LA EDUCACION
CRISTIANA,
EDUCACION EN LOS VALORES
Por Luis A. Dávalos V. fms.
La educación cristiana actual busca desarrollar en el educando actitudes coherentes con los valores propios. Su finalidad hacer al educando capaz de interiorizar los valores que le propone. Para ello, emplea un proceso de crecimiento personal.
)QUE ES VALOR?
Querer definir el valor es limitar su concepto. Al encerrarlo en una definición restringimos la connotación que cada sujeto tiene del valor. Y no es mi propósito entrar en este punto.
Hoy en día se pretende, en relación a los valores, encontrar métodos que nos permitan clarificarlos más que definirlos. Para lograrlo, el educador cristiano se plantea dos objetivos:
1).- Propiciar experiencias que permitan al educando interiorizar los valores, y
2).- Acompañarlo en el proceso de interiorización, descubriendo los signos que le permiten esclarecer si posee y vive el valor.
LOS GENERADORES DEL COMPORTAMIENTO.
Como punto de partida, conviene determinar los generadores del comportamiento de la persona.
Como sabemos, las acciones que una persona realiza tienen como finalidad responder a determinadas necesidades. Ahora, bien, estas acciones se llevan a cabo después de juzgar y valorar el objeto, como bueno o malo, digno de ser rechazado o aceptado. Es decir, actuamos solamente después de haber realizado un juicio instintivo y un juicio reflexivo sobre el objeto. Ambos juicios, al convertirse en motivos habituales desembocarán en actitudes, es decir, en formas constantes de respuesta ante determinados estímulos externos (situaciones o personas). Estas actitudes las denominamos intelectuales porque surgen del juicio reflexivo y su permanencia es habitual. Dichas actitudes se derivan de la convicción o valoración reflexiva.
DEBER, CONVICCION Y VALOR:
TRES GENERADORES DEL COMPORTAMIENTO PERSONAL.
El comportamiento de la persona, del educando, puede tener su origen en tres generadores principales: el deber, la convicción o el valor. Estos representan tres estadíos de motivación conductual. Ante una mínima experiencia, el educando puede tener tres diferentes motivaciones para actuar.
1.- EL DEBER.
El comportamiento que surge en relación al deber tiene como característica principal la coacción. La actividad del sujeto no surge de la voluntad propia, motivada, sino de la imposición exterior. La motivación a actuar nace de una coacción exterior, positiva o negativa, que el sujeto percibe.
El educando adquiere "obligaciones". Con frecuencia, dentro de la vida diaria, actuamos en respuesta a obligaciones, deberes. Para el escolar, generalmente, las tareas, el estudio, representan obligaciones o imposiciones que aparecen dentro del conjunto de actividades que la escuela le ofrece.
Otra característica de la conducta motivada por el deber es la relación que se establece con la presencia de otra persona distinta del sujeto, que por tener el poder, exige el cumplimiento de la obligación.
Cuando esta presencia desaparece, por la utilización de mecanismos de defensa, o cuando mengua la exigencia, cesa la obligación.
Otra característica de la conducta originada por el deber es la insatisfacción que produce la ausencia de gratificación por sí misma. Aunque exista el placer en su cumplimiento, ya que es la coacción lo que lo produce.
El premio o el castigo es el medio normal de garantizar su cumplimiento. Este medio de coacción reviste formas variadas y va desde el anuncio explícito hasta una forma velada, disimulada.
El comportamiento generado por el deber constituye el primer estadio de la conducta de la persona. Es el más inmaduro y su permanencia en él impide el crecimiento personal.
2.- LA CONVICCION.
El convencimiento o convicción, como motivación de la conducta personal, es el segundo estadio. Implica haber llegado a una comprensión y aceptación intelectual de los motivos de acción. Se cree en lo que se hace. Se tiene una idea como norma o criterio de comportamiento. Pero, enfrentando una situación conflictiva puede ser abandonada, efectuando, generalmente, un proceso de racionalización.
El sujeto adquiere "compromisos". Podemos decir que, en este estadio, la fuerza de las ideas pueden mover a grandes acciones, congruentes con ellas. Sin embargo, como dijimos anteriormente, su persistencia no es total. Fácilmente se abandonan cuando se ubican dentro de una situación problemática. O si no se dejan con facilidad, hay una disposición a renunciar a ellas tarde o temprano.
