Construir la sociedad del
Conocimiento
(Tarea educativa para el nuevo milenio)
Por Lorenzo Tébar Belmonte
«Intercambios a escala mundial, sociedad de la información, progreso científico y técnico ... Cada día percibimos los cambios que ocasionan estos fenómenos. En la empresa, esos cambios conducen a nuevas formas de trabajo. En la escuela exigen conocimientos nuevos. En la vida diaria hacen cambiarlas costumbres...» (Libro blanco de la Comisión Europea)
Asistimos a una revolución global y estructural de nuestra sociedad. El impacto del cambio se va percibiendo día tras día. Pero el cambio sustancial se opera al desplazarse el centro de gravedad de las economías y de las potencias del mundo, desde los índices de economía y de poder, al conocimiento. El trípode del poder descansa hoy sobre la riqueza, la violencia y el conocimiento. Pero un conocimiento que no significa acumulación de saberes, pues tenemos acceso a inmensas bibliotecas y museos, sino la capacidad de aprender a aprender, lograr la capacidad de supervivencia social. Vamos a ahondar en su significado e implicaciones para la educación.
Un nuevo valor primordial:
el capital humano
La revolución industrial trastocó esta valoración de la riqueza, hasta tal punto que muchos países actuales con grandes recursos naturales se cuentan entre los más pobres de la tierra. En los últimos cien años el factor diferenciador de la riqueza ha sido la capacidad tecnológica de cada Estado: la aplicación de técnicas modernas de fabricación en serie, la informática, la robótica y las telecomunicaciones han ido marcando la diferencia en el mundo industrializado.
Pero el cambio vertiginoso de los diez últimos años, en que la tecnología punta se ha divulgado y abaratado tanto, que ya está al alcance de cualquiera, encontramos otros factores de competitividad. Sin duda lo son tres:
a) la aplicación creativa de los recursos financieros;
b) una buena organización de producción y, sobre todo,
c) el aprovechamiento del capital humano. La globalización nos hace entender los dos primeros por el intenso efecto de los movimientos financieros de las plazas tan alejadas como Japón, Hong Kong o Nueva York. Del factor humano se deriva el concepto de la calidad, la asistencia técnica, el servicio al cliente, la eficacia de la red comercial, el diseño, etc. Por esta razón, será en el campo de los recursos humanos donde se va admitir la cuestión de la competitividad futura, según las posibilidades y la visión de futuro de cada país o institución.
La educación debe pasar a un primer término y se convierte en variable fundamental para organizar la vida económica y social de los países que quieran progresar. En esta materia es tan importante la enseñanza regulada que reciben los niños y jóvenes, como la formación continua, dirigida al reciclaje de los trabajadores de las empresas y de los parados. La formación del capital humano será la clave principal de la sociedad futura.
¿Qué es la sociedad del conocimiento?
1996 fue el año europeo de la educación y formación permanente. Entonces se lanzaron nuevos dinamismos y líneas del futuro europeo con un objetivo: prepararnos para que entremos sin sobresaltos en una sociedad basada en la adquisición de conocimientos, en la cual se continúe aprendiendo y enseñando durante toda la vida; en otros términos, en una sociedad del conocimiento.
Esta situación es el producto de tres impulsos y a la vez choques simultáneos, generadores de tres grandes procesos de cambio:
a) El choque de la sociedad de la información, que ha transformado la naturaleza del trabajo y la organización de la producción. El efecto de las nuevas tecnologías es doble: aumentan el papel del factor humano en el proceso de la producción y hacen al trabajador más vulnerable a las transformaciones de la organización del trabajo, pues se convierte en un simple individuo confrontado en una red compleja. La sociedad de la información modificará los métodos de enseñanza, sustituyendo la relación demasiado pasiva entre el profesor y el alumno por la nueva relación, a priori fecunda, de la interactividad. Sin embargo, la modificación de las formas de la enseñanza no puede suplir la cuestión de su contenido.
b) El choque de la mundialización o globalización, que se manifiesta en una libre circulación de capitales, bienes y servicios. La Comisión Europea, en su «libro blanco», Crecimiento, competitividad y empleo, apuesta por la apertura al mundo, al tiempo que subraya la necesidad de dar una dimensión europea a esta evolución. En un mundo incierto y en movimiento, Europa es un factor de organización.
e) El choque de la civilización científica y técnica. Se acelera el desarrollo de conocimientos científicos y la producción de objetos técnicos, así como su amplia difusión. La opinión pública percibe el progreso desmesurado como una amenaza. El aumento del sentimiento de inseguridad es un elemento básico de este fin de siglo.
Es necesario un rearme cultural y ético que evite una imagen del mundo a menudo violenta, que contribuye a reforzar las inquietudes.
