Educación Familiar y televisión
Por Fernando de la Puente
Revista Padres y Maestros, No. 304, diciembre 2006

Se dice que los hijos reciben de la televisión más del 80 % de la información. El 20% restante la reciben de la escuela, del ambiente familiar y de la calle. Pero además, la información que reciben de los medios de comunicación les parece más cercana a la realidad, mientras que la escuela y el profesor tratan la información de forma demasiado academicista.

Seguimos en este artículo fundamentalmente el libro de Joan Anderson y Robin Wilkins "Que no te atrape la pantalla. Consejos para no abusar de la TV y el ordenador" (Ed. Alfaguara, 2000), además de nuestras propias observaciones, experiencias y diálogo con numerosos grupos de escuela de padres.

Horas de televisión

De acuerdo con un sondeo reciente que se hizo en varias Escuelas de Padres, los niños suelen ver entre una y dos horas diarias de televisión los días de colegio, y entre tres y cuatro los fines de semana y vacaciones. Si calculamos que los días de clase no pasan de 175 días, tenemos 190 días sin clase, que a una media de 3.5 horas suponen 612.5 horas anuales de televisión. A esto se suman los 175 días de clase a una media de 1.5 horas, que suponen 247.5 horas anuales de televisión. En total, 860 horas anuales de televisión, es decir, una media de 2.35 horas diarias.

Muchas de estas horas no son precisamente ni educativas ni constructivas. Todos los expertos recomiendan que los niños no vean más de una hora diaria.

La clave es el tiempo libre en casa, que frecuentemente está copado por la televisión, y los vídeos de películas y dibujos. Y con frecuencia el recurso de los fines de semana es siempre la

pequeña pantalla. ¿Qué hacen además de ver televisión, vídeos o DVD? Quizás es muy reducido el campo de intereses. Los cuestionarios de aficiones que se aplican a los adolescentes dan como resultado una gran pobreza de aficiones. Es difícil lograrlo, pero algunos padres intentan que niños y adolescentes amplíen su campo de aficiones por medio de las actividades paraescolares de los colegios y distribuyan de otra manera el tiempo en casa, entre leer, jugar, escuchar música, colaborar, ayudar a sus hermanos, etc.

¿Qué dicen las investigaciones?

Parece ser que desgraciadamente la televisión daña a la capacidad de atención. Parece ser que los cerebros de los niños, expuestos a numerosas horas de pantalla televisiva, resultan como "programados" en períodos de tiempo equivalentes a lo que tardan los programas en poner publicidad. De ahí que los niños no se concentran más tiempo, como si hubieran aprendido a escuchar durante una cantidad de tiempo fija. De hecho muchos profesores se adaptan a este ritmo para que los niños no pierdan interés. También los niños han aprendido que la música, los efectos de sonido y a veces el cambio de voz es lo que les hace mirar a la pantalla. Van al colegio condicionados con estrategias aprendidas del sistema electrónico y no saben cuándo tienen que escuchar.

La televisión educativa

Los niños y adolescentes ven tres veces más la televisión comercial que la educativa. Hay opiniones interesantes sobre los programas educativos (hace años Plaza Sésamo, ahora los Lunnies). Por una parte, los niños que habían visto regularmente los programas educativos parecían mejor preparados para el colegio y obtenían mejores resultados. Pero existía el peligro de producir niños súper sofisticados, como pasados de rosca, acostumbrados a estar bombardeados por técnicas de televisión.

Se observó que los cambios rápidos y los movimientos bruscos impedían reflexionar a los niños de modo que los productores de Plaza Sésamo tuvieron que ralentizar el ritmo del programa para facilitar el aprendizaje. Los niños sacan más partido de los programas de ritmo lento.

La televisión educativa parece positiva de un modo general, pero:

1) Los niños no hacen preguntas ni reciben respuestas y hay poco tiempo disponible para la reflexión, experimentación, exploración, acción y actividad creativa, que son capacidades necesarias para el aprendizaje.

2) Nos parece positivo, y es un logro de la electrónica, aprender deleitando o entreteniendo; pero, ¿se logra un aprendizaje efectivo, significativo (engranado con lo anterior ya sabido) y duradero? Mucha televisión educativa tiene más de espectáculo que de contenido, como vacía de pensamiento y llena de imágenes y frases rotundas.

