Misión Educativa
Marista
VII. En otros campos educativos
| Nos acercamos a los jóvenes. |
167. En el centro del carisma de Marcelino está la búsqueda constante de caminos apropiados para llegar a los jóvenes. Su ejemplo inspira la creatividad de nuestras ideas y nuestra fuerza como apóstoles maristas. Tratamos de ser el rostro humano de Jesús entre los jóvenes allí donde se encuentran.
168. Marcelino reunía a los niños en sus clases de catecismo. Salía a las aldeas y enviaba también a los Hermanos. Sentía especial preocupación por los pobres y los huérfanos, acogiéndolos en La Valla y El Hermitage, y haciendo todo lo posible por su bienestar y educación.
169. Impulsados por las necesidades apremiantes y las aspiraciones de los jóvenes de hoy, especialmente los más desfavorecidos y necesitados, tratamos de multiplicar nuestras formas de acercarnos a sus vidas y a su mundo. Con espíritu misionero mantenemos una actitud abierta hacia todos los jóvenes sea cual sea la fe que profesen. Sabemos que no podemos recorrer el mismo camino con cada uno de ellos en nuestra tarea de evangelización.
170. Adoptamos una visión integral en todos los campos de nuestra misión. Como hermanos y hermanas para los jóvenes nos preocupa su bienestar total. Les acompañamos en sus relaciones con los demás, con el mundo y con Dios.
171. Nuestro peculiar estilo marista caracteriza todos nuestros proyectos y actividades. Estamos convencidos del valor educativo que conlleva establecer una buena relación entre nosotros y los jóvenes, y de la importancia de que se sientan cómodos con nuestra presencia. Estamos convencidos, igualmente, del valor del trabajo y de realizarlo juntos, especialmente en las situaciones en que los jóvenes son propensos a rendirse o a adoptar una actitud pasiva. Estos valores adquieren especial importancia cuando trabajamos de manera no estructurada fuera del contexto educativo formal. Nosotros comenzamos desde donde ellos están.
| Allí donde están |
172. Buscamos oportunidades para estar presentes allí donde se reúnen los jóvenes en su tiempo libre, por ejemplo en los deportes, lugares de ocio, actividades artísticas y culturales en el barrio o en la parroquia, acampadas, y movimientos como los Scouts. Si es necesario ayudamos a organizar esas actividades después de las clases, en el fin de semana, o durante las vacaciones. Ponemos particular empeño en hacernos presentes como agentes de pastoral entre los jóvenes desatendidos, por ejemplo en la calle, en los suburbios, y en los centros de reclusión.
173. En colaboración con la Iglesia, con las instancias municipales, organizaciones no gubernamentales o departamentos de juventud del gobierno, o por propia iniciativa nuestra, abrimos centros de recreación y deporte, instalaciones donde los jóvenes puedan reunirse y manifestar su talento creativo. En las zonas más necesitadas, promovemos centros de estudio, bibliotecas y albergues estudiantiles.
174. En los grupos impulsamos la expansión natural de los jóvenes, acompañando su creatividad, ayudándoles a ser respetuosos entre ellos. Con delicadeza tratamos de iniciar un diálogo acerca de sus preocupaciones personales y familiares. Les ponemos en contacto con otros servicios y programas existentes en la localidad, o con los que nosotros mismos organizamos.
175. Intentamos desarrollar la conciencia crítica de los jóvenes hacia los valores de su mundo, de su cultura popular tan influenciada por los medios, especialmente la música y el ocio, y por las relaciones con sus compañeros. A través de nuestra interacción con ellos, incluso promoviendo espacios en los medios de comunicación especialmente dirigidos a ellos, fomentamos los valores sociales armonizando fe, cultura y vida con un lenguaje que ellos entienden.
176. Buscamos espacios para la convivencia y promovemos proyectos solidarios comunes entre jóvenes de diferentes clases sociales, culturas y estilos de vida. Intentamos desarrollar así su apertura hacia los otros e iniciarles en el hábito de compartir su tiempo, su talento y sus capacidades al servicio de los demás.
177. Incluso en las circunstancias en que no es posible o apropiado hablar directamente de Jesús y del Evangelio, o donde los mismos jóvenes muestran poca inclinación hacia las cuestiones religiosas, nosotros atendemos su espiritualidad. Les ayudamos a descubrir el sentido de su vida, a reflexionar acerca de los valores trascendentes, y les invitamos a seguir avanzando en el camino de la fe.
