Educar desde la inteligencia emocional
Por Fernando de la Puente
Revista Padres y Maestros, No. 285, junio de 2004
![]()
Un poco de historia
El término "inteligencia emocional" fue utilizado por primera vez en 1990 por psicólogos de las Universidades de Harvard y New Hampshire, para definir las cualidades emocionales más importantes del "éxito" en las relaciones humanas, tales como la empatía, la expresión y comprensión de sentimientos, el control del temperamento, la capacidad de adaptación a nuevas situaciones y de resolver problemas interpersonales, la perseverancia en los objetivos, etc.
Los estudios demuestran que las capacidades de la inteligencia emocional hacen que un estudiante no sólo sea una persona entusiasta, sino muy apreciado por los amigos. En 1995 Daniel Goleman, en su libro "Emotional lntelligence ", impulsó públicamente este concepto llegando a ser un tema de conversación en aulas y empresas, incluso llegando a ser elogiado por el Presidente Clinton.
Así como el coeficiente intelectual se mide con cierta facilidad, no exenta de dificultades, la evaluación del coeficiente emocional es más complicada. No podemos medir demasiado bien ciertos rasgos sociales como la amabilidad, la confianza en sí mismo, el respeto a los demás, la empatía...
El aspecto pensante y el aspecto emocional del cerebro
Los hemisferios cerebrales controlan la mayoria de las funciones básicas del cuerpo como el movimiento muscular y la percepción; la corteza cerebral es la capa pensante del cerebro que nos permite planificar, pensar de forma abstracta, preocupamos por el futuro, hacer hipótesis, etc.
El sistema límbico o emocional del cerebro, se encuentra instalado dentro de los hemisferios cerebrales y es el responsable de nuestras emociones e impulsos. Incluye la "amígdala", verdadero centro del control emocional del cerebro, y otras estructuras. Cuando uno, ante un ruido inesperado por la noche, se siente sobresaltado, la adrenalina alerta a su amígdala ante un posible peligro. La parte emocional responde más rápidamente y nos alerta por ejemplo de que tu hijo está en peligro antes de que puedas determinar de qué peligro se trata. Los científicos han identificado una serie de elementos bioquímicos relacionados con las emociones, que recorren todo el cuerpo cuando se siente una emoción, y te hacen sentir, por ejemplo, una sensación de malestar ante un desprecio, o que la boca se seque o el abdomen se tensione ante un peligro.
Función emocional y función educativa
Los científicos dicen que los niños tímidos nacen con una amígdala fácilmente excitable y son propensos a volverse ansiosos y socialmente inhibidos, como si no desarrollaran bien la conexión entre la amígdala y la corteza. Sin embargo, esto puede suavizarse o enderezarse. Los investigadores vieron que las madres de los niños que seguían siendo tímidos, habían adoptado una constante postura protectora ante todo lo que les perturbaba. Mientras que las madres de los niños que superaron la timidez, les habían enseñado a enfrentarse a las dificultades; no reforzaban tanto sus llantos y preocupaciones; les ponían normas y les enseñaban a obedecer. Esto significa que las predisposiciones emocionales tienen cierta flexibilidad y que las capacidades sociales y emocionales se pueden aprender.
Para ello tenemos que cuestionamos algunos de nuestros instintos paternos/matemos y actuar quizás de un modo distinto. Tendemos a echar tierra sobre las emociones, los miedos, las angustias. Sin embargo, hoy día se recomienda que los niños hablen acerca de sus emociones, no sólo para comprenderlas mejor, sino para comprender mejor los sentimientos de los demás. También se creía que era bueno desarrollar la autoestima de un niño a través de constantes elogios y refuerzos. Pero estos elogios solamente ayudarán a los niños a sentirse bien si están relacionados con sus hechos reales y sus logros específicos. Tampoco es bueno proteger siempre a los niños del estrés. Se recomienda más bien enseñarles a enfrentarse a las dificultades y ser persistentes. Hay que evitar niños blandos que se "agobian" por cualquier cosa.
No existe el padre o madre perfecto, pero creemos que son buenos padres los que ayudan a sus hijos en el crecimiento social y emocional. Según muchas investigaciones, los niños de familias autoritarias, de control rígido, tienden a ser poco felices y reservados, con dificultad para confiar en los demás y con bajos niveles de autoestima. Pero tampoco son buenos los padres permisivos, que, aunque muestran cariño y aceptación, son muy pasivos a la hora de fijar normas y responder a la desobediencia. La falta de exigencia y de objetivos claros para sus hijos, les hace incapaces de superación y esfuerzo.
Generalmente se valora positivamente a los padres "implicados" que saben equilibrar bien la fijación de normas y objetivos claros con un ambiente cálido y estimulante. Son padres que orientan y dan explicaciones a los hijos permitiendo su participación en la toma de decisiones, pero saben también criticar el comportamiento irresponsable de sus hijos.
La empatía
Entre las diversas cualidades emocionales que forman parte de la inteligencia emocional, queremos fijamos ahora en los aspectos de la empatía, la vergüenza y la culpa, especialmente, por su importancia, de la empatía: en qué consiste, cómo evoluciona en el niño y adolescente, cómo podemos ayudar a desarrollarla. En otras charlas se desarrollarán otros aspectos de la inteligencia emocional.