Televisión y habilidades básicas

Vemos que muchos adolescentes parecen incapaces de pronunciar un discurso articulado. ¿Se debe a que no han practicado mucho la conversación, o a que han pasado demasiado tiempo viendo la televisión, escuchando música o interactuando con videojuegos?

Leen menos, y en los últimos cincuenta años su vocabulario escrito ha bajado de veinticinco mil a diez mil palabras. Vemos como hablan incorrectamente y cómo conversan, con frecuencia con tono sarcástico o llenos de ansiedad. Al hablar, por el tono y el tipo de conversación, imitan a sus personajes favoritos de la televisión o DVD. No suelen hablar de libros, o sitios que han visitado, sino de programas de televisión o DVD. y es curioso. El perfeccionismo de las imágenes que ven les impide atreverse con ningún tipo de creación personal por temor a no llegar al nivel de los medios. Parece también que la pantalla dificulta el desarrollo de la inteligencia espacial, el sentido del volumen y la perspectiva.

En resumen, no está demasiada clara la utilización positiva de la televisión para promover habilidades básicas. Se usa en las clases como motivación y para repasar algún aspecto. Resulta más eficaz al computadora y el Internet.

Los dibujos animados

"Matan porque tienen poderes", dicen los niños. Los "pokémon" son bichitos que se transforman y que nos han invadido (kioscos, televisores, objetos decorativos, play-station, vídeo, cine, cromos, películas...). Pokémon = pocket + monster: un "monstruo de bolsillo", creado por los japoneses, con una jerga internacional, y los pequeños compiten por memorizarlos y coleccionarlos. Los Pokémon, luchando se transforman de múltiples modos, y crean una realidad cambiante.

Estos héroes suelen ir acompañados de una pandilla, cuyos valores predominantes son la solidaridad, la cooperación y la amistad. El protagonista, acompañado por sus amigos, lucha contra un mundo hostil. Todo esto es positivo como motivación hacia valores básicos. Lo peor es la pokemonmanía y la exacerbación consumista que produce (al cumplir los 10 años pueden empezar a coleccionar Pokémon que les dan una excursión y un pokémon gratis, poder lograr el grado de Pokémon-maestro, etc.) pero no es malo el contenido.

Disneylandia

Las creaciones de Disney son muy apropiadas para los niños pues, aparte de sus buenas condiciones imaginativas y técnicas, tienen muchos elementos positivos basados en valores tradicionales acerca de la amistad, la honestidad, el compañerismo, donde el bien triunfa sobre el mal. El Libro de la Selva, el Príncipe de Egipto, el Rey León, Tarzán, son ejemplos de estas realizaciones. Lo ideal es que los padres pueden verlos con los hijos y dialogar con ellos ayudándoles a identificar las conductas incorrectas.

Es verdad que estas producciones tienen sus trucos y pretenden, con un buen estudio de mercado, crear cierta adicción y hacerse imprescindibles. Es importante que los niños no crean que es positivo todo lo que hacen esos héroes animados. Hay que evitar también que imiten la violencia que aparecen con frecuencia en bastantes secuencias, y que confundan demasiado la realidad con lo que aparece en la pantalla.

Enseñar a ver televisión

En primer lugar, hay que enseñar a saber elegir programas. No hay que acobardarse por el problema de los efectos negativos de tanta adicción televisiva. Tenemos posibilidades para enfrentarnos al ambiente que nos rodea, sobre todo con menores de 11 años y también con los adolescentes, si ejercemos una suficiente autoridad educativa. Habrá que reunirse, dialogar, definir normas de juego, dando pequeños pasos, poniendo límites, etc.

Lo importante es evitar ver televisión, videos o DVD por rutina. Crear la cultura de que no se utilizan tales medios por costumbre sino cuando hay algo que interesa.

En segundo lugar, no hay que ser demasiado optimistas y creer, como hacen muchos padres, que sus hijos no ven demasiada televisión o que la mayoría de los programas son positivos o intrascendentes. Abran la televisión y sigan con interés los programas así llamados de entretenimiento para niños.

Es mejor utilizar una guía de televisión que hacer un zaping (cambio continuo de canales) delante de los hijos. Lo ideal es decidir con ellos los programas que se van a ver durante la semana o las vacaciones. Pactar con ellos los momentos en que pueden ver televisión siempre que se dé prioridad a otras actividades, los deberes, ayudar en casa, etc. Por supuesto hay que tener en cuenta las diversas edades de los hijos.