178. Trabajar con jóvenes en estas labores de apostolado exige de nosotros equilibrio personal y madurez, discernimiento, creatividad, sentido del humor, paciencia, flexibilidad, saber escuchar y mucha fe. Tenemos que estar deseosos de pasar el tiempo necesario con ellos para ganar su confianza, sin imponernos, pero asegurando que sean responsables en sus actividades.
| Por medio de acciones de crecimiento en la fe. |
179. Para aquellos que desean profundizar en su fe y en su pertenencia a la Iglesia, buscamos momentos más intensos de experiencia de oración y de comunidad cristiana, y les ofrecemos la posibilidad de participar en actividades apostólicas, ya sean organizadas por nosotros, o propios de la Iglesia local. Velamos para que en la Iglesia local los jóvenes sean acogidos, escuchados, y puedan tomar iniciativas. Establecemos centros destinados a esta misión, ya sea bajo nuestra iniciativa o bien en servicio a una acción pastoral más amplia de Iglesia.
180. Adaptamos nuestra labor pastoral a la edad, carácter, y circunstancias de los grupos concretos con los que trabajamos. Por ejemplo, alumnos, grupos parroquiales, jóvenes de áreas urbanas o rurales, jóvenes trabajadores, estudiantes universitarios; los que tienen una estrecha relación con la Iglesia, y los que tienen poca o ninguna; los que poseen medios económicos, y los que carecen de ellos.
181. Adoptamos un estilo pastoral sencillo y basado en la experiencia. Les presentamos modelos de vida cristiana que les permitan descubrir en sus propias vidas lo que significa ser cristiano hoy. Organizamos actividades especiales tales como seminarios, festivales, vigilias de oración, celebraciones religiosas, retiros, y peregrinaciones. Individualmente o en pequeños grupos les ayudamos a concretar sus ideales y convertirlos en objetivos adecuados a su edad y circunstancias.
182. A los jóvenes en edad escolar que han asumido ya un compromiso de vida cristiana, les invitamos a unirse a nosotros en nuestra pastoral, por ejemplo impartiendo catequesis a niños, como animadores de grupos juveniles, y otras actividades mediante las cuales puedan evangelizar a otros jóvenes.
183. Nuestra labor pastoral con los jóvenes adultos se centra en la maduración de su fe, expresada a través de su compromiso social y eclesial. Aparte de las actividades mencionadas, les proporcionamos acompañamiento personal para ayudarles a reflexionar sobre su experiencia de vida. Les iniciamos en la espiritualidad apostólica marista y en cómo vivirla dentro de su Iglesia Local. Les ofrecemos ámbitos de comunicación con otros jóvenes que contribuyan a sostener sus compromisos. Elaboramos con ellos planes integrados de formación permanente y dedicamos el tiempo suficiente para asegurar su realización.
184. Les animamos a participar en programas de voluntariado o de misión tanto en su país como en el extranjero, en zonas apartadas o deprimidas. Les brindamos la posibilidad de vivir durante un tiempo como miembros de una comunidad apostólica marista. Orientamos su vocación, incluyendo la opción de vida religiosa y sacerdotal.
185. Preparamos a los jóvenes creyentes para que sean líderes cristianos en la sociedad. Les acompañamos en su deseo de mostrarse sensibles y solidarios con los problemas de otros pueblos y otras culturas. Les ofrecemos la posibilidad de estudiar la doctrina social de la Iglesia.
186. Como animadores de la juventud estamos convencidos de que el mejor servicio que prestamos es el testimonio de la felicidad de nuestras vidas como ejemplo de lo que debe ser un cristiano comprometido en el mundo actual. Alimentamos nuestra propia espiritualidad a través de nuestra relación personal con Jesucristo con el fin de poder compartir mejor nuestra fe con los jóvenes.
187. Nos mantenemos actualizados en lo que se refiere a los avances en las materias religiosas, en las ciencias sociales y de la educación, y en la teoría y práctica de la pastoral juvenil. Nos preparamos convenientemente para la animación de grupos y nos formamos para la dirección espiritual y el acompañamiento personal.
188. Con los amigos y compañeros de apostolado compartimos nuestras experiencias, las penas y alegrías que conllevan, y cómo sentimos la presencia de Dios en nuestra labor. Igualmente procuramos ser objetivos al analizar la calidad de nuestro trabajo y en qué medida puede afectarnos personalmente.
