Celos y rivalidades entre hermanos
Por Fernando de la Puente
revista Padres y Maestros, No. 281,enero de 2004..
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Los celos y la envidia
Los celos son una sospecha, una inquietud o temor a que la persona querida (sus padres para un niño) prefiera a otro más que a mi. Resulta que los padres, los adultos significativos más importante para los niños, las personas amadas y admiradas... ¡estiman a otro más que a él! Lo que realmente le afecta no es que sus padres evalúen al otro con mejor nota (porque sea más listo, más simpático o más fuerte...) sino que le quieren más, le prefieren. Lo afectivo está en juego.
Un día el niño se pregunta, ¿por qué quiere más al otro?
y se fija en cómo es el otro, cuáles son sus cualidades o sus éxitos; cosa en
la que hasta ahora no se había fijado; o si lo sabía, no le importaba. Es
entonces cuando, casi inconscientemente, interpreta que al otro le aprecian más
y le quieren más porque tiene cualidades que él no tiene. De ahí el disgusto
interno de que el otro tenga más éxito y más cualidades. Aparece la envidia,
que según dicen es la tristeza y pesar del bien ajeno; el bien del otro me hace
sentirme mal.
La envidia es autónoma en los adultos, no viene en muchos casos de los celos, aunque la tendencia secreta a la envidia puede enraizarse en un lejano proceso infantil de celos.
Envidias diferentes
La envidia malsana hace que yo me sienta mal porque el otro es más. Me gustaría que el otro disminuyera para llegar a superarle en algunos aspectos, verle debajo de mi y quitarme ese malestar.
La envidia puede ser sana: el deseo de crecer, la sana emulación que me impulsa a dar lo mejor de mi mismo, compensar mis deficiencias, competir conmigo mismo, como en el mejor atletismo.
Puede ser incluso santa, cuando esa competición es en valores humanos y en virtud. San Ignacio de Loyola dijo "si Santo Domingo y San Francisco hicieron esto por Cristo, yo también lo tengo de hacer ".
De la envidia a la rivalidad. Rivalidades normales
Con la envidia, la rivalidad está servida. Se trata de superar al otro como sea, no para crecer yo y desarrollar mis talentos a favor de alguna causa, sino para ver al otro debajo de mi o detrás de mi.
Hay una confrontación y rivalidad espontánea, diríamos normal. Siempre hubo peleas entre hermanos, que incluso tienen ventajas: aprenden a defender sus derechos y opiniones, aprenden a negociar, debatir y ceder, aunque a veces sus peleas sean agotadoras para los padres.
Los niños pequeños se pelean por todo, por cansancio o
aburrimiento en casa; por enfermedad o malestar, etc.; por lo que en muchos
casos, si se elimina la causa, se elimina la rivalidad. En otras ocasiones
buscan llamar la atención, precisamente para hacemos intervenir, hacer de
jueves, impartir premios y castigos. Pero si intervenimos indiscreta o
innecesariamente, ¿no estaremos alimentando más peleas y discusiones? ¿no
impedimos que aprendan a defenderse y negociar?
La situación de hermano es un plano inclinado hacia la rivalidad. El mayor rivaliza porque se siente destronado; el segundo le quitó el afecto de los padres por ser más pequeño y ahora le quita el protagonismo por ser más simpático y comunicativo que él. El segundo es el eterno rival, quiere ser como el mayor. El tercero se revela y ataca para dejar de pasar desapercibido. Y el pequeño saca la cabeza revulsivamente y se hace el importante por amor propio.
Hay rivalidades que tienen su origen en las preferencias (¿inevitables y espontáneas?) de los padres. Siempre hay dones y encantos humanos que unos hijos tienen y otros no (este niño no es cariñoso y encima se cela porque el otro es mejor aceptado). ¿Recordáis aquel juego de "¿a quién quiere más papá o mamá?, ¿quién es el consentido de papá o mamá?" Todos los hermanos de familias más o menos numerosas han jugado a esto. Es algo que se lleva dentro y no se olvida nunca. Los niños se disputan continuamente cosas entre sí pero sobre todo se disputan el afecto de los padres. Es normal.
Reacciones ante las envidias normales
Ante muchos celos y rivalidades naturales no conviene perder el humor por nuestra parte, ni querer arreglar estas actitudes a corto plazo. Ya irán desapareciendo lentamente si actuamos con serenidad y prudencia. Son cosas del egocentrismo e inmadurez propias de la infancia y adolescencia que con el tiempo irán desapareciendo.
