POTENCIACION DEL AUTOCONCEPTO.

La promoción del autoconcepto, de la autoestima, es un componente más de la formación integral de los alumnos. En este artículo, se proponen unos puntos básicos de reflexión teórica y se ofrecen algunas directrices para el diseño y desarrollo de un programa encaminado a realzar la imagen que los adolescentes tienen de sí mismos.

Por JOSE LUIS TRANCHE GARCIA, Revista Cuadernos de Pedagogía, No. 241

La mayoría de expertos en el tema entiende que las personas con un autoconcepto ajustado y positivo son más capaces de actuar de forma independiente, elegir y tomar decisiones, interactuar con los demás, afrontar nuevos retos, asumir responsabilidades, contradicciones o fracasos...; en definitiva, están mejor preparadas para participar de manera responsable en las distintas actividades e instancias sociales y alcanzar un mayor nivel de felicidad tanto propia como ajena. Parece indudable, pues, la incidencia que tiene el autoconcepto en la organización mental de los individuos y en el control y dirección de sus conductas y realizaciones.

El proceso de reforma educativa iniciado con la aprobación de la LOGSE subraya el papel capital que desempeña el autoconcepto en la plena formación del alumnado y deja en manos de los docentes la difícil e importante tarea de ayudar a los alumnos y alumnas a desarrollar un concepto positivo y ajustado de sí mismos.

El propósito de este trabajo es apuntar algunas ideas que puedan servir a los equipos de profesores como base para el diseño y desarrollo de un programa de potenciación de la autoestima dirigido a los alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO).

Bases para una reflexión teórica.

Antes de emprender las tareas de diseño y aplicación de un programa de potenciación del autoconcepto, conviene que los docentes reflexonemos de forma individual y grupal acerca de determinados aspectos, llamémosles teóricos, sobre los que se cimentará una práctica adecuada.

Aparte de alcanzar un consenso mínimo en el aspecto conceptual, el quipo de profesores debe profundizar en las características que conforman y por las que se manifiesta el autoconcepto, así como en la influencia decisiva que ejercen en su desarrollo variables tales como la imagen corporal, el ambiente familiar y escolar, la identidad sexual y el grupo de iguales. Otros aspectos a tener en cuenta son la influencia mutua entre autoconcepto y rendimiento escolar; la incidencia de las actitudes y conductas del profesorado en la generación y potenciación del autoconcepto, e inclusive las expectativas, los refuerzos y la propia autoestima del personal docente.

Sin esta fase de reflexión individual y grupal, se hace difícil asumir y consolidar prácticas educativas que promuevan en el aula un autoconcepto positivo y apropiado entre todos y cada unos de los alumnos.

Ideas para el diseño y desarrollo del programa.

Las siguientes propuestas tratan de configurar un marco en el que se encuadren las posteriores tareas de diseño y desarrollo de un programa de potenciación del autoconcepto::

- Tal como se ha indicado anteriormente, es fundamental que el equipo docente reflexione, debata y, en último extremo, establezca un marco teórico mínimo sobre el que asentar el ulterior trabajo. Aunque la duración de este período depende de un sinfín de circunstancias, en principio parece que podrían ser suficientes de sos a cinco sesiones.

- Son necesarias reuniones periódicas de todo el equipo con fines de preparación y seguimiento (una sesión cada uno o dos meses).

 

CUADRO

Actitudes y conductas del profesorado que potencian un autoconcepto positivo entre los alumnos.

- Aceptación. Hay que adoptar una actitud positiva hacia los alumnos, que deben sentirse acogidos, recibidos de buen grado, aun después de que se haya censurado su comportamiento.

- Afecto. Un cierto grado de cariño, además de potenciar el rendimiento de los alumnos, promueve sus sentimientos de dignidad personal.

- Elogio. Se debe alabar el trabajo bien hecho y/o los esfuerzos realizados, siempre que den motivo para ello.

- Confianza. Hay que mostrar al alumno que se tiene confianza en él y en sus posibilidades, y animarle y alentarle para que alcance las metas propuestas.

- Libertad. Imprescindible para poder preguntar, discutir, expresar puntos de vista y tomar decisiones significativas por uno mismo.

- Respeto. Hay que reconocer y tomar en consideración los derechos, la dignidad, las ideas y los sueños de los adolescentes.

- Empatía. Se refiere la capacidad del profesorado para identificarse o compartir el estado de ánimo de los alumnos. Favorece la interacción entre ambos estamentos.

- Autenticidad. Hay que ser uno mismo, una persona real, sin máscaras y con la capacidad de reconocer los propios errores.

- Coherencia. Aunque a veces es difícil mostrar altos niveles de congruencia en lo que se piensa, se dice o se hace, éste es un factor importante para estimular positivamente el autoconcepto.

- Implicar al alumnado. Hay que estimular a los alumnos para que se fijen objetivos personales tanto a corto como a medio plazo, y asuman la responsabilidad de sus propias ideas y comportamientos.

- Expectativas realistas. La esperanza de conseguir determinadas metas ha de estar en consonancia con las posibilidades reales de los alumnos.

- Atención y apoyo individualizados. Cada persona es única e irrepetible, y debe reconocérsela como tal.

- Proceso de enseñanza-aprendizaje experimental y participativo. Hará que el alumno se sienta agente de su propia formación.

