EDUCACION, VALORES Y
DEMOCRACIA.
Luis González Martínez
Profesor Titular del Departamento de Educación y Valores del
ITESO.
La educación como tal tiene múltiples aceptaciones y se le han agregado múltiples adjetivos: educación integral, educación valoral, educación de calidad, educación democrática, etcétera. Las funciones que se le adjudican son también múltiples: educar para la vida, formar ciudadanos, desarrollar la personalidad, lograr el desarrollo del país, ejercer la profesión, etcétera. Se podría seguir la enumeración de otras funciones de la educación pero resulta innecesario hacerlo, ya que para el objetivo del escrito bastan dos que son educación y valores y formación para la democracia.
Una de las funciones a la que se le ha otorgado una capital importancia en la educación es la de la socialización, este término incluye de cierta manera, algunos de los adjetivos y funciones señalados en el párrafo anterior, ya que educar implica una formación integral en valores y de la personalidad de ciudadanos, pero cabe preguntarse para que socializarnos? Es aquí donde entra en juego la finalidad o intencionalidad que subyace detrás de todo proyecto educativo de nación.
Se puede por un lado socializar para reproducir una ideología que justifica racionalmente los valores y creencias aceptadas por el orden social predominante, es en este caso cuando la educación es utilizada como instrumento o medio para la domesticación de los escolares, por otro lado, se socializa para lograr un proceso emancipatorio y de liberación cuando la intención educativa se fundamenta en un análisis que intenta detectar las fuerzas sociales que Althuser denomina como aparatos de estado, que limitan o entorpecen el desarrollo integral de las personas.
Socialización para domesticar y emancipar es una disyuntiva a resolver que implica congruencia y más en el segundo caso, ya que es fácil hablar en favor de este tipo de educación y realizar una práctica en el aula que lleve al proceso contrario del que se predica. Esto se da en relación a la educación en y para la democracia, donde una cosa es lo que en el discurso de plantea como finalidad educativa y otra es lo que la estructura educativa ejecuta en la práctica concreta de las aulas.
Surgen una serie de cuestionamientos que es preciso responder, aunque sea de forma sucinta. Ante estas preguntas podrían presentarse las siguientes:
* )Qué son los valores?
* )Se pueden enseñar los valores?
* )Para qué enseñar valores?
* Los valores )enseñanza o vivencia?
Estas mismas preguntas se pueden enunciar respecto a lo que se ha denominado formación para la democracia y responderlas puede darnos algunos criterios para abordar la relación entre educación, valores, y democracia, con el fin de proponer algunas pistas, que permitan acciones conducentes a una vivencia de la democracia en las aulas.
El concepto de valor.
El valor, al igual que el concepto de educación, es un término que puede tomarse desde múltiples perspectivas y funciones. Visto el valor desde un punto de partida múltiple, se puede hablar de este como valor de cambio de las cosas, como una preferencia o como algo que en sí es bueno.
Desde una orientación funcional, el valor es una abstracción por la cual interpretamos y representamos el mundo circundante, es factor que determina nuestro actuar en el mundo y la manera como interactuamos con nuestros congéneres; es elemento constitutivo de nuestra personalidad y comportamiento, como bien dice el refrán Adime qué piensas y te diré quién eres@.
El valor puede verse como una ideología cuando justifica y da razón al discurso político del estado o a los ideales de una nación determinada.
Los valores, como puede apreciarse, son algo inherente al ser humano, nuestra vida está impregnada de ellos de modo tal, que lo que de esto hagamos, va a delinear nuestra existencia en términos de actuación, relaciones y comportamientos. Desde esta perspectiva, es entendible el por qué los valores son tan importantes cuando se habla de educación, de modo tal, que puede afirmarse que no existe sistema educativo alguno que se precie de ser aséptico a ellos. Desgraciadamente se puede afirmar que la educación en valores que la escuela pretende proporcionar no siempre es auténtica, ya que no presenta los valores para que los estudiantes opten por ellos libre y responsablemente, sino que los impone con fines de domesticación y racionalidad ideológica justificante.
)Se puede hablar de valores y antivalores?
