Formas y estilos de educación familiar
Por Fernando de la Puente
revista Padres y Maestros, No. 282,febrero de 2004..
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La cultura, entendida como el modo de ser, la costumbre, el estilo de vida, moldea profundamente al sujeto a través de los procesos de comunicación y aprendizaje. El individuo no madura en el vacío, sino en un contexto socio-cultural concreto, que puede ser optimizante o degradante y cuyos efectos le acompañan casi toda la vida.
La familia es el primer y más básico contexto. No hay dos ambientes o climas familiares iguales. En ciertas familias se habla, en otras abundan los silencios; en unas hay una rica expresión afectiva, en otras hay cierta frialdad...; hay normas o no las hay, hay flexibilidad o no, etc.
Este aprendizaje de imitación es intenso en los primeros años del niño, gracias a la enorme flexibilidad de su cerebro. Las conexiones neuronales, según los expertos, se forman con mucha más rapidez en esas edades. Los centros de la emoción del cerebro juegan un papel importante. En el cerebro intermedio o di encéfalo (al fondo de esa hendidura que une las dos masas o hemisferios cerebrales) se encuentra el tálamo, donde hay una especie de almendra o amígdala, un centro implicado en el origen y regulación de las emociones. Entre las emociones básicas está la de sentirse querido, aceptado, lo cual va generando seguridad o inseguridad afectiva, capacidad de amistad, de empatía, de cooperación; o actitudes negativas en caso contrario. Recordemos que todas las actitudes tienen un componente afectivo.
Si creces en un clima de amistad y cooperación, donde se rechaza la agresividad, aprendes amistad y confianza. Autores muy clásicos en educación familiar, como Georges Mauco, dicen que el niño es lo que son sus padres y educadores. La herencia, tan invocada para explicar el carácter dificil de un niño, juega un papel muy limitado. Un padre que ha desarrollado una excelente capacidad para las Matemáticas o gusto artístico, no necesariamente tendrá hijos con tales características; pero evidentemente el ambiente crea motivaciones y actitudes que ayudan a desarrollar esas capacidades.
En concreto, la sensibilidad depende estrechamente del ambiente familiar. Los niños son afectiva y caracterialmente lo que son los padres, o lo contrario por oposición. Padres y madres nerviosos o tranquilos, ansiosos o confiados, que dudan de sí mismos o actúan con seguridad y calma, influyen decisivamente en que el niño tenga una sensibilidad inquieta o equilibrada. Si el afecto del padre o de la madre está mezclado de inquietud o agresividad, si su amor es de captación en vez de ser de servicio, el niño tendrá probablemente sentimiento de no ser demasiado querido; y su inseguridad afectiva perturbará sus relaciones con los demás.
Si los padres exigen a sus hijos satisfacciones que éste no puede dar, se producirá una decepción recíproca. La madre que espera manifestaciones de ternura y cariño, o el padre que exige comportamientos conforme a sus designios, corren el peligro de pedir a sus hijos más de lo que pueden dar. Y si además son padres que no se entregan suficientemente, que no ayudan, que no se implican, la decepción del niño puede ser muy seria.
En general, todo niño inadaptado suele ser un niño cuya necesidad de cariño ha sido mal orientada o incluso significativamente ignorada. La maldad del "niño malo" suele ser la expresión de un sufrimiento. Los niños mal queridos, por defecto o por exceso, aman mal, no se aman a si mismos y no suelen tener confianza ni en ellos mismos ni en los demás.
Por lo tanto, durante los primeros años de su existencia es cuando el niño adquiere ciertas actitudes y características básicas. Pero entonces, ¿no hay nada que hacer ya con su carácter? Afirmamos que siempre se pueden mejorar, suavizar o agravar las cosas. Para ello, y en primer lugar no llenarse de miedos ni culpabilidades. Se ha hecho lo que se ha podido, o se ha creído que era lo correcto, cuando el niño era pequeño.
En segundo lugar, conviene analizar responsablemente cuál es nuestro estilo familiar. Veamos media docena de estilos, según una clasificación basada en la combinación de tres aspectos: controlo autonomía, afecto o frialdad, implicación o dejadez.
1. Estilo autoritario o coercitivo
Es una educación que insiste en el control, que educa desde el castigo y el poder, desde la dureza y la frialdad. Generalmente va acompañada de una baja implicación de los padres en la educación, es decir, hay poco diálogo o escucha, poca ayuda concreta en las dificultades del niño.
Los hijos tratados con este estilo pueden reaccionar de dos formas. Si son de temperamento activo y fuerte, reaccionarán con agresiones, terquedad o huída (psicológica o física). Si se trata de naturaleza pasiva o sensible, reaccionará con evasión al mundo de los ensueños, o con incapacidad para entregarse a un trabajo sistemático, siempre distraído por su fantasía.
