Por Fernando de la Puente
Revista Padres y Maestros, No. 301, junio 2006.

Los deseos están relacionados con los sentimientos y emociones de los hijos, de cuya comprensión y educación hemos tratado en el número anterior. Son parte importante de la vida de niños y adolescentes, consecuencia de sus sentimientos y tensiones. "Papá, no me valores por lo que soy, sino por lo que deseo ser" hemos oído formular a un adolescente. Es verdad. Las personas no solamente son sus realizaciones actuales sino sus deseos positivos. "Hombres de deseos", se dice en la espiritualidad ignaciana para expresar una de las actitudes más positivas.

Deseos y motivaciones

Los deseos son la expresión concreta de las motivaciones, y se convierten en movimientos continuos de atracción o repulsión hacia lo que creemos que es placentero o doloroso. Existen las motivaciones llamadas "primarias" (el hambre, la sed, el sueño, etc.). Y en general, cuando éstas están satisfechas, aparecen las llamadas "secundarias" como la necesidad de seguridad, de cariño, de autoestima, de saber, de disfrutar de la vida, etc. Unas y otras producen continuamente deseos, que a veces son caprichos innecesarios, pero que en muchos momentos suponen auténticos impulsos del crecimiento y de la madurez.

José Antonio Marina y Marisa López Penas en su "Diccionario de los sentimientos" proponen una curiosa matemática del deseo:

Nos parece un original y clarificador modo de definir las transformaciones de los deseos, que quizás puede ayudar a los padres en su amistoso diálogo con los hijos para hacerles comprender y distinguir los movimientos de su corazón.

Los autores identifican el deseo con el apetito en el sentido correcto de la palabra y lo que en castellano se denominan ganas, difícilmente traducible a otras lenguas, y cuyo contrario es la desgana o falta de deseo, que puede ser tan negativa como esas otras derivaciones del deseo desmesurado.

Tener deseos

Los niños y adolescentes se manifiestan continuamente motivados por multitud de deseos. Desde sus primeros porqué nos indican que quieren averiguar y saber todo. Ante nuevas experiencias se motivan extraordinariamente, quieren y desean ver, ir, salir, probar todo. Muchos padres, con sus actitudes y comportamientos les están provocando deseos; pero también la Internet, los medios de comunicación de masas. La publicidad es una fuente continua de deseos no sólo para ellos, sino también para los adultos.

Tener deseos no es mala señal. Niños o adolescentes sin deseos, apáticos, sin afectos, que ni sufren ni padecen, pueden ser quizás dóciles y educables en el sentido de adaptarse a normas y procedimientos, pero carecen de emotividad suficiente para realizar plenamente sus potencialidades.

¿Cómo actuar ante los deseos?

No de forma negativa sino canalizándolos y encauzándolos adecuadamente.

a) Normalidad

En primer lugar, reaccionemos con satisfacción al comprobar que nuestro hijo es normal porque tiene deseos, apetencias, a veces caprichos. Quiere hacer lo que ve hacer a los demás, se contagia de las costumbres sociales y desea imitar/as, y nos bombardea con peticiones continuas de hacer, salir, divertirse, etc. Significa que es un chico o una chica que tiene una emotividad normal.

b) Favorecer la expresión

Dejemos que expresen y formulen sus deseos, sin que nosotros dibujemos ante ellos un rostro alarmado y tenso. A veces vienen alegres o preocupados, con deseos que no se animan a expresar. Pero están dispuestos a que les tiremos del hilo para poder comunicar lo que llevan dentro. La mirada empática, atenta, afectuosa, es el mejor estímulo. El hecho de expresar deseos reduce la tensión y la obsesión por alcanzar lo que muchas veces es un capricho inoportuno.

c) Reaccionar en positivo

Lo hemos dicho en la educación afectivo-sexual. Se pueden poner límites y matizar opiniones, pero es preciso reaccionar positivamente, con el gesto y la palabra, ante el despertar del amor y la sexualidad en el adolescente. Hablarle de lo maravilloso que es el amor comprometido, que lleva consigo confianza, lealtad, interés por la otra persona, etc.

