Rasgos fundamentales de la Pedagogía
Marista
y su aplicación a nuestro ser y actuar
como educadores maristas.
Por H. Jesús Hernández M.
INTRODUCCIÓN.
El trabajo educativo del curso escolar ofrece normalmente una buena oportunidad para plantearse con mas calma una visión más amplia de nuestra acción educativa a la que dedicamos sea todo nuestro tiempo profesional o parte de él, y que lo hacemos generalmente con buena disposición, pero que es bueno explicitarlo y recordarlo.
Y dentro de esta jornada de Planeación, han dejado ustedes un momento para detenerse un poco sobre el "apellido" que quieren darle a su actuar en la educación. Es decir, el estilo que quieren imprimir en su caminar diario.
Precisamente, ustedes están convencidos de que una institución que toma el ideario Marista como suyo, puede aportar un estilo educativo que se va transparentando en el todo de la propuesta educativa. Es decir, que el estilo es como la atmósfera que envuelve un sinnúmero de movimientos, acciones, relaciones, actitudes, vivencias, etc. que quizá sin darnos cuenta de que existe va dando ese ambiente que en definitiva será parte esencial para el logro del objetivo final de todo su esfuerzo: la formación de sus jóvenes en el camino no solo de saber cosas, sino de ser plenamente personas en el sentido más profundo de la palabra.
Yo tomaré solo algunos rasgos de este "todo" y haré alguna reflexión sobre algunos de los rasgos fundamentales de la Pedagogía Marista. No pretende ser un análisis exhaustivo y completo. Simplemente comparto algunas cosas que a mí me parecen importantes e inspiradoras de tal manera que ustedes puedan hacer personalmente la aplicación de acuerdo a su situación tanto en la relación con los alumnos, la disciplina y su metodología específica.
Los aspectos que iré tomando para mi análisis:
La motivación fundamental de quién es educador.
La visión que se tenga de la educación y sus alcances.
En la actitud hacia los procesos educativo-formativos.
La metodología, las técnicas: los "cómos" en la educación.
El estilo de la RELACIÓN que se establezcan con los alumnos.
Camino en Comunidad (unidad de visiones, metas, criterios).
Como ven ustedes, no se tratará de consejos pedagógicos, o "píldoras" y menos "recetas", aunque se trata de las técnicas, en cuanto que tienen que tener una cierta coherencia con la visión que tengamos de procesos y metas, solo daremos algunos criterios que puedan ayudar a renovar nuestra disposición, dejando a ustedes el ir concretando los mejores "cómos" para realizar lo que ustedes van aceptando como fundamental en su actuar educativo.
ANÁLISIS DE LOS RASGOS BÁSICOS Y SU APLICACIÓN A NUESTRO SER Y ACTUAR COMO EDUCADORES MARISTAS.
La propuesta educativa Marista supone una cierta metodología pedagógica peculiar que tiene una historia, una experiencia que nos viene de Marcelino y de los primeros hermanos. Ellos lograron dar una respuesta a las necesidades e inquietudes de la época. Sus innovaciones y búsqueda de adaptación de los medios a su disposición nos invitan a ser creativos. Ciertamente que al hablar de "pedagogía marista" no se trata de repetir ciertos esquemas y estilos mecánicamente, sin discernimiento. Creo que hay aspectos que reflejan la visión de la época, y lleva algunas distorsiones antropológicas de ésta.
Lo importante de la expresión de Marcelino a propósito de la necesidad del verdadero amor a quienes educamos, nos motiva a ser congruentes con esto y recordar que el verdadero amor es "creativo" y esto nos lleva a buscar las mejores formas de que la educación (como transformación de las personas) vaya llegando al corazón de las personas a quien va dirigido. Nosotros los cristianos, que creemos que el Espíritu Santo es el pedagogo por excelencia, porque va guiando a cada persona hacia lo que en su camino de plenitud y felicidad, en cuanto responde a lo que Dios le va pidiendo a cada uno. ¿Recuerdan ustedes lo que sucedió el día de Pentecostés? Aunque los oyentes eran muy diferentes y con lenguas diferentes, la predicación de los apóstoles era escuchada en su propio idioma. Ese espíritu es creativo, nos motiva como educadores cristianos a tratar de que nuestra aportación llegue a cada persona y la entienda en su idioma. A eso mira la pedagogía marista como lo iremos viendo a continuación.
