Atreverse a motivar
Por Fernando de la Puente,
Revista Padres y Maestros, No. 259, marzo-abril 2001Motivar verbalmente
Una de las estrategias educativas que se utilizan en la vida familiar para crear hábitos y actitudes positivas en los hijos, es la palabra que los explicita y los "condimenta" con motivaciones razonables.
Motivar puede significar muchas cosas. Motivación es lo que impulsa a la acción, lo que activa la conducta, lo que empuja a conseguir un objetivo. Un incentivo (premio, recompensa, etc.) puede ser una buena motivación. También lo es el refuerzo positivo, reconocimiento verbal o afectivo de las buenas acciones. El éxito de lo que se hace es otra motivación interesante, quizás la más importante. El resultado positivo de mis acciones es la mejor recompensa.
La motivación más fuerte es la llamada intrínseca, que es el deseo interior, la fuerza desde dentro, la determinación personal que me empuja a actuar en un determinado sentido, en orden a lograr metas concretas o ideales de vida. Las motivaciones extrínsecas pueden estimular ocasionalmente la volun tad y el deseo, pero este deseo se hace profundo y duradero cuando se ha convertido en una necesidad interna, un proyecto, un hábito del corazón.
En educación solemos utilizar con frecuencia premios y reconocimientos. Pero, en nuestro legítimo afán de crear actitudes y tendencias, utilizamos también el buen ejemplo (modelo) y las motivaciones verbales. Sobre éstas vamos a reflexionar ahora. ¿Qué es la motivación verbal? Son las razones que formulamos con la intención de que jos niños y adolescentes se representen, como valioso e importante, tal modo de ser o actuar, tal criterio o estilo. Las razones que hacen atractiva la conducta o la actitud deseada, con las cuales queremos ayudar a entender por qué tal acción o actitud es verdaderamente humana; por qué es bueno actuar así, por qué se relaciona en positivo con mi autoestima, me realiza como persona y como ser social.
Padres y educadores estamos todos los días dando razones a los hijos y alumnos, a veces a gritos o improvisando. Queremos dar razones que les motiven, y a veces nos desesperamos y decimos que "no se atienen a razones", no les convencen nuestras razones, no les interesan.
¿Por qué titulamos este tema "atreverse a motivar" refiriéndonos a la motivación verbal? Como veremos, hace falta cierto coraje para atreverse a motivar con autenticidad, dar la cara ante los hijos y decirles lo que yo siento de verdad sobre un comportamiento humano, sin inventarme razones falsas para manipular sus sentimientos.
Nuestras razones de "andar por casa"
Las razones que se dan, las que darnos de hecho, son muchas veces mentiras piadosas, que no las creemos ni nosotros mismos. Una madre le decía a su hijo pequeño que se alejaba de ella jugando por el parque, "Ven que si no el guardia te va a llevar..."; y como eso es falso, el niño poco a poco se irá dando cuenta de que se le estaba razonando con mentiras, aparte de transmitirle falsos conceptos acerca del guardia urbano.
A veces son expresiones dramáticas, amenazas proféticas muy lejanas al niño y de dudosa influencia; "Si no estudias, no vas a ser nada el día de mañana". Otras veces damos razones que son "flojas", improvisadas, que no convencen mucho. Si el niño es medianamente listo puede atacarnos el punto débil de la argumentación, y entonces nosotros le respondemos con: "¡Tú, calla!". O bien lanzamos una verborrea de lamentos: "¡Estoy harto de ti! ¡Ya te lo advertí mil veces y mira lo que ha pasado!"
En otras ocasiones nos dedicamos a buscar sus contradicciones y echárselas en cara. Es muy fácil ver que el otro no es coherente y, sobre todo, verlo en un niño o adolescente: "Dijiste que ibas a adelgazar, y no paras de comen'. "Dijiste que ibas a estudiar... que ibas a hacer tal deporte... que ibas a hacer bien los recados y mira lo que haces"). ¿Es oportuno motivar echando en cara las incoherencias? En primer lugar, no debemos sorprendernos de que un niño o adolescente no cumpla sus promesas. También los adultos decimos que vamos a dejar de fumar, y luego no lo dejamos. Las promesas que hacen los niños y adolescentes son buenas intenciones de momento, pero no muy fiables.
