EDUCACION DOCUMENTAL
Modelo para la adquisición y el desarrollo de habilidades de información )es tan difícil enseñar a pensar y a informarse?
Félix Benito Morales
Asesor del CEFIRE de Elche (Alicante)
Revista Educación y Biblioteca
Recuerdo que a comienzos de los noventa, cuando iniciaba mi tesis doctoral centrada en el diseño y desarrollo de un programa de intervención para mejorar el rendimiento intelectual de mis alumnos, utilizando la biblioteca como taller didáctico, me sentía decepcionado analizando como los escolares (en general) recibían una formación válida para diez años antes, pero no para cinco años después, cuando esos adolescentes iniciaran su mayoría de edad en una sociedad donde el conocimiento y su uso estratégico sería la principal herramienta para situarse en el mundo sociolaboral y no ser excluido. Y en estos días siento la misma sensación cuando compruebo que seguimos considerando que la capacidad de comprender, de asimilar nuevos contenidos de aprendizaje es responsabilidad del alumno (sin considerar el papel del docente como mediador), y su buen o mal procesamiento no puede modificarse, y oigo criticar a la escuela por los bajos niveles de conocimientos de los escolares al acabar su formación básica. Me doy cuenta de que muchas personas todavía no han cambiado el chip. Vivimos ya en la sociedad de la información, y como docente creo que nos debemos preocupar de que los escolares desarrollen habilidades de información, para aprender, de forma autónoma, a buscar, utilizar y evaluar información, y cuando acaben su formación obligatoria, tengan deseos de seguir aprendiendo y hayan adquirido la formación adecuada para ello. No me preocupa que un escolar no sepa cuál es la capital de nigeria, pero si me importan que sepa qué debe hacer cuando se le propone esa cuestión.
La educación vive un periodo de crisis e incertidumbre. Frente a los cientos de artículos y libros que analizan el impacto del ordenador en la escuela y las posibilidades de Internet; frente a los planes de acción lanzados por grandes instituciones como la Comisión Europea para hacer realidad la idea de aprendizaje a lo largo de toda la vida, ayudando a las escuelas europeas a acceder a las nuevas tecnologías de la información y comunicación y a generalizar las prácticas pedagógicas multimedia; y frente a las grandes inversiones que están realizando casi todos los países occidentales para que sus centros educativos no pierdan el tren de la revolución tecnológica y formen ciudadanos del siglo XXI, encontramos argumentos que destacan que caminamos hacia una sociedad de la incomunicación y la marginación, cultural y económica; encontramos unos parámetros educativos (currículum, rol de los docentes, organización de los centros....) Regidos por principios de la sociedad industrial; y sobre todo, encontramos muchos niños y jóvenes desmotivados, que no desean aprender, pues se sienten obligados a memorizar contenidos sin significado para ellos y desconectados de su realidad y de su mundo.
Tal vez esta sea una crisis necesaria para definir la escuela del siglo XXI, cambiando su imagen como recinto cerrado para la transmisión de información, y convirtiéndose en un espacio abierto de alfabetización global, donde los escolares se inicien en el dominio de los códigos y lenguajes necesarios para vivir tanto en entornos urbanos como telemáticos, desarrollando nuevas competencias comunicativas que les permitan comprender y analizar la cultura hipermediática, teniendo en cuenta que los entornos virtuales de aprendizaje multimedia no pueden, por ahora, dado su carácter exclusivamente audiovisual, sustituir a la escuela como espacio donde los niños pueden tocar, oler, sentir físicamente, pues no olvidemos que un niño, en su evolución psicológica, necesita, para alcanzar un pensamiento abstracto, pasar por una etapa de operaciones concretas.
Son ya muchos los testimonios que nos inducen a pensar y a concienciarnos de que la sociedad de la información requiere una actuación pedagógica diferente a la practicada en la sociedad industrial. Y con la finalidad de hacer frente a este reto, configuramos la educación documenta, basada en la relación de dos áreas de conocimiento: la documentación y la psicología de la instrucción. Las dos disciplinas comparte, cada una desde su óptica científica, que el hallazgo de la información de los materiales en la memoria, dicen los psicólogos, o en las unidades de información, dicen los documentalistas. Para ambos profesionales, lo importante no es el conocimiento, sino como se organiza el conocimiento; lo importante no es memorizar/almacenar información, sino desarrollar habilidades /técnicas de recuperación, comprensión y transferencia de la información. Dado que en anteriores artículos he explicado detenidamente las fuentes científicas, así como sus principios conceptuales y epistemológicos (véase bibliografía), en este número voy a centrarme en aquellos aspectos de la educación documental que más inciden en la práctica educativa.
Nueva enseñanza transversal.