El estilo educativo marista tiene su inspiración desde luego en María, mujer educadora quien con su presencia discreta y atenta, llevó la relación con su hijo de tal forma que respondiera a la misión que le fue encomendada, apoyándolo, confrontándolo y animándolo en caminar en el cumplimiento del Proyecto que Dios le encomendó: la construcción del Reino de Dios.
Las dimensiones de este estilo mariano de educación nos inspira en nuestro actuar. Tales dimensiones son:
Presencia.
Sencillez.
Espíritu de Familia.
Amor al trabajo.
1. PRESENCIA ENTRE LOS ALUMNOS.
<<Diga a sus alumnos que los quiero mucho, que quisiera tener la satisfacción de enseñarles, de dedicarme de una manera más directa a forma a estos pequeños de su clase>> M. Champagnat.
1.1 MOTIVACIÓN PARA SER EDUCADOR.
Queremos estar con los alumnos con una presencia discreta, equilibrada (ni aplastante (abrumadora), ni indiferente o lejana "desde el rol" profesional. Somos alguien que está a la vista, cercano.
Marcelino decía: "para ser buenos educadores es indispensable vivir entre los educandos y que el tiempo que pasen con nosotros se alargue y se prolongue".
1.2 VISIÓN DE LA EDUCACIÓN.
Como actitud importante en la educación: pensamos que el maestro vive aquello de que "la educación sin el encuentro personal se convierte en un panteón de verdades".
Creemos que la presencia adecuadamente prolongada crea un clima de comunicabilidad que puede abrir a la confianza y sinceridad de los alumnos.
1.3 PROCESOS EDUCATIVOS.
La presencia continua entre nuestros alumnos favorece los procesos formativos que miran a la consolidación y maduración personal.
No escatimamos el tiempo y el esfuerzo que nos pida el estar con nuestros alumnos, especialmente con aquellos que encuentran en nosotros un modelo a imitar en su camino. Cuando nos damos cuenta de esto, no lo evitamos pero tampoco nos aprovechamos de ellos para ventajas personales.
Somos presencia inspiradora y cercana en los momentos espontáneos, fuera de la formalidad del tiempo de clase y de la relación maestro-alumno.
La presencia da seguridad, pacifica y ayuda a consolidar los procesos formativos.
1.4 METOLOGÍA Y TÉCNICAS.
Las técnicas y "cómos" nos recuerdan que no pueden ser cosas frías, sino parte de una presencia cualificada con los muchachos adolescentes: ni cuate, ni alguien de "otro mundo". Es un trato de amistad y de firmeza en las exigencias que se deben pedir, un equilibrio que no siempre es fácil. Trata de darse su lugar, no se deja acaparar ni manipular por algunos.
La presencia va pensada, no solo en el aula (y quizá no solo en la escuela), sino participar con ellos en su mundo (deportes, expresiones artísticas, excursiones, etc.).
1.5 RELACIÓN CON LOS ALUMNOS.
La "PRESENCIA" es el rasgo central y por excelencia en la relación con los alumnos. De hecho los titulares ya lo están trabajando y lo han tomado como un aspecto importante de su misión: ser presencia cualificada, abierta, a la vez que respetuosa de la persona de los alumnos y de su ritmo en el caminar.
Se trata de una presencia conocedora del mundo de los alumnos: de sus gozos, tristezas, preferencias, manifestaciones, de sus fuerzas, sus debilidades, sus sueños, etc. Nuestra enseñanza concreta puede estar imbuida de ese mundo simbólico de los adolescentes, cosa que les ayudaría mucho y captarían que lo que se les enseña tiene que ver con ellos y con lo que viven.
Su vida diaria nos interesa sin descuidar las metas formativas y de logro de los objetivos académicos (pero estos solos, hacen que nuestra actuación sea muy reducida). Nos interesamos "por ellos": "se necesita que vivamos en medio de ellos, que estén mucho tiempo con nosotros" (Champagnat).
Tratamos de que nuestra relación sea madura humanamente: con afecto adecuado, con expresiones adecuadas, con límites, con desafíos hacia el crecimiento. No podemos escudarnos tras el status profesional para no entrar en la relación personal con ellos.