En segundo lugar, esas promesas suelen estar manipuladas por nosotros mismos. Les hicimos hacer esa promesa en un momento dado, a cambio de un premio o recompensa, o aprovechando un momento de buena voluntad. Motivar no es precisamente hacer palanca en sus contradicciones. Les echamos en cara su defecto, que aún persiste, y además su falta de palabra. Todo lo cual es negativo, desagradable y quizás contraproducente.
Las razones prácticas
Hay que reconocer sin embargo, que en muchas ocasiones utilizamos razones serias e incluso bien pensadas. Pero en realidad son razones parcialmente verdaderas, o tan prácticas que no van al fondo de la cuestión. Suelen expresar aspectos secundarios evidentes, como los peligros, las complicaciones concretas que acarrean las consecuencias de los actos, ete. Pero no son las verdaderas razones que expresan el auténtico valor de una acción o actitud.
Veamos ejemplos de razones prácticas en algunos ternas corno la sexualidad, el respeto a las cosas y personas, las negaciones de permisos.
a) En relación con la sexualidad razonamos sobre todo con los peligros: "Esa libertad sexual puede llevarte a tener algún día un embarazo no deseado, que te plantearla un problema mayor aún, abortar o tener un hijo en condiciones desfavorables... La libertad sexual es mala para ti porque produce sentimientos de culpabilidad... Si empezáis así de jóvenes, terminaréis jugando al sexo los fines de semana y no seréis capaces de enamoraras verdaderamente".
Echamos mano de los peligros, que también hay que decirlos porque existen, pero no son las razones de fondo. Deberíamos atrevemos a decir las razones de peso, que por cierto es mejor decirlas en privado, dando testimonio de las propias convicciones. Son razones que parecen no producir un efecto inmediato, o que no dan miedo como las de los peligros. Pero son las verdaderas y las que a medio o largo plazo educan a la persona: "Hijo mío, yo creo que la relación sexual es algo muy serio, es la expresión de un amor comprometido, un amor que busca una auténtica comunicación personal; no es un juego; supone una capacidad de entrega personal, sentirse responsable de la persona que tú quieres, desear su bien y su felicidad como persona, etc."
Los jóvenes, formados y educados con razones éticas profundas, podrán tener fallos y actuaciones inmaduras, pero tendrán las claves para reconocer que han hecho mal. Conocerán qué es lo bueno y lo malo de la conducta humana, caerán en la cuenta del verdadero camino. Las personas que no tienen esa formación, las que sólo tienen peligros en su mente, estarán indefensas ante el ambiente y la sociedad. Con los peligros y los miedos vamos a muy pocos sitios, entre otras cosas porque el miedo influye muy poco en los jóvenes.
b) En relación con el respeto a las cosas y las personas, habría que hablarles al corazón con motivaciones sociales verdaderas. Sabemos que hay niños y niñas que rompen las cosas, las tiran, las estropean, o bien se ríen de otros niños, ejercen sobre ellos todo tipo de violencia y amenaza, etc. Además de límites y medios prácticos o coactivos, tales niños necesitan la motivación formativa. En unos incidentes de violencia material y suciedad intencionada, hemos oído en los colegios excelentes razonamientos, tales como: "Ese pupitre que tú has estropeado, lo ha reparado un señor de mantenimiento del colegio, con toda su ilusión, y tiene derecho a que se respete su obra; es su trabajo honrado y sencillo para tu ser vicio. Cuando escupes en el suelo, la señora de la limpieza no tiene obligación de limpiar eso, tiene que limpiar lo ordinario pero no lo que tú añades con tu desprecio, que es un desprecio a esa persona". Son buenos ejemplos de motivar con la verdad, formando a las personas a medio y largo plazo.
Un ejemplo de motivación formativa en relación con el respeto a las personas: "Si te ríes de otro niño es que te sientes superior y a eso nadie tiene derecho, piénsalo". La expresión que a veces utilizamos de "no hagas a los demás lo que no quieras para ti", en realidad es una razón algo pobre. Hay que ir un poco más allá: "No tienes derecho de hacer sufrir a nadie, cada persona es un absoluto y un misterio. ¿Qué sabes de los demás? Si un compañero/a de clase tiene tal defecto o limitación, ¿acaso es culpable? ¿No es víctima de condicionamientos de los que no es responsable?"
