Comunicación en familia -
2a parte

Por Fernando de la Puente
Revista Padres y Maestros, No. 262, septiembre 2001

¿Confían en nosotros o en el grupo de amigos?

La "confianza latente"

Es frecuente encontrar padres desanimados sobre el diálogo con sus hijos. Dicen mis hijos no tienen confianza en mí, no me cuentan sus cosas, sus experiencias; confían más en sus amigos. Pero el hecho de que no nos cuenten sus cosas, ¿significa una falta de confianza básica en nosotros como padres o educadores? Nuestros criterios y valoraciones, ¿no significan nada para ellos?

Distingamos entre la infancia y la adolescencia. Si un niño de 5 a 11 años no te dice nada espontáneamente, ni te pregunta nada, es posible que haya un problema importante o se trate de un niño excesivamente introvertido, o incapaz de comunicación. Esto habría que estudiarlo, quizás con ayuda de un especialista.

Pero el silencio de los adolescentes también tiene otras causas. La mayor parte de los adolescentes no suelen consultar nada en general, ni expresan fácilmente lo que viven. Por primera vez descubren su intimidad y se encierran en ella. Por otra parte descubren a sus amigos e iguales, y se comunican fácilmente con ellos. Se debilita lo que podríamos llamar "la confianza externa" o comunicación espontánea entre ellos y nosotros.

No nos desanimemos demasiado. A pesar de todo puede seguir persistiendo lo que también podríamos llamar "confianza interna" o "confianza latente". Los hijos siguen valorando nuestros criterios y apreciándonos como personas. Desean y necesitan nuestras orientaciones aunque no nos las pidan, por timidez, o por orgullo, o por ese muro de frialdad que surge entre los adolescentes y los adultos. Esa confianza latente es un verdadero capital de comunicación e influencia que aún poseemos, aunque no llegue a cuajar en comunicación espontánea. Pero podemos provocarla, y ellos están deseando que lo hagamos.

Testimonio critico de los adolescentes

Veamos qué dicen ellos sobre el tema. Hemos realizado varios encuentros de chicos/as de 15 a 18 años con padres en numerosos grupos de las Escuelas de Padres, y hemos comprobado que se trata de un material muy interesante. El tema de discusión era ¿En quién confiáis? ¿en nosotros o en el grupo de amigos?

Se trataba de ver si los padres eran meros "convidados de piedra", mientras los chicos/as encuentran, a partir de los 11/12 años, su grupo de amigos donde se lo "cuecen" todo, crean sus opiniones, van elaborando criterios sobre la vida, la sexualidad, el respeto y solidaridad; asumen estilos de vida, a veces de signo violento, pasivo o de marginación social, con sus atuendos y adornos personales.

Veamos sus expresiones, algunas de ellas algo agrias o agresivas, duras para los padres:

Crítica constructiva

Así suenan muchas de las afirmaciones de los adolescentes. Sin embargo, la mayoría de las opiniones vertidas en los grupos son más bien esperanzadoras, de signo positivo, una crítica constructiva:

Mejor método y más humor

A muchos adolescentes les gustaría que tuviéramos la habilidad de vencer esa dificultad, porque estiman que tenemos algo interesante que decir. Esto es muy importante., No nos consideran incompetentes. Critican la metodología que empleamos, y lamentan que tengamos tantos problemas, que les da miedo sobrecargamos con los suyos. El diálogo padres-hijos es una meta que les ,gustaría alcanzar, aunque no saben cómo.

Siempre han existido tensiones y dificultades. Recordemos aquello de cuando yo tenía 16 años pensaba: "mi padre no tiene ni idea"; a los 25 años pensé: "no está mal cómo piensa mi padre"; a los 50 años pensé: "qué sabio era mi padre". Hay que llevar esta tensión con humor, y mantener una altura moral elevada, dejándose engañar a veces, sin ponerse a la altura del niño o adolescente. Pero una altura moral sin sentido del humor es imposible.

Por una parte, debemos respetar su intimidad; hay cosas muy íntimas que no se las cuentan a nadie; están descubriendo por primera vez sentimientos de amor, culpabilidad, inferioridad, ete. Sin embargo, aún respetando su intimidad, hay cosas de las que hay que hablar, entre ellas el sentido de la sexualidad y otros aspectos de la vida. Si la familia se calla, y el Colegio también, ¿quién orienta a los jóvenes aparte de los quioscos, las revistas, la pornografía, la televisión, etc.?

La confianza se vende cara

No depositamos nuestra confianza en cualquier persona. Nos lamentamos "no tienen confianza conmigo", pero a veces decimos y hacemos tales cosas que ponemos piedras en este camino. Analicemos nuestras respuestas, gestos y modos de dirigimos a los niños y adolescentes, antes de extrañarnos de su falta de confianza.