La presencia humaniza y hace amigos y para ello cualquier lugar es apto, cualquier lugar es hábil para estar con ellos, para estar disponible.
NOTA SOBRE LA "VIGILANCIA":
Este concepto necesita alguna precisión, pues en el pasado tuvo algunos extremos hasta cierto punto enfermizos de lo que significaba la vigilancia. Hasta al mismo Dios lo colocábamos como "vigilante" de las buenas costumbres: "Dios me ve", pero en esto recordemos la actitud fundamental de nuestro Dios, tomarse en serio y jurgársela al dejarnos en libertad. Si él nos vigilara en forma obsesiva ¿Qué libertad podríamos vivir?
Nuestra forma de situarnos ante los alumnos depende mucho de nuestra visión antropológica, de lo que captamos que es la persona:
Hay una vigilancia "pesimista", que corresponde a una visión pesimista de la persona: el hombre es malo por naturaleza y por tanto necesita un medio exterior que le ayude para que no se equivoque y haga cosas malas...
Por otro lado, está la "vigilancia" preventiva (de presencia), que corresponde a una visión más realista de la persona, cree en las personas, en sus procesos de crecimiento, y que dicho caminar necesita ser acompañado, sobre todo en las etapas iniciales, pero que deja la responsabilidad en su caminar a cada individuo.
La falta de presencia (o "vigilancia") respondería a una concepción "optimista ingenua" de la persona. Se supone que todo en la persona es bueno que si lo dejas libre podrá hacer surgir lo mejor de sí, que lo malo, lo que lo echa a perder le viene de la sociedad, del exterior. Esta visión tampoco es realista porque sabemos que en el camino de la libertad, hay necesidad de ser ayudado en la medida que se evoluciona.
El proceder con una presencia sana pide al educador las disposiciones de dominio equilibrado y atención para intervenir en el momento oportuno para evitar las situaciones difíciles en el grupo, calmando tensiones, previendo peligros. La presencia adecuada de un adulto da seguridad a un grupo, puede proteger al más débil, se coloca del lado del más desfavorecido, retiene al violento... es una vigilancia que estando atento ayuda oportunamente a quien lo va necesitando.
1.6 LA PRESENCIA EN LA COMUNIDAD EDUCATIVA.
La comunidad solo se construye si nos damos espacios para conocernos, comunicarnos y en ciertos momentos celebrar acontecimientos juntos.
Se trata de una presencia que quiere ser contante, no sólo simbólica (aunque en ciertos momentos esta es muy importante). Que no necesariamente se cierra a los espacios y tiempos marcados como "obligatorios", puesto que lo central SON LAS PERSONAS.
2. LA SENCILLEZ DEL EDUCADOR MARISTA.
« El Padre Champagnat fundó los pequeños Hermanos de María para caractertizarse por su sencillez»
2.1 MOTIVACIÓN PARA SER EDUCADOR.
Tratamos como educadores ser íntegros, abiertos: "DECIMOS LO QUE CREEMOS Y DEMOSTRAMOS QUE CREEMOS LO QUE DECIMOS".
Esto implica una cierta unificación personal: pensamiento, corazón, acción.
También implica una coherencia interna que viene expresado en lenguaje verbal y no verbal. Es muy importante el testimonio personal de los valores en que de veras creemos.
Nuestra fidelidad al proyecto personal y educativo es "transparente", es decir, que el educador demuestra su honestidad hacia sí mismo, hacia los demás y hacia Dios.
SE trata de una actitud evangélica de trabajar sin esperar recompensa, ser sembrador, sin esperar necesariamente que recibirá la cosecha: "que él crezca y yo disminuya".
El educador que es motivado por la sencillez irradia alegría, esperanza, afabilidad, ecuanimidad y en un buen humor no fingido.
2.2 VISIÓN DE LA EDUCACIÓN.
Recordamos un principio muy marista: "HACER EL BIEN SIN RUIDO". Recordando que las acciones calladas y discretas, pero constantes e inspiradoras irán construyendo las personalidades fuertes capaces de ir construyendo un mundo nuevo. Evitamos toda ostentación que no lleva a la unificación y crecimiento, es decir que tratamos de llegar a la autenticidad humana.
