Diálogo en tiempos de estrés
Por Fernando de la Puente
revista Padres y Maestros, No. 256, febrero de 2002.
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En la charla anterior (PyM nl 265) a través de dos ejemplos de conversación familiar, tratamos de explicar cómo una conversación más o menos vulgar puede transformarse en una auténtica ayuda personal, produciendo un aumento de confianza y dejando la puerta abierta para ulteriores conversaciones.
Veamos ahora cómo es el proceso de este tipo de conversaciones cuyo objetivo es ayudar a clarificar un problema o una situación. Naturalmente todo esquema es artificial y las cosas no se desarrollan en la práctica con ese orden y procedimiento.
Primer paso: hacerse cargo de la situación
El primer objetivo de la conversación es captar cómo el niño/a o adolescente está captando y viviendo su problema. No se trata de cómo lo veo yo. Nosotros podemos sentir alarma o angustia cuando ellos nos vienen con un problema; por eso "disparamos antes de apuntar" y reaccionamos con tranquilizaciones baratas, consejos, recetas o interpretaciones superficiales. Pero lo importante es ver cómo ellos perciben o viven su problema. Quizá no lo ven tan dramáticamente y en todo caso lo suyo es otro drama distinto al nuestro.
Para captar sus percepciones y vivencias, es necesario no sólo ponernos a escuchar auténticarnente lo que nos dicen, intentar ver las cosas como las ven ellos (esto es la empatía), sino también ser capaces de reflejar nuestra comprensión mediante la llamada "respuesta reflejo" o comprensiva. En el caso de la charla anterior, cuando la niña dice "mamá, Tere se marcha por fin a vivir a otra ciudad.. volveré a quedarme sola", la madre, tomando en serio el sentimiento de la niña y controlando su deseo de tranquilizarla y darle recetas-solución, le dice reflejando el sentimiento "te cuesta mucho que se vaya ¿verdad?, estabais tan unidas". Y en el caso del chico de 15 años que dice "papá, no se me dan bien las Matemáticas", el padre, reflejando la comunicación en vez de negar o reprochar su mensaje, le dice "o sea que tú crees que no entiendes o no puedes con las Matemáticas, ¿no es eso?".
Y no sólo lo hacen en la primera respuesta de la conversación, sino que siguen haciéndolo en los primeros tramos de la misma. Cuando Cristi dice, con ganas de llorar, "ahora que nos conocíamos tanto y éramos tan amigas... ya no tendré otra amiga, ya lo verás", la madre en vez de tapar el problema con tranquilizaciones, le dice "¿temes quedarte sola y no encontrar otra niña que salga contigo ... ? ". Y cuando Jaime le dice a su padre "el caso es que no soy capaz de aprobar nunca las Matemáticas", el padre refleja su sentimiento y le anima a profundizar en la situación diciendo "no te sientes capaz de dominarlas o entenderlas bien para aprobarlas, no sé si es eso lo que quieres decir".
De esta manera no sólo transmitimos comprensión y respeto, sino que ayudamos a los hijos a profundizar más en su situación, expresar mejor lo que les pasa o comunicar nuevos contenidos que con frecuencia quedan ocultos en la conversación y que sólo se expresan cuando alguien nos escucha de verdad. Por otra parte cuando yo realizo una escucha activa soy más capaz de objetivar el problema porque lo veo por dentro y por fuera; por dentro, porque capto su mundo interior y su marco de referencia interno; y por fuera, porque imagino otros aspectos y causas del problema, teniendo en cuenta mis conocimientos y experiencias sobre el modo de ser de mi hijo/a y su historia personal.
Segundo paso: recoger datos
Una vez expresado y captado el problema por ambos dialogantes, es necesario recoger o hacerse consciente de los datos y circunstancias que rodean al mismo, enriqueciendo su perspectiva, en orden a ser más capaces de buscar causas y soluciones.