189. Establecemos vínculos y tomamos parte activa en los organismos que coordinan la pastoral juvenil en el ámbito parroquial, diocesano y nacional.
| Mediante programas de educación no formal. |
190. Trabajamos con grupos de jóvenes que viven en situaciones de marginación o en áreas desatendidas y cuyas necesidades no están siendo cubiertas por estructuras educativas formales. Junto con ellos y con las agrupaciones locales, con las instancias oficiales y organizaciones no gubernamentales, estudiamos su situación e intentamos detectar sus necesidades reales y ofrecer posibles respuestas. A través de nuestro contacto con esos grupos externos, nos aseguramos de que nuestra intervención es parte de un proyecto comunitario integrado.
191. Los programas que emprendemos pueden ser a corto o largo plazo. Por ejemplo, alfabetización, clases de apoyo, enseñanza de la lengua para inmigrantes, desarrollo personal, educación para la salud, control de las adicciones, relaciones humanas, jardín de infancia, talleres de temática social y cultural, desarrollo comunitario, orientación profesional, expresión artística y formación de responsables.
192. En dichos programas educamos para la vida. Intentamos mejorar el bienestar de los individuos y la calidad de vida de toda la comunidad. A través de esas acciones llegamos también a una relación con los jóvenes en el plano de la fe y promovemos la solidaridad entre ellos y con los demás.
193. Para trabajar en esos ambientes tenemos que ser personas con iniciativa, esperanzados y perseverantes a pesar de los fracasos, sin esperar resultados inmediatos, y capaces de animar a otros a unirse a nuestro proyecto. Con frecuencia eso significa que tenemos que valernos con pocos recursos. Pero es preciso que seamos buenos comunicadores, competentes en lo que emprendemos y capaces de trabajar en equipo e incluso de coordinarlo.
194. Conociendo los retos que supone trabajar en grupos reducidos, como puede ser el caso en las tareas aludidas, nos comprometemos a construir un sólido espíritu de familia que nos ayude, y que influya de forma positiva en los niños y jóvenes a los que servimos. Hacemos nuestras Alas alegrías y esperanzas, las penas y las angustias@ de los jóvenes y sus familias. Podemos incluso optar por vivir entre ellos, compartiendo su vida de manera más real, como testimonio de nuestro compromiso personal.
| A través de programas sociales. |
195. Para algunos jóvenes, especialmente para los que están "en situación de riesgo" o viven en las fronteras de la sociedad, nuestra labor de acercamiento debe tener un carácter social más acentuado que en las circunstancias antes descritas. Junto con ellos y sus familias elaboramos programas y proyectos adecuados, y siempre que sea posible lo hacemos en colaboración con otros grupos y programas gubernamentales.
196. Los servicios que ofrecemos incluyen hogares para "niños de la calle", instituciones para la protección de menores y huérfanos, centros de acogida para jóvenes con situaciones familiares críticas, centros de ayuda para familias desestructuradas, proyectos para discapacitados, servicios para grupos étnicos minoritarios, inmigrantes y refugiados; centros y programas de rehabilitación para jóvenes drogadictos y enfermos de sida; y programas de apoyo a jóvenes presos, excarcelados o que tienen problemas con la ley.
197. Tomamos medidas para responder a las necesidades físicas y materiales más inmediatas de esos jóvenes a través de acciones preventivas y de ayuda directa. Tratamos, sin embargo, de ir más allá complementando este tipo de acción con estrategias educativas adecuadas que les capaciten para salir adelante valiéndose de ellos mismos.
198. Debido a las experiencias negativas que a menudo han vivido, ponemos empeño especial en crear un ambiente estable en el que se sientan respetados, valorados y queridos. Intentamos que adquieran confianza y autoestima mediante asesoramiento, programas de desarrollo personal, y con pequeños proyectos que ellos puedan llevar a cabo.
199. Ayudamos a los jóvenes a conseguir las destrezas y aptitudes que necesitan para integrarse mejor en la sociedad. Creamos situaciones en las que convivan y trabajen juntos y en las que deban enfrentarse a las consecuencias de sus actos. De esta manera, les educamos en aspectos de libertad personal, en el grado de dependencia que pueden tener de los compañeros y la necesidad de asumir sus propias responsabilidades en la vida.
200. Un aspecto importante de la integración social de los jóvenes Aen situación de riesgo@ es su relación con la familia. Estamos atentos a las necesidades de la familia en conjunto, tratando de caminar hacia la reintegración donde sea posible, y la reconciliación donde sea necesaria.