La sencillez no significa pereza (ni para el maestro ni para los alumnos). La creatividad y la búsqueda no están peleadas con la sencillez, al contrario, la actitud de sencillez nos invita a no poner en los medios toda la fuerza de nuestra labor, sino en cuanto estos nos llevan a los fines, y por ello utilizamos los que nos hagan más asequibles a los alumnos.
Aprendemos de nuestros alumnos, nos motivan sus disposiciones y esfuerzos.
Nuestras limitaciones nos ayudan a comprenderlos mejor y a estar cercano en sus logros y dificultades.
Aceptamos la dimensión "obscura" (poco visible) de nuestro trabajo: una pedagogía de la desaparición.
Confía a Dios sus alumnos y sus procesos de crecimiento sobre todo quienes viven en mayores dificultades.
2.3 PROCESOS EDUCATIVOS.
Damos un mensaje concreto de que el valor central de nuestra acción es la persona, por encima de lo que tiene, sus cualidades externas, su forma de respondernos, etc.
Valoramos las actividades, las experiencias, los encuentros que favorezcan el proceso integral de la personalización.
Favorecer el protagonismo y responsabilidad de los alumnos en la apropiación del conocimiento y crecimiento.
Está al nivel de los peor dotados, no se centra en los pocos privilegiados.
2.4 METOLOGÍA Y TÉCNICAS.
Tratamos de seguir buscando las mejores técnicas y métodos, no por snobismo sino mirando a las personas a quienes va dirigida nuestra acción.
Tratamos que sean ELLOS quienes logren las metas del proceso de aprendizaje. Sabemos desaparecer y dejarles el protagonismo a ellos mismos.
Evitamos la ostentación de medios que no favorecen los procesos y que muchas veces solo miran a centrarse en el maestro y no en los alumnos.
Es creativo para buscar las mejores técnicas que a su vez hagan creativos a los alumnos y que lleven más directamente al logro del objetivo final de nuestra propuesta formativa.
Nuestra sencillez se manifiesta en nuestro lenguaje: usamos el lenguaje al alcance de los alumnos, sin rebajar los requerimientos del lenguaje propio de cada disciplina. Nuestra sencillez no nos lleva a una familiaridad mal entendida que no respeta los límites sanos de quien coordina el proceso del aprendizaje.
2.5 RELACIÓN CON LOS ALUMNOS.
Es precisamente en esta dimensión donde la sencillez toma una forma muy concreta e importante: somos sencillos (aunque respetuosos) en nuestro trato con los alumnos. Así lo aprendimos de San Marcelino, para quien la sencillez fue la dimensión fundamental en su trato con las personas.
Nuestro testimonio sirve de base para que ellos mismos vayan siendo sencillos en su vida.
Fácilmente podemos criticar (un poco pesimistamente) a nuestros "chicos del Valla" por su estilo de vida, por sus pretensiones y formas externas de buscar dar una imagen que no nos satisface por lo artificial, por lo aparente y superficial (materialista y consumista). Pero no siempre nuestra vida, nuestros mensajes verbales y no verbales les dan una alternativa diferente que sea ATRAYENTE y que les anime a ser más sencillos. ¿Cómo podrán captarlo si solo se les critica o se les envidia?
Ante la tentación a la superficialidad les ayudamos a valorarse a sí mismos y a los demás, evitando la ostentación de conocimientos y éxitos profesionales.
Se presenta como una especie de "HERMANO MAYOR" cuando está con sus alumnos
2.6 LA COMUNIDAD EDUCATIVA.
Todas las relaciones deberían ser formativas: deberían mostrar un estilo sencillo y personalizador: hacia los alumnos, hacia los demás maestros, personal administrativos, trabajadores, padres de familia. Todo mundo que entra en contacto con el maestro debe ser valorado como persona, con sencillez de trato como actitud que le viene espontánea.
Los papás, también deberían de participar en la visión de la propuesta educativa basada en la personalización, que significa una sencillez de trato. Deberían participar de la visión práctica de la educación.
Ciertos servicios y trabajos que permitan la colaboración podría muy bien ser realizado por la Comunidad educativa.