Otra cuestión relacionada con el tema es lo que se refiere a valores y antivalores. Cabría aquí preguntarse )cómo debe manejarse? Es verdad que desde un punto de vista ético, donde a estos se les ve como lo que es bueno y correcto, podría responderse afirmativamente a la pregunta. Pero también, es cierto que desde otras perspectivas no podría aceptarse que esto pudiese ser así, ya que )con base en qué criterios una opción hecha libremente puede ser juzgada como antivalor?. Es preferible decir que existen valores que mueven a actuar, pero esta actuación puede o no ayudar a crecer y a Aser más@. Es aquí donde puede verse el criterio de selección de valores, pero siempre a partir de un acto libre del hombre y no de una etiqueta de Abueno o malo@ signada desde fuera, por otra persona.
Valor es aquello que me permite ver e interpretar el mundo, pero esta visión e interpretación debe surgir de opciones personales, elegidas libremente y con pleno sentido de responsabilidad de las implicaciones de éstas, como manifestación de madurez humana. Ya luego tocará juzgar en qué medida estas opciones valorales me permiten, y permiten a los demás, crecer y ser más, o por el contrario entorpecen ese crecimiento y búsqueda.
Las incongruencias de los sistemas educativos parten de que los valores se consideran permanentemente como algo que se debe imponer, tomando un cariz de indoctrinación, manipulación y reproducción de un sistema de valores que no permite análisis crítico, ni opción personal por el bien común, y acaban por manifestarse en una práctica educativa que es muchas veces la antítesis de los valores propugnados: una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace.
)Enseñar o vivir valores?
Parece ser que en los últimos tiempos utilizados en el campo educativo, con excesiva frecuencia, el término enseñanza y descuidamos otros aspectos de lo educativo, como son los logros de los estudiantes, aún cuando la enseñanza esté orientada a este fin. Así que hablamos de enseñar valores, habilidades de pensamiento y actitudes, pero como simples procesos de transmisión, a los que se les asignan tiempos concretos; la impresión es que fuera de estos momentos, la reflexión sobre los valores y el pensamiento se produce sin considerar que unos y otro son inherentes a la vida cotidiana y la vida académica en las aulas.
Los valores, en contraposición a la mera transmisión verbalista de éstos, deben ser una vivencia en el aula, ya que se manifiestan en actitudes y acciones personales y grupales, cuando un conjunto de personas comparten los mismos ideales. Los valores se viven y reflejan en la interacción cotidiana de los seres humanos y ciertamente no es posible transmitirlos con base en un discurso valoral, en este sentido se puede decir, que a lo sumo, se deben presentar a consideración de los estudiantes, para que sean analizados y en último caso se opte por ellos o se rechacen como elección libre. No obstante, cuando se presenta esta situación, es difícil que los estudiantes opten por ellos, ya que las acciones del maestro, la normatividad escolar o lo que se vive en la realidad circundante es la antítesis de lo discutido muchas veces en las aulas en relación con los valores.
La enseñanza de los valores será realmente eficaz cuando sea a través de una experiencia vivida por maestros y alumnos en un ambiente favorable dentro del aula, e idealmente también, en el seno familiar y el entorno social, donde los estudiantes crecen y se educan. Cualquier otra forma de alcanzar una auténtica educación valoral se reducirá a un esfuerzo frustrante, desgastante e ineficaz.
En el siguiente apartado se pondrán a consideración los valores implicados en el concepto de democracia y se analizará en qué forma la experiencia de la escuela, como normalmente se da, es un obstáculo para una verdadera y auténtica educación en y para la democracia.
)Qué valores encierra el término democracia?
Democracia como tantos otros términos que utilizamos, es un concepto polisémico y elusivo; parece ser algo concreto y perfectamente entendible, pero si pretendemos profundizar un poco en él, se convierte en un vocablo abstracto, oscuro y no tan fácil de comprender como parecía. Democracia, en una definición unívoca, podría describirse como seguramente lo habremos leído o escuchado en múltiples ocasiones: Ael gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo@. El planteamiento así, sí es claro y aparentemente de fácil intelección, pero en el momento mismo en que ampliamos nuestra reflexión, con el fin de profundizar en las implicaciones que la definición contiene en términos de valores y acciones, la definición ya no es tan asequible.
Una forma de acceder al concepto democracia es ver qué valores encierra el término, es aquí donde el abanico de alternativas se abre y se pone al descubierto la riqueza del vocablo. Realizar este esfuerzo es clave para poder posteriormente ver la forma de que estos valores sean una vivencia en el aula, en un intento por cimentar una verdadera cultura democrática.