Antes quizás de recoger datos de otras personas (profesores o tutores del colegio, amigos, hermanos, médicos, etc.) es importantísimo recoger datos del propio sujeto, conocer todo lo que él sabe de sí mismo, porque hay cosas que sólo las sabe él y porque sin sus datos difícilmente podremos ayudarle a clarificar su situación. Esto lo hacemos mediante las preguntas que en charlas anteriores hemos llamado "respuestas interrogativas abiertas", que invitan al interlocutor a describir más la situación, las circunstancias, los sentimientos. Un ejemplo, cuando el padre le dice a Jaime "¿me podrías explicar mejor tus dificultades al estudiar Matemáticas?". La conversación se transforma ahora en una suave investigación en clima de respeto y aceptación. Evitamos las respuestas interrogativas cerradas que inducen al interlocutor a contestar con un monosílabo ("si", "no", "dos veces", etc.), que empobrecen la comunicación y producen actitudes defensivas.
Tercer paso: investigar las causas
Después de fonnular mejor el problema y sus circunstancias, es importante hacernos conscientes de las causas. Para ello recomendanios la llamada respuesta interpretativa abierta, comenzando por pedirle a él o ella que exprese sus hipótesis ("¿y por qué crees tú que te ha sucedido esto... o sientes o tienes este problema... o te encuentras así ahora?". Si el niño o adolescente se ha sentido comprendido y respetado en sus puntos de vista, es probable que nos comunique ahora cómo ve las causas de su problema o situación. Quizás nos sorprenda su clarividencia y estemos de acuerdo con él/ella. Nuestra reacción entonces será confirmar su punto de vista ("así me parece a mi también... " "No creo que estás en lo cierto". Pero si vemos que "echa balones fuera" consciente o inconscientemente, o no es realista, podemos afiadir, como hipótesis o sugerencias respetuosas, lo que nosotros creemos que pueden ser también las causas de sus problemas ("¿Y no crees también que esto te sucede por haber confiado demasiado en aquel amigo... o tu fracaso en tal asignatura viene también por tu falta de método y orden al estudiar? etc. ").
Aquí estamos echando mano del marco de referencia externo, las observaciones y conocimientos que tenemos de nuestro hijo/a y nuestra experiencia de la vida. Esto hay que hacerlo muy delicadamente. Toda interpretación suele producir defensividad y descenso de confianza, porque uno se ve juzgado por otro en su interioridad. Pero lo intentamos porque deseamos que él vea y acepte las verdaderas causas. De lo contrario va a ser muy dificil orientarle o ayudarle a hacer un plan de mejora personal.
Cuarto paso: buscar soluciones
Es el paso lógico después de clarificar el problema y sus causas. Para que esta búsqueda de soluciones sea aceptada y compartida, debe hacerse como en equipo, pero tratando que él o ella diga primero qué pasos podría dar o qué remedios poner. Luego nosotros le sugerimos otras vías de solución complementarias a las suyas, si es que las suyas nos parecen insuficientes. Actuamos como en la técnica del brain stonning o lluvia de ideas. Después de expresar desinhibidamente una serie de posibles soluciones, a continuación se valoran y jerarquizan éstas, hasta llegar por consenso a concretar una o dos acciones a realizar, dejando la puerta abierta a un seguimiento de estas acciones y una toma de decisiones ulterior. En este paso el padre/madre está utilizando la llamada respuesta valorativa y de consejo, de una manera no autoritaria sino amistosa y abierta.
Quinto paso: Puesta en práctica de un plan de acción.
Viene el momento de diseñar, con el calendario en la mano, la realización de estos pequeños pasos iniciales (un horario mínimo de trabajo, unas mejoras concretas del modo estudiar o recuperar falta de base, unas alternativas de actividad paraescolar para encontrar nuevos amigos, la decisión de hablar con el tutor del Colegio, de consultar a un médico, etc.). Todo como en equipo; algunas cosas las va a poner en práctica éllella y otras las voy a hacer yo como padrelmadre. Al tiempo que yo colaboro, estoy implicando a mi hijo/a en las decisiones y realizaciones.
