Dialogar para ayudarles a tomar decisiones
Por Fernando de la Puente
revista Padres y Maestros, No. 267, mayo 2002.
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La habilidad para tomar decisiones es un aspecto importante de la madurez personal, y por ello querernos ayudar a los hijos a desarrollar esta capacidad. Hay niños que no saben decidir, demasiado "dependientes"; quizás porque se les ha dado todo muy hecho en pequeñas cosas. Hay niños agresivos y rebeldes, pero con una rebeldía sin causas, por pura afirmación del yo. Hay adolescentes aparentemente muy audaces, pero sus decisiones no son responsables ni serias porque no son capaces de analizar alternativas ni saben realmente lo que quieren y por qué.
Ámbito
de decisión de los hijos
Ayudar a tomar decisiones es uno de los asuntos más difíciles de la educación de niños y adolescentes, no sólo porque no hay recetas para ayudarles, sino porque previamente, nosotros tenemos que decidir en qué temas les vamos a dejar un campo de decisión personal y en qué otros asuntos vamos a poner límites a su decisión o incluso nos vamos a oponer a ella.
¿Cuáles son las cosas en las que ellos deberían ser capaces de tomar decisiones con o sin nuestra ayuda, y en qué cosas nos reservaríamos el control de su decisión? Hay cuestiones sobre las que nos interesa a nosotros mismos que nuestros hijos vayan elaborando sus decisiones; y hay temas que surgen de la vida, que "nos vienen encima" por circunstancias de la edad o las circunstancias académicas (elección de amistades, optativas o itinerarios curriculares, aficiones personales, estudios después de la Secundaria, etc.)
Muy distintas son las situaciones en las que ellos nos fuerzan a decidir, asediándonos con iniciativas o peticiones de permisos. Ellos vienen ya con su decisión tomada y pretenden lograr nuestra conformidad. Aquí se trataría más bien de establecer un diálogo semejante a una "negociación", con tramos similares a los del proceso que vamos a describir sobre la toma de decisiones; aunque muchas veces terniinemos tales negociaciones zanjando la cuestión, cuando nuestra última palabra es "no".
Desde luego el criterio para clarificar si en determinados asuntos tenemos nosotros que dejarles elegir o más bien controlar sus decisiones, no debería ser adoptar sin más lo que se oye en el ambiente o en ciertos grupos de padres. Hay eslóganes muy manidos "ellos tienen que elegir ", "no podemos imponernos ", "es dañar su personalidad". Pueden ser criterios interesantes en teoría pero peligrosos cuando no existe el objetivo de educar con un sentido de la vida, sino solamente "que sean felices", "que estén contentos con nosotros".
La verdadera libertad no es solamente la capacidad de elegir cosas o actividades, sino la capacidad de comprometerse libremente con un proyecto de vida y unos valores; y también la capacidad de ir logrando gradualmente una liberación personal (hacerse libre de adicciones, miedos, obsesiones, dependencias, etc.)
El criterio tendría que venir de sopesar y discernir si en tales asuntos ellos son capaces de captar las consecuencias futuras de las decisiones, a veces irreversibles. "¿-Cómo me dejasteis a mi sólo decidir aquello ... para lo que yo no tenía capacidad de comprensión? ", es una queja que años más tarde oyen algunos padres. Es interesante para esto el poder dialogar con otros matrimonios con una seria intención educativa, y en este sentido la Escuela de Padres es un lugar idóneo para ello.
Hay cosas inocuas que no suponen para los hijos peligro alguno ni fisico ni psicológico. Ayudémosles a elegirlas, no impongamos nuestras manías en pequeñas cosas. Pero cuidado, elegir ropa, por ejemplo, puede no ser tan inocuo, pues vestir de hippie puede significar una elección "ideológica", una sintonía con detenninadas arnistades, cte. Otra cosa es el típico "qué me pongo hoy", etc.
Flexibilidad
y estilo "situacional"
A veces lo acertado en muchos temas es saber poner condiciones, para situar la elección dentro de una gama de posibilidades, dentro de una economía viable, etc. Se dice que unas veces el jefe (quien tenga la última responsabilidad) toma la decisión y la anuncia o la "vende" a sus colaboradores o subordinados, razonándola honestamente. En otras ocasiones permite una deliberación personal o grupal e intenta llegar a un consenso. En otras abre una deliberación y deja al grupo o a la persona tomar una decisión dentro de unas condiciones o incondicionalmente.
No es práctico ni constructivo atenerse a una sola norma o receta. Conviene ser "situacionales" dependiendo del tema, y en nuestro caso de la edad de niños y adolescentes. Cuando se habla de dar participación en todo grupo humano, se habla de situaciones diversas en las que el que dirige debe saber manejar con flexibilidad la participación en las decisiones.