Habría que hablar así a los niños y adolescentes. De lo contrario la juventud puede ir creciendo sin ideas serias de las cosas. Nadie les habla de verdad, todo son medias razones dichas con prisa. Pero lo que ellos necesitan es que les ayudemos a entender cuáles son las claves del respeto a las cosas y a las personas y de los demás valores.
c) También, respecto a nuestras negaciones concretas cuando nos piden ciertos permisos, solemos quedarnos muy "bajitos" moralmente, muy "flojitos" como padres y educadores: "No te dejo ir de excursión porque habíamos quedado que si aprobabas todo irías, pero si no, no". En realidad, es una argumentación pobre que acentúa la dialéctica de si habíamos quedado o no. Seria mejor decir: "Mira hijo, yo creo que no se debe disfrutar de un descanso extra cuando no se ha trabajado lo elemental; no se puede despilfarrar el tiempo ni el dinero en unos estudios que no aprovechas, y luego pretender costear algo extra; no me parece oportuno desde un punto de vista humano o cristiano de las cosas, cuando hay tantos chicos en todo el mundo que no tienen ni la décima parte de las cosas y oportunidades que tú tienes..."
Defender un valor, un ideal moral
Motivar verbalmente conductas y actitudes positivas no puede quedarse en razones prácticas, caseras, de lógica egocéntrico, como si no tuviéramos valores o ideales que defender. Los motivos materialistas, egocéntricos, de alguna manera nos degradan moralmente, porque trasmitimos incoherencia entre esas razones materiales y los valores humanos y cristianos que en otros momentos exaltamos con fervor en nuestros sermones educativos. Y además nos hacen parecer superficiales a los ojos de un niño, sobre todo cuando ya ha cumplido los 12 años.
Se podría decir que si no nos atrevemos a defender valores e ideales, no tenemos auténtica capacidad motivadora, ni por lo tanto capacidad educadora. Sólo seríamos unos meros controladores. Controlar es una parte de la labor educadora, que no excluimos, porque hay que educar con firmeza y establecer límites (Véanse temas de la Escuela de Padres de los números 254 al 257 de esta revista). Pero hay otra parte importante que es la capacidad inspiradora y motivadora, una misión esencial de los padres y los educadores. Ésta se ejerce cuando defendemos la honradez, la austeridad frente al consumismo, lo que es el amor y no el juego sexual. Aquí no nos defendemos a nosotros mismos sino a unos valores humanos o cristianos, que valoramos objetivamente y en los que creemos.
Si los padres y los educadores no les motivamos así, ¿quiénes lo van a hacer? La sociedad les parará los pies, o les pondrá una multa, o les incoará un proceso penal, pero no les dirá las razones profundas del comportamiento humano constructivo. Si no lo hacemos los educadores durante los asíos de la Enseñanza Primaria y Secundaria, nadie lo hará después, porque la Universidad no se ocupará de eso, y la empresa tampoco. Los jóvenes tampoco sacarán motivaciones claras del ambiente, pues en la calle reina una gran desorientación.
Nadie da lo que no tiene
El problema es que si nosotros mismos no buscamos auténticos valores morales, ni nos identificamos con ellos, no podremos inspirar adhesión y aceptación. Sólo educan las razones válidas cuando al mismo tiempo están dichas por una persona convencida de ellas; cuando el educando percibe una unión entre la persona del educador y los valores que proclama.
Sucede muchas veces que poseemos esos valores morales, pero actuamos como si no los tuviéramos. Por una parte, nos ha entrado el pudor. Ya no hablamos de nada auténtico, solamente de peligros, promesas o castigos. No nos damos cuenta de que el corazón del joven es en el fondo un corazón noble, y si se le hace pensar es capaz de reaccionar positivamente. En realidad, ¿qué recordamos de nuestros padres, o maestros o profesores? Aquello que nos dijeron con autenticidad, con el corazón en la mano.
Por otra parte, insistimos tanto en los peligros y en los aspectos prácticos, que vamos desvirtuando nuestro mensaje y terminan creyendo que no les queremos como personas sino por sus resultados. Sucede como con la obsesión por las notas. Nos irritan tanto los suspensos habituales que todo queda condicionado a los resultados. Decimos "¡Yo sólo quiero su bien!", pero lo decimos perdiendo el humor o insultando. ¿Desde cuándo se pierde la paz queriendo el bien de los demás? ¿No se tratará más bien de un amor propio herido? (El prestigio de mi autoridad porque no obedece; mi temor de que él baje de nivel social en la vida; mis ambiciones ocultas de que él llegue a donde yo no he llegado ... ; y todo esto me desilusiona y me hace perder el humor). Por otra parte, ellos se dan cuenta e intuyen que la autoridad que pierde el humor pierde la fuerza moral.
