su desarrollo y de su madurez intelectual y moral.

C) No siempre se puede decir toda la verdad, sobre todo cuando se hiere a alguien o se dificultan las relaciones humanas. No se trata de mentir sino de no comunicar todos los datos. Enseñarles que muchas veces lo que llamamos "nuestras verdades" son nuestras opiniones y juicios acerca de otras personas, y no tenemos derecho de echárselas a la cara a nadie. "No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados..." dice el Evangelio.

D) No permitir la mentira que perjudica a alguien. Cuando hay perjuicios de terceros, el castigo está justificado, pero a ser posible, que sea un castigo reparador de la falta. Y al mismo tiempo, antes o después de los hechos, mucho mejor después, intentar hacerles comprender que es un gran valor el ser capaz de asumir las consecuencias de los actos.

Comentario final

¿Por qué nos molesta la mentira? ¿No es también sobre todo, porque nos parece una ofensa a nuestra autoridad o a nuestro afecto paternal o maternal? Lo que nos preocupa en realidad, ¿no es que se marchen de nuestras manos y se aparten de nuestra confianza? Es muy importante ser sinceros y no engañamos a nosotros mismos como educadores. En muchas ocasiones no nos mueve el celo por la verdad y los valores humanos, sino que perseguimos la mentira por cuestiones personales.

Cultivamos el que "confiesen" como un signo de nuestro poder y del culto a nuestra autoridad. Quizás utilizamos amargamente la palabra embustero o mentiroso como desahogo de nuestra irritación. No es bueno acentuar la imagen negativa y el sentimiento de culpabilidad, que les inclinan a encerrarse más en sí mismos. La mentira no debe atacarse de frente. Por otra parte, los niños normales, como hemos visto, mienten de vez en cuando para eludir un castigo, para alardear, para ponemos a prueba, o incluso para ahorramos un disgusto. El sentido de la verdad se educa y se promueve lentamente, para que se abra paso poco a poco en ellos el recto sentido de la autenticidad y de la vida.

Trabajo de grupo

MARINA ROMPIÓ UN JARRÓN

Caso para grupos con hijos pequeños de 5 a 8 años

Marina rompió un jarrón. Su madre no se dio cuenta. La niña entonces recoge apresuradamente los pedazos y los tira a la basura. No quiere que su madre lo sepa porque teme un castigo.

La madre llega y pregunta "Marina, ¿has visto el jarrón azul?". "No, mamá". "Y esta agua derramada en el suelo, ¿de dónde vino?". "No sé mamá, yo no estaba aquí, acabo de venir de mi habitación".

La madre, con otras varias preguntas, trata de descubrir la verdad. Marina termina confesando en medio de lágrimas, y recibe una bofetada por haber roto el jarrón y por haber mentido.

Preguntamos:

a) ¿Qué te parece esta escena?

¿Cómo hubieras actuado en el lugar de la madre de Marina? ¿Cómo habría que proceder para evitar nuevas mentiras? ¿Cómo habría que hacer si Marina no cede y continúa negándose a confesar la verdad?

b) ¿Tienes experiencias de casos de tu hijo/a de estas edades que haya comenzado a mentir? ¿Cómo estás procediendo? ¿Con qué resultado?

ROBERTO SE ESTÁ VOLVIENDO MENTIROSO

Caso para grupos con hijos preadolescentes o adolescentes

Roberto se ha vuelto mentiroso últimamente y sus padres están muy preocupados, pues opinan que es un retroceso de su evolución social, que sus mentiras están deteriorando las relaciones de confianza de él con ellos. También les preocupa la posible desviación moral del niño en este tema. Hasta ahora, nunca acostumbraba a mentir aunque tuviera que hacer frente a las consecuencias de sus actos.

Empezó mintiendo sobre cosas del colegio: negar llamadas de atención del profesor por charlar y enredar en clase, esconder una nota escrita del tutor a los padres, esconder las notas (que eran malas) y decir que no se las habían dado, etc. Pero ahora ha pasado a mentir por cualquier cosa: negó que perdiera la cazadora y dijo que otro chico se la había quitado, que le han robado los apuntes, que se ha ido a casa de un amigo cuando había ido a sitios prohibidos por sus padres, etc., y cosas por el estilo. No parece que mienta por miedo, pues sus padres no son duros ni violentos y han actuado razonablemente con él, como en otras ocasiones del pasado, cuando no acostumbraba a mentir.

Su desarrollo social parece normal. Tiene amigos y juega felizmente con ellos, sin hacerles trampas ni engañarles. En casa es un niño alegre y normal. En estudios, en cambio, siempre ha ido un poco a rastras, aprobando con dificultad entre junio y septiembre. Los padres, después de hablar con el Colegio, se temen que tendrá que repetir pronto algún curso, pues es de los más atrasados de la clase.

Preguntamos:

a) ¿Cómo proceder con Roberto en este modo de reaccionar que va adquiriendo? ¿Cuál será la verdadera causa de sus mentiras? ¿Son acertadas las preocupaciones de los padres?

b) ¿Tienes experiencias de casos de tu hijo/a de estas edades que haya comenzado a mentir de este modo? ¿Cómo estás procediendo? ¿Con qué resultado?

Recordamos la metodología:

1) Reflexión individual y comentario con las personas que están al Iado en el grupo.

2) Diálogo general de todo el grupo moderado por el Conductor.

3) El Conductor realiza un breve resumen de los acuerdos y desacuerdos, indicando también algunas cuestiones que necesitan mayor clarificación.