201. Evaluamos regularmente los resultados de nuestra pastoral, buscando siempre los mejores medios para que los jóvenes alcancen una mayor autonomía personal. Reconocemos nuestras limitaciones en el trato con jóvenes que se hallan en crisis y les procuramos el apoyo que necesitan por medio de ayuda profesional externa.
202. Atendemos sus necesidades espirituales para que se abran a la fe, a la esperanza y al amor, y les hablamos de la preferencia que Dios tiene por los más pobres y abandonados. Favorecemos el cambio interior que viene de la experiencia de este amor incondicional y de la propia aceptación y autoestima.
203. Contribuimos a la formación de la conciencia social de los jóvenes ayudándoles a descubrir las situaciones a menudo deshumanizantes en las que viven y moviéndoles a tomar parte en la transformación de sus propias circunstancias y a trabajar por el desarrollo de la comunidad. Los educamos para que aprendan a solucionar los conflictos de manera no violenta. Les ayudamos a analizar el contexto social, político y cultural, y les enseñamos elementos de doctrina social de la Iglesia.
204. Junto con otras personas e instituciones, aceptamos el papel de abogar por los jóvenes que son víctimas o cuyo bienestar y derechos se encuentran dañados de alguna forma. Esto nos lleva a participar activamente en la consecución de una mayor justicia social. Comunicamos a la Comunidad Provincial nuestras experiencias y preocupaciones, con el fin de que se pueda ofrecer un apoyo colectivo allí donde se estime necesario.
205. Antes de emprender nuestra labor con niños y jóvenes "en situación de riesgo" o que viven en las fronteras de la sociedad, nos preparamos personal, profesional y pastoralmente. Igualmente, nos ponemos al día en estas cuestiones en períodos regulares, acudiendo a programas adaptados de formación permanente dirigidos a animadores juveniles.
206. Una tarea así exige de nosotros autenticidad, equilibrio y madurez, y nos lleva a un estilo de vida todavía más sencillo. Somos conscientes de que en muchas ocasiones nuestro esfuerzo no se verá recompensado por resultados inmediatos, ni tendrá reconocimiento oficial. Esa realidad inspira nuestra espiritualidad personal, basada en la convicción de que estamos haciendo la obra del Señor, con la esperanza puesta en lo que Él tiene prometido a los que trabajan "en su nombre". Una espiritualidad de la Cruz y de la Resurrección en la que se reflejan las historias de sufrimiento que estos jóvenes viven y comparten con nosotros.
207. Trabajar con jóvenes cuyas vidas están marcadas por la extrema pobreza, el abuso, experiencias traumáticas como la violencia, la guerra, o la desintegración familiar, puede causar un impacto en nuestro equilibrio personal. Esa dedicación puede hacer brotar en nosotros potencialidades humanas que de otra forma nunca llegaríamos a conocer. Pero también puede afectarnos física, psicológica o espiritualmente. Hemos de estar atentos a esta posible influencia, por nuestro propio bien y por la tarea profesional y apostólica que debemos seguir llevando adelante.
208. Somos conscientes de nuestras limitaciones personales y de lo que podemos hacer. Analizamos nuestras reacciones y compartimos nuestras experiencias con otros compañeros. En determinadas circunstancias buscamos asesoría profesional y consejo personal para nosotros mismos. De vez en cuando, hacemos una pausa en nuestro trabajo y reservamos momentos para atender nuestras necesidades espirituales, y para cambiar de ambiente, en compañía de otros a quienes sentimos cercanos.
| Trabajadores del Reino. |
209. Asumimos las circunstancias más difíciles de nuestra cultura y nuestra época, tal y como se reflejan con tanta crudeza en las vidas de los jóvenes marginados y sin esperanza que encontramos en nuestra misión. A través de nuestra presencia esperanzada y atenta, aunque ello pueda costarnos, y a través de nuestra voz en la Iglesia y en la sociedad, intentamos acercar el mundo al Reino de Dios, en el que todos han de tener la oportunidad de vivir una vida con dignidad.
210. Nuestra vocación como educadores en estas labores pastorales y sociales es una llamada a ser profetas en el mundo actual, especialmente en el mundo de "los pequeños", de aquellos que se encuentran al margen de la sociedad. Tratamos de ser para ellos una luz que les guíe hacia la Luz, Jesucristo.