Saber anticiparse
La anticipación es también muy interesante. En general hay que adelantarse a sus tomas de postura, esas que se van generando por influencia de la pandilla, de la calle, de los medios de comunicación audiovisuales, musicales, ete. Las cosas conviene conversarlas antes de que ellos se hayan obsesionado internamente con ciertas opciones, sin habernos oído antes a nosotros.
Cuando vienen con su idea ya han elaborado su opción bastantes semanas y meses antes, una opción que se ha llevado a cabo entre nuestro silencio y las voces del exterior. En este sentido no deberíamos empezar a hablar a los 14 años de lo conveniente que es permanecer fiel a unas determinadas prácticas religiosas, en el caso de padres creyentes, sino a los 10 ó 11 años; ni de lo interesante que es tener amigos buenos a los 11-12 años, sino desde los 7-8; ni de lo malo que es el alcohol a los 15-16, sino desde los 11 ó 12 años. Hoy día es preciso anticiparse bastante más en la mayor parte de los temas.
No sólo se trata de anticiparse dándoles criterios verbales, en aquellas cosas importantes en las que necesitan elegir bien. El arte de ayudar a tomar decisiones se enseña también transmitiendo poco a poco criterios de valoración con la coherencia de nuestro modo de proceder. De este modo recorremos con ellos un camino, creamos un ambiente, comentando, por ejemplo, los diversos aspectos y circunstancias de la vida propia y ajena, etc.
Anticiparse desde los 8, 10 ó 12 años no significa únicamente introducir el tema en esas edades, sino además realizar un seguimiento con argumentos que gradualmente se convierten en más profundos o serios según la edad. Estamos hablando de esas decisiones clave para la vida de un niño, acerca de cuestiones en las que no podemos dejar el campo. abierto a lo que él decida y limitarnos a ser espectadores. Porque luego lo podemos lamentar y ellos mismos nos lo echarán en cara.
Cómo ayudarles a decidir
Imaginemos que alguno de mis hijos tiene que tomar una decisión personal, que va a influir en su vida; y sin embargo no ve claro, se muestra indeciso, ve alternativas aparentemente igualmente valiosas (asignaturas optativas, aficiones deportivas, culturales, amistades, inscribirse en tal actividad humanitaria, religiosa que ofrece el Colegio). En estos casos u otros semejantes, ¿cómo podremos ayudarle y en cierta manera enseñarle a decidir? Indudablemente, es imprescindible establecer un diálogo personal o conversación, con las condiciones de intimidad y escucha empática, mencionadas en las charlas anteriores. En este asunto, después de unas primeras secuencias de reflejo comprensivo e identificación del tema sobre el que hay que tomar una decisión, existen ciertas estrategias específicas.
Los
objetivos implícitos de una elección
En primer lugar habría que ayudarle a clarificar cuáles son los objetivos implícitos, a veces ocultos, de una decisión; qué hay más allá de la cosa concreta que se quiere decidir, las preocupaciones básicas que están en juego en la decisión.
En el caso de cuestiones académicas, por ejemplo, habría que ayudarle a clarificar si quiere "que la asignatura optativa que va a elegir le prepare mejor para la carrera que va a estudiar después; o bien que le ayude más a las inmediatas para tener éxito el curso que viene; o bien que dicha asignatura le suponga un descanso o actividad fácil dentro del conjunto de asignaturas fuertes del curso, etc. " ¿De qué se trata realmente? En el caso de actividades libre o aficiones, le ayudaríamos a clarificar qué es lo que realmente desea con ellas, ¿hacer amigos? ¿fortalecerse físicamente? ¿buscar una alternativa de ocio o tiempo libre? etc. Es decir, en primer lugar es necesario ayudarle a clarificar los para qué inmediatos de una decisión.
Generar alternativas y buscar información
El siguiente paso lógico es generar alternativas para evitar que se obsesione con un previo deseo idealizado. No demasiadas. Sólo aquellas que a primera vista no son irracionales o imposibles. A continuación es preciso buscar infonnación para cada una de ellas. Se elige mal o se llega a situaciones de indecisión casi invencibles, cuando falta una seria infonnación acerca de la naturaleza de cada una de las alternativas: en qué consiste, qué aspectos positivos y agradables tiene; qué características, aspectos negativos, duros, difíciles; qué ventajas reporta, qué riesgos; en algunos casos, qué preparación o competencia específica o genérica se necesita para acceder a ello, etc.
Es muy importante este paso. Cuando la infonnación no se puede lograr sobre la marcha, habrá que aplazar la conversación y reanudarla más tarde.
Límites y posibilidades reales
Es posible que con esta clarificación previa, el niño o adolescente diga que ya ve claro lo que tiene que elegir. Pero en este momento hay que decirle "espera, hay que considerar los límites". En toda elección hay que considerar siempre las posibilidades personales de éxito, es decir si vamos a poder llevar a cabo de hecho la opción que vamos a elegir. Esto depende de las limitaciones intelectuales, de las cualidades personales, fisicas o psicológicas. También de los límites económicos. No se puede elegir algo que está fuera de nuestras posibilidades reales, algunas de las cuales quizás hayan aparecido como obvias al buscar y recoger información.