2. Estilo permisivo, anárquico o blando
Consiste en dejar hacer y no poner límites, lo cual genera un cierto relativismo de valores. Si todo está permitido, nada vale o todo se valora igual. El exceso de cariño y blandura produce niños que se dan maña para conseguir lo que quieren de los mayores, y al mismo tiempo se crían incapaces para enfrentarse a dificultades escolares y sociales. En la escuela pueden ser acusicas, pretencioso s o pelotilleros; u obstinados y agresivos, frente a la exigencia de un trabajo sistemático y duradero.
Este estilo se relaciona bastante con el de los padres y madres superprotectores. Javier Elzo, en su libro "El silencio de los adolescentes ", editorial Temas de Hoy, dice que es normal que los padres sientan inquietud por lo que les pueda ocurrir a sus hijos, y en especial a sus hijas, en sus relaciones con amigos o novios. Dice que un padre, profesor y hombre del espectáculo, confesaba que "el mayor shock de mi vida no fue cuando vi a mi hija besarse con un chico en el portal de casa, aunque esto me dejóimpactado; el mayor shock fue cuando le llegó el primer ramo de flores".
Es normal la preocupación. El problema es la permanencia de una actitud súper-protectora que intenta detener el tiempo de maduración fisica, afectiva y sexual de los hijos.
A veces, esos padres súper-angustiados suelen provocar pena a los hijos. Éstos les ocultan cosas o desfiguran sus comportamientos, no por vergüenza o miedo, sino por no causarles pena, para que no sufran. Son padres "protegidos" de la preocupación por sus propios hijos.
3. Estilo desigual o contradictorio
Lo realizamos cuando decimos una cosa y hacemos otra. Cuando la madre impone un castigo y el padre lo levanta, o al revés. O cuando ambos son muy exigentes y luego se pasan los dos al otro extremo. O si uno de los padres es muy afectuoso y el otro muy frío y distante.
Los niños reaccionan con actitudes ambivalentes. Se sienten atraídos o repelidos por el padre o la madre. Lo que no consiguen de uno lo consiguen del otro fácilmente, y de este modo va perdiendo los criterios sobre lo verdadero y lo bueno.
En relación con este estilo, están los padres cómplices o los padres que provocan pena. Hay padres cómplices con los chicos y madres cómplices con las chicas, o viceversa. Uno de los dos se hace el liberal, complaciente, el amigote de los chicos o las chicas, frente al otro que pretende crear actitudes de disciplina y de rigor. Uno transige, por dejadez o cansancio, y el otro es el que pone límites y para los pies a los hijos.
4. Estilo ambicioso
Son los padres demasiado obsesionados por el logro de objetivos, por ejemplo, por conseguir determinado nivel en los estudios; preocupados por cómo sus hijos pueden llegar a ser hombres de provecho. A veces son padres frustrados que quieren que el niño tenga y pueda todo lo que ellos quisieron tener y poder. Con amenazas, severidad o adulaciones, quieren hacer de su hijo un modelo, sin tener en cuenta las verdaderas capacidades personales del niño.
Los niños así educados no se mueven con la misma libertad que los otros, los niños corrientes, porque están siempre bajo la presión de exigencias excesivas. Viven ansiosamente la vida escolar porque no quieren defraudar a los padres ni perder el cartel de niño-modelo. Muchos pierden naturalidad y seguridad en sí mismos.
5. Estilo ausente (padres invisibles)
Existe una dejación de funciones; ya está el colegio para educar, no tenemos tiempo para los niños pues estamos muy ocupados. Dicen que suele ser el caso de padres de niños no deseados dentro del matrimonio o nacidos fuera del matrimonio.
Javier Elzo observa que éste era el modelo de padre varón, frecuente en otros tiempos, el padre missing. Hoy el padre está más en casa y se ocupa más de los hijos y por eso extraña más su ausencia. También sucede esto a la madre cuando trabaja, y la cosa se agrava cuando ambos tienen un horario irregular.
Los niños viven esta ausencia de forma negativa. Por una parte tienen un ansia de cariño, reconocimiento. Por otra parte exteriorizan su rechazo llamando la atención con silencios, salidas de tono, comportamientos agresivos, amagos de anorexia. A veces provocan ser castigados por la persona a la que en realidad quieren y por la que no se sienten estimados suficientemente; son casos excepcionales, que sugieren tendencias masoquistas.
Muy parecido es el caso de los padres que "dimiten" de educar aunque estén en casa; tiran la toalla y pasan de los hijos. Los temas sexuales, el alcohol, el dinero, el tiempo libre, todo son temas tabú. Son los padres que trabajan, pagan y callan.
6. Estilo de apoyo e implicación
Parece ser el estilo de educación familiar más positivo. Hay un clima de diálogo y comunicación, pero también hay normas y límites, esto se hace así, esto está bien, esto es inadmisible, etc.; ya veces hay castigos.
