La resucitación
cardiopulmonar
al alcance de todos

Por Jane Brody, Selecciones  del Reader Digest, Octubre 1994

Hace 15 años tomé un curso de resucitación cardiopulmonar (RCP) pensando que, si alguna vez se me presentaba la ocasión de aplicar la técnica, podría salvarle la vida a uno de mis familiares, amigos o colegas. No me cabía en la cabeza la idea de quedarme con los brazos cruzados mientras uno de los míos, o hasta un desconocido, se moría delante de mí.

Adiestramiento simplificado

La técnica que aprendí constaba de 37 pasos. Aunque a los seis meses ya no me acordaba más que de unos cuantos, no olvidé los principios básicos. Doce años más tarde, al asistir a un curso de repaso, supe que en ese tiempo el adiestramiento en RCP se había simplificado conside- rablemente. Ahora es tan fácil como recordar las letras Al B y C:

La A significa abrir las vías respiratorias del paciente echándole la cabeza hacia atrás.

La B significa darle respiración boca a boca: mientras se le aprieta la nariz para que no se escape el aire, hay que soplarle lentamente en la boca hasta distenderle el pecho, dejar que espire y repetir la operación una vez más.

La C significa activar la circulación; es decir, comprimir 15 veces la zona media del pecho, entre las tetillas o los pezones, para impulsar la sangre a todo el cuerpo.

Antes que nada, cerciórese de que la persona está inconsciente. Luego asegúrese de que no está respirando y no tiene pulso (para ello, pálpele una de las arterias carótidas, que se encuentran a los lados del cuello). Sin estas tres condiciones no debe aplicar la RCP. Por último, mande llamar una ambulancia.

Para aplicar la RCP, coloque al paciente boca arriba y ponga en práctica el procedimiento antes descrito. Después de completar cuatro ciclos de respiraciones y compresiones, vuelva a comprobar si el paciente tiene pulso; de ser así, verifique si está respirando. Si hay pulso pero no hay respiración espontánea, continúe con la respiración artificial, sin dejar de vigilar el pulso. Una vez que los dos signos vitales estén presentes, se puede suspender la RCP, aunque habrá que seguir vigilando el pulso y la respiración con regularidad, pues el corazón de la víctima podría volver a detenerse.

La RCP sirve para ganar tiempo. Ni la mejor técnica de resucitación puede activar la circulación al grado en que lo hace un corazón sano, pero por lo menos permite mantener oxigenados el cerebro y otros órganos vitales hasta que el personal médico de urgencia restablezca el latido cardiaco mediante las descargas eléctricas de un desfibrilador.

En muchas ciudades, las ambulancias generalmente tardan diez minutos en llegar a las víctimas de paros cardiacos. Sin RCP, esas personas no tendrían esperanzas de sobrevivir. El cerebro empieza a morir a los cuatro minutos de haberse interrumpido la circulación; y a los diez minutos, aun si se logra reanimar a la persona, se producirán extensas lesiones en ese órgano.

Las pruebas indican que, si bien puede haber una manera ideal de aplicar la RCP, la precisión cuenta mucho menos que el simple hecho de poner manos a la obra. Como dice el doctor Richard Cummins, director de una unidad de urgencias cardiacas: "Cualquier tipo de RCP es mejor que nada". Por otra parte, aun con una técnica impecable pueden producirse lesiones, pero ningún daño es peor que la muerte. Si hay que elegir entre una fractura de costilla, una lesión pulmonar o la muerte, la decisión correcta es obvia.

Cummins señala que el solo hecho de acostar a la víctima boca arriba e inclinarle la cabeza hacia atrás para abrirle las vías respiratorias puede ser benéfico. Y las compresiones del pecho por sí solas pueden serlo también. Cuando un adulto sufre un paro cardiaco, su sangre contiene una reserva de oxígeno para tres o cuatro minutos; si se hace circular esa reserva con compresiones del pecho hasta recibir auxilio, ello podría ser suficiente para salvar a la persona.

Temores infundados

Además de los temores en cuanto a aplicar la RCP en forma equivoca da, muchos socorristas potenciales creen que pueden contraer alguna enfermedad grave, como Sida, hepatitis o tuberculosis, al dar respiración boca a boca, sobre todo si el paciente es un desconocido. No se ha sabido de casos en que la RCP haya sido medio de contagio de esas infecciones. No obstante, si se tiene una herida abierta en el interior alrededor de la boca y se teme el contacto oral con la víctima, convendrá al menos abrirle las vías respiratorias y comenzar las compresiones del pecho.

Sería deseable que todo el mundo aprendiera la RCP desde la adolescencia. En opinión de muchos expertos, la técnica es de vital importancia para los familiares de enfermos o cardiacos y para las familias con hijos pequeños.

CONDENSADO DEL "TIMES" DE NUEVA YORK (1 994).01994 POR NEW YORK TIMES CO., DE NUEVA YORK, NUEVA YORK.

Hasta un novato puede salvar una vida El primer paso de la resucitación cardiopulmonar consiste en echar hacia atrás la frente de la víctima y alzarle la barbilla para abrirle las vías respiratorias. A continuación hay que darle respiración boca a boca, apretándole la nariz con los dedos para que no se escape el aire. Finalmente, la respiración debe alternarse con compresiones de¡ pecho. En cada compresión hay que transmitir el peso del cuerpo verticalmente hacia abajo, sin doblar los codos y manteniendo los hombros arriba de las muñecas. Por cada dos respiraciones se hacen 15 compresiones que duran en total entre nueve y once segundos (puede ser útil contar "uno, dos-y, tres-y," etcétera).

-Asociación Estadounidense de Cardiología