Presentar de modo positivo y entusiasta los hechos y valores humanos, produce deseos positivos de aceptarlos y asumir/os. El autodominio es un control mejor de sí mismo para no depender de las cosas, ser auténticamente libres.

d) Estimular los deseos constructivos

De acuerdo con Denis Sonet (La educación afectiva de los adolescentes, Sal Terrae), debemos animar aquellos deseos que van en la línea de la madurez de la persona. Muchos deseos concretos reflejan latentemente el afán de crecer, de realizarse como persona individual y social. Habrá que actuar con moderación, aceptando o poniendo límites. Hay un medio muy sencillo en la relación padres e hijos: la admiración que los hijos leen en los ojos del padre. ¿Admiras a tu hijo? ¿Sabe él que le admiras en muchos aspectos positivos de su personalidad?

También hay un modo familiar de promover todo aquello que significa relación social, pertenencia a un grupo: trasmitirles que estamos a gusto con ellos, que nos interesan, que nos hacen gracia (sin ironía) sus preguntas e incluso sus rasgos de inmadurez propios de la edad.

e) Suscitar intereses

Otro modo de actuar positivamente en el mundo de los deseos es el promover o alentar los llamados "intereses", que son como "motivaciones secundarias", que se cultivan y acrecientan de tal manera que se convierten en deseos estables hacia el objeto de interés. Las aficiones deportivas o culturales, los coleccionismos, las relaciones sociales combinadas con objetivos deportivos, religiosos o humanitarios, son intereses y deseos enriquecedores. Todas las actividades paraescolares de los centros educativos pretenden precisamente el crecimiento de la personalidad y la creación de aficiones culturales estables. ¿Se escogen debidamente? ¿Se dialoga con el tutor escolar acerca de qué actividades son más adecuadas para su personalidad?

Despertar nuevos deseos es el mejor modo de evitar los deseos obsesivos. Como apunta Denis Sonet, "los jóvenes nunca tienen demasiados deseos, sino que, más bien, nunca tienen bastantes. Tienen excesiva tendencia a hipertrofiar un único deseo: el fútbol, las chicas, los chicos, el ordenador, los vídeo-juegos, la motocicleta...". Es preciso implantar nuevas semillas.

De nuevo, el modelo de los padres. Los padres que aparecen ante los ojos de sus hijos como personas que se mueven por un objetivo entusiasta, que viven su profesión y su trabajo de modo creativo y alentador, están animando a promover los deseos positivos de crecimiento. "Cuántos hijos no quieren seguir el oficio de los padres por lo mucho que los han visto quejarse de su profesión... ¿Se habría convertido Platini en el campeón que fue si su padre no hubiera sido un apasionado del fútbol, siempre presente en los estadios en que jugaba su hijo?" (D. Sonet).

El optimismo

Como dice Alfonso Aguiló (Educar los sentimientos), el optimismo es el gran motivador. "Los optimistas tienden a considerar que sus fracasos se deben a algo que puede cambiarse; y gracias a eso es más fácil que a la siguiente ocasión les salgan mejor las cosas. Los pesimistas atribuyen sus fracasos a obstáculos que se consideran incapaces de modificar. Por ejemplo, ante un suspenso o ante el paro laboral, los optimistas tienden a responder de forma activa y esperanzada, buscando ayuda y consejo, mirando hacia delante, procurando remover los obstáculos... Para el pesimista las adversidades casi siempre se deben a un déficit personal insuperable o a la confabulación del egoísmo y la maldad de los demás".

El ambiente familiar optimista promueve deseos positivos. En el fondo educar es creer firmemente en la capacidad del hombre para mejorarse a sí mismo y mejorar a otros. Los niños en general suelen ser optimistas y entusiastas. ¿Por qué se vuelven pesimistas? Habrá muchas causas, pero, como dice A. Aguiló, es importante el modo cómo los padres explican las cosas que suceden. El niño oye continuamente comentarios sobre acontecimientos, situaciones políticas, sociales, etc., con su antena siempre desplegada. La actitud pesimista de los padres la traducen como la visión objetiva de la realidad.

Los deseos frustrados

Siguiendo a D. Sonet, en el libro indicado, proponemos una serie de consejos prácticos de gran sentido común para afrontar los deseos insatisfechos.

a) Acostumbrar a diferir satisfacciones

Como dijimos en múltiples ocasiones las normas y los límites, bien establecidos y razonablemente motivados, pero firmemente exigidos, son la mejor manera de educar a un hijo en la dilación de las satisfacciones de los deseos, y por lo tanto hacerle capaz de dominarse a sí mismo y encauzar su energía hacia tareas y objetivos que favorecen su madurez y crecimiento.

