Educar desde la inteligencia emocional (2a.
parte)
Por Fernando de la Puente
Revista Padres y Maestros, No. 286, Septiembre de 2004
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Inteligencia emocional, ¿qué es en realidad?
Se trata de un conjunto de habilidades y actitudes relacionales: entender los propios sentimientos y saber comunicados, saber escuchar, comprender los sentimientos de los otros y reflejados. Y también, la capacidad de controlar las propias reacciones, considerar adecuadamente las opciones antes de tomar decisiones, tener objetivos y estrategias propias, y en consecuencia tener criterios y convicciones.
Este conjunto de habilidades y actitudes tiene un efecto positivo y alentador a la hora de establecer contactos personales. La persona con buena inteligencia emocional es optimista y esperanzadora, encuentra espacios para reír, estar relajadamente con los suyos y ensanchar el campo de relaciones personales, porque la gente le interesa.
Los diez items
Presentamos de nuevo los diez ítems de la inteligencia emocional, citados en la charla anterior; y comentamos a continuación algunos de ellos.
- 1 Soy consciente de mis sentimientos.
- 2 Suelo comunicar mis sentimientos.
- 3 Intento comprender el punto de vista de otros. .
- 4 Tengo actitud optimista y esperanzadora.
- 5 Encuentro tiempo para reír con los míos.
- 6 Controlo mi temperamento cuando estoy estresado.
- 7 Sé escuchar atentamente y repetir lo que me han dicho.
- 8 Considero muchas opciones antes de tomar una decisión.
- 9 Tengo objetivos y hago planes para alcanzarlos.
- 10 Establezco vínculos con la gente para contribuir a satisfacer las necesidades de mis hijos.
Consciente de mis sentimientos
Soy capaz de reflexionar sobre mis sentimientos y definidos, lo que me ayuda a no encontrarme en situación de desventaja social o profesional. Soy capaz de distinguir. entre sentirme aburrido o sentirme furioso, entre sentirme disgustado y sentirme triste.
La conciencia de nuestros sentimientos influye en nuestra manera de estar o actuar. Si estoy triste, tiendo a estar alicaído o retraído. Si siento que estoy contento, propago la alegría. Si me sintiera aburrido y lo vivenciara como si estuviera furioso, actuaría como tal y surgirían problemas. Quizás creo que estoy furioso por un mal comportamiento de mi hijo, pero en realidad estoy celoso porque estima más a mi marido/mujer que a mi. Creo que mi furia es una coherente actuación porque mi hijo se perjudica por su comportamiento, o daña a otros, pero esa cólera viene de otro sentimiento: de celos. Efectivamente, muchas veces nos podríamos preguntar ¿por qué me irrita especialmente ese hijo? ¿Estoy frustrado porque mis expectativas sobre él no se cumplen en absoluto?, ¿estoy celoso por su falta de cordialidad conmigo?
Captar los sentimientos del otro
Soy capaz de ponerme en la onda emocional del que me habla, sintonizar. Si no lo hiciera, estropearía momentos interesantes de relación. Sintonizar con otro capacita para saber cuándo se puede abordar un tema o pedir un permiso, saber cuándo motivar, cuándo presionar el cumplimiento del deber, cuándo ser flexible.
Parece dificil, pero todo esto se aprende y se puede progresar. En la evaluación de la Escuela de Padres muchos participantes dicen "no hemos conseguido recetas, pero hemos aprendido a ser más oportunos, a observar y caer en la cuenta de lo que les pasa a nuestros hijos".
Comunicar mis sentimientos
En primer lugar los sentimientos normales, como son: estar alegre, triste, frustrado, enfadado... ¿Pensamos que no sirve para nada comunicar sentimientos propios? Algunos padres dicen que no comunican sentimientos por precaución, o por no querer causar impresión de debilidad. Es verdad que debemos ser cautos a la hora de hablar de ciertas cosas con los hijos. Depende del tema. Hay temas íntimos de pareja, o profesionales o económicos, más aptos para comunicados con la pareja o con amigos íntimos. Pero queda un mundo de sentimientos habituales y cotidianos que pueden transmitirse. Otros padres dicen, "aunque no los comunique, se me notan los sentimientos". Quizás; pero eso ni relaja ni establece una relación personal y afectiva con los hijos.