Para poder realizar esta profundización, que además es necesaria, se enumerarán algunos de los valores que pueden incluirse dentro de este término. Muy probablemente la lista no es exhaustiva, no obstante ayudará a una mayor comprensión de lo que democracia significa y ofrecerá una guía sobre cómo facilitar la creación de un entorno democrático en las aulas, que favorezca la libre opción de nuestros estudiantes por estos valores y la construcción de una sociedad democrática, ideal que nuestro sistema educativo pretende alcanzar.
Los valores que con mayor frecuencia se mencionan como inherentes al concepto de democracia son los siguientes:
* Libertad. Como eje en que se finca la democracia
* Justicia. Como igualdad de garantía de vida, relación y desarrollo.
* Participación. Como posibilidad de diálogo abierto y crítico.
* Pluralidad. Como aceptación de las diferencias y posibilidades de ser original.
* Respeto mutuo. En el diálogo, mediante la aceptación de los diversos puntos de vista, planteamientos y formas de vida, sin necesariamente estar de acuerdo con ellos.
* Tolerancia. En tanto forma de ver a los demás como personas de igual dignidad.
* Valor cívico. Como virtud de alzar la voz a favor de una causa, ante las victimas de la injusticia, en favor de una opinión que creemos es correcta en situación de desventaja, aún con el riesgo de perder seguridad.
* Solidaridad. Como relación persona-sociedad en la búsqueda del bien común.
* Racionalidad comunicativa. En términos de lo que J. Habermas señala al decir que Ael discurso racional es el procedimiento óptimo con el que se busca el interés común, como también los valores que han de establecer la mejorar de las instituciones comunes@ (1), o la relación que John Dewey citado por Santos Guerra, concibe como Ala democracia es algo más que una forma de gobierno, ya que principalmente es un modo de vivir asociado, de comunicar la experiencia conjuntamente@. (2)
* Humildad. Como reconocimiento a aquél con quien discrepo y me convence con sus argumentos de la equivocación de mi postura.
Aunque es posible extender la lista de valores relacionados con el concepto democracia, baste aquí incluir un esquema que permita integrarlos.
Democracia
Participación
Como algo más que una forma de gobierno, como un modo de vivir asociado, de comunicar la experiencia conjuntamente.
Como condiciones que existen en la realidad contextual para que sus miembros determinen por sí mismos el futuro de la sociedad.
Cómo búsqueda de consensos, orientados a conseguir el bien común.
Como juicio de las diferencias sociales, mediante el diálogo e intercambio de puntos de vista.
La incongruencia del sistema educativo actual.
Educar en y para la democracia implica la vivencia de estos valores, pero cuando vemos lo que ocurre en la sociedad y concretamente lo que sucede en el aula, nos percatamos del reto que esto presenta: si realmente queremos lograr el ideal de integrar la democracia en el proceso educativo, es preciso reflexionar sobre los cambios que tenemos que realizar y las dificultades a vencerse para concretizar un proyecto democrático en educación.
El reto, las dificultades y los cambios proyectados surgen de lo que actualmente definimos y exteriorizamos como práctica educativa, inspirada en la mayoría de los casos en la concepción tradicional y tecnocrática, centrada en el paradigma de la enseñanza en contraposición al del aprendizaje. Es aquí donde tenemos que realizar los cambios más significativos.
Se puede afirmar, sin temor a equivocarnos, que la experiencia en el aula es, en un alto porcentaje, la antítesis de una auténtica y verdadera democracia. Miguel A. Santos Guerra, perfila a la escuela como una institución.
* De reclutamiento forzoso que pretende educar para la libertad.
* Jerárquica, que pretende educar en y para la democracia.
* Heterónoma que pretende desarrollar la autonomía.
* Epistemológicamente jerárquica que pretende educar en la creatividad, el espíritu crítico y el pensamiento divergente.
* Sexista que pretende educar para la igualdad de los géneros socio-sexuales.
* Pretendidamente igualadora que mantiene mecanismos que favorecen el elitismo.
* Que busca la diversidad pero que forma para competencias culturales comunes.
* Cargada de imposiciones que pretende educar para la participación
* Acrítica que pretende educar para la exigencia democrática.
* Aparentemente neutral que esconde una profunda disputa ideológica (3)
La caracterización anterior puede ayudar en la reflexión necesaria para realizar un cambio orientado a la inclusión de tácticas más democráticas en las aulas, de modo tal, que los valores implicados en el concepto analizado puedan ser una vivencia en las instituciones educativas.