Qué es
La empatía es la capacidad de comprender los sentimientos de la otra persona, para lo cual es importante ser consciente de los propios sentimientos de uno mismo y de los demás. Se dice que es como ver algo a través de la mirada de otra persona, "no juzgues a los demás hasta que te pongas en su lugar" dijo el sabio Hillel hace siglos.
Los niños con capacidad empática tienden a ser menos agresivos y participan mejor en actividades prosociales, como ayudar y compartir, y por lo tanto son más apreciados por los compañeros y tienen más éxito en las relaciones y en el trabajo.
Proceso evolutivo
Desde el primer año de su vida muestra algún tipo de empatía emocional (se ponen a llorar cuando observan a otro niño llorar), y entre 1 y 2 años captan que el dolor del otro ya no es el suyo propio. No empiezan a llorar pero son capaces de dejar de jugar y acariciar al niño que está llorando. Hay diferencias. Algunos niños parece que nacen con más empatía que otros, reaccionan con sentimientos e intentan ayudar, mientras otros se limitan a observar, o muestran reacción negativa, se alejan del que está llorando e incluso le regañan o golpean.
A los 6 años ya son capaces de ver las cosas desde la perspectiva del otro, saben cuándo acercarse a un amigo o cuándo dejarlo tranquilo; va captando cómo se siente el que está en apuros. Un niño de 8 años vio a un anciano cargado con una bolsa de viaje e instintivamente le abrió la puerta, y lo mismo hizo a continuación en el caso de una mamá con un bebé, actuando de la misma forma en varios casos, aun cuando no se lo agradecieran.
Entre los 10 y 12 años extiende su empatía a las personas que no conoce, expresando preocupación por la gente desfavorecida. No hay diferencias significativas entre niños y niñas; ambos son serviciales pero los niños tienden a llevar a cabo actividades físicas de servicio, como ayudar a otro niño a andar en bicicleta, mientras que las niñas tienden a ser más solidarias psicológicamente, ayudando a otro niño o niña que está angustiado.
Hay una minoría de niños que son poco amables, desconsiderados e incluso crueles. ¿Nacieron así o se hicieron así? ¿Hemos contribuido, sin querer desde el hogar a este modo de ser? En todo caso, no adelantamos nada ahora con angustiamos y culpabilizamos. Veamos más bien lo que podemos hacer en positivo.
Cómo contribuir a mejorar la empatía de tu hijo
Proponemos cinco consejos a nuestro juicio fundamentales.
A) Escuchar e interpretar el lenguaje corporal y el tono.
Si atendemos al lenguaje no verbal de los hijos, no sólo les haremos sentir que son escuchados y aceptados en sus sentimientos, sino que esto les ayudará a escuchar y comprender a otros. La capacidad de comprender y ser tolerantes con los demás depende mucho de las experiencias de comprensión que se han vivido. Pero también los niños y adolescentes que han crecido con la televisión, los vídeos, los ordenadores, tienden a inspirarse en los modelos que muestran esos medios sobre comprensión de lenguaje no verbal. Por eso nos sorprende a veces la rapidez con que reaccionan.B) Mostrar nuestras mejores actitudes sociales para dirigirnos a ellos.
Nos referimos a aspectos como la postura corporal, el contacto visual, el decir las cosas adecuadas, el tono de voz, etc. en nuestros diálogos y conversaciones con los hijos. Tratarles como dándoles importancia. Hay que evitar la postura desafiante o desinteresada, el mirarles con incredulidad, elllamarles por un nombre que no les gusta o hablar de ellos/as en tercera persona cuando están presentes, así como el tono sarcástico, autoritario, condescendiente, etc. Se trata de transmitir que les apreciamos y nos gusta estar con ellos.C) Elevar el nivel de expectativas.
Exigirles un poco por encima de sus conductas. Pedirles ya desde los 3 años que ayuden en cosas de la casa, sin estar condicionados por premios o recompensas.D) Enseñarles a realizar experiencias de bondad.
Estimularles a pequeñas cosas como sostener un objeto o abrir la puerta a alguien, llamar por teléfono a un amigo enfermo, arreglar algo que se le ha estropeado a uno, etc. La satisfacción de estas experiencias les animará a querer superarse y crear actitudes.E) Ayudar a comprometerse socialmente.
Es muy importante irles comprometiendo con servicios comunitarios. En los colegios, parroquias, centros culturales y cívicos, aparecen proyectos que se están llevando a cabo en la comunidad, como cooperar en fiestas o actos comunes, trabajar en un comedor de beneficencia, formar parte de una organización de mejora del medio ambiente, etc. Es interesante que el servicio a los demás vaya formando parte de su vida, que el compromiso sea algo importante en la vida de los hijos. No hay nada que reemplace a la experiencia. La palabra no es suficiente. Es positivo clarificar los valores con nuestras palabras y razonamientos, pero lo que modela la conducta de los niños y adolescentes son los sentimientos de satisfacción y pertenencia que producen las actividades de ayuda a los demás.Las emociones de vergüenza y culpa
Dice L. E. Shapiro, en el libro que citamos abajo, que David Robinson, el jugador más valioso de la NBA-1995, pianista clásico y activista comunitario, habría recordado: "nunca olvidaré la sensación que tuve de pie detrás de un mostrador, después de haber sido desenmascarado (por mi padre) como un ladrón (una golosina de un kiosco). Me dejó una impresión imborrable. Era el modo de decirme qué tipo de persona no debía ser yo. Después de eso, robar dejó de ser una.tentación para mi".