3. EL ESPÍRITU DE FAMILIA EN NUESTRA LABOR FORMATIVA.
«Al fundar la congregación, el Padre Champagnat quiso hacer una familia en torno a María; ahora bien, en una familia, lo que aglutina a los miembros y predomina en los sentimientos es la abnegación, el servicio, el amor evangélico, la atención y el interés por la persona y el modo de ser del otro, comportamiento como hijos de casa» (H. Francisco).
3.1 MOTIVACIÓN PARA SER EDUCADOR.
El estar en la enseñanza (aunque sea una parte de nuestro desempeño profesional) parte de una actitud fundamental (que supone una capacidad, con su correspondiente inquietud y realización) de "servir al otro" (de salir de sí mismo, de trascenderse a uno mismo).
El espíritu de familia, como rasgo de nuestra escuela marista nos motiva a saber trabajar en equipo para el logro de un objetivo fundamental de la formación.
El P. Marcelino quería que en las escuelas maristas formemos no sólo equipos, sino verdadera familia, y una familia que se ama, por lo que se sienten en casa todos los que están en la escuela.
Este espíritu de familia nos motiva a no masificar nuestra propuesta educativa. Queremos ser comunidad (no masa). Por eso nos esforzamos por conocer "a cada uno" de las personas con las que entramos en contacto, sobre todo con nuestros alumnos. Ustedes tienen la ventaja de que sus grupos no son muy numerosos. En esto los titulares tienen una misión especial, de ser un puente de la personalización. Pero también lo pueden ser los demás maestros. Tratamos de no masificar nuestra interacción con los alumnos.
Queremos a nuestros alumnos con sinceridad de afecto, por ello nuestro trato es amigable, respetuoso, sabiendo conversar con ellos, evitando contiendas y discusiones innecesarias.
El espíritu de familia nos hace estar atentos a los más necesitados de dicha familia: al que le cuesta más, que pasa por momentos difíciles, somos discretamente atentos y flexibles.
Todos los que entran en contacto con nosotros debería sentirse aceptado, valorado, apreciado como persona, como parte de la gran familia.
3.2 VISIÓN DE LA EDUCACIÓN.
Hoy en día se valora en muchos ambiente la dimensión de "alteridad", la dimensión interpersonal.
En el ámbito de la comunidad cristiana hablamos de ir construyendo sobre una espiritualidad de "comunión".
Hoy decimos: en educación no es suficiente el contenido, también es muy importante LA RELACIÓN.
También escuchamos frecuentemente desde los teóricos del conocimiento: la construcción del conocimiento tiene una dimensión comunitaria (colaboración).
Ninguna disciplina es autosuficiente. Hace tiempo se creía que lo central era saber matemáticas (el que las comprendía, tenía la salvación garantizada, en esta vida y en la otra). Hoy, con más humildad decimos nadie lo sabe todo, necesitamos crecer en la INTERDISCIPLINARIDAD. Debemos formar para este estilo de "saber", reconociendo y respetando la diferencia, pero siendo capaces de elaborar síntesis cada vez más amplias, no cerrarse en su mundito.
El mundo organizacional nos recuerda la necesidad del trabajo colaborativo y eso para que la empresa sea más redituable, ¿No debería ser nuestra meta, que es mucho más profunda y de largo alcance motivo para trabajar más en espíritu de familia?
Este espíritu de familia se manifiesta en aspectos lejos de ser "melosos", superficiales, o externos: mira hacia actitudes como saber confiar en los demás, ser capaz de perdonar y de reconciliarnos cuando haya situaciones conflictivas y problemáticas... Por cierto, estas siempre van a estar presentes, y más con nuestros adolescentes...
Para ser eficaz en la educación hoy, ésta ha de ser obra de conjunto (obra de la comunidad).
3.3 PROCESOS EDUCATIVOS.
Hoy tenemos muchas llamadas e invitaciones a ser atentos a que nuestra propuesta educativa esté más abierta y sensible a la situación de nuestra sociedad.
Reconocemos que un camino muy importante para la "humanización", para encontrar el sentido de la vida está en salir de uno mismo y encontrarse con personas necesitadas que aun con sus carencias tienen una forma de valorar la vida diferente de quienes muchas veces teniendo todo, les falta ese sentido profundo.