En la Escuela de Padres tratamos de reflexionar especialmente sobre valores humanos, que dan sentido a la vida y no queremos quedamos en simples técnicas, obsesionados por querer conseguir resultados a corto plazo. Al corazón de los niños/adolescentes se llega con la verdad y la autenticidad, no con amenazas, premios, promesas, aunque también haya que acudir a ellas. Educar no es "entrenar" creando hábitos con técnicas conductistas, como podemos hacerlo con un animalito. Hábitos sin formación no es educación verdadera.
En la próxima Escuela de Padres trataremos de las condiciones y dificultades, el cómo y el cuándo de las razones y motivaciones verbales positivas.
Trabajo en grupos
METODOLOGÍA
Reflexión individual. Leer las cuestiones y preparar mentalmente las respuestas a las preguntas (unos 5 minutos).
Reflexión en pequeños grupos. Pasados esos minutos cada participante comenta sus respuestas con la persona que tiene a su lado (unos 5 minutos).
Diálogo general de todo el grupo. El moderador invita a los miembros del grupo a exponer lo que han comentado (una ronda de opiniones). Después intenta profundizar en el tema, centrándose en alguna cuestión más difícil o interesante para la mayoría del grupo, analizando causas, situaciones, soluciones según la experiencia de los participantes, etc.
Al final de la reunión. El moderador con ayuda de algún compañero del grupo escribe unas líneas acerca de los acuerdos o desacuerdos del grupo, y si desean aclarar alguna cuestión concreta. (Esta nota se entregará al coordinador de la Escuela de Padres, que la tendrá en cuenta para la siguiente reunión).
¿CÓMO MOTIVAMOS VERBALMENTE A NUESTROS HIJOS?
Cuestiones para la reflexión y el diálogo.
Vamos a reflexionar hoy sobre el contenido o mensaje de nuestras motivaciones, y lo vamos a hacer centrándonos en algunos temas sobre los que a veces discutimos con nuestros hijos según la edad. Es importante aportar experiencias, dificultades y casos en los que hayamos comprobado que nuestras motivaciones han sido interesantes para los hijos, les han influido.
1.Cuestiones para padres con hijos/as pequeños:
a) Hábitos de higiene: ¿Qué les decimos cuando les mandamos ciertos comportamientos como lavarse las manos antes de comer, cepillarse los dientes, bañarse, cte.? ¿Qué formulaciones utilizamos para animarles a tener unos mínimos hábitos de higiene?
b) Caprichos diversos (comprar chucherías, dulces, juguetes, cte.): ¿Qué les decimos para justificar nuestras negativas?
e) Ayudar a algo o alguien en casa: ¿Qué les decimos para hacerles ver que eso es algo bueno o importante?
d) Cuando dicen mentiras: ¿Qué les decirnos para que entiendan que es malo decir mentiras?
e) Cuando dicen palabras groseras: ¿Qué les decimos para justificar que eso no está bien?
f) Cuando quieren ver más televisión o ciertos programas que no nos interesan: ¿Cómo les razonamos nuestra negativa? ¿Cómo les justificamos que no es bueno ver tanta televisión?
2.Para padres con hijos/as mayores:
a) Estudios y trabajo escolar: ¿Cómo motivamos verbalmente el esfuerzo escolar serio y constante, el buen rendimiento en los estudios? ¿Qué motivos les damos?
b) Temas relacionados con la sexualidad o relaciones chicos/chicas: ¿Cómo les razonamos el tema de las relaciones sexuales en la adolescencia, cuando por ejemplo sospechamos que frecuentan ambientes o tienen amistades con criterios y comportamientos de libertad sexual? ¿Qué razones les damos para abstenerse de dichas relaciones?
e) Viajes, compras, dinero de bolsillo, etc. que nos parecen gastos y ritmo de vida excesivos y poco austeros: ¿Cómo motivamos la austeridad en todo esto? ¿Cómo justificamos nuestras negativas?
d) Cuando quieren ver ciertos programas de televisión que no nos parecen oportunos: ¿Cómo les razonamos nuestra negativa? ¿Cómo les justificamos que no es bueno ver esos programas en concreto?