Actualmente con nuestra excesiva comprensión, simpatía y protección a los niños, estamos alentando su egoísmo e individualismo, creyendo que de este modo los valores humanos surgirán espontáneamente. Nuestra educación blanda no permite que se produzcan sentimientos de vergüenza o culpa. Pero esto sería eliminar una parte de las emociones propias del ser humano, muy válidas para su aprendizaje emocional.
La vergüenza surge cuando los niños sienten que no han actuado de acuerdo con lo que se espera razonablemente de ellos, lo cual les produce cierta impresión. Hay que evitar que esa impresión vaya unida a nuestro desprecio y humillación. Pero es positivo que un niño se sienta avergonzado de su comportamiento antisocial e inconsiderado. Es un elemento legítimo que interviene en el proceso de cambio de la conducta. Es bueno hacerles caer en la cuenta de lo injustos que han sido con ciertos hechos. No, que ellos sean malos o injustos, sino sus hechos. De este modo irán elaborando la capacidad de disgustarse y de lamentar sus acciones negativas. Esta aparición de la vergüenza debe estar acompañada del perdón y la reaceptación. Inspirar vergüenza no es una forma de castigo, sino un proceso que produce remordimiento en el niño y perdón por parte de sus padres.
La culpa constituye una motivación moral más importante aún. No hablamos de la culpa neurótica por la que uno se castiga a sí mismo sin justificación, sino del caer en la cuenta que saltarse una norma o despreciarla, daña el bien común. Esto significa que hay que establecer normas y enseñar a entenderlas. No podemos seguir con la cantinela de que "no hay normas porque a mi me hartaron a normas cuando era pequeño ".
Habrá que establecer normas coherentes y castigos justos, inmediatos, relacionados con la consecuencia de los actos. A partir de los 1 O años se les puede pedir que ellos mismos sugieran su propio castigo cuando transgreden normas importantes. Luego se puede dialogar para llegar a un acuerdo, verificando que los niños tienden a una interpretación más exigente de las normas y sus consecuencias. Tratemos también de reaccionar seriamente cuando hagan algo que perjudique a otros y no temamos expresar nuestros sentimientos de enfado. Si esto desconsuela al niño, no nos apresuremos a consolarle. Sentirse un poco culpable les ayudará a ser más considerados la próxima vez. Aceptemos las disculpas, orales o escritas, con tal de que sean sinceras. Son también medios importantes para enseñar los valores morales.
Nota. Este artículo es básicamente, con algunas consideraciones personales, un resumen de los primeros capítulos del libro que recomendamos: "La inteligencia emocional de los niños. Una guía para padres y maestros" Lawrence E. Shapiro, del Grupo leía, 1997.
Trabajo de grupo
¿Goza Ud. de una buena inteligencia emocional?
Realizar un test
De modo anónimo y privado, hacer un cálculo de cuántos puntos lograríamos en cada uno de los 10 elementos del test, teniendo en cuenta lo que se dice sobre la manera de evaluarlo.
- 1) Soy consciente de mis sentimientos.
- 2) Suelo comunicar mis sentimientos.
- 3) Intento comprender el punto de vista de otros.
- 4) Tengo actitud optimista y esperanzadora.
- 5) Encuentro tiempo para reír con los míos.
- 6) Controlo mi temperamento cuando estoy estresado.
- 7) Sé escuchar atentamente y repetir lo que me han dicho.
- 8) Considero muchas opciones antes de tomar una decisión.
- 9) Tengo objetivos y hago planes para alcanzarlos.
10) Establezco vínculos con la gente para contribuir a satisfacer las necesidades de mis hijos.
A cada ítem, 3 puntos = totalmente cierto; 2 puntos = más o menos cierto; 1 punto = rara vez.
Resultado:
- 10-15 puntos: debería desarrollar algunos aspectos de su inteligencia emocional;
16-24 puntos: está Ud. en suficiente buena forma; 25 puntos o más: magnífico, su inteligencia emocional ilumina su vida y la de los demás. Comentar coincidencias
Sin necesidad de revelar lo que cada uno ha obtenido, tratar de comentar en cuáles de los 10 elementos se encuentra más dificultad y por qué.
En el grupo se puede insistir un poco más en el elemento 3 relativo a la empatía; y en las dificultades que encontramos para promover en los hijos esta actitud.
Tener en cuenta algunos elementos añadidos que se han dicho en la charla, como el sentimiento de vergüenza y de culpa. Reflexionar acerca de si encontramos dificultad en provocar o estimular estos sentimientos.
