COMPARTIR LA MISION EN LA CORRESPONSABILIDAD

Por Luis A. Dávalos Valadés, fms.

La participación de los seglares en la misión marista ha tenido diferentes percepciones. Desde el inicio han sido vistos como "patas de palo", es decir ‘un mal necesario’. Esto, dentro de un paradigma eclesiológico consistente con la época en que se fue dando esta participación.

El esquema mental que tenemos sobre lo que es la Iglesia, la forma como la definimos, condiciona nuestra manera de entender a los seglares: lo que son y a lo que están llamados.

Entre los religiosos, y no se exceptúa a los hermanos maristas, los seglares son entendidos en los inicios como cristianos de segunda. Los sacerdotes y los religiosos constituyen la ‘crema y nata’ de la Iglesia. Los seglares, nombre que dimos a los cristianos por su involucramiento con el mundo y sus realidades, eran el objetivo de la acción apostólica de aquellos.

El seglar, entre los hermanos maristas, ha pasado de un desconocimiento de su identidad y de una cuasi negación a la integración a la misión marista, a un objeto de reflexión y de declaraciones más entusiastas y fervorosas acerca de su colaboración, hoy considerada imprescindible; a contar con su participación, que hoy nuestros documentos consideran indispensable; y a valorar la riqueza insustituible y particular que ellos pueden aportar no únicamente a nuestra labor pastoral, sino a nuestra vida misma.

Sin embargo, aunque estos cambios de paradigma se van haciendo más incidentes en nuestra misión, cuando menos en forma documental, aún permanecen muchos hermanos reacios a aceptarlos con este nuevo enfoque. Aún más, hay quienes manifiestan abiertamente su rechazo a ello.

El convencimiento que mencionaba antes se da mayormente a nivel intelectual, pero no hemos logrado hacerlo operativo y concreto. Y esto porque, aun cuando sabemos el qué, no sabemos cómo lograrlo. Conocemos la meta, pero no el método: camino que debemos ir haciendo día a día, con aciertos y errores, en un proceso de descubrimiento.

¿Qué ha provocado este cambio?

Esta nueva visión sobre la identidad y misión del seglar, laico cristiano, ha venido a revolucionar la vida de la Iglesia misma. Y entre nosotros, además de estas novedades paradigmáticas, han tenido lugar otros sucesos importantes que nos han obligado a repensar nuestra posición ante ella.

Hay un hecho que no podemos negar y es que el Concilio con su replanteamiento de la identidad de la Iglesia, su misión y, con ello, de la vida religiosa y seglar, fue una de las variables incidentes en la crisis vocacional que se dió desde los años sesenta en nuestra congregación.

Esta crisis nos llevó a una creciente escacez de miembros en el Instituto, al envejecimiento progresivo del mismo, y a la desaparición de provincias enteras, hoy llamadas ‘unidades administrativas’.

Hasta los años sesenta, las obras de la provincia, sobre todo escolares, habían sido dirigidas y gestionadas en su totalidad por hermanos maristas. En los comienzos de los años setenta llegamos a pedir la configuración de una comisión, en nuestra provincia, a la que denominamos de ‘estructuras mínimas’, en previsión a la gestión de las obras, considerando que éstas deberían continuar estando a cargo de los hermanos maristas. La última Asamblea, de la provincia mexicana de occidente, ha escuchado propuestas de considerar el número de obras, según creo, en un intento de rescatar las mismas en una gestión centrada en los mismos miembros.

A consecuencia de la crisis, no sólo de pérdida de efectivos, sino también de carencia de nuevos ingresos, los cuadros apostólicos en las escuelas, quedaron seriamente afectados y hasta perjudicados. Para continuar haciendo eficaces en un grado aceptable las obras provinciales, varias de ellas en conformación mastodóntica, no teníamos muchas opciones. Para ello era necesario incorporar en la escuela a los seglares, no sólo en el plano profesional, como docente, sino en lo que considerábamos de dimensión propia: la catequesis.

La provincia, desde 1974, inició un trabajo de "dinamización" de los seglares que trabajaban en nuestras escuelas. Trabajo que ha logrado baja consistencia en cuanto al número de comprometidos, por la ausencia de continuidad del trabajo de inducción y formación del seglar, en las mismas localidades.

La rotación del personal seglar, junto con la disminución de los mismos hermanos que han sido ubicados mayormente en puestos administrativos y directivos, ha venido impactando la eficacia del logro de la misión.

El Concilio Vaticano II vino a ser un parteaguas en la visión eclesiológica, como se comentó más arriba. De una visión piramidal y jerárquica, pasó a una visión de "comunión misionera" (cfr. ChL 32), terminando con un paradigma vigente durante más de 16 siglos. Pasamos de un esquema discriminatorio, donde unos son más que otros, a un enfoque más incluyente e igualitario.

Las enseñanzas posteriores de los santos Padres, en especial Pablo VI y Juan Pablo II, han planteado con suficiente claridad el papel de los laicos católicos en la vida de la Iglesia, reconociendo su corresponsbilidad en la misión de ella misma.