Las acciones de cambio que plantea esta incongruencia entre lo que una escuela debería ser y lo que es, en términos de formación en y para la democracia, es grande, no obstante, tampoco imposible del todo alcanzar la meta, si paulatinamente incorporamos a nuestra práctica educativa acciones que permitan reflexionar y vivir los valores señalados en el apartado anterior. Igualmente si los maestros, a la par que reflexionan sobre su práctica con el fin de transformarla, podrán creativamente hacer frente al reto y realizar los cambios que esta modalidad educativa requiere.
Lo importante es definir una intencionalidad en esta línea e idear aciones, actividades y sobre todo, metodologías que aseguren la satisfacción de un planteamiento de John Dewey. ANecesitamos no sólo educación en la democracia, lo que más bien necesitamos, es democracia en la Aeducación@ (4) o en otros términos para educar en la democracia no basta con hablar de valores democráticos, es necesario que éstos se vivan en las aulas. Es aquí donde reside el meollo y el punto clave, si realmente queremos que esta utopía educativa sea una realidad.
Una vivencia y una experiencia de valores.
Sin querer redundar en lo señalado sobre la importancia de la vivencia de los valores y en este caso de los valores de la democracia, el énfasis se pondrá con base en Aqué@ y Acómo@ lograr una experiencia significativa en las aulas que facilite la opción libre, consciente y responsable de los estudiantes por estos valores y de este modo incidir en la creación de una auténtica cultura democrática en la sociedad, que redunde en la búsqueda y exigencia del bien común de la ciudadanía.
Así como la escuela no vive con frecuencia lo que en el discurso predica, la experiencia social que nos ha tocado en suerte es igualmente incongruente y poco estimuladora en estos valores, cada vez son más los ejemplos que desdicen lo que idealmente se desea para la sociedad y se pide que la educación propicie.
)Cómo podemos hablar de democracia cuando somos testigos, cada vez con mayor frecuencia de acontecimientos de discriminación, intolerancia, incomunicación, carencia de garantías, etcétera? En resumen, suscribimos que:
No es posible actuar en favor de la igualdad, del respeto a los demás, del derecho a la voz, de la participación, en la reinvención del mundo, en un régimen que niegue la libertad de trabajar, de comer, de hablar, de criticar, de leer, de discrepar de ir y venir, la libertad de ser. (5)
Como efecto de este estado de cosas, es fácil observar que el interés por lo cívico ha disminuido en los jóvenes, la participación al voto cada vez es menor, igualmente menos son los ciudadanos que participan en organizaciones cívicas y sociales, el incremento de la desconfianza hacia el gobierno y las instituciones públicas, tal parece que la ideología dominante ha difuminado el sentido de lo que es el bien común y lo que significa democracia.
La primera sugerencia para alcanzar la democracia en la educación nos lleva al seno familiar, con las responsabilidades que supone para los adultos, ya que es preciso que los niños y jóvenes vivan desde el hogar y la sociedad ejemplos y testimonios de ella. Aquí es preciso hacer hincapié en el papel que los adultos juegan en este punto, baste decir en relación al diálogo y el respeto mutuo, no es posible que los adultos, incluidos los maestros, pretendamos que estos valores se aprendan en la escuela si somos incapaces de dialogar y tolerar puntos de vista contradictorios, sin tomar en cuenta el respeto que el otro merece. Este tipo de situaciones, es preciso recordar, es lo que más afecta a los hijos y a los estudiantes, ya que éstos prestan más atención a lo que hacemos y no tanto a lo que decimos. Esta primera sugerencia nos debe llevar a reflexionar en qué medida nuestro actuar afecta positiva o negativamente en la consecución de esta meta.
En segundo lugar, es necesario lograr que la realización del proceso enseñanza-aprendizaje y del proyecto educativo que promueve la escuela sea vivencia y experiencia en esta línea. Es pertinente pensar en qué medida, el entorno donde se desabollan estos procesos favorecen o no la vivencia de la democracia y la adquisición y desarrollo de las habilidades necesarias, que permitan el diálogo, el pensamiento crítico y al manejo de conflictos por parte de los alumnos. Sin estas habilidades es difícil que la intencionalidad ya mencionada se pueda dar. Es importante ratificar que si la democracia no es algo vivo que puede ser experimentado en las aulas por los mismos alumnos, todo esfuerzo por una educación en y para la democracia se hace inoperante.