La educación documenta se articula en torno a los conceptos de Pensamiento, Información y Valores, con la finalidad de hacer de los ciudadanos personas que sepan actuar de forma autónoma y estratégica, capaces de enfrentarse a situaciones y contextos cambiantes, preparados para aprovechar, tanto los propios recursos mentales para autoregular el aprendizaje, actuando de forma participativa y solidaria, así como las herramientas tecnológicas que facilitan la localización, procesamiento y comunicación de información. Por tanto, aprender a pensar, aprender a informarse y aprender a vivir, constituyen los aspectos básicos de esta nueva enseñanza transversal.
A continuación señalamos, en cada uno de los ejes, los contenidos que consideramos más relevantes para la educación documental.
Pensamiento
Información
Valores.
Enfoque metodológico.
Desde la educación documental se propone a los docentes que planifiquen la actividad escolar en torno a cinco módulos de aprendizaje, que representan las fases que de forma secuenciada, se producen en un aprendizaje significativo:
1. Crítico-transformacional: para motivar a los escolares, captar su atención y darles a conocer los nuevos contenidos, relacionándolos con sus conocimientos previos, potenciando la colaboración y empatía entre los escolares.
2. Cognitivo-lingüístico: para entrenar y mejorar las habilidades básicas (observación, comparación y análisis de datos, ordenación, clasificación, representación de fenómenos....), y aprender técnicas para la selección, organización y comprensión de textos informativo-documentales (verbales, audiovisuales y electrónicos), promoviendo actitudes positivas hacia las tareas académicas.
3. Documental-tecnológico: para introducir a los escolares en el mundo de la información, primero mediante el estudio y valoración de su desarrollo histórico y tecnológico; y segundo mediante el modelado y la práctica guiada de procedimientos documentales, en torno a cinco centros de interés (las bibliotecas, los documentos, las nuevas tecnologías, los profesionales de la información y los recursos documentales).
4. Estratégico-investigador: Para realizar proyectos cooperativos de trabajo, en los que se desarrollen actividades instructivas para la búsqueda y el tratamiento de información. Esto implica desarrollar en cada escolar las capacidades para:
Sin duda, el trabajo por proyectos, como método didáctico que favorece el aprendizaje cooperativo de los escolares y fomenta el compromiso con los problemas y las necesidades de su mundo, nos permite desarrollar este tipo de habilidades, cuya finalidad es que el escolar aplique de forma autónoma las estrategias que le permitan el acceso documental y cognitivo a la información. Para ello es necesario disponer de un taller de Documentación (dentro de un aula o de la biblioteca escolar), donde el escolar revise, analice y desarrolle productos documentales, con textos impresos, audiovisuales y electrónicos.
5. Creativo-transferencial: para diseñar aplicaciones documentales de carácter lúdico y académico, mejorando además la planificación y organización de tareas y hábitos cotidianos, y estableciendo relaciones para el intercambio de información y el desarrollo de proyectos de educación telemática con escolares de otras zonas geográficas.
Siguiendo criterios basados en la intervención psicopedagógica, es hora de dejar atrás las estrategias de ensayo y error, y consignas como la de que cada maestrillo tiene su librillo, para que la evaluación sea útil en dos aspectos: para el control científico del rendimiento escolar y de la eficacia de los programas instructivos, por parte del docente, y para el control y la mejora de su propio perfil de aprendizaje, por parte del alumno.
)Ha llegado el momento?
Sin duda, siguen siendo válidos los parámetros educativos que citados en el primer artículo que escribí para la revista EDUCACION y BIBLIOTECA (No. 28, 1992), sintetizaban los principios de una recién nacida educación documental (ver este documento No. 26 en esta sección):
La educación documental, al igual que las bibliotecas escolares, implica un compromiso con un modelo de escuela abierta, comprensiva y transformadora, con un modelo de instrucción que pretende mejorar tanto los recursos mentales del alumno, como el dominio de las herramientas tecnológicas, con un modelo de aprendizaje participativo y en escenarios diversos, dentro y fuera de la escuela. Las nuevas tecnologías pueden ayudar a dar el salto y redefinir la práctica educativa tradicional, pero sin duda es más importante que la comunidad educativa, comenzando por sus responsables, conozcan y asuman el proceso de cambio y la manera de afrontarlo. Para llevar adelante esta ardua tarea, es hora ya de que los docentes nos dejemos enseñar y aconsejar por bibliotecarios y documentalistas, formando con ellos equipos multidisciplinares de investigación educativo-documental (EMIEDs) para llevar a cabo programas orientados hacia el desarrollo de habilidades de información, con la finalidad de que los escolares mejoren la ejecución de tareas intelectuales, adquieran las bases de una formación humanística y técnica centrada en los documentos, e incrementen sus hábitos y estrategias para una eficaz formación permanente.
Entonces, habrá llegado el momento de la educación documental.