Valoramos las experiencias que ayudan a los jóvenes a acercarse a las necesidades reales de nuestros hermanos (los animamos desde nuestras disciplinas y acciones a hacerlo)
La solidaridad, la búsqueda de la paz, de los derechos para todos, es una escuela de humanización y una experiencia que ninguno de los jóvenes debería dejar de realizar. Aquí el testimonio de los maestros es muy importante.
Si queremos que nuestros "chicos del Valla" entren en una dinámica de un camino más auténtico de crecimiento humano, cristiano y espiritual, debemos darles oportunidades de vivir estas experiencias.
La propuesta ecológica, como ambiente más amplio en que nos movemos entra mucho dentro de este campo de espíritu de familia que queremos vivir.
Tratamos de lograr igualdad en el trato y en el asignar responsabilidades.
Tratamos de implementar una COMUNICACIÓN adecuada que propicie un ambiente de COMUNIÓN (comunidad, espíritu de familia).
3.4 METOLOGÍA Y TÉCNICAS.
Tratamos de promover la colaboración de los alumnos en el conocimiento y asimilación respetando el método de cada disciplina.
Organizamos las cosas de tal manera que la CORRESPONSABILIDAD se vaya favoreciendo en nuestros grupos.
No nos damos por satisfechos por el triunfo de unos pocos (los mejores, que normalmente con nosotros o sin nosotros salen adelante). Animamos a todos al logro de las metas formativas según el nivel.
3.5 RELACIÓN CON LOS ALUMNOS.
Por este espíritu de familia que nos anima conocemos personalmente a nuestros alumnos.
Les ayudamos a lograr sus metas, a expresar sus inquietudes.
Prestamos especial atención a quienes tienen mayores dificultades (la tentación es atender a quien todo mundo atiende: los que nos responden bien, los simpáticos, etc.) y a quienes pasan por algún momento difícil
Tratamos de que nuestra labor formativa llegue realmente a TODOS de acuerdo con la capacidad de cada uno...
Favorecemos las verdaderas amistades.
3.6 LA COMUNIDAD EDUCATIVA.
Nuestra comunidad educativa, en espíritu de familia tratará de reflejar EN LA VIDA y en el ESTILO DE LAS RELACIONES los valores que nos mueven.
El espíritu de familia será el "AMBIENTE ECOLÓGICO" de nuestra propuesta educativa.
4. AMOR AL TRABAJO EN NUESTRO ACTUAR COMO EDUCADORES MARISTAS.
«Amor al trabajo y detestar la ociosidad, probar y examinar esta disposición entre los postulantes de la congregación>> <<Era enemigo declarado de los perezosos, pero el primero en dar ejemplo de trabajo... no perdía nunca el tiempo, lo empleaba en el trabajo manual, en el que no se cansaba, y eso que se ponía a trabajar en lo más duro y peligroso que hubiera que hacer» (Orígenes Maristas)
4.1 MOTIVACIÓN PARA SER EDUCADOR.
Marcelino fue un hombre trabajador, constante y tenaz, cosas que le ayudaron a realizar mejor su misión.
Nosotros tratamos de vivir esa actitud básica que nos va llevando a lo que es fundamental en nosotros como personas, como educadores: SER MÁS, recordando que no valemos por lo que hacemos, sino por lo que somos. Nos vamos valorando no solo por lo que somos ahora, sino TAMBIÉN por lo que queremos y podemos ser si nos damos las oportunidades para irlo haciendo poco a poco.
Por tanto este rasgo que es tan concreto, tiene proyecciones a veces impensadas.
Es muy importante la motivación central de nuestra vida, el "motor" que nos impulsa a caminar y vivir.
4.2 VISIÓN DE LA EDUCACIÓN.
Recordamos aquí la dimensión antropológica del "hábito" en el logro de la consolidación de la personalidad madura.
El hábito del trabajo es muy importante con tal que vaya acompañado de actitudes de iniciativa y esfuerzo, pero siempre teniendo una meta de ese trabajo. Nunca un voluntarismo y mucho menos hacer del trabajo una adicción que tiene otra función diferente a la de construir la personalidad madura.