Los niños perciben que no son números en casa, tienen su hueco personal en el hogar, se alaba su comportamiento personal, sus hechos; se les da apoyo afectivo; en suma, se sienten aceptados como son.
En casa se explican los valores y los antivalores, es decir, hay una enseñanza moral familiar básica. Pero lo importante, es que ésta se realiza de un modo personalizado, con cada hijo/a, uno a uno, en diálogo afectivo y aplicado a su persona. ¿Por qué hay niños vacíos que no tienen o no entienden los valores? Porque les ha faltado esta educación básica. Hay una base moral y humana que solamente puede ser sólida si de verdad procede de la familia, porque ha sido generada emocionalmente afectando a la inteligencia emocional de los niños, a través de la ósmosis afectiva de la que muchas veces hemos hablado.
Valores instrumentales y finales
Los valores finales o finalistas, tales como la libertad, la solidaridad, la apertura, la tolerancia, etc., son muy bellos e inspiradores, e importantes para crear actitudes sociales imprescindibles hoy. Pero deben combinarse con los valores instrumentales, tales como, los límites, la responsabilidad, el cumplimiento del deber, la puntualidad, la limpieza, etc.
Hoy día abundan educadores con mensajes finalistas muy bonitos, pero escasean los que intentan transmitir valores instrumental es. Por eso, llaman tanto la atención hoy día esos niños y adolescentes con muy buenas ideas y un comportamiento desastroso. El estilo familiar positivo es capaz de combinar y simultanear la creación de ambos tipos de valores.
Como dijimos al principio, si los niños son lo que son sus padres, es muy importante preocuparse de averiguar cuál es nuestro estilo educativo y tratar de introducir correcciones. Recordemos que durante los primeros años de su existencia, los niños adquieren las características más particulares de su modo de ser. Sin miedos ni culpabilidades, analicemos y afrontemos con responsabilidad nuestro estilo educativo familiar.
Trabajo de grupo: ¿CUÁL ES MI ESTILO DE EDUCACIÓN FAMILIAR?
1.- Leer los siguientes estilos educativos familiares
A) Padres permisivos. En casa apenas hay normas o no están claras. De hecho los hijos no están aprendiendo a respetar límites y a controlar su conducta.
B) Padres invisibles. Están demasiado ocupados y creen que les basta con darles cariño y evitar grandes desmanes. El colegio es quien debe crearles buenas actitudes y comportamientos.
C) Padres superprotectores. Son muy afectuosos y cariñosos, pero al mismo tiempo tienen un control continuado y minucioso, a veces excesivo, sobre la conducta de los hijos.
D) Padres autoritarios. Tienen control minucioso sobre los hijos pero no son demasiado cariñosos sino más bien duros, observando casi siempre lo negativo de los hijos.
E) Padres liberales. Afectivos y cariñosos, respetan la autonomía de los hijos, dejándoles elegir cosas o realizar opciones personales para las que no están capacitados aún. Les gusta el diálogo, la comunicación y el afecto, pero al final se hace siempre o casi siempre lo que el niño quiere, pues no quieren crear tensiones.
F) Padres ansiosos. Preocupados por inculcarles que el estudio es importante en la vida, condicionándolo todo a los resultados académicos. Si hay malos resultados, las relaciones personales se vuelven negativas, incluso hablan menos con los hijos, etc.
G) Padres desiguales y contradictorios. Frecuentemente dicen una cosa a sus hijos y hacen otra; o con frecuencia la madre pone un castigo O es severa y el padre lo levanta o es demasiado indulgente; o viceversa. O bien ambos son exigentes en unas cosas y luego no son constantes y consienten para compensar algún error que han tenido con el hijo.
H) Padres flojos y blandos. Se sienten muy desgraciados cuando hay que decirle "no" a un hijo, y se dejan enternecer porque algo le apetece o le "hace ilusión". Los hijos les chantajean y consiguen lo que quieren.
I) Padres dialogantes e implicados. Proporcionan apoyo afectivo, crean un clima de diálogo y comunicación compartida; pero al mismo tiempo ponen límites y normas; las últimas decisiones se toman por los padres, después de un suficiente diálogo; y a veces se llega a un consenso o acuerdo.
2.- Reflexión individual y grupal
Después de repasar todos estos estilos, quizás te veas reflejado, al menos parcialmente, en alguna de estas categorías. ¿En cuáles? ¿Por qué? ¿Por dónde andan tus excesos o defectos?
Recomendamos 1), reflexión personal, 2) diálogo con la/s personas que están a tu lado, 3) diálogo general con el grupo dirigido por el Conductor.
Para reflexionar en privado. ¿No crees que el defecto de alguno de tus hijos (inseguro, agresivo, retraído, chantajista, flojo, etc.) puede deberse a alguna forma defectuosa de tu estilo educativo familiar? ¿qué cambios tendrías que hacer en tu manera de tratar, exigir, alabar, censurar, etc.?