Establecer normas significa por nuestra parte decidirse a mandar y a ejercer la autoridad legítima y responsable de crear un ambiente ordenado y sano en la familia. En segundo lugar, lleva consigo pensar bien y llegar a un consenso entre el padre y la madre acerca de aquello que no se puede tolerar o aquello que es necesario mandar para crear hábitos de orden, trabajo, limpieza, etc. En tercer lugar, es preciso explicar con claridad las normas, añadir motivaciones que defiendan un valor objetivo (no nuestras manías personales); recordar las normas concierta frecuencia, especialmente si son dificiles de cumplir; gratificar y reconocer (refuerzo positivo) el cumplimiento de las mismas.

b) Aprender a "tragar saliva"

Hay que ayudar a los niños y adolescentes a comprender y aceptar las frustraciones que lleva consigo la insatisfacción de los deseos positivos y razonables.

La vida es dura y no todo es posible. Es una lección que poco a poco hay que introducir en la mente de los niños. La "infancia feliz" puede convivir perfectamente con el aprendizaje del deseo frustrado. Muchos padres modernos no lo creen así y por eso son mediocres educadores, para desgracia de sus hijos.

El niño tiene una capacidad de reacción y de sustitución enorme, si se lo facilitamos con nuestra amistosa persuasión y le hablamos al corazón, explicándole con sencillez las causas y situaciones reales. "No podemos ir a este viaje, o comprarte tal cosa -incluso prometida- porque no hemos podido disponer de suficiente dinero, o porque nos hemos dado cuenta de que necesitamos gastarlo en otra cosa..."

Lo que frustra la infancia feliz del niño no es no lograr tal ropa de marca o no poder ir a tal sitio. Lo que le frustra es la insatisfacción de las verdaderas necesidades, que se resumen en dos: recibir afecto e ilusión por él y ayuda para crear hábitos basados en valores. Esto es lo que ilumina y profundamente recrea su "infancia feliz".

e) El sentido de la vida

En uno de nuestros artículos iniciales dijimos que las cuatro características más importantes de la personalidad madura son: Autoobjetivación (aceptación objetiva y positiva de sí mismo), Extensión del yo (que incluye capacidad de amistad, amor, solidaridad, etc.), Autonomía (libertad responsable) y Filosofía de la vida. Ésta última significa que toda persona madura, según la experiencia universalmente probada, es aquella que cuando trabaja, se relaciona, se divierte, reza, canta, llora, etc. lo hace dentro de una filosofía coherente de la vida, algo que da sentido a su vida, que de una manera o de otra responde a la pregunta ¿por qué o para qué vivir?

La educación del sentido de la vida está en el fondo de la educación de los deseos. Los deseos andarán como cables sueltos en la vida de una persona, y nunca comprenderá del todo las limitaciones e insatisfacciones de los mismos, si en el fondo no está elaborando su sentido de la vida. Al final, todos los deseos significan y se integran cuando la persona va madurando el por qué vivir. Este tema enlaza con el de la educación de los valores.

Diálogo en grupos

Sugerimos que el grupo, según las edades de los hijos, reflexione y comente alguna de las cuestiones siguientes. Aconsejamos leerlas todas y elegir un par de ellas, de acuerdo con el Conductor del Grupo.

a) ¿Hemos podido dialogar con nuestros hijos acerca de sus diversos deseos para ayudarles a identificarlos y distinguirlos?

(b) ¿Hemos tratado de dialogar con nuestros hijos acerca de la aceptación de los deseos frustrados? ¿Cómo hemos logrado ayudarles a aceptar estas situaciones?

c) ¿Cómo estamos promoviendo deseos e intereses constructivos en relación con valores, aficiones sanas, etc.?

Recordamos la metodología

El Conductor comprueba las personas del grupo que han asistido a la reunión. Se leen las cuestiones y se reflexiona individualmente sobre ellas durante unos minutos. Se eligen algunas y se dialoga sobre ellas. Al final de la sesión, el Conductor escribe, en la misma hoja de asistencias del grupo, las observaciones que juzgue interesantes para conocimiento del conferenciante (acuerdos, desacuerdos, preguntas, aclaraciones...)

Para saber más
- Su primer beso. Denis Sonet, ed. Sal Terrae, 2002 ,166 pgs.
- Diccionario de los sentimientos. José Antonio Marina y Marisa López Penas, ed. Anagrama, 2005, 469 pgs.
- El pequeño dictador. Javier Urra, ed. La Esfera de los Libros, 2006, 510 pgs.