Se trata de ir logrando que cada uno con su trabajo vaya asumiendo la propia responsabilidad en el proceso personal. Aun con nuestras ayudas y esfuerzos recordemos que cada alumno es el artífice de su propia formación y crecimiento.
Es necesario involucrar más a los alumnos en su propio proceso, tomando sus decisiones, siendo tenaces, trabajadores, que sientan la satisfacción, la alegría y la seguridad de que si se proponen metas, las pueden lograr poniendo los medios aunque exija esfuerzo (o que exactamente por el esfuerzo es que se hace más valioso el logro de dichas metas).
El amor al trabajo está relacionado con la iniciativa, la capacidad de tomar decisiones y de la creatividad.
Hay una proporción inversa entre la satisfacción de la indolencia, inicialmente reclamada y satisfecha, y la auténtica admiración, el respeto y la atracción por el maestro abnegado, puntual, exacto y comedido.
4.3 PROCESOS EDUCATIVOS.
Descubrimos y aceptamos la dignidad del trabajo. Con nuestro testimonio transparentamos nuestra satisfacción en nuestro trabajo.
Lo consideramos un medio de realización personal y no una pesada carga que no nos queda más remedio que soportar.
No escatimamos esfuerzos cuando se trata del bien de los demás.
Nuestra labor diaria tiene como principio la "pedagogía del esfuerzo", de la motivación continua que lleva:
Reforzar el carácter y la voluntad.
Que lleva a vivir la congruencia con nuestro sistema de valores.
Que siente la satisfacción de poderlos vivir y ser coherente con ellos.
Animamos a que en el Proyecto personal de cada uno se trate de aprovechar el tiempo con responsabilidad. Recordemos que el tiempo es uno de los dones recibidos de los que debemos ser responsables (junto con los talentos y capacidades).
4.4 METOLOGÍA Y TÉCNICAS.
Nosotros educadores debemos mostrar ese amor al trabajo por nuestra PROFESIONALIDAD en nuestra labor diaria.
Dentro de la pedagogía Marista encontramos aspectos concretos, pero muy importantes:
Preparamos nuestras actividades.
Corregimos los trabajos.
Somos puntuales y exactos en las ejecuciones de las acciones educativas.
Evaluamos con criterios objetivos (y esto normalmente lleva trabajo).
Planificamos adecuadamente nuestras actividades.
Nos damos el tiempo (y el esfuerzo) por evaluar los procesos que vamos acompañando: tenemos (para eso los establecemos) parámetros claros y adecuados.
Buscamos apoyos complementarios a nuestra propuesta. Evitamos, en lo que nos es posible la rutina y la pereza, por medio de iniciativa, creatividad, búsqueda.
Aprender haciendo a hacer es el estilo del trabajo educativo sencillo y directo.
4.5 RELACIÓN CON LOS ALUMNOS.
Los proyectos de trabajo (a veces manual, a veces académico) nos acercan con nuestros alumnos.
El vernos personas de "este mundo" por nuestro trabajo nos hace más dignos a sus ojos (aunque no siempre lo expresen o en ocasiones, por el ambiente en que viven expresen lo contrario).
El convivir con los trabajadores y respetarlos les llevará a valorar a las personas y la dignidad del trabajo. Los maestros podemos hacer mucho en esta línea.
4.6 LA COMUNIDAD EDUCATIVA.
Damos testimonio de ser gente trabajadora.
Sabemos trabajar en equipo.
Damos testimonio que el trabajo nos dignifica como personas y como comunidad.
Buscamos momentos en que el trabajo en comunidad se haga evidente.
Nos comprometemos en proyectos comunitarios de trabajo hacia los más necesitados.
Mantenemos un espíritu de colaboración.
H. J. de Jesús Hernández Martín.
LOS RASGOS DE LA PEDAGOGÍA MARISTA EN NUESTRO SER Y ACTUAR COMO EDUCADORES MARISTAS.