Estos factores producen un tipo de sociedad en la que los activos más importantes ya no son los recursos naturales, ni siquiera el acervo industrial, sino el potencial humano formado para afrontar la competencia mundial que se avecina.
Cabe, por tanto, preguntarnos si nuestro sistema educativo está preparado para superar con éxito los desafíos que le plantea la nueva sociedad del conocimiento: calidad de la docencia, formación para el cambio, planes de estudio abiertos, superación de barreras lingüísticas locales, uso de las nuevas tecnologías, preparación profesional, etcétera.
La sociedad del conocimiento podríamos definirla como aquella en la cual una mayoría de la población dispone por lo menos de estudios medios. Si hace menos de treinta años sólo el 10 % de la población adulta española tenía estudios medios y/o superiores, en la actualidad este porcentaje se eleva al 52 %. El gasto en educación ha pasado del 2 al 6% del PIB, hasta convertirse en el segundo capítulo de gastos en importancia, después de los pagos en pensiones, y antes que lo invertido en sanidad.
Si intuimos que el cambio debe ser profundo, es preciso introducir un concepto nuevo en el modelo educativo que sea una herramienta eficaz para la nueva sociedad del conocimiento. Los cambios no deben hacer sino reflejar las cualidades de la sociedad hacia la que nos encaminamos.
Objetivos
y orientacionesLa Comisión Europea, en su «libro blanco» (pág. 56), propone unos objetivos y unas acciones orientadoras para llevarlos a cabo (véase el cuadro adjunto).
Ante los desafíos de la sociedad del siglo XVI, la tarea educativa, social y personal es de total prioridad para formular y asumir nuevos conceptos de desarrollo y progreso, a la vez que éticos, eficaces y viables.
Se reconoce el capital humano por encima de los activos financieros de las empresas y, por lo tanto, el acceso al conocimiento avanzado es ahora el principal bien de consumo.
Es indispensable asegurar una educación en valores que contribuyan eficazmente a la convivencia democrática, a la tolerancia y al espíritu de solidaridad y de cooperación, ante un mundo en rápido y profundo cambio hacia la globalización en todos los campos, con la posibilidad de acometer la solución de los numerosos problemas cada vez más complejos y perentorios que se plantean.
La financiación de la educación debe con- tribuir a un futuro mejor de la sociedad y de cada persona a lo largo de la vida, y no sólo para aquella etapa durante la que mejor puedan servir a la productividad y a la competitividad.
La educación debe estar al servicio de un desarrollo social y económico sostenido y sostenible, social y humano, de cara al futuro de la sociedad. Es sumamente importante garantizar un futuro para el aprendizaje, para los conocimientos que configuran un nuevo mundo de relaciones, en un proceso de cambios y progresos cada vez más acelerados.
Objetivos y orientaciones, sugerencias y acciones de apoyo
1. Fomentar la adquisición de nuevos conocimientos
Incrementar el saber como prioridad absoluta. Crear for- mas de incitación al aprendizaje.
Valorar los conocimientos, iniciar nuevos modos de reconocimiento de las competencias de las personas.
Apoyar la movilidad y el intercambio de saberes para la formación.
Poner las nuevas tecnologías al servicio de la comunicación. Dotar a los Centros educativos de instrumentos pedagógicos de calidad y fácil acceso a la informática.
2. Acercar la escuela al trabajo
Crear y reforzar lazos entre escuela y empresa Preparar para el trabajo: con cualificación técnica, bases de cultura general, capacidad de autonomía y evolución.
Implicar a las empresas en el esfuerzo de formación de jóvenes y de adultos.
Fomentar la cooperación escuela-empresa. Crear la figura del aprendiz a escala europea que sea el primer contacto de los jóvenes con el mundo de la producción.
3. Luchar contra la exclusión
Buscar la reinserción laboral de los jóvenes, parados y marginados por medio de las escuelas de segunda oportunidad. Acercar los medios a los lugares más pobres.
Crear el servicio voluntario europeo donde los jóvenes puedan efectuar periodos de prácticas para ejercer una actividad o servicio de interés general.
4. Hablar tres lenguas
Fomentar métodos innovadores para el aprendizaje de idiomas. Aprender dos lenguas comunitarias distintas de la materna.
Potenciar la sensibilidad por las culturas comunitarias y difundir la práctica cotidiana de los idiomas en centros escolares (Internet, conferencias, etcétera).
Crear «aulas europeas» para la investigación pedagógica, de idiomas, de calidad.
5. Tratar en un plano de igualdad la inversión en equipamiento y la inversión en formación
Promover una concepción general de la formación como inversión y no como gastos corrientes. Incitar a las personas a invertir en su formación.
Responder con el fomento de las competencias nuevas es el factor central de la competitividad y de la aptitud para el empleo.
La financiación del capital humano de todos los implicados en la educación y la formación.
Propiciar ayudas fiscales a las inversiones en formación e investigación.
