El estatus y el alcance
de la evaluación de la facultad

ED385315 junio >95- Autor: Rifkin, Tronie
Traducción: Mtro. Luis A. Dávalos Valadés


Desde los años 70, la evaluación de la facultad en la universidad se convirtió primero en un asunto de discusión y de investigación, y tiene todavía que desarrollar una teoría clara sobre ella. A pesar de los muchos programas y de la extensa investigación sobre la valoración del desempeño, pocas universidades han llegado con eficacia a conclusiones en esta tarea difícil. De hecho, en los 10 años pasados la investigación centrada en prácticas de evaluación de la facultad de cursos bianuales se ha limitado.

Este resumen examina los estudios que subrayan la evaluación de la facultad en las universidades. Se centra en la controversia acerca del propósito de la misma, quién está realizándola, y los problemas de cara a los programas para efectuarla.

)PUEDE LA EVALUACIÓN DE LA FACULTAD SER FORMATIVA Y SUMATIVA?

Uno de los obstáculos principales para la evaluación eficaz de la facultad ha sido la incapacidad de los docentes de la universidad para lograr el consenso en cuanto a los propósitos señalados y previstos de los programas de evaluación de la facultad. Vista ampliamente, ésta consiste en reunir información tanto para entender y mejorar el funcionamiento como para valorar su calidad. Smith (1983) observa que el Consejo Regional de Educación, en una encuesta sobre la evaluación de la facultad practicada en 1976, recaló en dos propósitos. Por un lado, la evaluación de la facultad tiene un propósito formativo -los resultados se utilizan para favorecer el desarrollo, el crecimiento, y mejora personal de los miembros de la facultad. Por otra parte, la evaluación de la facultad tiene un propósito sumativo- los resultados se utilizan para tomar decisiones sobre el personal contratado, la promoción, y el sueldo. Desde los años 70, se ha discutido si un sistema de evaluación puede ser tanto formativo como sumativo, y todavía se mantenga eficaz.

Inicialmente, un lado de la discusión exigió que la evaluación para el crecimiento de la facultad se mantuviera separada de las evaluaciones para la promoción y la retención (Cohen 1974; Buchanan, 1974). Mientras que muchos de los modelos de evaluación de la facultad que se han desarrollado acentúan a menudo esta separación, los primeros escritos sobre el tema (Mark, 1977; Molinero, 1972) habían observado ya que ninguno de los programas de evaluación subrayaron adecuadamente cómo estos dos propósitos podrían separarse.

La inhabilidad de idear programas de evaluación que separen los propósitos formativos y sumativos han alimentado el argumento que utiliza la incorporación de ambos en el proceso de la evaluación. Los resultados de investigaciones sobre evaluación de la facultad después de la contratación en las universidades en el centro y norte de Estados Unidos, conducidos por Licata y Andrews (1990, 1991, 1992) han proporcionado apoyo a este lado del debate. La mayoría de las facultades y de los administradores de las universidades identificó el desarrollo de la facultad como el propósito primario, con la disponibilidad de información sobre la promoción, la retención, el despido, e incrementos normales del sueldo como propósito secundario. Licata y Andrews afirman Aque las instituciones encuentran una manera de ensamblar resultados formativos y sumativos en el plan de evaluación de la facultad@ (1992, p. 55).

Obviamente, el argumento para la incorporación de ambos propósitos todavía no está absolutamente claro. Algunos estudios han encontrado que las opiniones sobre cuáles se consideran los métodos y los propósitos ideales de la evaluación de la facultad, pueden diferenciarse de opiniones sobre cómo las evaluaciones se aplican realmente en la práctica. Por ejemplo, Young y Gwalamubisi (1986) reportaron resultados similares a Licata y a Andrews sobre que tanto la facultad y los administradores percibieron el mejorar la instrucción como la práctica ideal y el propósito específico de la evaluación de la facultad. Sin embargo, la facultad y los administradores difirieron significativamente en la manera como percibieron que la evaluación de la facultad fue utilizada para la toma de decisiones administrativas, la calidad educacional, y los reportes a las agencias externas. Aunque la evaluación formativa se considera un propósito primario de la evaluación de la facultad entre los miembros de la facultad y los administradores, la investigación sugiere que las opiniones de cómo se utilizan los resultados interfiere con el éxito total de los sistemas de evaluación que procuran incorporar ambos propósitos.

)QUIEN REALIZA LA EVALUACION?

Una de las pocas puntos de acuerdo referente a la evaluación de la facultad entre los participantes de la universidad es la necesidad de tener fuentes múltiples de acceso de información sobre cada uno de los miembros de la facultad. Pero una cuestión a discusión se refiere a qué fuentes proporcionan los mejores resultados y en qué combinaciones. Una lista comprensiva de ocho métodos de evaluación de la facultad fue identificada por Young y Gwalamubisi (1986): las valoraciones del estudiante sobre sus instructores, las evaluaciones hechas por los pares, la autoevaluación, la observaciones del administrador de la facultad, únicamente el juicio del administrador, la evidencia de los logros del estudiante, las evaluaciones a los alumnos, y las pruebas de desempeño del instructor.

La evaluación de la enseñanza por parte de los estudiantes es la forma más común de evaluación; Seldin (1984) encontró que los administradores utilizaron los datos de los estudiantes en dos tercios de las 616 instituciones examinadas. Sin embargo, es también el método que despierta la mayor preocupación. Cashin (1983) señala algunos de los problemas generales con evaluaciones de la facultad por parte del estudiante: sobreinterpretación, solamente un aspecto de la enseñanza se refleja en los datos, los estudiantes no están preparados para juzgar algunos aspectos de la enseñanza, y preocupación por la confiabilidad y la validez.