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La motivación fundamental como educadores. |
La visión de la educación y sus alcances. |
procesos educativo-formativos. |
La metodología y las técnicas |
La RELACIÓN con los alumnos. |
Ambiente de Comunidad (Trabajo en equipo). |
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PRESENCIA |
Presencia discreta, equilibrada, cercana. Tratamos una relación sencilla basada en el afecto que propicia maduración personal |
La presencia crea comunicabilidad, confianza y sinceridad. Se reconoce como testigo de una experiencia humana que va un paso adelante que el alumno. Se reconoce como modelo de referencia de ciertos valores. |
La presencia inspiradora del maestro motiva la madurez personal y consolida lo dichos procesos. Se considera al maestro a un hermano mayor quien lo inicia en la aventura de la vida. |
La presencia cualificada será "la técnica" por excelencia. Combina la amistad y la firmeza en su acción. Favorecemos el diálogo personal como forma privilegiada de la presencia. |
Rasgo central del educador marista: es una presencia cualificada, abierta a la vez que respetuosa de las personas. Madura y propicia la madurez |
Nos damos espacios para conocernos y construir la comunidad. Nos hacemos presentes en actividades ordinarias y extraordinarias. |
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SENCILLEZ |
Decimos lo que creemos y demostramos que creemos lo que decimos. |
Hacemos el bien sin ruido, evitamos la ostentación, tratamos de vivir en la autenticidad humana. |
Con nuestra presencia damos testimonio de que el valor central de nuestra acción educativa son las personas. Favorecemos todo lo que lleve a la personalización. |
Nuestras técnicas están en función de las personas. Motivamos a nuestros alumnos a que se responsabilicen en su crecimiento personal. |
Somos sencillos en nuestro trato con los alumnos: transparentes, abiertos, sinceros, respetuosos. Con nuestro testimonio hacemos atrayente un estilo de vida sencillo y auténtico. |
Relaciones interpersonales en la escuela marcadas por la sencillez de trato. Valorando a todos como personas. Tratamos de conocer personalmente a los alumnos y al personal. |
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ESPIRITU DE FAMILIA |
Desempeñamos nuestra misión en actitud de servicio. Nos sentimos en casa y hacemos sentirse en casa a nuestros alumnos. Sabemos trabajar en equipo. |
Nuestras relaciones interpersonales intentan ser significativas, motivadoras y sinceras. Tratamos de descubrir los valores de aceptación, interdisciplinaridad, respeto a quien no piensa como nosotros, etc. |
Reconocemos la importancia de la comunión y participación en el crecimiento personal. Valoramos las experiencias y los contenidos formativos que ayudan al alumno a acercarse a los que más lo necesitan e interesarse por las causas nobles y justas. |
Tratamos de lograr un ambiente colaborador en nuestros alumnos. Favorecemos la corresponsabilidad en las diversas acciones. Animamos a los menos dotados a lograr las metas formativas. |
Conocemos personalmente a cada uno de nuestros alumnos. Prestamos atención a quienes tienen especial dificultad tanto académicas como personales. Tratamos que nuestra acción formativa llegue realmente a TODOS los alumnos. |
En el estilo de nuestras relaciones diarias manifestaremos nuestros valores, especialmente el de espíritu de familia y sencillez de trato. Vamos creando un "ambiente ecológico" que ayude al desarrollo integral humano de todos los miembros de la comunidad. |
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AMOR AL TRABAJO. |
Somos constantes, trabajadores y tenaces para lograr mejor nuestra misión. Estamos al día gracias a nuestro esfuerzo en la formación permanente. |
Recordamos la importancia de implementar los hábitos de trabajo, constancia y dedicación para lograr nuestras metas. Lo hacemos apoyados en una motivación de responsabilidad activa en el proceso personal de crecimiento. |
Descubrimos y profundizamos en la dignidad del trabajo. Tratamos de implementar una "pedagogía del esfuerzo". Insistimos en la importancia de aprovechar adecuadamente nuestro tiempo. |
Damos muestras de profesionalidad y seriedad en nuestro actuar. Preparamos, corregimos, evaluamos, planificamos, somos creativos en nuestra labor formativa. |
Tratamos, como maestros, trabajar junto con nuestros alumnos en algunas actividades. El vernos como personas que trabajan es ocasión de dignificación personal. Les mostramos la forma de convivir y respetar a los trabajadores. |
Planeamos y realizamos actividades de toda la comunidad educativa. Tratamos de encontrar algún proyecto de trabajo en beneficio de los más necesitados (actividades de servicio social, apostolado, etc.). |