Sin embargo, es un hecho el que hoy en día, después de más 30 años de las conclusiones conciliares, no las hemos asimilado suficientemente de forma que puedan observarse en las actitudes y comportamientos del clero y de los religiosos.

En los últimos dos capítulos generales de la congregación, la reflexión sobre la identidad y misión de los seglares en la escuela marista, ha sido tímida e insuficiente. La misma presencia de los seglares en estas reuniones, incluida la VI Conferencia General (septiembre de 1997), en muchos hermanos ha suscitado suspicacias: ir en pos de "una escuela marista, sin maristas" (Cfr. hoja de osglop.doc que circuló en el XI capítulo provincial).

Con todo, es un hecho irreversible que existe un antes y un después del Vaticano II, que nos ha obligado a replantearnos la participación de los seglares en nuestras obras. Pero mientras no sea algo más que una conceptualización no representará algo relevante para el logro de la misión educativa marista.

Respuestas necesarias

Aunque he calificado las reflexiones capitulares como tímidas e insuficientes, creo que han sido unos pasos en la dirección correcta. Los siguientes planteamientos apuntan en el mismo sentido. Aunque podemos discordar sobre las estrategias, confío en que comulguemos con los propósitos .

Los documentos eclesiales han sido insistentes en que la misión del laico católico en la escuela católica es importante y esencial. Recorriendo los distintos documentos (Laico católico testigo de la fe en la escuela, Christii fideles laici, Dimensión religiosa de la escuela católica) se encuentran los principios y criterios orientadores de la participación de los laicos en la misión, no sólo de la Iglesia, sino de nuestra misma congregación: la evangelización a través de la educación.

Los documentos del Instituto Marista han señalado esta misma relevancia de la participación de los seglares. Y, al mismo tiempo que otras Congregaciones (Lasallistas, Salesianos, etc), han puesto en una frase, algo más que un slogan, este nuevo estatus del laico católico: Misión compartida.

Lo anterior nos lleva a presentar una serie de estrategias para concretar este compartir el carisma y la misión:

- Adoptar un nuevo paradigma.

Mientras este planteamiento eclesiológico de la misión y de la identidad del laico católico no sea un paradigma plenamente aceptado por los hermanos maristas, estaremos trabajando solamente en acomodar los cambios en las viejas estructuras, haciendo lo que se reconoce como "gatopardismo". Cambiar para que nada cambie.

Un paradigma es un filtro por el cual vemos la realidad. Los distintos aspectos de la realidad cotidiana son subrayados por nosotros según el paradigma propio. Hacemos relevantes unos e insignificantes otros. A este fenómeno sicológico lo llamamos percepción. La encuesta MDD (Modelo de diagnóstico y desarrollo) aplicada a los hermanos de la provincia, en 1996, puso de manifiesto esta pluralidad de percepciones: cada uno destaca los asuntos que considera relevantes, importantes, a partir de su paradigma.

En el caso de los seglares, que estamos reflexionando, el efecto del paradigma es igual. Cada uno asume postura ante esta situación a partir de su esquema mental. De hecho, aunque es imposible lograr una percepción totalmente compartida, es necesario llegar a tener un pensamiento común que nos ayude a formar el paradigma propio con una base común.

- Gestión basada en la corresponsabilidad

Durante todos los años anteriores hemos concebido el estilo de gestión de la escuela, sobre todo, dependiente de la presencia física y activa de los hermanos. Los seglares, aun cuando han sido valorados, no han sido considerados y, por tanto, ni implicados en la gestión y toma de decisiones. Los proyectos actuales sobre nuevos lugares de misión, no escolarizadas, tampoco han contemplado la participación corresponsable de ellos.

Los puestos operativos, como las coordinaciones, en las distintas áreas, académica y pastoral, han sido asignados a seglares más por la escacez de personal religioso que por la convicción de la que hablamos anteriormente. Puedo ser muy generalizante en este comentario, pero creo que "las excepciones confirman la regla". Y en estos puestos, la mayoría de los laicos involucrados han demostrado competencia y dedicación.

Hoy se nos pide dar un espacio a los seglares en la gestión y la toma de decisiones en planos de igualdad con los hermanos. El tono del documento "Misión Educativa Marista" que hemos analizado en su versión de documento de trabajo, resalta esta propuesta. Para mí lo más importante en este documento es el llamado a compartir con los seglares, en corresponsabilidad completa, la misión educativa marista.

¿Qué significa ejercer en corresponsabilidad la misión educativa? Significa compartir, hermanos y seglares, la dirección, administración y toma de decisiones, basados en una experiencia común del carisma y del espíritu maristas, para el logro de los propósitos de la misión educativa.

Significa, además, creer que el carisma marista no es propiedad exclusiva de la congregación, sino de la Iglesia, y que, por tanto, puede ser vivido y llevado por todos los que quieran compartirlo con nosotros. Y que maristas somos, no sólo los ciento sesenta y tantos hermanos de la provincia, sino, además, los mil y tantos maestros, administrativos, e intendentes, junto con los padres de familia y, por supuesto, nuestros alumnos.

