EDUCAR PARA LA PARTICIPACIÓN
Por Luis A. Dávalos Valadés.

Los procesos sociales que vivimos en la actualidad cuestionan continuamente la congruencia de la formación que la escuela ofrece a sus alumnos con la preparación requerida para ser eficaces en el entorno en que vive.

El papel que cada persona juega en la sociedad contemporánea es muy distinto a los de épocas previas. Cada vez es menor la participación del gobierno en campos tales como la economía, la producción, la comunicación social, etc. Cada día es más requerida la participación de los miembros de la comunidad en todo lo que se refiere al bienestar y crecimiento de la misma.

La presencia, total o mayoritaria, del gobierno en los campos mencionados propició que los individuos permanecieran pasivos. La aceptación de los cambios promovidos por aquél, de las normas establecidas, de las directrices señaladas, todo sin una crítica de ello, manifestaban la actitud propia de los ciudadanos de ese momento.

Hoy la sociedad ha cambiado, en momentos de manera radical y violenta. Se ha descubierto sujeto de un proceso propio. Ha comprendido que su participación es, no sólo importante sino además, necesaria, si quiere llegar a obtener lo que le es indispensable para una mejor calidad de vida de sus miembros.

La educación no puede soslayar esta nueva actitud en la sociedad. Precisa considerarla como una de sus metas básicas. Educar para la participación no sólo se refiere a conocimientos procedimentales, sino, y sobre todo, actitudinales. Es importante saber inter actuar en la sociedad, comunicarse, trabajar en equipo, pero más importante es adquirir valores coincidentes: respeto, honradez, responsabilidad, fraternidad.

Por otra parte, el gobierno, sea escolar o de cualquier otro nivel, debe ser consciente de su papel de promotor del bienestar común, antes que de protagonista principal. Debe tener en cuenta que sus decisiones son consecuencia de la consulta ciudadana y del consenso social. Que las regulaciones son necesarias para precisar los acotamientos de las diversas actuaciones individuales. Que las cargas impositivas deben resultar en beneficio de la mayoría, y de la promoción de actividades productivas.

Pensar que la escuela debe asumir este papel formador de ciudadanos activos y sujetos de su propio desarrollo empieza desde temprana edad. Hacer de cada alumno una persona independiente y autónoma en su aprendizaje, como concepto previo a otras actuaciones en entornos diferentes al escolar. Aprender a construir junto con sus compañeros el conocimiento, la habilidad y la actitud necesaria para ser proactivo en la sociedad que les ha tocado vivir.

Saber participar es el conocimiento necesario para ser eficientes en el entorno social actual y futuro. Ser incluyente, en medio de grupos discriminantes; ser tolerante, entre individuos que no lo son; son actitudes que acompañan a la participación.

Dentro de esta visión debe favorecerse la participación, en la escuela, no sólo en la elección de la sociedad de alumnos (que en ocasiones se manipula), sino además en la intervención en la toma de decisiones que afecten a los estudiantes. ¿Cómo aprender a ser activos y participativos sin ponerlo en acción en situaciones de la vida diaria.?