Hay que ser firmes en algunos casos. No permitir ver talo cual programa y ser constantes en las normas. Nos desautorizamos si unas veces somos permisivos y otras restrictivos sin dar explicaciones.

¿Utilizar la TV, videos, DVD, como premio o castigo?

No es positivo, al menos habitualmente. Como tampoco utilizamos el dejar hacer deporte como premio o castigo. Lo que es una actividad normal de la vida de los niños y adolescentes no debe ser objeto de sanción o premio. Lo que no debe permitirse es el uso inmoderado.

Los castigos deben ser ordinariamente las consecuencias de los actos, la repercusión de lo mal hecho, (no has estudiado bien esta semana, pues ahora es sábado tienes que estudiar y en consecuencia no puedes salir con los amigos o ver tal programa o película que podrías haber visto, etc.)

Los premios no son la sobredosis de cosas, en este caso de la pantalla, por haber actuado bien; sino las consecuencias positivas de los buenos comportamientos. Si estudia bien, tiene tiempo para realizar juegos, lectura y una moderada televisión. Y al mismo tiempo se le hace consciente, sin grandes discursos, de lo positivo que es para su personalidad el haber actuado correctamente, el superar dificultades, las consecuencias positivas para su crecimiento y madurez personal.

El mayor premio para los hijos es darles oportunidades de jugar, leer, dibujar, entretenerse creativamente. Lo deprimente es ver a un niño tumbado en un sofá mirando obsesivamente la pantalla mientras mastica comida-basura.

Importancia de la lectura

Dicen que ni el mejor programa de televisión puede compararse con un libro. En un libro el niño marca el ritmo de lectura, vuelve a su página favorita y la mira otra vez, puede interrumpir para hacer una pregunta. Es interesantísimo leerles cosas a los niños pequeños, el problema es la falta de tiempo por supuesto.

Muchos profesores tienen la experiencia positiva de leerles a los alumnos historias asequibles de un modo tranquilo y reposado de modo que ellos puedan pensar, reflexionar, preguntar.

En casa se les enseña a leer leyéndoles previamente cosas y estando con ellos cuando se ponen a leer. Leerles mientras miran las imágenes; elegir un tiempo apropiado de lectura; oír como lee sin corregirle todos los errores que comete, para no cansarle y frustrarle. Y si pregunta por el significado de alguna palabra, ayudándole a que la comprenda por el contexto de la frase o del párrafo, de modo que participe en el descubrimiento del significado.

Bill Gates, el gran magnate de Microsoft, reconoció la importancia de la lectura: "Los libros son magníficos. Los puedes poner en cualquier parte, IIevarlos en el autobús o en el avión, van a seguir siendo muy importantes. Por suerte, libros y computadoras son complementarios. Mis hijos tendrán computadoras, por supuesto. Pero antes tendrán libros".

Relaciones humanas

Muchos padres tienen la experiencia de que, cuando los hijos vienen del colegio o de la calle, apenas saludan o hablan, y se dirigen automáticamente a la televisión o la computadora. Pasan las horas en compañía de algo que no habla ni pregunta ni exige nada.

Es importante poner límites porque el exceso de imágenes interfiere con el proceso de relaciones sociales y humanas, necesario para el desarrollo de la personalidad. La personalidad crece en contacto con la vida, con los otros, participando e interaccionando con personas y cosas, no meramente en contacto con las imágenes.

Es uno de los problemas de los hijos únicos o familias muy reducidas, que deberán fomentar la relación con amigos y las actividades en las que entra en juego la relación social.

En resumen, este tema tiene relación con el tiempo que disponemos para dialogar y organizar el tiempo libre con los hijos, y llegar a acuerdos con ellos acerca de los programas de TV, videos o DVDs más interesantes. Asimismo, se vincula con los temas relacionados con el saber poner límites y mantener la suficiente autoridad familiar. Se trata sobre todo de evitar excesos y estar alerta para conocer lo que realmente están viendo, sin caer en fáciles optimismos.

Diálogo en grupos

1. La televisión, los videojuegos y demás aparatos, ¿crees que están mejorando o perjudicando la vida y ambiente familiar?

2. ¿Cuánto tiempo ven tus hijos la televisión, en días laborables, vacaciones o fines de semana? ¿Crees que es demasiado?

3. ¿Cuáles son tus planteamientos en este tema en orden a evitar los posibles perjuicios de la televisión, videojuegos o Dvds.? ¿Algunas soluciones que te han funcionado?