Finalmente, se requiere que los maestros involucren a sus estudiantes en una seria reflexión sobre temas actuales que se reflejan en los acontecimientos diarios de la sociedad circundante, en los que entra en juego o se atenta lo democrático. Para conseguirlo es necesario optar por una pedagogía que no rehuya encarar y discutir lo conflictivo en las aulas, evitar la discusión del conflicto y delegar este asunto a las autoridades educativas y a directivos, con el fin de Aproteger@ a los alumnos de su participación activa, sólo logra formar sujetos amorfos e incapaces de enfrentarse a la lucha por el bien común y por otro lado, únicamente se incrementan los conflictos. También es preciso permitir a los estudiantes confrontar la diversidad de opiniones que se dan en torno a la educación, al igual que sean testigos de los conflictos que la afectan; lo mismo puede decirse sobre el análisis de situaciones de conflicto en la sociedad.
Las razones de optar por Ala construcción de conflictos@ en el currículo podrían ser las siguientes:
* Preparar a los estudiantes a enfrentarse a la incertidumbre que se genera ante una sociedad cada vez más fragmentada y diversa en posturas, ideologías y puntos de vista en relación a lo que es el bien común y lo que debe ser la educación.
* Proporcionar a los estudiante, mediante el estudio de las situaciones de conflicto, las habilidades intelectuales para un discusión de las mismas, que sea respetuosa, tolerante y favorable a la experiencia de una genuina actividad democrática en vivo, ya que la educación para la vida ciudadana en la democracia no puede ocurrir en un entorno artificial, libre de conflictos de opción y/o puntos de vista.
* Lograr a través de esta práctica, la formación de estudiantes que sean posteriormente en la vida adulta agentes activos en favor de una sociedad democrática, equipados con las destrezas y habilidades para buscar conjuntamente con los demás, el bien común.
* Incluir en el currículo conflictos y situaciones controvertidas, permite que se enriquezca la experiencia educativa y es una oportunidad de mejorar el proceso de aprendizaje.
Las ideas anteriores llevan a concluir que la mejor forma de enseñar democracia es facilitar su práctica efectiva en las aulas, con la participación de docentes y alumnos.
)Se puede enseñar democracia?
De lo señalado a lo largo de la discusión se puede deducir que la formación de los valores democráticos en la persona no es una experiencia educativa factible en términos de una educación libresca, basada en la mera transmisión de conceptos y datos sobre lo que es y debe ser la democracia, estrategia muy socorrida en nuestro medio educativo y que refleja nuestra adhesión a los discursos dominantes de la modernidad hija del pensamiento de la Ilustración, encamada en las concepciones tradicionales y tecnocrática de la educación.
La enseñanza en y para la democracia debe vivirse en las escuelas, donde estos valores se ejerciten en el quehacer diario. No hacerlo sólo nos lleva a Ajugar a la democracia@ o a lo que erróneamente se denomina como Ademocracia dirigida@, que más se parece a una imposición solapada de valores sin permitir la libre opción que surge de una discusión informada.
Enseñar valores es presentarlos a través de las actitudes que tenemos, como maestros para con nuestros estudiantes; actitudes que se manifiestan en nuestra forma de aceptar las ideas de los alumnos, el respeto que demostramos por sus personas y la forma como discutimos situaciones conflictivas y divergentes con ellos.
El reto que representa educar en y para la democracia es una opción que los maestros deben tomar, ya que vivirlo y experimentarlo, sólo puede darse en la vida diaria de las aulas y no por decreto o mandato. Es a ellos a quien corresponde buscar estrategias educativas que faciliten la consecución de la sociedad verdaderamente democrática que deseamos tener.
Notas
1. Haberman, Jurgen. Teoría y praxis. Estudios de filosofía social, Tecnos, Madrid, 1987
2. Santos Guerra, Miguel A. Democracia Escolar o el Problema de la Nieve Frita, en Volver a Pensar la Educación, vol. 1, Morata, Madrid 1996.
3. Ibiden.
4. Dewey, John. Democracia y educación, Morata, Madrid, 1995
5. Freire, Paulo. Cartas a Cristina: Reflexiones sobre mi vida y mi trabajo, Siglo XXI, México 1996
Otras referencias
CARR, Wilfred. Educación y Democracia: Ante el Desafío Postmoderno, en Volver a Pensar la Educación, vol. 1, Morata, Madrid 1996, p. 96-111.
GERSON, Marle. Teaching Democracy by Doing it@ Educational Leadership, vol 54, núm. 5, 1997