Sexto paso: Finalizar en positivo
A veces hay que terminar la conversación antes de desarrollar todo este proceso, por falta de tiempo u otras circunstancias. Pero en todo caso es muy importante que cada periodo de conversación finalice transmitiendo una sensación constructiva y agradable, el buen sabor de boca que prepara mejor para el siguiente contacto. Para ello se aconseja realizar un resumen alentador de lo que se ha llevado a cabo en la conversación, por breve que ésta sea. Recordemos que el padre le dice a Jaime "todo esto hay que pensarlo bien... hoy hemos podido hablar con tranquilidad y sinceridad, otro día podríamos hablar de nuevo... " Incluso podría haberle dicho más cosas positivas, como "esta conversación ha sido muy interesante; hemos logrado clarificar más el problema entre los dos y hemos visto algunas causas y posibles soluciones; todo esto nos va a ayudar a ver mejor la manera de que salgas adelante con esta asignatura, etc. "
Aquí estamos utilizando las llamadas respuestas valorativas o rnotivadoras. En el fondo son respuestas tranquilizadoras que, como vemos aparecen al final del proceso en vez de al comienzo; aunque reconocemos que a veces la angustia del hijo/a es tan intensa que es positivo tranquilizarle al principio, siempre que lo hagamos sin tópicos ni frases hechas.
No siempre es posible
Este guión o proceso de diálogo cuyo objetivo es ayudar a clarificar y resolver problemas, no siempre es posible ni se desarrolla de la misma manera y con el mismo orden. Si uno no quiere, dos no dialogan. Pero también es verdad que, aunque uno no quiera, si el otro (padre/madre) quiere de veras, se puede hacer algo para que el hijo/a suavice posiciones y acceda a conversar. Muchos padres en los grupos de las Escuelas de Padres dicen que esto es así; y que estando cercanos a ellos suele saltar la ocasión de conversar, esos momentos en los que los hijos se ven más angustiados y necesitan nuestro apoyo. Si estamos distantes o "estamos sin estar", difícilmente surgen las ocasiones.
Otras veces el esquema indicado sale a trozos, desordenadamente y en varios momentos. No disponemos de espacios largos y tranquilos para conversar, ni el niño o adolescente es capaz de desarrollar todo este proceso en una única conversación. Esto es natural y no impide el desarrollo del proceso de ayuda y clarificación.
En todo caso, antes de entrar en la conversación, deberíamos echar una mirada rápida al escenario, mientras controlamos nuestra ansiedad y deseos de dar recetas cuando vienen con un problema. Tenemos que considerar si tenemos tiempo, si hay privacidad y si hay serenidad para conversar en ese momento. Si no existen estas condiciones, sería preciso decirles de la forma más sincera posible que nos interesa mucho hablar con él o con ella de su problema, pero que ahora no tenemos tiempo por esta o aquella razón (por favor, que sean razones verdaderas), e inmediatamente concretar con él/ella un momento cercano para hacerlo. Es verdad que algunas veces esto no es suficiente y perdemos ocasiones de conversaciones interesantes. Son los límites de la realidad. Pero si ven en nosotros sinceridad, capacidad de escucha y momentos de presencia en familia, la experiencia nos dice que surgirán ocasiones de conversar.
Cuestiones delicadas
La privacidad es una condición básica para una conversación serena y distendida. Es dificil si no imposible conversar cuando hay otras personas delante. Por otra parte lo escuchado y hablado no debe salir del ámbito de los dos interlocutores, una especie de secreto profesional. Una cuestión delicada: ¿puedo comunicar lo escuchado al otro cónyuge? Lo ideal es contar para ello con la aceptación del hijo/a. Hay que tener en cuenta además el carácter del esposo o esposa. Hay personas poco discretas o incapaces de ir a una en asuntos educativos, y en ese caso es mejor no decirles nada. Otras veces el asunto es tan importante y urgente que no hay más remedio que compartirlo con el otro responsable de la familia. Hay que hacerlo en algunos casos, incluso si al hijo/a no le gusta. Pero deberían ser casos muy excepcionales. Nos jugamos la confianza.
Otra cuestión delicada es si debo aprovechar lo hablado y diseñado entre los dos, en este tipo de conversaciones, para luego exigírselo yo públicamente desde mi autoridad o echarle en cara sus incoherencias. Cuidado; hay que distinguir entre los objetivos de una conversación amistosa y los mínimos exigibles de comportamientos y actuaciones tolerables en familia. El objetivo de la conversación de la que estamos hablando es ayudarles a clarificar sus problemas y situaciones, o ayudarles a tomar las decisiones que dependen de ellos según el grado de libertad que les vamos dando. Esto se realiza en el fuero interno de la escucha y la conversación íntima, que produce confianza y conocimiento profundo de los hijos. Lo que allí se habla no debe sacarse al fuero externo.