Si levantáramos los tejados de las casas, como el personaje mítico del escritor clásico español, o pusiéramos micrófonos secretos y grabáramos cómo preguntamos y respondemos a nuestros hijos, nos explicaríamos fácil mente por qué se va perdiendo poco a poco el diálogo confianza. Comencemos con algunas reacciones típicas de la vida familiar.

a) Los interrogatorios frecuentes. Son frustrantes (¿de dónde vienes? ¿qué has hecho?). Muchas veces es mejor preguntar sencillamente ¿qué tal ... ? de forma cordial y abierta; y saber esperar. El interrogatorio sis temático y terco es exasperante para todo el mundo especialmente para el adolescente. Los niños nos huyen para librarse del interrogatorio.

b) El "rollo". Consiste en dar largas explicaciones; algunos padres tienen una vocación docente. Si le pregunto algo a mi padre decía un niño no me da tiempo a ver la tele visión... Hay que tener en cuenta que los hijos tienen una noción de tiempo especial; no tienen capacidad de concentración. Desean que hagamos el esfuerzo de ser cla ros y breves cuando plantean una pregunta difícil.

c) La respuesta autoritaria frecuente. Cuando los hijos piden algo (déjame ir con amigos a ... ; quiero esto; cuándo me comprarás ... ; quiero apuntarme a ... ) muchos padres ponen fin al tema desde el primer momento con un déjame en paz, no me vengas con tonterías, de ninguna manera mientras no estudies más. Es verdad que a veces hay que responder tajantemente, sobre todo cuando anteriormente ya les hemos dado explicaciones sobre lo mismo. Pero hacerlo frecuente mente y "a la primera de cambio", irrita justificada mente al niño/adolescente. Nos odian por ello y quemamos la confianza. Sobre todo cuando aprovechamos la ocasión para atacar ("mientras no estudies más").

Pensemos en nuestra reacción si nuestros jefes o cónyuge nos respondieran así. ¿Acaso un niño no tiene el derecho humano a la consideración personal? Un niño tarda en "quemarse" (afortunadamente no tiene tanto orgullo como nosotros). Pero un adolescente tarda mucho menos en quemarse.

d) La dialéctica irritada. Decir la verdad no significa responder con dialéctica agresiva "papá no me deja decir lo que pienso, me aplasta con sus respuestas". A veces nuestras negativas son oportunas pero el estilo es dialéctico e irritado. "Papá, mis amigos tienen una motocicleta"; respuesta inmediata: "sus padres tendrán mucho dinero y no sabrán lo que hacer con él". Abusamos de nuestra mejor dialéctica, hasta que un día nos ganan, porque la curva de inteligencia lógica asciende rápidamente desde los 14 años.

e) La respuesta falsa o errónea (las mentiras tontas) consiste en responder con cuentos o tonterías a un niño, o decirle cosas que no son verdad cuando pregunta algo sobre la vida real. Rompe la confianza porque ellos no son tan tontos. Y con la falsedad no se educa. Se puede educar diciendo una verdad más sencillita según la edad del niño o menos completa. Pero siempre con la verdad por delante.

f) La alarma ante sus preguntas y opiniones. Ya aludimos a esto en anteriores charlas al hablar del "espejo retrovisor. Si lo tuviéramos y viéramos la cara que ponemos cuando dicen algo que no nos gusta, comprenderíamos por qué se pierde la confianza y la comunicación. Decimos que queremos que nuestros hijos hablen con total libertad, pero cuando lo hacen ponemos tal cara de susto y alarma (añadiendo a veces "¿pero qué estás diciendo?", "¿quién te ha dicho esa estupidez?"...) que arrasamos la libertad de expresión.

Existen además otros estilos y actitudes en las relaciones interpersonales padres-hijos, que no promueven precisamente la confianza y la comunicación. De ellos hablaremos en la charla siguiente y también de aquellas formas de interrelación, que transmiten el mensaje de que con papá y mamá se puede hablar en confianza.

En resumen, existe una confianza latente que no podemos perder. Ellos necesitan nuestras palabras y valoraciones, a pesar de la competencia de los medios de comunicación y de los grupos de amistad. Somos un referente válido. Hay dificultades que vencer teniendo en cuenta los otros vehículos de comunicación y la psicología evolutiva del preadolescente y adolescente. No podemos desanimamos, pero necesitarnos detectar y evitar aquellas expresiones, respuestas y métodos nuestros que dificultan la confianza.

 

Trabajo en Grupos

TRES PREGUNTAS
SOBRE EL DIÁLOGO - CONFIANZA .

1. ¿He tomado yo la iniciativa de invitar a alguno de mis hijos/as a hablar en privado? ¿con qué motivo? ¿cómo he procedido? ¿cómo ha resultado?

2. ¿Siento a veces que alguno de mis hijoslas no tiene confianza conmigo? ¿Por qué creo que sucede esto? ¿Cuáles son las causas por parte de éllella o por parte mía?

3. De las seis clases de respuestas o reacciones expresadas en el título "La confianza se vende cara", ¿cuál es la más frecuente en mi y por qué? ¿cómo puedo evitarla?

Metodología

A) Cinco minutos de reflexión individual, en silencio, sobre una de las preguntas elegidas por el grupo o a sugerencia del Conductor.

B) Cinco 6 siete minutos de diálogo e1on la persona que está a mi lado en la reunión, comentando lo que hemos reflexionado individualmente.

C) Treinta o cuarenta minutos de diálogo general, en el que el Moderador o Conductor del grupo invita a cada uno a decir lo que ha pensado sobre dicha pregunta. Cuando se ha agotado este primer tumo de intervenciones, el Con- ductor invita a una segunda intervención. A continuación trata de centrar el debate en algún aspecto, profundizando en él, con razones a favor y en contra, ventajas o desventajas, aportaciones de experiencias, etc

D) Finalmente el Conductor trata de hacer un breve resumen de lo más importante alli tratado, para entregarlo al conferenciante o responsable de la Escuela de Padres. En dicho informe aparecerá también alguna cuestión que el grupo desea aclarar.

(Como es sabido, de acuerdo con la metodología de esta Escuela de Padres, es importante que el conferenciante o responsable de la Escuela de Padres estudie estos informes y responda a ellos o los tenga en cuenta para elaborar la charla de la sesión siguiente).