Hay hermanos que se pelean horriblemente a los 13 ó 14 años, y les vemos después, a los 22 años disfrutando de una gran amistad y confianza. Por nuestra parte, procuremos no acentuar las preferencias ni herir las sensibilidades; e intentemos distribuir nuestro amor incondicional entre todos los hijos sin marginar a nadie de la ilusión. Es positivo también saber explicar cariñosamente, al que se siente celoso, que no le marginamos del cariño aunque el otro tenga cualidades que él no tiene. Y esto hay que transmitirlo también a través del lenguaje del gesto; de lo contrario nuestras palabras no valen para nada; ellos son muy perspicaces.
Los celos y rivalidades profundas
Puede hablarse de celos y rivalidades graves cuando afectan a la autoestima y seguridad afectiva del niño. Hay niños muy sensibilizados ante cualquier gesto de indiferencia, que enseguida empiezan a elaborar diálogos internos de resentimiento, si no me quieren yo tampoco les quiero. A veces con un sentimiento de culpabilidad y angustia, pues no acaban de explicarse por qué él no siente cariño a sus padres u odia a su hermano. Son sentimientos que quedan ahí encerrados sin poder verbalizarse y que van retrasando la madurez afectiva.
Otras veces, la rivalidad y envidia graves se manifiestan externamente, a través de altercados muy molestos para la convivencia (voces, gritos constantes, clima inaguantable). O bien, rupturas fraternales muy serias; dos hermanos sin hablarse tres o cuatro años seguidos (casos históricos).
Hay rivalidades que no salen al exterior, como invisibles a un radar psicológico, que asoman sólo la punta del iceberg; pero están socavando la seguridad, la sensibilidad y profundizando el egocentrismo. Hay que fijarse mucho y aun así es difícil detectadas. Decimos fácilmente yo no noto nada...pero podríamos hablar bastante del sufrimiento de muchos niños. Quizás nosotros mismos como padres o educadores hemos sufrido celos profundos, ya olvidados, que pasaron desapercibidos a los que nos rodeaban.
Causas por parte de los padres
De los hechos y comportamiento de los padres vienen las deducciones lógicas de los hijos. Nuestras verdaderas preferencias, la forma de mirar (se nos pone la sonrisa de la Gioconda), la expresión vivamente simpática hacia uno y algo menos hacia el otro... Inevitable; pero cuando esto es frecuente, resulta claramente diferenciador para ellos, que tienen siempre la antena puesta. Ven cómo se celebran las cosas de un modo diferente y cómo se alaba siempre al mismo hijo; "yo también vine sin suspensos y nadie celebró nada ", 'yo también encontré un anorak perdido "... No se fijan tanto en el contenido como en el modo del premio, del castigo o la irritación. Al hijo que nos irrita incluso le atribuimos más malicia "lo hace por molestar"; y el otro, el bueno, "lo hizo sin querer", "se ha puesto un poco tonto hoy".
y de todo esto vienen sus deducciones lógicas, más dramáticas de lo que a nosotros nos parece: "no se interesan por mi... no me quieren mucho ". ¿Cuál es la realidad? Quizás es más profunda de lo que parece: ¿amor igual pero cariño distinto? ¿hasta dónde estamos llevando las simpatías hacia uno de los hijos? ¿somos discretos? ¿cuál es mi hijo anónimo? ¿estoy compensando mis problemas afectivos de pareja con mis sesgadas simpatías hacia uno de mis hijjos?
Causas por parte de los hijos
No siempre somos culpables. Hay niños con sensibilidad excesiva que reaccionan exageradamente hacia los pequeños destronamientos o detalles diferenciales que son inevitables. ¿Por qué? Tampoco ellos son conscientes ni culpables. No creemos que sean cosa de los genes; todo es aprendido. Quizás son actitudes celotípicas anteriores mal resueltas, complejos de Edipo no liquidados, sensaciones lejanas de niño mal aceptado...
Otros niños tienen envidias morales injustificadas, sólo porque a sus hermanos les salen bien las cosas (lo de Caín y Abel o el hermano mayor del hijo pródigo). ¿Es el mal moral que producimos de vez en cuando? Aquí lo genial para nosotros es reproducir la actitud del "Padre" del hijo pródigo: salió afuera, le explicó lo que pasaba al hijo mayor, le habló al corazón. Hablar al corazón es una de las soluciones más importantes, como vamos a comentar ahora.