3.- EL VALOR.
El tercer estadio es el comportamiento generado por la presencia del valor en la vida de la persona.
Antes de mencionar algunos indicadores que nos permiten esclarecer la presencia del valor como motivación de la conducta , señalaremos algunas precisiones: existe en los valores un ángulo objetivo y otro subjetivo. Lo que para mí puede ser valor, para otro no lo es, independientemente del objeto considerado. Es este aspecto subjetivo el que debemos tomar en cuenta en el proceso de interiorización del valor.
Una segunda reflexión se refiere a la condición intelectual afectiva que presenta el valor. Creemos que el objeto es valioso y lo apreciamos como tal. Existe un movimiento del corazón hacia el objeto considerado como valor.
FORMAR EN LOS VALORES ES AYUDAR A INTERIORIZARLOS.
Los indicadores de la presencia del valor. Podemos ahora mencionar ocho pistas o caracteristicas que nos permiten clarificar si la persona está motivada por un valor.
1).- Sólo hay valor cuando la persona ha optado libremente por él. Es la característica primordial y esencial: la libre elección del valor. Significa la plenitud de la adhesión personal, sin condicionamientos, al valor. Solamente a quien ha elegido libremente se le puede exigir responsabilidad.
"Los valores se proponen, no se imponen". En el proceso de educación de los valores, éstos no pueden imponerse, sino proponerse, hacerse descubrir y apreciar.
En la base de esta elección está la mayor o menor capacidad del sujeto de percibir el valor.
2).- La segunda pista la enunciamos así: se posee un valor cuando éste ha sido elegido entre varias alternativas válidas.
Cuando, valorando diversos objetos, elegimos aquel que para nosotros es más importante, manifestamos este indicador.
Estas alternativas, en algunos casos, se reducen a la opción de aceptar o no la actividad que exige el valor. Por ejemplo: la solidaridad nos coloca frecuentemente en la oportunidad de ofrecer ayuda a una persona necesitada. Nuestra respuesta será positiva o negativa.
3).- El valor tiene persistencia en el tiempo y en el espacio (lugar)
Esta tercera característica es importante para el educador porque le da un signo exterior que le permite clarificar la existencia o no del valor como generador de la conducta.
Es persistente en el tiempo si al correr de los días permanece. Hoy, mañana y siempre se responde al valor. Es persistente en el espacio, si la conducta habitual no varía en razón al lugar donde el sujeto actúa: la casa, el trabajo, el lugar de diversión. etc.
Siempre se es coherente con el valor.
4).- La cuarta pista es el gozo que produce el valor en la persona. Aún cuando implique renuncias y sacrificios.
Tocar el piano puede ser un valor para una persona. El sacrificio que impone el ejercicio constante para lograr la habilidad, el cansancio y el aburrimiento no merman el deleite experimentado al tocar el piano...
5).- La quinta característica es la publicidad. Siempre se está dispuesto a hablar de él. Cualquier oportunidad le brinda la ocasión de expresar su valor. A la persona que le gusta la música, estará comentando de ella, de los autores preferidos, de los tipos de música, etc.
La boca habla de la abundancia del corazón.
6).- La sexta pista es la más fácil de observar: la acción.
El valor nos mueve a actuar. Es el indicador más confiable de la vivencia y posesión del valor.
Para algunos el valor puede ser únicamente una declaración. Pero si no mueve a la acción es señal de no poseerlo.
"La fe, sin las obras, está muerta" (Santiago)
7).- La resonancia es la séptima pista. Es el cristal con el cual se mira toda la conducta. Todas las experiencias son referidas al valor que nos anima.
8).- La última característica se puede enunciar así: quien tiene un valor, crece en él. Es decir, el valor lleva a la perfección.
Conclusión.
Podemos resumir lo dicho sobre el valor, en esta frase evangélica: donde está tu tesoro, allí está tu corazón.
El educando que es congruente con el valor elegido, manifiesta su coherencia en su testimonio.
DEBER ------------------CONVENCIMIENTO----------------------------VALOR
OBLIGACION ------------COMPROMISO------------------------------TESTIMONIO