Es bueno comunicar sentimientos a los hijos. Al haced o aparecemos ante ellos como seres humanos (muchas veces nos ven como estatuas o muñecos que gritan, se encolerizan o se entusiasman sin entender ellos por qué). Además, les enseñamos a expresar los suyos, especialmente cuando conversan con nosotros. De este modo podremos captar que, bajo sus sentimientos, laten problemas de autoestima, expectativas idealistas falsas, proyectos erróneos, etc. que nos dan pie para una labor orientativa. Y en todo este proceso, aprendemos a interpretar el lenguaje del gesto.
Comunicar sentimientos es siempre catártico para nosotros y para ellos. Es liberador expresar la cólera, con tal de no conjugar el verbo "ser". Podemos decir
"estoy harto de ver como no cumples tu horario de trabajo... " sin necesidad de decir, "eres un caradura".
Comprender el punto de vista del otro
En la charla anterior, hablamos de la importancia de aceptar el punto de vista del otro, lo que no significa aprobado. Se puede escuchar sin conceder. Generalmente hacemos lo contrario, y los hijos lo saben: no escuchamos y después concedemos. Sintonizar no es lo mismo que simpatizar. La simpatía significa que el dolor o la alegría de otra persona evocan un dolor o alegría parecidos a los míos (compadecer en griego viene de sin-pathos). Escuchar sintonizando a otra persona, no depende de que yo haya tenido o no experiencias semejantes a las suyas. Consiste en centrarse en el otro (no en mis experiencias) y tratar de ver las cosas como las ve él.
Parece que es dificil sintonizar con un hijo/a de 12 años, ponerse en su punto de vista, algo así como pensar desde los 12 años. Pero muchos padres lo logran, a base de reflexionar y observar cómo es y actúa en realidad un niño de 12 años, no el niño que yo imagino o pretendo que sea.
Para escuchar empáticamente no sólo hay que fijarse en lo que me dicen, sino en la vibración que hay detrás, lo que los expertos llaman el sentimiento. Si un niño me dice "me han suspendido tres ", ¿cuál es su sentimiento?: ¿despecho?, ¿culpabilidad?, ¿indiferencia?, ¿injusticia? Si no capto este sentimiento, dificilmente puedo lograr que la conversación continúe y se oriente hacia un resultado constructivo.
Naturalmente, no se puede escuchar a todas horas, sobre todo con niños parlanchines y afectivamente acaparadores. Podemos aprender a detectar los verdaderos momentos de interés, algo así como de suspense, cuando se nota que el niño o adolescente está preocupado por algo o desea clarificar algún tema; y asoma la punta del iceberg o el cabo de un hilo. La escucha sintonizante nos alerta de que algo está a punto de expresarse y podemos tirar del hilo, haciendo atractiva la conversación y dándonos la oportunidad de expresar criterios personalizados. Sentirse escuchado y comprendido, por otra parte, es una necesidad básica de todo ser humano.
Actitud optimista y esperanzadora
Ser pesimista por criterio o por naturaleza es mala condición para un educador. Ser derrotista no es bueno para ayudar a crecer, pues los niños necesitan ánimo. Decir, con la palabra o con el gesto, que nada merece la pena no es bueno para estimular el crecimiento, pues los niños necesitan ilusiones. Ver el lado malo de las cosas, lo que falta o lo defectuoso, no estimula a la gente, pues sólo se anima desde lo positivo.
En general, la actitud pesimista tiende a desmotivar la comunicación; y la comunicación es importante para los hijos, porque a través de ella podemos trasmitir personalizadamente los criterios y valores que van dando sentido a sus vidas.
Observar lo positivo y los pequeños buenos comportamientos nos da la oportunidad de sorprenderles diciéndoles lo felices que nos hacen con ello, o de manifestarles nuestro reconocimiento positivo por el esfuerzo que están realizando. Todo ello crea un clima de hogar feliz. Algo esencial. Que su casa sea un lugar donde se encuentren bien, de modo que incluso traen sus amigos a casa. Una familia feliz es atractiva para los amigos de tu hijo.
Controlar mis sentimientos
Dificil asignatura hoy, ésta de controlar los sentimientos con tanto estrés cotidiano, una "enfermedad" bastante generalizada en la cultura actual, que nos dificulta el control emocional. Pero no hay más remedio que luchar contra ello, analizando lo que corre por debajo del descontrol: ¿qué me está pasando?, ¿por qué estoy frustrado?, ¿por qué me irrito precisamente con cierto hijo/a?, ¿por qué estoy tan frecuentemente estresado?
Creemos que el descontrol afectivo puede estar relacionado muchas veces con la falta de comunicación de, sentimientos: reprimo... y al final estallo; impongo castigos que luego no cumplo, y esto aumenta mi lrustración como educador.