Soluciones, línea afectiva
Entendemos que hay dos líneas de solución, la afectiva y la operativa. En la primera situaríamos tres interesantes tácticas de acuerdo con la experiencia:
a) Una sinceridad personal por parte de padres y educadores que nos haga capaces de auto observamos y auto evaluamos sin encerramos en nuestra verdad ("yo soy imparcial"); y sin tener miedo a afTontar nuestra parcialidad.
b) Un esfuerzo por otorgar cariño e ilusión extra al celoso-envidioso, algo dificil porque el celoso se hace huraño, cuando es el que más cariño necesita; y su actitud huraña no va a desaparecer de pronto, la envidia dura mucho.
c) Una capacidad de valorar en los niños, no sólo el éxito académico, sino otras cualidades. Cuando un niño es solidario, ¿esto no se celebra? ¿sólo se valora lo competitivo?
Soluciones, línea operativa
Distinguiríamos otras tres tácticas educativas:
a) Verbalizar sentimientos. En algunos casos dificiles es cosa de especialistas, pero también la conversación empática de auténtica escucha puede convertirse en terapia familiar. Todo niño difícil tiene sentimientos dificiles que están ahí en su corazón un poco a presión, distorsionando su conducta y sus sentimientos, sin ser capaces de salir fuera. La conversación y la escucha, cuando se hace di stendidamente, sin negociar nada, sin esperar nada a cambio, suele proporcionar oportunidades de clarificar sentimientos. De pronto nos dan alguna pista, asoman la punta de un hilo y puedes ir tirando de él, sencillamente al escucharle con atención e interés y reflejar sus ideas y sentimientos.
b) Cuidar la igualdad de trato, las valoraciones, los castigos, las celebraciones, sobre todo, los modos de hacer todo esto. Pero sin angustiamos ni volvemos meticulosos, lo que es inútil. Y ante los fallos, atrevemos a decirlos y compensarlos afectivamente, no por mera táctica sino de corazón.
c) Fomentar actitudes de generosidad y solidaridad. Son como los antídotos de los celos y la envidia. Darles ideas acerca de pequeñas generosidades y solidaridades que pueden hacer, y reforzar sus pequeñas realizaciones. Se trata de hacer crecer la madurez afectiva para que les coma terreno a las malas hierbas. Es la estrategia de no obsesionarse por arrancar lo negativo, sino llenar el corazón con lo positivo.
Y todo esto a través de la llamada ósmosis afectiva, la persuasión amistosa y personalizada, con la verdad por delante. Una madre me dijo "ahora que mis dos hijos tienen de 6 a 10 años, voy a ver si logro jornada reducida en mi trabajo, pues es cuando más me necesitan; intuyo que es el momento en que yo puedo hablarles al corazón e ir realizando un diálogo personalizado y amistoso para hacerles comprender los valores". No sé si consiguió la condición laboral que deseaba (afortunadamente su economía podía permitírselo, lo que no sucede siempre a otras madres). Pero estaba en lo cierto.
Trabajo de grupos
Análisis de la preocupación de unos padres
Unos padres nos dicen: "Nuestros hijos, tenemos cuatro entre 5 y 14 años, son de una rivalidad excesiva, mirando siempre los derechos propios, discutiendo violentamente por cualquier cosa que estiman como desventaja material o afectiva. Nos preocupa su estilo individualista y antisolidario. De pequeños, no advertimos especiales celos, sólo los normales cuando nacía un nuevo hermanito. Pero dejando aparte el pasado, el caso es que ahora son así y no se tratan como hennanos. ¿Debemos darle importancia, o dejar que poco a poco se vayan haciendo más conscientes y responsables? ¿No estarán forjando un yo envidioso, tremendamente egoísta?"
Cuestiones para el grupo
a) Poniéndonos en la situación de estos padres, ¿qué les aconsejaríamos? ¿Deben preocuparse y tomárselo en serio? ¿Tenemos experiencias semejantes a la de estos padres? ¿Qué actuaciones nos dieron resultados positivos y negativos?
b) La rivalidad entre hermanos no es rara en la mayor parte de las familias, aún en las poco numerosas. Averiguar la causa puede servir de orientación para acertar en las soluciones. En nuestra experíencias de hijos con envidias o rivalidades, ¿somos nosotros la causa? ¿por qué? ¿cuáles son las causas más habituales, teniendo en cuenta lo que se ha dicho en la charla?