Es preciso no solamente identificar los límites sino valorarlos, lo cual es una especie de freno que introduce una mayor racionabilidad y practicidad en el proceso. Y podemos llegar a dudar de la viabilidad de alguna que antes veíamos claramente asequible. Al final de esta valoración se va estrechando la lista de posibilidades.
Ventajas y desventajas
En todo caso quedan varias alternativas en pie y es preciso llegar a la decisión definitiva. Es el momento de "discernir", analizar ventajas y desventajas. Ayudarles a formularlas, quizás escribiéndolas en un papel en dos columnas. Estamos enseñándoles a detenerse un tiempo suficiente, buscar mentalmente posibles pros y contras más allá de lo que a uno se le ocurre espontáneamente. Esto es parte del enseñar a pensar.
Si esto se hace bien, será más fácil después ver en qué alternativa las ventajas son mayores. Pero, atención, no se trata sólo de sumar el número de ventajas y desventajas, sino de ponderar el peso e importancia de cada una, su coeficiente de conveniencia. Ahí los padres o educadores pueden hacerles ver que hay ciertas desventajas de otro tipo, morales, psicológicas, ete. cuyas consecuencias de largo alcance pueden ser irreversibles. Es el momento de introducir, en clima de amistosa colaboración, nuevas motivaciones o hacerles caer en la cuenta de nuevos aspectos.
Es
curioso. En estos momentos, dialogando sobre ventajas y desventajas, a veces
surgen por parte de los hijos expresiones que reflejan sentimientos ocultos que
no se hablan formulado al principio de la conversación, cuando hablábamos de
los objetivos que estaban implícitos en la elección.
Son momentos en los que tenemos en la mano la posibilidad de realizar, como en un paréntesis, un interesante tramo de conversación empática, clarificadora de sentimientos y actitudes, con la técnica o modo de proceder ya desarrollada en charlas anteriores (conversar para ayudar a clarificar situaciones y problemas). Estas nuevas "revelaciones" o nueva consciencia de lo que realmente siente o teme, hacer cambiar muchas veces el sentido del proceso y el discernimiento, que se está realizando.
Dormir la decisión
Hay que acostumbrarle a tomar, siempre que sea posible, una decisión provisional, después de haber optado por lo más razonable o haberse quedado con la alternativa menos complicada para él, descartando las otras. Es importante abrir un espacio entre la decisión provisional y la definitiva. Hay que dormir las decisiones, pensarlo de nuevo, conversarlo otra vez. Y esto aunque sean cosas sencillas. Porque se. trata de enseñar a decidir, y a pensar, transmitir un estilo y modo de proceder responsable.
Ejecución y valoración
Después de decidir hay que ejecutar o poner en práctica la decisión. Esto también conviene dialogarlo; cómo se va a proceder, qué pasos hay que dar, a quiénes se va a implicar en la ejecución, qué medios o recursos se necesitan, cte. A veces ocurre que al intentar poner en práctica la ejecución de lo decidido, es cuando realmente se ven los límites verdaderos que lo hacen inviable.
La evaluación acerca de cómo se está llevando a cabo lo que se ha decidido, es también un elemento del proceso. Después de una valoración negativa, es posible rectificar, echar marcha atrás y replantear otra elección. Otras veces lo decidido es irreversible al menos durante un tiempo, por los compromisos adquiridos o por plazos o requisitos legales (en las opciones académicas por ejemplo). En estos casos se trata de replantearse la situación, ver la manera más constructiva de afrontarla, saber esperar otra oportunidad. Entonces el objetivo es ahora ayudarle a clarificar y resolver una situación o problema, un tipo de diálogo ya tratado en charlas anteriores.
Trabajo en grupos: Cuestionario para padres
Los grupos de padres, según las edades de sus hijos, tratan de reflexionar sobre este asunto:
¿En qué cosas o aspectos les dejamos en la práctica a los hijos:
a) - que elijan ellos solos, sin ninguna ayuda nuestra?
b) - que elijan con nuestra ayuda pero sin darles las soluciones y dejando que ellos tengan verdaderamente la última decisión?
c) - que elijan con nuestra ayuda pero reservándonos nosotros la última decisión o el veto si creemos que no eligen responsablemente?
En cada uno de los tres apartados, se trata de elaborar una lista consensuada de temas; y señalar los temas en los que no hubo acuerdo y por qué.
Para este ejercicio conviene dividirse en subgrupos de 3 ó 4 personas cada uno, y realizar después una puesta en común, comenzando por un turno de portavoces de los diferentes subgrupos.