La evaluación por parte de los pares y de los administradores ha recibido menos atención que la evaluación hecha por los estudiantes. La evaluación de los pares se centra en el conocimiento del tema, empeño por enseñar, o la calidad de la buena enseñanza. Los colegas pueden también juzgar el diseño del curso y los materiales de instrucción de un instructor determinado. Centra (1979) estimó que de un 27 por ciento de las evaluaciones de los últimos dos años instrumentadas por las universidades, se usaron al menos en la mitad de las facultades, mientras que 34 por ciento no hicieron ningún uso de las evaluaciones hechas por parte de los colegas.

Los administradores desempeñan finalmente el papel principal en la evaluación, pero desde la perspectiva de la facultad hay una preocupación por ello y por el posible uso equivocado del poder (Cherry, Grant, y Kalinos, 1988). La evaluación por parte de los administradores está presente y para quedarse y por consecuencia el conflicto entre la facultad y los administradores sobre los aspectos del proceso de la evaluación, no es probable que desaparezca. Sin embargo aún hay espacio para alternativas creativas que aminorarán el conflicto. Por ejemplo, el portafolio de enseñanza ofrece medios alternativos excelentes de evaluar a la facultad, que requieren la colaboración de los pares y de las academias (Centra, de 1993). Con el portafolio, la academia y el instructor deben identificar las metas de la evaluación, y delinear cuidadosamente las expectativas para un desempeño aceptable. Una vez que estos materiales estén preparados, deben ser establecerse tanto un cronograma claro como los resultados previstos.

)QUÉ PROBLEMAS ENFRENTAN LOS PROGRAMAS DE EVALUACIÓN DE LA FACULTAD?

Arreola (1983) encontró dos problemas importantes para establecer programas acertados de evaluación de la facultad: (1) la administración no está interesada en si tienen o no éxito, y (2) la facultad es resistente a ella. Según Arreola la resistencia de la facultad a ser evaluada sería atribuible a Aun resentimiento que implicaría la asunción de que la facultad pudiera ser incompetente en su área temática, la sospecha de que va a ser evaluada por gente incompetente, y la ansiedad de que será nombrada responsable del desempeño en una área en que la puede tener poco o nada de entrenamiento " (p. 86).

A menudo, la suspicacia, el miedo, y la preocupación de la facultad por el proceso de evaluación se basa en sus opiniones de que se utilice para los propósitos de la toma de decisiones sobre su contratación, su promoción o despido (Mark, 1982). Dice Mark, Aa lo que se llama desarrollo, crecimiento, y la mejora personal, se convierte hoy en los medios por los cuales las decisiones, acordes con los propósitos institucionales de la gerencia de personal, son tomadas mañana. Las facultades se vuelven cuidadosas y sospechosas de este doble mensaje implicado en el sistema de la evaluación@ (p. 168).

CONCLUSIÓN

Es evidente, según la literatura sobre evaluación de la facultad en las universidades, que hay un buen número de diversos métodos y aproximaciones a la evaluación de la facultad en las universidades. A pesar de la falta de claridad en cuanto a las metas de la evaluación y de su aplicación, y quién se debe implicar en el proceso de la evaluación, los participantes en las universidades convienen que la evaluación es una parte necesaria de la enseñanza y del aprendizaje. También convienen en principio que la evaluación sí ayudaría a los instructores a crecer profesionalmente, pero están confusos en cuanto a cómo alcanzar esa meta.

Una conclusión que debe ser agotada es que un sistema ideal de evaluación de la facultad no puede ser normativa. Una evaluación no-normativa, o de criterio referida al sistema, valoraría a los miembros de la facultad según un conjunto de estándares profesionales más bien que comparándolos con otros empleados. La confianza en la evaluación animaría el desarrollo profesional más que desalentarlo. En cualquier caso, hay una necesidad de investigar aún más sobre el desarrollo de sistemas responsables y eficaces de evaluación de la facultad que consideren realzar el crecimiento de los miembro de la facultad como individuos.

REFERENCIAS

Arreola, Raoul A. "Establishing Successful Faculty Evaluation and Development Programs." NEW DIRECTIONS FOR COMMUNITY COLLEGES, 1983, 11(1), 83-93.

Buchanan, R., et al. "Preliminary Report of the Faculty Professional Growth Committee." St. Louis: St. Louis Junior College District, 1974. (ED 116 738)

Cashin, William E. "Concerns about Using Student Ratings in Community Colleges. NEW DIRECTIONS FOR COMMUNITY COLLEGES, 1983, 11(1), 57-65.

Centra, John A. DETERMINING FACULTY EFFECTIVENESS. San Francisco: Jossey-Bass, 1979.

Centra, John A. "Use of Teaching Portfolio and Student Evaluations for Summative Evaluation." Paper presented at the Annual Meeting of the American Educational Research Association, Atlanta, GA, April 12-16, 1993. (ED 358 133)

Cherry, Robert L, Grant, Peter H., Kalinos, Katherine D. Evaluating Full-Time Faculty Members." In Richard I. Miller (Ed.). EVALUATING MAJOR COMPONENTS OF TWO-YEAR COLLEGES, pp. 23-34, 1988. (ED 301 300)

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Young, Raymond J., Gwalamubisi, Yoswa. "Perceptions about Current and Ideal Methods and Purposes of Faculty Evaluation. COMMUNITY COLLEGE REVIEW, 1986, 13 (4), 27-33.