- Interés por las opiniones del alumnado. Hay que ser sensibles y receptivos a las observaciones, advertencias, ideas y razonamientos de los adolescentes.

- Autoconcepto positivo del profesor como persona y como docente. Tener actitudes positivas hacia uno mismo facilita la construcción de relaciones afectivas con los demás.

- Trabajo flexible. Todas las actividades deben permitir diferentes niveles de implicación y participación.

- Trabajo organizado. Deben planificarse tareas que resulten adecuadas desde un punto de vista psicológico, pedagógico y epistemológico.

- Trabajo creativo. Debe posibilitar pensamientos, manifestaciones y vías de solución diferentes.

- Hay que buscar y aplicar procedimientos para evaluar el autoconcepto del alumnado al principio y al final del programa.

- El equipo docente -y cada profesional en particular- debe llevar a cabo una labor continuada y sistemática a fin de maximizar su aportación al programa.

- El orientador u orientadora del centro debe considerarse como un miembro más del equipo docente, que en determinados momentos realiza labores de formación y/o asesoramiento del profesorado.

-El programa debe abarcar una doble vertiente: una fase extensiva, que se prolongue a lo largo de todo el programa (curso, ciclo o etapa) e implique el compromiso de cada profesional de poner en práctica actitudes y conductas que favorezcan el crecimiento del autoconcepto: y una fase intensiva, en la que se dedique un tiempo mensual (una sesión cada uno o dos meses) a realizar actividades y ejercicios específicamente diseñados para incidir en la potenciación de la autoestima, en cualquiera de sus facetas: académica, física, emocional y social.

Estrategias orientadas a mejorar el autoconcepto del alumnado (fase extensiva)

El Cuadro propone ciertas actitudes y/o conductas que, aplicadas de forma extensiva en el aula y el centro, pueden llegar a definir y configurar un clima que favorezca el desarrollo del autoconcepto entre los alumnos.

Hay que recalcar la importancia de que tales actitudes y conductas lleguen a ser elementos definitorios de la práctica docente en la mayoría o la totalidad de situaciones educativas, pues caer en la incongruencia de ejercitarlas y/o ensanzarlas únicamente en momentos esporádicos (sesiones de tutoría, actividades concretas...) Supondría operar en contra del objetivo previsto.

Asimismo, es necesario establecer algún método de valoración que permita determinar los comportamientos que se aplican con mayor o menor frecuencia en el aula y analizar cuáles de ellos están reportando los resultados apetecidos, cuáles no se ajustan a la situación y qué otras alternativas hay disponibles.

Ejercicios para potenciar el autoconcepto (fase intensiva)

Las actividades tendentes a fomentar el autoconcepto entre el alumnado deben incidir en cuatro facetas distintas: social, física, académica y emocional. Se exponen a continuación algunas ideas genéricas sobre los ejercicios que, bien en tiempo de tutoría o en las respectivas materias, podrían ser adecuados para tal propósito:

- Ambito de lo Social. Tener o no tener habilidades para interactuar con nuestros semejantes ocasiona indefectiblemente sentimientos positivos o negativos hacia uno mismo. Se trata, pues, de enseñar y aprender aptitudes de relación social, en la creencia de que la asunción y aplicación de éstas facilitarán un mayor intercambio con las personas próximas e influirán positivamente en el autoconcepto de los alumnos.

- Ambito de lo físico. Durante la adolescencia, la imagen corporal cobra una importancia inusitada, ya que se producen cambios físicos notables (desarrollo genital, espermatogénesis, crecimiento del vello pubiano, espinillas....) Que generan una cierta inquietud entre los jóvenes y les hace sentir su cuerpo como algo extraño, ajeno y difícilmente controlable. Hay que ayudar al alumnado a aceptar su propia realidad física, sin que esto signifique la renuncia a cambiar, mejorar o evolucionar de forma racional. Analizar los modelos de atractivo físico, las pautas de apariencia personal, higiene y vestimenta, puede ser una estrategia que incentive el grado de autoestima.

- Ambito de lo académico. Se trata de plantear la adquisición de métodos y procedimientos (por ejemplo, técnicas de estudio) que ayuden a los alumnos a superar la contradicción entre las exigencias que se les imponen en cada área y los recursos que se les ofrecen para aprehenderlos.

- Ambito de lo emocional. Implica potenciar estados emocionales que se fundamenten en un lenguaje autodirigido positivo y en un control adecuado de los sentimientos y la propia conducta.

Conclusión.

Los equipos docentes interesados en el tema deben dotarse, ante todo, de un marco conceptual más o menos común que, basándose en la información, la reflexión y el diálogo, ayude a consensuar y aplicar un conjunto de procedimientos, actitudes y conductas que induzcan a los alumnos a construir y desarrollar su propia identidad personal.

Si la meta es favorecer el desarrollo de un autocepto ajustado y positivo por parte de los alumnos, la mejor alternativa consiste, con toda probabilidad, en combinar una fase extensiva de actuación que tenga como objetivo crear un clima académico que coadyuve a alcanzar tales objetivos, con una fase intensiva que incluya ejercicios dirigidos específicamente a realizar aspectos relevantes de la autestima, ligados a los ámbitos social, académico, físico y emocional.

* José Luis Tranche García es pedagogo orientador del Instituto para el Desarrollo Curricular de la Comunidad Autónoma del País Vasco.