En otro documento expongo la estrategia concreta con la cual se puede hacer operativo el compartir la misión en corresponsabilidad.

- Respeto a la propia identidad

Con frecuencia juzgamos al "buen colaborador seglar" desde parámetros de la vida religiosa marista. Su disponibilidad, trabajo, uso del tiempo, empleo de los recursos económicos, su fidelidad, son medidos a través de ese lente.

Un ejemplo ilustra esta reflexión. Muy seguido escucho el comentario ‘que los maestros seglares no dedican suficiente tiempo a revisar los cuadernos, los trabajos de los alumnos’. Esto lo decimos porque, cuando los hermanos estamos al frente de la clase, somos muy dedicados a estos trabajos como una manera de ir mejorando el desempeño de nuestros alumnos. Lo que no tomamos en cuenta es que gran parte de nuestros maestros, principalmente los que trabajan en primaria, tienen doble turno de trabajo, apremiados por las necesidades de subsistencia propia y de su familia. Salen de nuestras escuelas al encuentro de su segundo trabajo. ¿En qué momentos tienen, no sólo el tiempo suficiente, sino la disposición anímica para sentarse a revisar cincuenta, cien trabajos diariamente?

Entiendo por "respetar su identidad" el tomar siempre en cuenta que su estado de vida, sus obligaciones familiares y la necesidad de recursos económicos, son sustancialmente distintos a los nuestros. Así como ellos deben, para respetar la nuestra, entenderla correctamente.

- Una formación adecuada

Es cierto que hablar actualmente de incorporar a los seglares en nuestra misión, compartiéndola con ellos, no es algo que podamos hacer indiscriminadamente.

La inducción y formación de todos y cada uno de nuestros colaboradores seglares es indispensable. En la provincia hemos realizado esfuerzos continuos, a nivel provincial, y en casos contados a nivel local, por realizar estos procesos con eficacia. Desde 1974, como dijimos al principio, se establecieron cursos llamados de "dinamización", y algunos otros cuyos contenidos eran de índole doctrinal o espiritual. El primero de ellos se ha venido repitiendo año tras año, y su contenido básico es la reflexión en torno a la antropología cristiana: las cuatro relaciones del hombre. Recientemente, como continuación, se ha venido dando el curso denominado "identidad del laico marista", que busca hacerlos profundizar su identidad y misión.

Tres son las áreas en las que debemos formar a nuestros colaboradores seglares, con el propósito de compartir misión y carisma con ellos:

a) Acrecentar su cultura religiosa; es decir, darles contenidos para alimentar su fe.

b) Habilitarlos como agentes de pastoral, en especial a aquellos a quienes confiamos el papel de catequistas o los hacemos parte de los equipos de animación pastoral.

c) Apoyarlos en el crecimiento de una vida cristiana seria.

Para cada una de estas metas, hemos desarrollado estrategias concretas. Sin embargo, como lo dije anteriormente, su debilidad ha sido la no continuación, a nivel local, de estos procesos. Los que han seguidos creciendo, no sólo en los aspectos operacionales, sino inclusive en su vida espiritual, lo han hecho por la atención particular de algún hermano sensible a esta necesidad.

- Formar comunidades

Un punto importante es la vinculación no sólo operativa, sino además, la afectiva. Los valores pertenencen al ámbito afectivo más que al cognoscitivo.

La mejor señal será propiciar el sentido de pertenencia, dentro de un marco de igualdad y corresponsabilidad, en una experiencia de fraternidad.

Es cierto que el proceso de "convertirse en hermanos", debe empezar por la conformación de un auténtico equipo de trabajo, de allí crecer como una comunidad de aprendizaje-trabajo, para llegar a experimentar la fraternidad auténtica en el cumplimiento de la misión.

Creo que este es el aspecto más difícil de realizar. Los cambios culturales que necesitamos hacer, que incluyen los cambios en los paradigmas, retardarán años el que podamos llegar a crear comunidades mixtas, de seglares y hermanos. No al estilo de los kibutzs judíos, sino en la construcción de comunidades apostólicas, con el respeto a la identidad que mencionaba anteriormente.

Para iniciar este proceso deberemos, al menos, empezar por abrir nuestras comunidades para acoger en la oración y la convivencia a los colaboradores seglares y a nuestros alumnos.

A manera de conclusión

Es cierto que todo lo dicho anteriormente puede parecer "un sueño guajiro". Pero quiero recordar un dicho: "algunos sueñan con grandes resultados, otros se despiertan y los logran".

Creo que si, abiertos al Espíritu, emprendemos resueltamente este camino de apertura, de corazón, mente y espacio, a los seglares, comenzaremos a dar nueva vida al carisma marista y nuevo entusiasmo a las comunidades maristas, de hermanos y seglares, por lograr establecer el reino de Dios, cumplimiendo la misión: evangelizar educando, y educar evangelizando a todos los niños y jóvenes.