Pero nuestras exigencias de normas y comportamientos básicos de la vida familiar, pertenecen al plano del mandar o negociar, que son otras estrategias distintas. Constituyen el marco de referencia externo o reglas del juego de la vida familiar, que es algo previamente establecido respecto a los momentos de diálogo y conversación. Es el tema de "atreverse a mandar" que hemos desarrollado en charlas anteriores; mandar de modo no autoritario, motivando las normas, dando oportunidades para ver sus puntos de vista, pero mandar y poner límites clara y firmemente.
Es verdad que se negocia o se manda mejor después de conocer su intimidad en el ámbito de la conversación, pero no todo se puede convertir en conversación íntima, no directiva; este sería el camino del chantaje afectivo.
En nuestra próxima charla trataremos el tema de la conversación para clarificar ideas y tomar decisiones.
Trabajo en grupos: Cuestiones sobre comunicación familiar
Recurso 1: "La mejor respuesta para empezar"
Imagina que tu hijo/a, en un momento de sinceridad te dice lo siguiente: "estoy haciendo lo que me dice el profesor de Inglés, pero al entregar los ejercicios me corrige un montón de cosas, muchas más que a otros compañeros, creo que no lo sé hacer bien. Además me pongo nervioso en los controles que hace en clase y no me da tiempo a terminar. Voy a suspender y estoy muy desanimado con el Inglés".
1. Ahora lee atentamente las posibles respuestas que indicamos a continuación. Aunque todas pueden ser buenas y razonables, queremos que nos indiques cuál o cuáles de ellas son las mejores para empezar un diálogo con ambiente de confianza, de modo que tu hijo/a se sienta comprendido y animado a decirte más cosas, incluso algo que quizá está ocultando ahora o no se atreve a decir.
De estas siete posibles respuestas de un padre/madre ante lo dicho por ese chico, elige las que a tu juicio son mejores para comenzar la conversación y favorecer la confianza:
1) No te preocupes hijo, haz lo que puedas, ya se te pasará este desánimo; muchos niños pasan por estos momento
2) No te preocupes, yo estoy contento contigo, lo que me importa es tu esfuerzo y no los resultados.
3) Lo que tienes que hacer es ser constante y estudiar siempre tranquilamente, con orden y sin desanimarte.
4) Sientes que tus esfuerzos no se reflejan en los ejercicios que haces y en las notas, y esto te desanima, ¿no es verdad?
5) Quizás lo que te pasa es que tienes una inseguridad que te impide concentrarte y responder bien en los controles, ¿no es eso?
6) Sí, yo también te veo muy desanimado y que no sabes cómo sacar adelante el Inglés.
7) Veamos, ¿haces los ejercicios en casa siempre con regularidad? ¿entiendes bien las reglas y normas gramaticales? ¿preguntas al profesor o a los compañeros las cosas que no entiendes?
2. Ahora con la persona que está a tu lado en el grupo, durante cinco o siete minutos, comenta las respuestas que has elegido respecto al objetivo indicado de provocar inicialmente
más confianza en la conversación.
3. A continuación el Conductor establecerá un tumo de opiniones sobre las respuestas más aptas para provocar confianza, razonando el porqué. También se puede hablar de las respuestas que pueden provocar más reacción defensiva o quitar las ganas de seguir hablando, y porqué.
Recurso 2: Dificultades de este tipo de conversaciones
A) Analizar los seis pasos que se han analizado en la charla sobre la conversación para ayudar a clarificar y resolver problemas de los hijos. ¿Cuáles son las dificultades más importantes en este tipo de conversaciones? ¿Se han dado en la charla algunas líneas de solución para estas dificultades? ¿Podemos aportar experiencias positivas nuestras que confirrnen aproximadamente este modo de proceder?
B) ¿Cómo vemos o experimentamos el problema indicado al final de la charla sobre la distinción entre la conversación íntima y el mandar o exigir normas y límites básicos de la disciplina familiar? ¿Confundimos de hecho la conversación y la exigencia? ¿Hay chantaje afectivo por parte de los hijos?
La metodología es la habitual; reflexión individual; comentario con la persona que está al lado; diálogo general de todos los miembros del grupo, moderado por el Conductor.