Considero debidamente diversas opciones antes de tomar decisiones
No se trata de considerar innumerables alternativas, sino las más importantes, con espontaneidad, como se hace en la técnica de tormenta de ideas ante un problema. Primero, se formulan libremente posibles alternativas, y luego se seleccionan las más realizables, analizando los pros y contras.
Se trata de vivir con un cierto orden mental, no con el comportamiento obsesivo de dar vueltas y vueltas a las cosas interminablemente. Es bueno practicar este estilo de toma de decisiones. No sólo se toman mejor las decisiones sino que enseñamos a los hijos a tomarlas.
Tengo objetivos y hago planes para alcanzarlos
Lo interesante es la "y". Hay gente que tiene objetivos pero no se propone estrategias para alcanzarlos; y hay gente que elabora planes sin saber qué pretende con ellos.
Los objetivos, ¿son realistas? ¿son buenos para el fin integral de la familia?, ¿para la formación integral de los hijos?
Cuando. tengo objetivos y estrategias, no estoy improvisando, ni proponiéndome fines sin medios. Muchos padres, por ejemplo, quieren que sus hijos sean responsables y obedientes, pero no hablan con ellos, no son fmnes en sus normas, sancionan y no cumplen, etc.
Establecer vínculos con la gente
Es positivo crear un ambiente de familia abierta. Las actividades cultmales y deportivas de la vida colegial durante ;1 curso, y del entorno en los fines de semana y vacaciones, son medios importantes para ello. La familia abierta enseña a relacionarse; pero no a costa de otros objetivos, como la identidad familiar y los valores relacionados con el sentido de la vida. Hay que buscar siempre el equilibrio de objetivos.
Los resultados del test
Los ítems del test, con que hemos comenzado este artículo, pueden ayudar a evaluar numéricamente nuestra capacidad emocional, si puntuamos con un 1 cuando consideramos que nuestra habilidad en un ítem es pequeña; con un 2, si es bastante; y con un 3, si es buena. Hay que evitar el subjetivismo de engañarse a sí mismo, y hay que contar con el estado de ánimo del momento en que se hace el test. Se recomienda hacerlo tres veces en distintos momentos y días, y comparar luego las puntuaciones para ver las constantes y las variantes; o hacer que 10 haga tu cónyuge o tu amigo/a íntimo, para comparar tus puntuaciones con las suyas.
En realidad, no interesa la suma total de los puntos alcanzados en los diez ítems, para formular un diagnóstico global. Lo interesante es ver en qué ítem estoy más flojo, y motivarme a mejorarlo, algo que siempre es posible en un adulto con actitud de responsabilidad y con deseo de ayudar a sus hijos. Porque en la medida en que uno progresa en inteligencia emocional, progresa también en habilidad de educar, es decir, de ayudar a sus hijos.
Trabajo de grupo
¿Goza Ud. de una buena inteligencia emocional? (2a parte)
De los aspectos de la inteligencia emocional, habíamos considerado en el trabajo de grupos de la sesión anterior, los relativos a la empatía, tanto nuestra actitud personal como en la capacidad de promoverla en los hijos. Veamos ahora los aspectos del control emocional y el optimismo, de acuerdo con lo mencionado en la charla.
a) ¿Qué es lo que nos impide tener habitualmente una actitud optimista y esperanzadora, que estimule a los hijos en su crecimiento? ¿por qué nuestro derrotismo, o nuestro gesto escéptico ante alguno de mis hijos?
b) ¿Qué es lo que nos impide crear un talante abierto en la familia? Nuestras familias, ¿son atractivas para los amigos de tus hijos? ¿qué temores o dificultades nos impiden vivir con ese estilo?
c) ¿Actuamos con planes y objetivos para nuestros hijos, pero sin considerar detenidamente los medios y estrategias más adecuados? ¿Nos quejamos de su irresponsabilidad en unos u otros aspectos y les echamos en cara su inmadurez, o formulamos además medios concretos y pequeños pasos que les faciliten el logro de esa responsabilidad?
Recordamos la metodología habitual:
- 1) Reflexión individual.
- 2) Comentario informal con la persona que está lado.
- 3) Diálogo de todo el grupo moderado por el Coordinador del mismo.
Al final, el Coordinador hará constancia escrita de algunos aspectos en los que ha habido mayor debate, acuerdos o desacuerdos importantes o preguntas que el grupo desee clarificar.
